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martes, 27 de abril de 2021

ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA VII

 



ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA VII: sobre el izquierdismo y  la COVID-19.[1]

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M: En su día (en los primeros años del siglo XIX cuando el primitivismo estaba más de moda) leí bastantes textos acerca de la crítica a la civilización y la técnica. Y aunque entonces había bastantes autores y colectivos que intentaban llevarse esas teorías hacia  postulados anarquistas, también fui consciente de otros autores que no idealizaban la vida o las sociedades primitivas, sin ir más allá de defender una vida enraizada en la naturaleza, una vida  digna, con sus claros y oscuros, sin renunciar a la dureza y la austeridad que supone evitar la tecnología y su confort.

A mi me seducen gran parte de los “básicos” de dicha filosofía (los tuyos, los de Ted Kaczynski) pero los contemplo, como algo más romántico o poético que como una teoría filosófica con la que las masas puedan identificarse y que pueda materializar un cambio decisivo en el rumbo que lleva esta civilización.  Yo no puedo decir que sea anarquista, pero me identifico con dichas ideas, y paradójicamente con lo que te he dicho hace un momento, con las más relacionadas con el obrerismo y la lucha de clases. Y no es porque acepte y venere el progreso humano, ni nada de eso. Pero sí acepto la división que de este mundo a generado la lógica capitalista... Por otro lado desde siempre he asimilado como una vida más que digna la economía de subsistencia y su “dureza”, y el tiempo para uno, más allá de la comodidad y la falsa libertad de comprar mierdas impuestas. Desconfío de la tecnología en gran medida.

U.R.: Yo no tengo nada que ver con el primitivismo ni idealizo lo primitivo. Simplemente considero que la vida primitiva, con todos sus problemas y dificultades, sería preferible a la civilizada porque es la vida para la cual estamos adaptados genéticamente por la selección natural y porque es la que menos dañaba la Naturaleza (aunque sólo fuese porque al carecer de medios tecnológicos avanzados no solían poder causar mucho daño). Nada más. No creo que fuese Jauja, ni el paraíso, ni que los primitivos fuesen angelitos. Normalmente la mayoría de ellos eran tan capullos como la mayor parte del resto de los seres humanos del resto de épocas. De hecho, creo que, si se inventase una máquina del tiempo y a la mayoría de los primitivistas (es decir, de los que idealizan a los primitivos) los mandasen a la prehistoria, no durarían una mierda. Si no los matasen las condiciones del medio salvaje lo harían los propios humanos primitivos a quienes tanto idealizan.

Tienes razón en que mis ideas, o las de Kaczysnki, no son para las masas. Pero es que no hace falta que lo sean. No se trata de cambiar las ideas de las masas para que así cambie la sociedad. Lo que se trata es de cambiar físicamente la sociedad (más en concreto, de destruirla). Y para eso no hace falta cambiar la forma de pensar de nadie. Lo que hace falta son algunas personas (una cantidad mínima, no necesariamente muchas) que ya tengan claras esas ideas y esa meta, que tengan el suficiente coraje para esforzarse por conseguir los medios para poder alcanzarla y que, llegado el momento, lo intenten. De hecho, cambiar la forma de pensar y actuar de las masas es imposible sin usar un aparato propagandístico y/o represivo enormemente poderoso y extenso, lo cual inevitablemente conlleva la necesidad de una sociedad tecnoindustrial, que es precisamente lo que se querría eliminar. O sea, que por ahí no van los tiros. Creer que se puede cambiar la forma de pensar y actuar de las masas o que ellas mismas verán la luz y cambiarán voluntariamente, por las buenas, sin engañarlas ni obligarlas (lo que creen muchos anarquistas, por ejemplo) es estar en Babia, ser un soñador. ¿Qué? ¿Sigues pensando que nuestras ideas son “románticas”? ¿Quién es el romántico, el que cree (o más bien prefiere creer) que las masas despertarán y cambiarán voluntariamente o el que sabe y reconoce que eso no pasará y, por tanto, busca otras vías?

No sé si entiendo bien todo lo que quieres decir con “Yo no puedo decir que sea anarquista, pero me identifico con dichas ideas, y paradójicamente con lo que te he dicho hace un momento, con las más relacionadas con el obrerismo y la lucha de clases. Y no es porque acepte y venere el progreso humano, ni nada de eso. Pero sí acepto la división que de este mundo a generado la lógica capitalista...”, pero creo que más o menos capto lo básico. No es tan paradójico, la mayoría de los izquierdistas (incluidos los anarquistas) no reconocen serlo. Lo que está claro es que todo ese rollo del anticapitalismo, la lucha de clases, el obrerismo, etc. es izquierdismo (de hecho, es el izquierdismo clásico socialista de manual de toda la vida). Quizá no tenga necesariamente que ver con cosas como el animalismo, la defensa de los derechos de los homosexuales, la lucha contra el patriarcado, etc. porque es más antiguo que estas otras tendencias (lo primero es el izquierdismo del siglo XIX y primera mitad del XX y todo lo otro se ha ido desarrollando y generalizando más tarde), pero es izquierdismo igualmente.[2]

M: ¿Cómo contemplas todo este monotema del coronavirus y sus consecuencias a corto y largo plazo? 

U.R.: Sobre el coronavirus (SARS-CoV-2), cuanto más lo pienso, menos lo entiendo, la verdad. He visto y oído tantos sinsentidos en el último año en relación a este tema que ya no sé a qué atenerme. Pero bueno, en resumen te diré que:

§         El origen del virus no lo tengo claro. Quizá no se aclare nunca. Pero sea creado en laboratorio o sea de origen “natural”, el caso es que es en gran medida producto del desarrollo tecnológico y social (en especial, demográfico) de la sociedad actual. Porque, incluso si el origen fuese “natural”, en realidad no sería nada natural (en el sentido de “no artificial”), sino algo debido a la destrucción, degradación o explotación de los ecosistemas y especies salvajes que hace que los animales salvajes tengan más contacto (directo o indirecto) con los seres humanos y nos transmitan sus patógenos (la mayoría de las grandes enfermedades infecciosas –epidemias y pandemias- humanas son zoonosis que tienen su origen en este tipo de procesos); a la aglomeración de grandes cantidades de personas en núcleos de población que posibilita o facilita que se produzcan y perpetúen los contagios; y a los medios de transporte rápidos y a larga distancia que posibilitan que  los patógenos se extiendan.[3] O sea, que sea como sea, es culpa del desarrollo tecnológico y social.

§        Lo de las medidas de contención, es un puñetero caos que no hay quien se aclare. Igual que lo de las estadísticas de la evolución de la enfermedad. O son falsas o están mal hechas, pero no tienen lógica alguna. En muchos casos tanto las estadísticas como las medidas de contención tienen que ver mucho más con la economía y la política que con la epidemiología. Y no me refiero sólo a España, sino al mundo en general. En otros países es todo igual de ilógico, aunque difieran en ciertos aspectos.

§        De las vacunas contra la COVID-19 no me fío un pelo. Si tenemos en cuenta el historial de efectos secundarios, indeseados, imprevistos y dañinos de las tecnosoluciones (el desarrollo y aplicación de tecnologías para tratar de solucionar problemas -normalmente creados o agravados por la tecnología a su vez-) a lo largo de la historia, no hay razón para creer que estas vacunas vayan a ser una excepción. Es muy probable que traigan más problemas que los que arreglarán, sobre todo a largo plazo. Y más estando hechas a matacaballo, sin un largo y concienzudo periodo de prueba (que es lo que se suele y debe hacer con las vacunas, y aun así dan problemas a menudo).

§        Es evidente que con el cuento de contener el virus, muchos gobiernos y políticos, y seguramente también otros individuos y organizaciones poderosos (empresas farmacéuticas, por ejemplo) han tratado de sacar provecho del asunto, imponiendo medidas sociales autoritarias, desviando la atención de otros asuntos, aprovechando el jaleo para hacer maniobras y jugarretas, vendiendo tecnosoluciones, etc.

§        Y lo peor: a largo plazo, es muy probable que esto refuerce el sistema tecnoindustrial más que debilitarlo. Para empezar, aunque esto haya generado una crisis económica no creo que ésta vaya a ser lo suficientemente grave a nivel global como para debilitar demasiado el sistema. Y en lo que respecta al número de muertos, tampoco es tan grande como para debilitar el sistema a nivel global. Unos pocos millones de muertos entre 8.000 millones es algo inapreciable en este aspecto. Sin embargo, mientras tanto, con confinamiento o sin él, debido a las restricciones y al miedo al contagio, la gente pasa mucho más tiempo encerrada en casa y enganchada a la tele y a Internet y, por tanto, alejada no ya de la Naturaleza sino incluso de la realidad. Esto ayudará a aclimatarles aún más a vivir una “realidad” cada vez más virtual en un entorno cada vez más artificial y a tomar cada vez menos la realidad (y la Naturaleza) como referencia, reforzando así su dependencia de la tecnología moderna. De hecho, todo esto despejará el camino para que el desarrollo del sistema tecnoindustrial avance aún más y lo haga más fácilmente. Cuantas menos referencias no virtuales ni digitales tenga la gente, más fácilmente aceptarán su gradual fusión con las máquinas y/o una vida en condiciones cada vez más antinaturales, y menos les preocupará lo que se perderá por el camino (la Naturaleza salvaje, la libre expresión de la naturaleza humana, la cultura tradicional, la noción de qué es el ser humano, e incluso la propia biología y el cuerpo humanos). Y, más en concreto, las vacunas, a corto plazo, y hasta que se comiencen a ver sus muy probables contrapartidas a largo plazo (si es que se llegan a ver y reconocer) reafirmarán la fe de la gente en la tecnología moderna, en las tecnosoluciones, presentando al sistema tecnológico como a un salvador, en lugar de como al causante del problema, que es lo que realmente es. Sea como sea, todo esto no creo que traiga nada bueno. No huele nada bien.



[1] Adaptación de un fragmento del intercambio de correspondencia entre M. y Último Reducto (U.R.) ocurrido el 16 de diciembre del 2020. © Copyright 2021, Último Reducto para los fragmentos originalmente escritos por U.R.

[2] Para una discusión más en profundidad de la evolución histórica del izquierdismo, véase por ejemplo: Karaçam, “Izquierdismo, sistema tecnoindustrial y Naturaleza salvaje”, en Naturaleza Indómita (https://www.naturalezaindomita.com/textos/crtica-de-la-civilizacin-y-del-sistema-tecnoindustrial/izquierdismo-sistema-tecnoindustrial-y-naturaleza-salvaje).

[3] Véase, por ejemplo, David Quammen, Spillover (Norton & company, 2018). [Existe traducción al castellano: Contagio, Debate, 2020].

jueves, 22 de abril de 2021

GOLPEAD DONDE DUELA

Nota importante de Último Reducto

GOLPEAD DONDE DUELA[1],[2]

Por Ted Kaczynski

1)   EL PRÓPOSITO DE ESTE ARTÍCULO.

El propósito de este artículo es señalar un principio muy simple que rige los conflictos humanos, un principio que los oponentes en contra del sistema tecnoindustrial parecen estar pasando por alto. El principio es que en un conflicto de cualquier tipo, si quieres ganar, has de golpear a tu adversario donde le duela.

Es preciso explicar que cuando hablo de “golpear donde duela” no estoy necesariamente refiriéndome a golpes físicos o a ninguna otra forma de violencia física. Por ejemplo, en un debate oral, “golpear donde duela” significaría dirigir la discusión hacia dónde la posición de tu oponente sea más vulnerable. En las elecciones presidenciales, “golpear donde duela” significaría arrebatar a tu oponente los estados que aporten más votos en las elecciones. De todos modos, para discutir este principio usaré la analogía con el combate físico porque ilustra claramente y de manera gráfica lo que quiero expresar.

Si un hombre te lanza un puñetazo, no puedes defenderte golpeando su puño porque no podrás hacerle daño de ese modo. Para ganar la pelea, tienes que golpearle donde le duela. Eso significa que tienes que ir más allá de su puño y golpear las partes más sensibles y vulnerables del cuerpo de ese hombre.

Supón que un buldózer perteneciente a una compañía maderera ha estado arrasando los bosques cerca de tu casa y tú quieres pararlo. Es la pala del buldózer la que arranca la tierra y tira los árboles, pero sería una pérdida de tiempo golpear la pala con una maza. Si te dedicases a golpear con fuerza la pala con la maza durante todo un día, puede que consiguieses dañarla lo suficiente como para que quedara inservible, pero, en comparación con el resto del buldózer, la pala es relativamente barata y fácil de sustituir por otra nueva. La pala es sólo “el puño” con el que el buldózer golpea la tierra. Para estropear definitivamente la máquina debes ir más allá del “puño” y atacar las partes vitales del buldózer. El motor, por ejemplo, puede ser arruinado con una inversión de tiempo y esfuerzo muy pequeña mediante ciertos métodos bien conocidos por muchos radicales.

Llegados a este punto, he de aclarar que no estoy recomendando a nadie que dañe un buldózer (a menos que sea de su propiedad). Nada en este artículo debería ser interpretado como una recomendación de la realización de actividades ilegales de ningún tipo. Soy un preso y si estuviese animando a realizar actividades ilegales nunca hubiesen permitido que este artículo saliese de prisión. Uso la analogía con el buldózer sólo porque es clara y gráfica y será apreciada por los radicales.

2)   LA TECNOLOGIA ES EL OBJETIVO.

Es algo ampliamente reconocido que “la variable básica que determina el proceso histórico contemporáneo viene dada por el desarrollo tecnológico” (Celso Furtado en Latin American Radicalism, editado por Irving Louis Horowitz, Josué de Castro y John Gerassi, en Vintage Books, 1969, página 64). La tecnología, por encima de cualquier otra cosa, es responsable de la situación general del mundo y controlará su futuro desarrollo. Por consiguiente, el buldózer que hemos de destruir es la tecnología moderna en sí misma. Muchos radicales son conscientes de ello y, por tanto, se percatan de que su tarea es eliminar el sistema tecnoindustrial en su conjunto. Pero, desafortunadamente, prestan poca atención a la necesidad de golpear al sistema donde le duela.  
Destrozar un McDonald‘s o un Starbuck’s es algo absurdo. Y no lo digo porque a mí me importen un bledo McDonald’s o Starbuck’s. No me preocupa si alguien los destroza o no. Sin embargo, esa no es una actividad revolucionaria. Incluso si todas las cadenas de comida rápida del mundo fuesen arrasadas, el sistema tecnoindustrial sufriría unos daños mínimos como resultado de ello y podría sobrevivir fácilmente sin cadenas de comida rápida. Cuando atacas un McDonald’s o un Starbuck’s, no estás golpeando donde duele.          
Hace unos meses recibí una carta de un joven de Dinamarca que creía que el sistema tecnoindustrial tenía que ser eliminado porque, como muy bien señalaba, “¿qué pasará si seguimos por este camino?”. Sin embargo, su forma de entender la actividad “revolucionaria” parece que era atacar granjas peleteras. Como forma de debilitar el sistema tecnoindustrial esa actividad es completamente inútil. Incluso si los liberadores de animales tuviesen éxito en su intento de eliminar completamente la industria peletera no causarían ningún daño al conjunto del sistema, ya que el sistema puede apañárselas perfectamente sin usar pieles. Estoy de acuerdo en que mantener animales salvajes en jaulas es intolerable y en que poner fin a tales prácticas es una noble causa. Y hay otras muchas causas nobles, tales como prevenir los accidentes de tráfico, dar cobijo a los “sintecho”, reciclar, o ayudar a los ancianos a cruzar la calle. Pero nadie es tan tonto como para tomarlas por actividades revolucionarias, ni como para imaginar que al llevarlas a cabo está haciendo algo que debilite el sistema.

3)   LA INDUSTRIA MADERERA ES UN ASUNTO SECUNDARIO.

Veamos otro ejemplo, nadie en su sano juicio cree que algo como los ecosistemas salvajes vaya a sobrevivir durante mucho más tiempo si el sistema tecnoindustrial continúa existiendo. Muchos ecologistas radicales están de acuerdo en esto y desean el hundimiento del sistema. Pero en la práctica todo lo que hacen es atacar la industria maderera.           

Ciertamente, no tengo nada que objetar a su ataque contra la industria maderera. De hecho, ése es un asunto que siento en el alma como propio y me alegraré enormemente con cada uno de los éxitos en contra de la industria maderera que los radicales puedan conseguir. Además, por razones que no vienen al caso, considero que la oposición a la industria maderera debería ser un elemento que formase parte de la lucha por destruir el sistema.
Pero, por sí mismo, atacar a la industria maderera no es un modo eficaz de luchar contra el sistema, porque incluso en el improbable caso de que los radicales consiguiesen parar todas las talas en todos los lugares del mundo, eso no derrumbaría el sistema. Y no salvaría de un modo definitivo las zonas salvajes. Antes o después la situación política cambiaría y las talas se reanudarían. Incluso si las talas no se reanudasen, habría otras vías a través de las cuales los ecosistemas salvajes serían destruidos, o si no destruidos, al menos sometidos y domesticados. La minería y la prospección minera, la lluvia ácida, los cambios climáticos y la extinción de especies destruyen las tierras salvajes; la vida salvaje es subyugada y domesticada mediante las actividades e infraestructuras de recreo, los estudios científicos y la gestión de recursos, que incluyen entre otras cosas, el seguimiento de animales mediante dispositivos electrónicos, la repoblación de los ríos y arroyos con peces de criadero y la plantación de árboles genéticamente modificados.  

Las tierras salvajes sólo pueden ser salvadas de modo definitivo mediante la eliminación del sistema tecnoindustrial. Y no se puede eliminar el sistema atacando la industria maderera. El sistema podría fácilmente sobrevivir a la muerte de la industria maderera, ya que los productos de la madera, a pesar de ser muy útiles para el sistema, podrían ser reemplazados por otros materiales si fuese necesario.

Por consiguiente, cuando se ataca la industria maderera, no se está golpeando al sistema donde le duela. La industria maderera es sólo el “puño” (o uno de los muchos) con que el sistema destruye los ecosistemas salvajes y, como en una pelea a puñetazos, no se puede ganar golpeando el puño del adversario. Hay que ir más allá del puño golpear en los órganos más sensibles y vitales del sistema. Usando medios legales, tales como protestas pacíficas, por supuesto.

4)   POR QUÉ EL SISTEMA ES PERSISTENTE.

El sistema tecnoindustrial es excepcionalmente persistente debido a su estructura llamada “democrática” y a la consiguiente flexibilidad que ésta le otorga. Debido a que los sistemas dictatoriales tienden a ser rígidos, las tensiones y la resistencia sociales pueden surgir y desarrollarse en ellos hasta el punto de dañar y debilitar el sistema y provocar la revolución. Pero en un sistema “democrático”, cuando la tensión y resistencia sociales crecen peligrosamente, el sistema cede lo suficiente, se amolda lo justo para reducir la intensidad de esas tensiones hasta un nivel que le resulte seguro.

Durante los años 60 la gente comenzó a hacerse consciente de que la contaminación ambiental era un serio problema, sobre todo porque la mala calidad del aire en nuestras principales ciudades era tal que incluso podía verse y olerse y comenzaba a incomodar físicamente a las personas. Se elevaron las suficientes protestas como para que se estableciera la Agencia de Protección Medioambiental y se tomasen medidas para aliviar el problema. Por supuesto, todos sabemos que nuestros problemas de polución están muy, pero que muy lejos de haber sido resueltos. Pero se hizo lo suficiente como para acallar las protestas públicas y que así el nivel de presión que soportaba el sistema se mantuviese bajo por unos cuantos años.

Así que, atacar al sistema es como golpear un trozo de goma. Un golpe con un martillo puede hacer pedazos el hierro templado, porque éste es rígido y frágil. Pero se puede golpear un trozo de goma sin dañarlo en absoluto, ya que es flexible: cede ante el martillo y recupera su forma original en cuanto se agota la fuerza del golpe. El sistema industrial “democrático” es así: cede ante las protestas, sólo lo suficiente para que éstas pierdan su fuerza e ímpetu. Y después recupera su forma original de nuevo.

Por tanto, para golpear al sistema donde le duela, se necesita seleccionar aspectos en los cuales el sistema no pueda ceder, en los que se vea obligado a luchar hasta el final. Por consiguiente, lo que se necesita no es buscar la negociación con el sistema sino una lucha a vida o muerte en su contra.

5)   ES INUTIL ATACAR AL SISTEMA BASÁNDOSE EN SUS PROPIOS VALORES.

Es absolutamente esencial atacar al sistema, no basándose en sus propios valores favorables a la tecnología, sino en valores que sean incompatibles con los valores del sistema. Mientras se ataque al sistema basándose en sus propios valores, no se le golpeará dónde le duele y se permitirá que el sistema desarme las protestas cediendo, amoldándose a ellas.

Por ejemplo, si se ataca la industria maderera tomando como base principal que los bosques son necesarios para conservar los recursos hídricos y como zonas de recreo, entonces el sistema puede ceder terreno para desactivar la protesta sin poner en peligro sus propios valores: la conservación de los recursos hídricos y de las zonas de recreo es totalmente compatible con los valores del sistema y, si el sistema cede, si restringe las extracciones madereras para conservar el agua y las zonas de esparcimiento, lo que está haciendo en este caso sólo es una retirada táctica para que así su código de valores no sufra una derrota estratégica.

Si se promueve la lucha contra la victimización (las luchas contra el racismo, el sexismo, la homofobia o la pobreza, por ejemplo) no se están poniendo en peligro los valores del sistema, ni siquiera se está forzando al sistema a ceder o pactar. Se está ayudando directamente al sistema. Todos los expertos y gestores del sistema están de acuerdo siempre en que el racismo, el sexismo, la homofobia y la pobreza son dañinos para el sistema y ésta es la razón por la cual el propio sistema se esfuerza en combatir éstas u otras formas de victimización.

La explotación laboral, con sus bajos salarios y sus condiciones de trabajo miserables, puede beneficiar a ciertas empresas, pero los expertos y gestores del sistema saben muy bien que el sistema en su conjunto funciona mejor cuando los trabajadores son tratados dignamente. Al luchar contra la explotación laboral se está ayudando al sistema, no debilitándolo.

Muchos radicales caen en la tentación de centrarse en luchar contra problemas no esenciales tales como el racismo, el sexismo y la explotación laboral porque es fácil hacerlo así. Toman un asunto respecto del cual el sistema pueda permitirse negociar y con el cual podrán obtener el apoyo de los políticos progres, de los sindicatos y de los demás reformistas “rojillos”. Quizá el sistema, bajo esa presión, ceda un poco y los activistas obtengan algunos resultados visibles como premio a sus esfuerzos, además de la satisfactoria ilusión de haber conseguido algo. Pero en realidad no habrán conseguido nada en absoluto en lo que respecta a la eliminación del sistema tecnoindustrial.

El tema de la globalización no es completamente ajeno al problema de la tecnología. El conjunto de medidas económicas y políticas llamado globalización promueve el crecimiento económico y, consecuentemente, el progreso tecnológico. Pero aun así, la globalización es un tema marginal de importancia secundaria y no es un objetivo acertado para que los revolucionarios lo combatan. El sistema puede permitirse ceder terreno en lo referente a la globalización. Sin abandonar la globalización como tal, el sistema puede dar ciertos pasos para mitigar las consecuencias negativas ambientales y económicas de la globalización para así calmar las protestas. Y si no tuviese otro remedio, el sistema podría incluso permitirse parar la globalización por completo. El desarrollo y el progreso continuarían de todos modos, sólo que a un ritmo ligeramente menor. Y cuando se combate la globalización, no se están atacando los valores fundamentales del sistema. La oposición a la globalización lo que busca es conseguir sueldos dignos para los trabajadores y proteger el entorno, cosas ambas completamente compatibles con los valores del sistema (el sistema, para su propia supervivencia, no quede permitirse que la degradación del entorno pase de cierto límite). En consecuencia, al combatir la globalización no se está golpeando al sistema donde realmente le duele. Los esfuerzos realizados en este sentido pueden promover reformas, pero son inútiles para conseguir la destrucción del sistema tecnoindustrial.


6) LOS RADICALES DEBERÍAN ATACAR AL SISTEMA EN SUS PARTES VITALES.

 
Para trabajar de un modo efectivo en la eliminación del sistema tecnoindustrial, los revolucionarios deben atacar al sistema en aspectos en los que no pueda permitirse ceder terreno. Han de atacar los órganos vitales del sistema. Por supuesto, cuando uso el término “atacar”, no me refiero al ataque físico, sino solamente a las formas legales de protesta y resistencia.

Algunos ejemplos de órganos vitales del sistema son:

A) La industria de la energía eléctrica. El sistema es totalmente dependiente de su red de energía eléctrica.

B)  La industria de las comunicaciones. Sin comunicaciones rápidas, por ejemplo, por medio del teléfono, de la radio, de la televisión, del correo electrónico y similares, el sistema no podría sobrevivir.

C)  La industria informática. Todos sabemos que sin ordenadores el sistema se vendría abajo rápidamente.

D) La industria de la propaganda. La industria de la propaganda incluye la industria del entretenimiento, el sistema educativo, el periodismo, la publicidad, las relaciones públicas y gran parte de la política y de la industria de la salud mental. El sistema no puede funcionar a no ser que la gente sea lo suficientemente dócil y se conforme y adopte las actitudes que el sistema necesita que tenga. La función de la industria de la propaganda es educar a la gente en ese tipo de pensamiento y comportamiento.

E)  La industria de la biotecnología. El sistema no es aún (al menos por lo que yo conozco) físicamente dependiente de la biotecnología avanzada. Sin embargo, el sistema no puede permitirse ceder respecto al asunto de la biotecnología, ya que es un tema de importancia capital para él, tal y como mostraré enseguida.

 

   Insisto: Cuando se atacan estos órganos vitales del sistema, es esencial no atacarlos en base a los propios valores del sistema sino en base a valores incompatibles con ellos. Por ejemplo si se ataca la industria de la energía eléctrica en base a que contamina el entorno, el sistema puede desarmar la protesta desarrollando métodos más limpios de producir electricidad. Y si aun así las cosas se le pusiesen feas, el sistema podría incluso funcionar completamente con energía eólica y solar. Esto podría suponer una reducción de los daños ambientales, pero no pondría fin al sistema tecnoindustrial. Ni tampoco supondría una derrota de los valores fundamentales del sistema. Para conseguir algo en contra del sistema habría que atacar toda producción de energía eléctrica en sí misma, en base a que la dependencia de la electricidad hace a la gente dependiente del sistema. Este es un fundamento básico incompatible con los principios del sistema.

7)   LA BIOTECNOLOGIA PUEDE SER EL MEJOR OBJETIVO PARA EL ATAQUE POLÍTICO.

Probablemente el objetivo más prometedor para el ataque “político” sea la industria de la biotecnología. Aunque las revoluciones son por lo general llevadas a cabo por minorías, es muy útil obtener cierto grado de apoyo, simpatía o al menos aceptación por parte de la población en general. Obtener este tipo de apoyo o aceptación es una de las metas de la actividad política. Si se concentrase el ataque político en, por ejemplo, la industria de la energía eléctrica, seria extremadamente difícil obtener algún apoyo más allá del de una minoría radical, ya que la mayoría de la gente se resiste a cambiar su modo de vida, especialmente si considera que ese cambio le supondrá inconvenientes. Por eso pocos estarían dispuestos a vivir sin electricidad.

Pero la gente no se siente aún tan dependiente de la biotecnología avanzada como lo es de la electricidad. Eliminar la biotecnología no cambiará radicalmente sus vidas. Al contrario, debería ser posible mostrar a la gente que de continuar el desarrollo de la biotecnología, su modo de vida se vería transformado y que desaparecerían por completo ciertos antiguos valores humanos. Así que, al combatir la biotecnología, los radicales deberían ser capaces de movilizar en su propio favor la resistencia natural del ser humano a los cambios.

Y la biotecnología es un asunto respecto al cual el sistema no puede permitirse perder. Es una lucha en la que el sistema tiene que pelear hasta el final, que es precisamente lo que necesitamos. Pero -lo repito una vez más- es esencial atacar la biotecnología no en base a los propios valores del sistema sino en base a valores incompatibles con ellos. Por ejemplo, si se ataca la biotecnología basándose principalmente en que puede dañar el entorno, o en que los alimentos genéticamente modificados pueden ser dañinos para la salud, el sistema puede amortiguar esos ataques, y lo hará, cediendo terreno o negociando -por ejemplo, aumentando la vigilancia y el control sobre las investigaciones genéticas y obligando a que los cultivos genéticamente modificados se sometan a unas pruebas y regulaciones más rigurosas. Así la preocupación de la gente disminuirá y, junto con ella, las protestas. 

8)   LA BIOTECIOLOGÍA, EN CUALQUIERA DE SUS FORMAS, DEBE SER ATACADA EN SÍ MISMA.

Así que, en lugar de protestar contra una u otra consecuencia negativa de la biotecnología, hay que atacar toda la biotecnología moderna en sí, basándose en cosas tales como: (a) que es un insulto a todos los seres vivos; (b) que pone demasiado poder en manos del sistema; (c) que transformará radicalmente valores humanos fundamentales que han existido durante miles de años; y otros fundamentos que sean incompatibles con los valores del sistema.

En respuesta a este tipo de ataque el sistema ha de dar la cara y luchar. No puede permitirse amortiguar el ataque cediendo lo más mínimo, porque la biotecnología es algo imprescindible para el conjunto del proyecto del progreso tecnológico y porque, en lo referente a su código de valores, si cediese el sistema no estaría llevando a cabo una retirada táctica, sino que estaría sufriendo una derrota estratégica. Esos valores estarían siendo socavados y se abriría la puerta a otros posteriores ataques políticos que podrían desmontar los fundamentos del sistema.

Veamos un ejemplo: La Cámara de los Representantes[3] de los Estados Unidos votó recientemente a favor de prohibir la clonación de seres humanos, y al menos algunos congresistas explicaron por qué lo hicieron dando razones del tipo adecuado. Las razones que yo leí se enmarcaban en términos religiosos, pero sea lo que sea que se piense acerca de las creencias religiosas, esas razones eran inaceptables para el sistema tecnoindustrial. Y eso es lo que importa.

Por tanto, el voto de los congresistas en contra de la clonación humana supuso una auténtica derrota para el sistema. Pero fue sólo una muy, muy pequeña derrota, debido a lo restringido de la prohibición -sólo una minúscula parte de la biotecnología se vio afectada- y debido a que, en un futuro cercano, la clonación de seres humanos tendrá poca utilidad para el sistema de todos modos. Pero la actuación de la Cámara de los Representantes sugiere que éste puede ser un punto en el cual el sistema es vulnerable y que un ataque más amplio contra la biotecnología en su conjunto podría inflingir graves daños al sistema y a sus valores.

9)   LOS RADICALES AÚN NO ESTÁN ATACANDO LA BIOTECNOLOGIA EFICAZMENTE.

Algunos radicales atacan la biotecnología, bien políticamente bien físicamente, pero, por lo que yo sé, explican su oposición a la misma basándose en los valores del propio sistema. Esto es, su mayor preocupación son los riesgos de daño ambiental y de perjuicios para la salud.

Y así no están golpeando a la industria biotecnológica donde le duele. Usando de nuevo la analogía con el combate físico, supongamos que alguien se tuviese que defender de un pulpo gigante. No sería capaz de contraatacar eficazmente si sólo cortase las puntas de los tentáculos. Tendría que darle en la cabeza. Por lo que yo he leído acerca de sus actividades, los radicales que luchan contra la biotecnología aún no hacen más que cortar las puntas de los tentáculos del pulpo. Intentan persuadir a los granjeros convencionales, individualmente, de que se abstengan de sembrar semillas genéticamente manipuladas. Pero hay muchos miles de granjas en el mundo, así que persuadir a los granjeros individualmente es un modo tremendamente ineficaz de combatir la ingeniería genética. Sería mucho más eficaz persuadir a científicos relacionados con investigaciones biotecnológicas, o a ejecutivos de compañías como Monsanto, de que abandonen la industria biotecnológica. Los investigadores científicos de alto nivel son gente que tiene aptitudes especiales y una elaborada formación, por lo que son difíciles de reemplazar. Lo mismo sucede con los ejecutivos de alto nivel de las multinacionales. Persuadiendo sólo a unos pocos de estos individuos de que abandonasen la biotecnología se causaría más daño a la industria biotecnológica que persuadiendo a un millar de granjeros de que no cultivasen semillas genéticamente manipuladas.

10)  GOLPEAD DONDE DUELA.

Es discutible si tengo razón al pensar que la biotecnología es el mejor campo en el cual atacar al sistema políticamente. Pero está más allá de toda duda que los radicales, hoy en día, están desperdiciando sus energías en luchas que tienen poca o ninguna relevancia para la supervivencia del sistema tecnológico. E incluso cuando eligen los temas adecuados, los radicales no golpean donde duele. Así que en lugar de ir corriendo a la próxima cumbre sobre comercio mundial a tener otra furiosa pataleta en contra de la globalización, los radicales deberían dedicar algún tiempo a pensar cómo golpear al sistema donde realmente le duela. Por medios legales, claro.

 



[1] Traducción a cargo de Último Reducto del texto original “Hit Where It Hurts”, extraído de Green Anarchy, nº 8, Primavera 2002. N. del t.

[2] Kaczynski es un autor estadounidense y, en este artículo, escribe para el público estadounidense. Debido a ello en el texto se hace referencia a diversas circunstancias propias de EE.UU. que en muchos casos no se dan del mismo modo (o no se producen en absoluto) en otros países. El lector inteligente debería ser capaz de establecer, cuando sea necesario y posible, las analogías necesarias con las circunstancias e instituciones de su propio país sin demasiado esfuerzo. N. del t.

[3] La Cámara de los Representantes es una de las dos cámaras que forman el Congreso de los Estados Unidos de América. La otra es el Senado. N. del t.

Nota importante de Último Reducto acerca de los textos de Ted Kaczynski

Nota importante de Último Reducto acerca de los textos de Ted Kaczynski

En este blog aparecen varios textos de Ted Kaczynski. Estos textos son publicados aquí porque expresan ideas importantes y dignas de ser tenidas en cuenta. No obstante, si bien Último Reducto coincide con Kaczynski en los puntos básicos (rechazo de la civilización en general y de la civilización industrial en particular, necesidad de eliminar la sociedad tecnoindustrial y necesidad de un movimiento organizado que se dedique plena y exclusivamente a dicho fin y tome las necesarias precauciones para excluir de sus filas y guardar las distancias respecto a elementos indeseables –izquierdistas, hippies, chiflados, etc.-) y en otros muchos aspectos secundarios de sus ideas, también hay muchos otros detalles, más o menos importantes, en los que Último Reducto discrepa. Señalarlos uno por uno en cada texto de Kaczynski publicado en este blog, supondría complicar excesivamente su lectura con notas y digresiones, de modo que normalmente no se hará.[1]

Para ver algunas de las diferencias teóricas entre Último Reducto y Kaczynski se puede leer, por ejemplo, “Crítica a Anti-Tech Revolution de Ted Kaczynski”, en este mismo blog.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  


Último Reducto 

Contacto: ultimo.reducto@hotmail.com





[1] Cabe señalar lo mismo para los textos de Kaczynski publicados en Naturaleza Indómita.   

sábado, 20 de febrero de 2021

SOBRE LA IDEALIZACIÓN PRIMITIVISTA DE LOS PUEBLOS PRIMITIVOS



Nota importante de Último Reducto

SOBRE LA IDEALIZACIÓN PRIMITIVISTA DE LOS PUEBLOS PRIMITIVOS[1]

 Versión pdf

Mitos del primitivismo: una entrevista con Ted Kaczynski.

Veganarsý: Según parece, al principio eras matemático y en aquella época no pensabas lo mismo que ahora. ¿Qué te hizo cambiar de ideas? ¿Cuándo comenzaste a pensar que el problema era la civilización? ¿Puedes contar en pocas palabras por qué rechazas la civilización? ¿Cómo y cuándo decidiste irte a vivir a los bosques y dedicarte a poner bombas?

Ted Kaczynski: Una respuesta completa a estas preguntas sería demasiado larga y complicada, pero diré lo siguiente:

El proceso por el cual llegué a rechazar la modernidad y la civilización comenzó cuando yo tenía once años. A esa edad comencé a sentirme atraído por el modo de vida primitivo a consecuencia de leer acerca de la vida del hombre de Neanderthal. A lo largo de los años siguientes, hasta mi ingreso en la universidad de Harvard a la edad de dieciséis años, solía soñar con escapar de la civilización e irme a vivir a algún lugar salvaje. Durante el mismo periodo, mi desagrado hacia la vida moderna fue creciendo mientras me iba haciendo cada vez más consciente de que en la sociedad industrial las personas estaban reducidas a la condición de meros engranajes de una maquinaria, de que carecían de libertad y estaban a merced de grandes organizaciones que controlaban las condiciones en las que vivían.

Tras ingresar en la universidad de Harvard me apunté a algunos cursos de antropología, que me enseñaron más acerca de los pueblos primitivos e hicieron que anhelase adquirir algunos de los conocimientos prácticos que les permitían vivir en la naturaleza. Por ejemplo, deseaba tener sus conocimientos acerca de plantas comestibles. Pero no tuve idea de dónde adquirir ese conocimiento hasta un par de años más tarde, cuando descubrí, para mi sorpresa, que había libros acerca de plantas silvestres comestibles. El primero de tales libros que compré fue Stalking the Wild Asparagus, de Euell Gibbons, y a partir de entonces cuando volvía a casa durante los veranos, iba varias veces a la semana a la Reserva Forestal del Condado de Cook cerca de Chicago a buscar plantas comestibles. Al principio me parecía intimidante y extraño meterme totalmente solo en el bosque, lejos de cualquier carretera o camino. Pero a medida que fui conociendo el bosque y muchas de las plantas y animales que lo habitaban, el sentimiento de extrañeza fue desapareciendo y me fui sintiendo cada vez más a gusto en zonas boscosas. También fui teniendo cada vez más claro que no quería pasar toda mi vida en la civilización y que quería irme a vivir a algún lugar salvaje.

Al mismo tiempo, se me daban bien las matemáticas. Era entretenido resolver problemas matemáticos, pero en el fondo las matemáticas eran algo aburrido y vacío ya que para mí carecían de finalidad real alguna más allá del placer que obtenía de ellas. En otras palabras, eran una actividad sustitutoria. Si hubiese trabajado en matemáticas aplicadas habría contribuido al desarrollo de esa misma sociedad tecnológica que tanto odiaba, así que trabajaba únicamente en matemáticas puras. Pero las matemáticas puras eran sólo un juego. Entonces no podía entender, y sigo sin entenderlo, cómo los matemáticos pueden estar contentos dedicando toda su vida a un simple juego. Yo me sentía completamente insatisfecho con ese tipo de vida. Sabía lo que quería: irme a vivir a algún lugar salvaje. Pero no sabía cómo hacerlo. En aquellos días no existía el movimiento primitivista, ni gente aficionada a la supervivencia y cualquiera que abandonase una prometedora carrera de matemáticas para irse a vivir a los bosques o a las montañas habría sido tomado por estúpido o por loco. No conocía ni siquiera una sola persona que hubiese podido entender por qué yo quería hacer tal cosa. Así que, en el fondo de mi alma, estaba convencido de que nunca sería capaz de escapar de la civilización.

Dado que encontraba la vida moderna absolutamente inaceptable, me fui sintiendo cada vez más descorazonado hasta que, a la edad de 24 años, sufrí una especie de crisis: me sentía tan desgraciado que me daba igual vivir que morir.

Pero, al llegar a ese punto, tuvo lugar un cambio repentino: me di cuenta de que si me daba igual vivir que morir, entonces no tenía por qué temer las consecuencias de nada de lo que hiciese. Por tanto podía hacer lo que quisiese. ¡Era libre! Ése fue el gran punto de inflexión en mi vida, porque fue entonces cuando adquirí un coraje que no me ha abandonado desde entonces. Fue en esa época también cuando llegué a estar seguro de que pronto me iría a vivir a la naturaleza, fueran cuales fueran las consecuencias.

Pasé dos años impartiendo clases en la Universidad de California para ganar dinero, después abandoné mi plaza de profesor y me fui a buscar un lugar boscoso donde vivir.


[Este texto es mucho más largo, para seguir leyéndolo haz click aquí].

[1] Traducciones a cargo de Último Reducto de:

·      “Myths of Primitivism: an interview with Ted Kaczynski”. Entrevista realizada por el grupo turco Veganarsý y publicada en Anarchy: A Journal of Desire Armed, nº 61, Primavera-Verano, 2006. (La traducción de las preguntas es aproximada ya que el inglés de Veganarsý no es demasiado bueno).

·      Carta de Kevin Tucker en respuesta a “Myths of primitivism”. La carta original fue publicada en Anarchy: A Journal of Desire Armed, nº 62, Otoño-Invierno, 2006, páginas 72-73. Kevin Tucker es el redactor de la revista anarcoprimitivista estadounidense Species Traitor. (La presente traducción es sólo aproximada. La ineptitud tipográfica de los redactores de Anarchy unida al enrevesado estilo de expresión de Tucker hacen que realizar una traducción fiable no resulte fácil. Último Reducto recomienda a aquellos lectores que sepan inglés y tengan acceso al número correspondiente de la revista Anarchy que revisen por su cuenta el original de este texto)

·    Carta de Ted Kaczynski en respuesta a Kevin Tucker. Carta original publicada en Anarchy: A Journal of Desire Armed, nº 63, Primavera-Verano, 2007, Páginas 81-82.

N. del t.

sábado, 16 de enero de 2021

EN RESUMEN

 

EN RESUMEN[a]

Por Ted Kaczynski


Para una mayor claridad, quiero enumerar aquí en forma resumida los cuatro puntos principales que he tratado de plantear en mis escritos.

 

1) El progreso tecnológico nos está llevando a un desastre inevitable. Puede que sea un desastre físico (por ejemplo, algún tipo de catástrofe ambiental), o puede que sea un desastre en lo que se refiere a la dignidad humana (reducción de la raza humana a una condición degradada y servil). Pero ciertamente se producirá un desastre de un tipo u otro a causa del continuo progreso tecnológico.

   Ésta no es una opinión excéntrica. Entre aquellos que se muestran temerosos de las probables consecuencias del progreso tecnológico están Bill Joy, cuyo artículo “Why the Future Doesn’t Need Us”1 es ya famoso, Martin Rees, autor del libro Our Final Century[b], y Richard A. Posner, autor de Catastrophe: Risk and Response[c]. Ninguno de los tres puede ser tomado en absoluto por radical ni ser considerado como alguien predispuesto a mostrarse crítico con la presente estructura social. Richard Posner es un juez conservador del Tribunal de Apelaciones del Séptimo Circuito de los Estados Unidos. Bill Joy es un reconocido genio informático y Martin Rees es Astrónomo Real de Gran Bretaña. Estas dos últimas personas, habiendo dedicado sus vidas a la tecnología, difícilmente mostrarían temores respecto a ella sin tener un buen motivo.

   A Joy, Rees y Posner les preocupa sobre todo el desastre físico y la posibilidad (bastante probable de hecho) de que los seres humanos sean suplantados por máquinas. El desastre que el progreso tecnológico implica para la dignidad humana ha sido discutido por gente como Jacques Ellul y Lewis Mumford cuyos libros son ampliamente leídos y respetados. Ninguno de ambos es considerado excéntrico, marginal, ni nada parecido.

 

2) Sólo el colapso de la civilización tecnológica moderna puede evitar el desastre. Por supuesto, el colapso de la civilización tecnológica supondrá un desastre en sí mismo. Pero cuanto más continúe expandiéndose el sistema tecnoindustrial, peor será el desastre que acabará produciéndose. Un desastre menor ahora evitaría un desastre mayor más tarde.

   El desarrollo del sistema tecnoindustrial no puede ser controlado, restringido o dirigido, ni sus efectos pueden ser reducidos en un grado sustancial. Ésta, de nuevo, no es una opinión extravagante. Muchos escritores, comenzando por Karl Marx, han señalado la importancia fundamental de la tecnología como factor determinante del curso del desarrollo de la sociedad. De hecho, han reconocido que es la tecnología la que gobierna la sociedad y no al revés. Ellul, sobre todo, ha subrayado el carácter autónomo de la tecnología, es decir, el hecho de que la tecnología moderna ha tomado vida propia y no está sujeta ya al control humano. Ellul, de todos modos, no fue el primero en llegar a esta conclusión. Ya en 1934 el pensador mejicano Samuel Ramos2 planteó claramente el principio de la autonomía tecnológica; y esta noción fue ya vislumbrada en una época tan temprana como la década de 1860 por Samuel Butler. Por supuesto, no estoy cuestionando la evidencia de que los individuos o grupos humanos pueden controlar la tecnología en el sentido de que en un momento dado pueden decidir qué hacer con un aparato tecnológico concreto. Lo que el principio de la autonomía tecnológica plantea es que el desarrollo general de la tecnología en su conjunto, y sus consecuencias sociales a largo plazo, no obedecen a ninguna forma de control por parte de los seres humanos. Por tanto, mientras la tecnología moderna siga existiendo, poco podremos hacer para moderar sus efectos.

   Una idea que automáticamente se desprende de lo anterior es que nada salvo el colapso de la sociedad tecnológica podrá evitar un gran desastre. Por tanto, si queremos defendernos contra la tecnología, la única vía de acción que podemos tomar con alguna posibilidad de que llegue a ser efectiva es esforzarnos por precipitar el colapso de la sociedad tecnológica. Aunque esta conclusión es una consecuencia obvia del principio de la autonomía tecnológica, y aunque posiblemente esté implícita en ciertas afirmaciones de Ellul, no conozco ningún escritor convencional que haya reconocido explícitamente que nuestra única salida pase por el derrumbe de la sociedad tecnológica. Esta aparente ceguera ante lo que es obvio sólo puede ser explicada como fruto de la cobardía.

   Si queremos precipitar el derrumbe de la sociedad tecnológica, entonces nuestro fin es un fin revolucionario según cualquier definición razonable de éste término. Tenemos que asumir, entonces, la necesidad de una revolución en toda regla.


3) La izquierda política es la primera línea de defensa de la sociedad tecnológica contra la revolución. De hecho, la izquierda hoy en día actúa como una especie de extintor de incendios que desactiva y apaga cualquier potencial movimiento revolucionario. ¿A qué me refiero con lo de “la izquierda”? Si alguien piensa que el racismo, el sexismo, los derechos de los homosexuales, los derechos de los animales, los derechos de los pueblos indígenas... y la “justicia social” en general están entre los problemas más importantes a los que el mundo se enfrenta actualmente, entonces es un izquierdista en el sentido en que yo uso el término. Pero, se las llame como se las llame, las personas que desactivan los movimientos revolucionarios son individuos que se sienten atraídos indiscriminadamente por todo tipo de causas: racismo, sexismo, derechos de los homosexuales, derechos de los animales, el medioambiente, la pobreza, la explotación laboral, el neocolonialismo... les da igual, todo es lo mismo para ellos. Esta gente constituye una subcultura que ha sido denominada “cultura antagonista”.3 Allá donde un movimiento de resistencia comienza a surgir, estos izquierdistas (o como se les quiera llamar) acuden en enjambres, como las moscas a la miel, hasta que sobrepasan numéricamente a los miembros originales del movimiento, se hacen con el control del mismo y lo convierten en otra facción izquierdista más, volviéndolo inofensivo de este modo. La historia de Earth First![d] es un buen ejemplo de un proceso de este tipo.4

4) Lo que se necesita es un nuevo movimiento revolucionario, dedicado a la eliminación de la sociedad tecnológica, que tome medidas para mantener alejados de él a todos los izquierdistas, así como a los diversos neuróticos, vagos, incompetentes, charlatanes e individuos con insuficiencia de autocontrol que se suelen sentir atraídos por los movimientos de resistencia en los Estados Unidos[e] hoy en día. La forma que un movimiento revolucionario debería tomar es una cuestión abierta a la discusión. Lo que sí está claro es que, para empezar, las personas que se toman en serio el problema de la tecnología deben establecer un contacto sistemático entre sí y adquirir el sentido de que tienen un propósito común; deben separarse estrictamente de la “cultura antagonista”; deben estar orientados hacia la acción práctica, sin rechazar a priori siquiera las más extremas formas de acción; y no deben tomar como meta propia nada que no sea la disolución de la civilización tecnológica.


NOTAS:

 
1) Revista Wired, abril 2000; páginas 238-262.[f]
       

2) El perfil del hombre y la cultura en México, Espasa-Calpe Mexicana, Ciudad de México, 1982 (originalmente publicado en 1934), páginas 104-105.

3) Véase Paul Hollander, The Survival of the Adversary Culture, Transaction Books, 1988.

4) El proceso es competentemente documentado por Martha F. Lee en Earth First!: Environmental Apocalypse, Syracuse University Press, 1995.


 



[a] Traducción de un fragmento del prólogo del libro de Ted Kaczynski The Road to Revolution, editado en el 2008 por la editorial suiza Xenia. [Nota del traductor].

[b] Heinemann, 2003. Hay edición en castellano: Nuestra hora Final, Crítica, 2004. [Nota del Traductor].

[c] Oxford University Press, 2005.

[d] Earth First! (¡La Tierra Primero!) es un grupo ecologista oriundo de Estados Unidos que, como su nombre indica, en su origen tenía como principio fundamental que los ecosistemas no artificiales eran lo más importante. [Nota del traductor].

[e] Kaczynski es un autor estadounidense que, normalmente, escribe para estadounidenses. Sin embargo, los lectores inteligentes y honestos no tendrán problemas a la hora de reconocer ejemplos de este tipo de gente, en España o en cualquier otro país. [Nota del traductor].

[f] Existe traducción en castellano de este artículo: “¿Por Qué el Futuro No Nos Necesita?”, en Tomar la Pastilla Roja. Ciencia, Filosofía y Religión en Matrix de Glenn Gerold Obelisco, 2005, páginas 231-270. [Nota del Traductor].