ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA II: sobre pragmatismo, tecnología, medioambientalismo y conservacionismo.[1]
A) INTERCAMBIO
ENTRE P. Y U.R:
P:
Alguna gente que conozco que está interesada en las ideas de Kaczynski cree en
el “poder del mito” –adoración a los héroes, culto a la personalidad y cosas
irracionales por el estilo. El
propio Kaczynski escribe
también acerca del mito en las páginas 361-364 de Technological Slavery. Podríamos preguntarnos si el
mito de Ted Kaczynski sería un mito revolucionario adecuado.
U.R.:
La irracionalidad (o mejor dicho, la no-racionalidad) es una parte importante
de la mente y del comportamiento humanos. De hecho, es la parte más importante;
la racionalidad real es sólo una delgada capa que cubre el grueso de la mente,
el cual no es racional. Y esta delgada capa ni siquiera aparece en todas las
ocasiones; más bien al contrario, es algo bastante raro. Y, precisamente, para
ser realmente racionales, la no-racionalidad debería ser tenida en cuenta
siempre. No obstante, los fundadores de un movimiento serio contra el sistema
tecnoindustrial (los primeros miembros, la gente lo que empiece) y sus líderes
deberían tratar de ser tan racionales como les sea posible y dejar la
no-racionalidad pura para los peones y las masas. La no-racionalidad emergerá
por sí misma siempre, de un modo u otro y antes o después. No es tan necesario
promoverla activamente como estar alerta respecto a ella para evitar errores. Antes
de tratar de engañar y manipular a la gente usando la no-racionalidad (mitos,
idolatría, estética, apelación a las emociones, etc.), debería haber al menos
un núcleo de unos pocos individuos comprometidos y racionales que liderasen el
movimiento. Y, hasta donde yo sé, no los hay.
Ciertamente, Kaczynski comenta el “mito” en
dichas páginas, pero no estoy seguro de haber entendido, ni de que siquiera él
supiese, exactamente de qué estaba hablando cuando usó el término “mito” en ese
escrito. Creo que, en este caso, tal y como yo entiendo ese texto, “ideal”,
“ideología”, “conjunto de valores”, “teoría” o incluso “imaginario” habrían sido
algunos términos mucho mejores que “mito”. Para mí los mitos son una cosa
completamente diferente, mucho más relacionada con asumir o defender teorías
sin pruebas empíricas.
P:
Siempre que pienso acerca de la racionalidad en referencia a Kaczynski pienso en
un modo claro y pragmático de pensar que suele poder observarse en las
organizaciones militares occidentales cuando se enfrentan a situaciones bélicas
caóticas. El gobierno, el estado y el
ejército generalmente funcionan de un modo mucho más eficiente (aunque no sean
completamente eficientes) que las organizaciones radicales que se basan más en
seguir impulsos, en la irracionalidad y en el idealismo … En realidad, están
expuestas a múltiples condiciones, a grupos de interés (grupos autopropagantes)
y a consecuencias imprevistas. Se requiere una mentalidad adecuada, como la que
se observa en los ejércitos, para improvisar, adaptarse y vencer. Sin embargo, para esto hay que ser racional y creo
que la disciplina es esencial para hacer que la mente racional domine los
impulsos no-racionales.
Los líderes y fundadores (digamos “el
núcleo” del movimiento) deberían de hecho ser racionales pero, ¿cómo puede
siquiera hacerse que esa gente adecuada se vea atraída por las ideas planteadas
por Kaczynski (y que realmente se conviertan en acérrimos seguidores de las
mismas)? En la situación actual hay múltiples facciones/grupos autopropagantes intentando
imponer sus intereses y tratando de reclutar gente adecuada para sus proyectos.
Existen diferentes facciones, desde extremistas hasta moderados, desde prosistema
a antisistema, y todas desean reclutar y expandirse, ¿cómo puede la gente
adecuada siquiera darse cuenta de las ideas de Kaczynski y sentirse atraída por
ellas? La publicación del Manifiesto de Unabomber en los medios de masas por sí
misma no tuvo mucho efecto aparte de que la gente lo leyese. Muy pocos lo
estudiaron o aplicaron las ideas por sí mismos.
U.R.:
Estoy de acuerdo. El pragmatismo y la disciplina son una parte importante de la
racionalidad y son necesarios para tener alguna opción de éxito. Para mí, el
pragmatismo está muy relacionado con una forma de ver el mundo materialista y
científica (empirista), y ésta última es bastante escasa entre la gente que
pretende estar cuestionando el sistema hoy en día. De todos modos, el
pragmatismo siempre depende de la idea que se tenga acerca de qué es
considerado “pragmático” (es decir, eficaz, útil, práctico). Y esta idea
depende de las metas que uno desee alcanzar, las cuales a su vez dependen de
los valores y principios que uno tenga o asuma. Y estos valores no tienen
causas últimas racionales. El
pragmatismo siempre asume algunas metas como deseables o indeseables y así,
tácita o explícitamente, asume algunos valores como correctos o incorrectos y
define la eficacia en base a ellos. Sin embargo, ¿por qué esos valores y metas
y no otros? Esto no puede contestarse basándose sólo en la razón. Es decir, la
no-racionalidad está siempre en la base, incluso de la racionalidad. Sin
embargo, una cosa es reconocer este hecho (la inevitabilidad de cierta
no-racionalidad inherente al comportamiento humano) y evitar caer en ideas
racionalistas ingenuas acerca del supuesto poder ilimitado de la razón para
lograr algunas metas mediante la alteración y el control de la realidad (desde
el comportamiento humano hasta los sistemas tecnológicos o sociales complejos,
pasando por los ecosistemas) y otra es defender la irracionalidad como una
forma de actuar deseable (al menos en “política”; o en
la lucha contra el sistema tecnoindustrial). En mi opinión (y en la de la
mayoría de los seres humanos, en la mayoría de las ocasiones), ser tonto y
actuar como tal no es bueno ni deseable prácticamente nunca. El irracionalismo
es tan malo como el racionalismo.
En cuanto a su segundo párrafo, buenas
preguntas con difíciles respuestas. No puedo responderlas. Sin embargo, creo que el asunto consiste
más en llegar a la gente adecuada que ya tenga los valores, las intuiciones y
la actitud correctos que en convertir o convencer a nadie que no esté ya
“convencido” en gran medida (es decir, que no tenga ya ciertos valores, ideas e
intuiciones de forma natural). ¿Dónde
está esa gente naturalmente “convencida”? ¿Cómo llegar a ella? ¿Hay algo
más que se pueda hacer aparte de lo que ya ha sido hecho o se está haciendo? No lo sé.
B)
INTERCAMBIO ENTRE M.V. Y U.R.:
M.V.:
Creo, al igual que tú, que una revolución es inviable, aunque no he tenido el
tiempo suficiente como para reflexionar al respecto o encontrar nuevos caminos
… Viendo el “estado de las cosas”, ¿crees que exista alguna vía? Me
parece que quizá es desde la tecnología misma que algo pueda hacerse. También
me parece que desde la vía legal (sin llegar a una suerte de purismo y
obediencia total a ésta) puede hacerse … Pero quizás es necesaria una vía más
contundente.
U.R.: Me dices, “creo, al
igual que tú, que una revolución es inviable” y me preguntas si creo que
existe alguna vía. Bueno, lo primero es aclarar que yo nunca he dicho que una “revolución”
sea inviable. Sólo he dicho que me parece muy poco probable y muy difícil que
llegue a juntarse la suficiente gente, con la suficiente capacidad intelectual
y material y la suficiente dedicación y compromiso para poder llevar a cabo con
éxito la “revolución” (aunque yo prefiero no usar este término) que se necesita
para destruir el sistema tecnoindustrial. Pero no he dicho que sea inviable o
imposible, ni que yo haya tirado la toalla.
Por otro lado, si existe una
posibilidad de cambiar realmente las cosas, es decir, de deshacernos de la
tecnología moderna y del sistema social que ésta implica, ha de ser o bien por
casualidad, es decir, de forma no intencionada (por ejemplo, una gran
catástrofe natural o artificial que haga que el sistema colapse) o bien porque
un movimiento organizado y capaz, aprovechando una gran crisis, ayude a echarlos
abajo (lo que algunos, como Ted Kaczynski, llaman “revolución contra el
sistema tecnoindustrial”).
Desde la tecnología no van a venir
más que problemas cada vez peores. Las “tecnosoluciones” a los problemas de la
sociedad o del mundo siempre han acarreado, a corto o largo plazo, nuevos y
mayores problemas, aun en los casos en que parezca que han sido eficaces para
resolver los problemas a los que se han aplicado (que muy a menudo no han
servido ni para eso en realidad).
No es ya cuestión de optimismo
frente a pesimismo (es decir, una mera cuestión de juicios de valor o de
preferencias morales), es mero realismo, son meros hechos. Hay un problema (o
algo que se considera un problema, lo sea o no). Se inventa un avance
tecnológico para resolver ese problema. En principio, si funciona, el problema
parece resolverse. Pero, siempre sucede además que:
1. El nuevo avance
tecnológico tiene un precio, es decir, unas consecuencias inevitables. O sea,
un impacto en la sociedad y en la Naturaleza. Aunque sólo sea porque de la nada
no sale nada ni nada desaparece en la nada. Se necesitan espacio, materia
y energía para crear ese avance y hacerlo funcionar, y eso procede
inevitablemente de la Naturaleza y causa un impacto físico en ella.
2. El proceso
de creación y aplicación del nuevo avance tecnológico es impredecible en muchos
aspectos y siempre, en mayor o menor medida, aparecen efectos secundarios
imprevistos, factores no tenidos en cuenta en un principio, nuevas condiciones
y factores creados por el propio proceso y tampoco conocidos previamente, etc.
El resultado es que el proceso siempre se desvía de lo previsto y ya
eso, por sí solo, hace que las cosas no salgan exactamente como se
esperaba y que el avance tecnológico final ni sea tan eficaz ni esté exento de
consecuencias no deseadas.
3. A la larga,
los avances que en lo inmediato y el corto plazo parecían ser eficaces y
resolver los problemas para los que se habían desarrollado, acaban generando
bucles de retroalimentación (círculos viciosos) que empeoran dichos problemas
aún más.
4. Al surgir
nuevos problemas imprevistos y complicaciones, surge la necesidad y la
tentación de tratar de desarrollar nuevos avances tecnológicos para resolverlos
a su vez, repitiéndose y amplificándose el proceso.
Por ejemplo, hay millones de
personas que mueren de hambre en el mundo (presunto problema). Se crean
semillas seleccionadas para producir más alimentos en suelos pobres y climas
duros y/o para resistir a las plagas. Esto genera un incremento en la
producción de alimento. La gente que antes moría de hambre ahora sigue
viviendo. Todo parece estupendo, ¿a que sí? Pues no. Esa gente que sigue viva,
vive para reproducirse y la población aumenta aún más, haciendo que en unos
pocos años, el suministro de alimento vuelva a ser insuficiente y sea necesario
intensificar los cultivos y crear nuevas “tecnosoluciones” para aumentar la
producción de alimentos. Y así se entra en un círculo vicioso. Y mientras
tanto, surgen complicaciones. Por ejemplo, nuevas plagas a las que no son
resistentes las nuevas variedades de plantas sustituyen a las antiguas ocupando
su nicho ecológico, por lo que se necesita usar pesticidas. O esa gente
superviviente y sus hijos agravan aún más los problemas ecológicos y sociales.
Esto es lo que pasó por ejemplo, con la Revolución Verde de la segunda mitad
del siglo XX. Y mucho antes con la invención de la agricultura. La historia de
la humanidad en general y el sistema tecnoindustrial actual en
particular están llenos de ejemplos de procesos de este tipo.
Y esto nos puede preocupar y parecer
malo o no (es cuestión de valores, o sea, es una cuestión moral). Si nos
preocupa, entraremos en el saco de los pesimistas. Si no, seremos considerados
optimistas. Pero, independientemente de que nos preocupe o no, los hechos son
los que son y el proceso que acabo de describir es un hecho palmario. Y aun
así, pocos son conscientes de su existencia.
Así que no, la tecnología no será la
solución.
¿La ley? Tampoco. Las leyes son en
el fondo similares a las “tecnosoluciones”, con todo lo que ello implica (gran
parte del proceso descrito más arriba se cumple también, a su manera, para la
creación y aplicación de nuevas leyes). Y, aun si no tenemos esto en cuenta y
suponiendo que las leyes fuesen totalmente eficaces y estuviesen perfectamente
diseñadas y ajustadas a los casos reales para resolverlos de forma
satisfactoria, justa y correcta para todas las partes afectadas
por un problema (que nunca suele ser el caso), son excesivamente efímeras
y susceptibles de modificación en un futuro (dependen demasiado de la coyuntura
política, entre otros factores) como para ofrecer soluciones realmente
duraderas o definitivas a los problemas (especialmente a los grandes
problemas).
Ciertamente es necesaria una vía más
contundente, mucho más contundente: la destrucción del sistema tecnoindustrial.
Lo que haría falta para destruir físicamente el sistema tecnoindustrial sería
mucho más contundente que las revoluciones del pasado, que el terrorismo o el sabotaje
a la escala conocida hasta la fecha (demasiado pequeña) y que las guerras
mundiales incluso. Las consecuencias serían terribles en lo referente a la
escala de la destrucción y del número de muertes, ya que debería implicar una
destrucción masiva, llegado el momento. No es un juego, ni una broma, ni algo
que hacer irreflexivamente.
M.V.:
La verdad no creo que la tecnología sea la manera de salvarnos como suele
sugerir la propaganda, pero podría ser
una herramienta útil para combatir, quizás, la misma tecnología … Creo que no
lo articulé bien.
U.R.: Cuando leí tu anterior carta
no sabía bien si con lo de la tecnología te referías a las “tecnosoluciones” o
a usar la tecnología moderna en contra de la propia tecnología moderna, para
destruirla. Al final contesté sólo a lo primero.
En cuanto a lo segundo, no creo que quienes
odian la tecnología moderna deban dejar de usarla, ni en su vida personal ni en
su lucha “política” contra la tecnología. En la vida personal, negarse a usar
tecnología moderna lo único que acarrea es dificultades y complicaciones a
quienes deciden seguir esa vía y, en realidad, no les aporta ninguna ventaja
(siguen rodeados por un mundo en el que todos los demás la usan; y esto, de un
modo u otro, les sigue afectando también negativamente a ellos). Y en lo
“político”, sería muy difícil siquiera difundir eficientemente ideas en contra
de la tecnología moderna sin usar un mínimo de tecnología moderna. No digamos
ya combatirla materialmente. El sistema tecnoindustrial no se va a poder echar
abajo (si es que alguna vez se intenta seriamente y hay una oportunidad de
lograrlo) a flechazos o a pedradas.
C) INTERCAMBIO
ENTRE A.Q. Y U.R.:
U.R.: ¿Cuándo rechazó Leopold (y sus seguidores) el desarrollo
tecnológico? Creo que tienes una idea demasiado benevolente de Leopold. Una
cosa es decir que el industrialismo ha dañado la Naturaleza (es un hecho
histórico que cualquiera reconoce) y otra que sea malo en sí, que vaya a dañar siempre la Naturaleza porque está en su
esencia (necesita hacerlo para existir) y que haya que acabar con él. Esto
último la mayoría de los conservacionistas no lo ven ni lo aceptan. Leopold
creía, como casi todos los conservacionistas, que el desarrollo industrial
puede compatibilizarse con la conservación de la Naturaleza. Era un reformista
que creía que la industrialización podría hacerse “bien”, sin dañar la
Naturaleza. Lo que Leopold tiene de valioso es que valoraba la Naturaleza por
sí misma y que promovía su conservación y recuperación (que no es poco). Pero
lo demás: su ética de la tierra, su idealismo y su creencia en la coexistencia
del progreso tecnológico y la Naturaleza, es en realidad un error.

Último Reducto
© Copyright 2019, Último Reducto, para los fragmentos
originalmente escritos por U.R.