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viernes, 12 de junio de 2026

Comentarios críticos a “The techies’ wet dreams”









NOTA IMPORTANTE DE ÚLTIMO REDUCTO: Para comprender y valorar adecuada y completamente el presente texto es recomendable leer previamente el texto “The techies’ wet dreams” (existe traducción al español: “Los sueños húmedos de los tecnobobos”, disponible en: https://drive.google.com/file/d/1WOcHja8xwG1JJTAQHnTrt0rBsePf_4Ay/view?usp=sharing). Y, mejor aún, si el lector lee previamente Anti-Tech Revolution: Why and How en su totalidad.

 

Comentarios críticos de Último Reducto a “The techies’ wet dreams” de Theodore John Kaczynski.

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Comenzaré aclarando que Anti-Tech Revolution (ATR) no me parece un buen libro. Me parece que este libro y los textos de Kaczynski escritos en fechas posteriores son, entre otras cosas, un desastre a nivel lógico, de congruencia y solidez teórica y de definición y uso de términos. ATR es un libro mediocre para inteligencias mediocres que se debería haber llamado más bien Anti-Tech Revolution for Dummies [Revolución antitec para tontos]. Creo que cuando Kaczynski lo escribió, o bien sus facultades mentales estaban ya en declive o bien, más probablemente, rebajó deliberadamente mucho el listón de la calidad intelectual de sus argumentos con objeto de llegar a más gente; y a un tipo de gente determinado, de no muy alta calidad. Y este texto, correspondiente a la parte V del capítulo 2 de dicho libro, es una buena muestra de ello. Voy a comentar algunos de los fallos concretos que le veo:

                    [Este texto es más largo, para leerlo haz clic aquí]
 




Último Reducto 


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miércoles, 3 de mayo de 2023

"Con Amigos como éstos..." ahora disponible gratuitamente en pdf



 

Con Amigos como éstos... ahora disponible gratuitamente en formato pdf 



Obra dirigida al público interesado en la crítica de la sociedad tecnoindustrial en la que quedan patentes las profundas diferencias existentes entre algunas de las corrientes autoconsideradas contrarias a la sociedad tecnoindustrial.

                                                                   Versión pdf gratuita 





Último Reducto 

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jueves, 8 de septiembre de 2022

Comentarios críticos a “El ecofascismo: una rama aberrante del izquierdismo” de Ted Kaczynski

 

Comentarios críticos a “El ecofascismo: una rama aberrante del izquierdismo” de Ted Kaczynski

Por Último Reducto

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De nuevo Último Reducto se ve, muy a su pesar, obligado a criticar otro texto de Theodore John Kaczynski: “El ecofascismo: una rama aberrante del izquierdismo” (https://ultimoreductosalvaje.blogspot.com/2022/09/el-ecofascismo-una-rama-aberrante-del.html).

Antes de nada hay que dejar bien claro que Kaczynski tiene razón en repudiar ciertas corrientes autoritarias y racistas que se declaran supuestamente afines a sus ideas (él llama “ecofascismo” a dichas corrientes), sin embargo, del modo en que lo hace en este artículo, se está equivocando en ciertos aspectos importantes.

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Último Reducto 

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domingo, 6 de marzo de 2022

La onda del futuro

 

Nota importante de Último Reducto


La onda del futuro[1]

Por Theodore J. Kaczynski

Algunas personas han propuesto que las ciudades del futuro deberían estar cubiertas por enormes cúpulas para protegerlas de la lluvia y hacer posible que toda la ciudad se mantenga a una temperatura constante, y no hay duda de que esta idea acabará llevándose a cabo. Ha habido algo de debate acerca de si estas cúpulas deberían ser opacas, para proteger a la gente de la luz solar y cosas similares, o transparentes para que la gente pueda ver el cielo. Mi opinión personal es que deberían ser transparentes. Puede que en la actualidad ustedes piensen que no hay mucho que ver en el cielo, pero en el año 2000 las cosas podrían ser muy diferentes. Me refiero a la posibilidad futura de que controlemos las nubes.

En el presente, los científicos no tienen el control sobre la hora a la que las nubes van a pasar o las formas que adquirirán. A veces hay tantas nubes que no hay suficiente luz afuera y a veces no hay ni una nube; y sus formas son completamente irregulares y sin sentido. No es bueno para la ciencia que haya cosas que escapen a su control. En el año 2000, sin embargo, será posible que los científicos controlen las nubes de modo que aparezcan a intervalos regulares definidos y tengan formas geométricas predeterminadas. Por ejemplo, las nubes podrían ser cúbicas los lunes, tetraédricas los martes, dodecaédricas los miércoles, etc. No debería subestimarse el valor educativo de esto. Y el momento en que aparezcan las nubes estará programado de un modo tan preciso que podrán ustedes poner en hora sus relojes mirándolas. 

Ahora bien, puedo predecir de antemano que va a haber algunas ancianitas sentimentales que se opondrán a esto. Por ejemplo, dirán que hay alguna gente a la que le gusta mirar a las nubes y señalarán que a los niños les gusta imaginar que ven caras, animales y cosas similares en las extrañas formas de las nubes. Dirán que mirar a las nubes controladas sería demasiado aburrido. Sin embargo, esta dificultad no sólo podrá ser remediada, sino transformada en una ventaja. Los científicos del futuro serán capaces de hacer que las nubes se muevan y cambien siguiendo patrones definidos, de modo que formarán imágenes y mostrarán historias, igual que la televisión. Por tanto mirar a las nubes del futuro en realidad será mucho más interesante y entretenido que mirar a las de hoy. De hecho, se emitirán en el cielo programas educativos de forma regular y planificada, lo que ayudará a enseñar a los niños todos los datos científicos que necesiten conocer para apañárselas en el mundo del mañana. Y la nube-visión será incluso mejor que la televisión educativa, porque la gente no podrá cambiar a un canal que emita violencia.

Recuerden, las nubes son de ustedes y serán controladas por su bien.

Otra cosa que preocupa a estas viejecitas y a otras almas delicadas es que el avance de la ciencia y de la industria podría destruir el mundo natural. Estos miedos son totalmente infundados. En los Estados Unidos se ha creado un Sistema de Parques Nacionales para proteger nuestra vegetación y nuestra fauna salvaje y en el futuro nuestros Parques Nacionales  serán incluso mejores, mucho mejores, que los de hoy en día. Por ejemplo, en el año 2000 cada animal tendrá puesto un pequeño radiotransmisor de forma permanente de forma que los zoólogos puedan vigilar su situación y su estado. Esto les permitirá  ayudar a los animales enfermos o a aquellos que estén en algún problema. Los biólogos podrán modificar el terreno cuando sea necesario y plantarán todas las plantas forrajeras adecuadas que hagan falta para asegurarse de que los animales obtengan una nutrición adecuada. (De hecho, algo de esto ya se está haciendo incluso en la actualidad, en algunos de nuestros parques nacionales). Por una módica tarifa, el público será admitido en los parques –bajo la supervisión de guías especialmente cualificados para asegurar que las personas irreflexivas no dañen nuestro precioso patrimonio natural. Incluso se podrá lograr que los cerebros de los animales estén controlados por medio de dispositivos electrónicos que permitan obligarles a llevar a cabo sus hábitos menos frecuentes a voluntad del guía para así poder educar a los espectadores. 

Los espíritus sensibles y los carcas ignorantes que aún viven en el pasado creen que el avance de la tecnología podría quitarnos parte de nuestra libertad. Sin embargo esto es una estupidez supersticiosa. La verdad es justo lo contrario. La ciencia del mañana hará posible que tengamos mucha más libertad de la que tenemos hoy en día. De hecho, en el año 3000, seremos capaces de abolir todas las leyes, porque la gente será mejorada de modo que ya ni siquiera querrán nunca hacer nada que no sea por el bien de la sociedad. Nada más nacer, la mente de cada bebé será ajustada por los científicos para que cuando crezca se convierta en un ciudadano cívico, solidario, sano, feliz y deseoso de ser útil a la comunidad.

Y si a alguien no le gusta todo esto, los psicólogos del futuro serán capaces de repararle para que le guste.



[1] Traducción a cargo de Último Reducto del texto de “The Wave of the Future”, publicado originalmente en The Saturday Review, 13 de junio de 1970. N. del t.

viernes, 21 de enero de 2022

Cómo reemplazará la gente a las máquinas

Nota importante de Último Reducto


Cómo reemplazará la gente a las máquinas[1]

Por Theodore. J. Kaczynski

La ciencia de la genética está avanzando rápidamente hacia la posibilidad práctica de modificar genéticamente a los seres humanos. Pocos de entre los que no somos genetistas hemos comprendido completamente el hecho de que la ingeniería genética supone la solución a todos los problemas del mundo. Considérese el problema de la población, por ejemplo. En unos quince años, la ciencia será capaz de crear una raza de gente de tres pies[2] o menos de altura, pero con cabezas de tamaño normal para poder albergar cerebros de tamaño normal. Mediante la reducción de su estatura a la mitad, se estará reduciendo su peso a un octavo de su valor original. Así, la cantidad de oxígeno, alimento, etc. que cada persona consumirá se verá reducida a un octavo y el mundo será capaz de albergar ocho veces más gente.

Esta propuesta también implica una solución a los problemas del crimen y la violencia. Las personas con cuerpos diminutos de tres pies tendrán que usar toda su energía sólo para mantener erguidas sus cabezas y apenas les quedarán fuerzas suficientes para causarse daños físicos unas a otras. Además, a ciertos grupos especialmente seleccionados, tales como los policías o los científicos, se les permitirá tener cuerpos de tamaño normal y así no tendrán dificultades en controlar a los criminales de tres pies de altura. ¿Puede usted imaginarse a una turba de hippies drogados de tres pies de altura tratando de llevar a cabo una revuelta contra policías de seis pies de altura? Ja, ja, ja. De hecho, se podrían crear policías de diez pies de altura. 

Claro que la modificación de burdas características físicas tales como la estatura, el peso, el número de brazos y piernas, etc. sólo será el principio. Después seremos capaces de modificar en detalle la estructura química y eléctrica del cerebro. De este modo seremos capaces de eliminar toda forma de enfermedad mental. Sólo piénselo. No más hospitales mentales repletos de lunáticos. No más criminales, no más drogadictos, no más conductores imprudentes, no más comunistas, ni más reaccionarios intolerantes contrarios a la Ciencia. Es más, no habrá más infelicidad. Ya que, en lugar de esforzarnos por crear una sociedad que haga feliz a la gente –algo que la humanidad lleva intentando sin éxito desde los albores de la civilización- podríamos simplemente diseñar a los seres humanos para que sean felices sean cuales sean las condiciones sociales que existan en ese momento. Por ejemplo, podríamos fabricar trabajadores que disfruten estando desempleados y en general personas a las que les guste la ingeniería genética.  

Podremos eliminar el inútil gasto de energía que implica el sexo. Podremos dar a la gente todo el placer del sexo simplemente estimulando eléctricamente las áreas adecuadas de sus cerebros; y la reproducción podría ser llevada a cabo de un modo más eficiente sin todo ese jaleo. En vez de ser creadas mediante la unión de un espermatozoide y un óvulo, las personas podrían ser producidas en fábricas a partir de materias primas inorgánicas.

Incluso los ignorantes anti-ciencia deberían ansiar la llegada de la ingeniería genética. Estos personajes están siempre preocupándose por que la gente pueda llegar a ser remplazada por máquinas. Sin embargo, con la llegada de la ingeniería genética, cambiarán las tornas: las máquinas serán reemplazadas por gente. Por ejemplo, seremos capaces de crear personas con cuerpos minúsculos y solamente rudimentarios, pero con cerebros gigantescos que ocuparán cada uno la totalidad del volumen del Empire State. Con sus circuitos apropiadamente programados, estos cerebros serán capaces de reemplazar a las computadoras electrónicas. A lo que voy es a que cuando hayamos creado gente que funcione exactamente como máquinas, ya no hará falta fabricar más máquinas. Ya sólo fabricaremos gente.

Los individuos emocionalmente confundidos que simplemente no comprenden lo que la ciencia está tratando de hacer a menudo se asustan ante tales visiones del futuro. No entienden que no se puede parar el progreso, que no se puede dar marcha atrás al reloj. No entienden que la ciencia es poder y que por eso quienes están a favor de la ciencia siempre ganan.

De cualquier modo, si un hatajo de patanes ignorantes como esos piensan que pueden detener la marcha del progreso, van dados. Si dan problemas, reconstruiremos su ADN y los convertiremos en sapos. Y si piensa usted que esto es una broma, sólo espere  treinta años y verá de lo que seremos capaces para entonces, imbécil.

 



[1]Traducción a cargo de Último Reducto de “How People Will replace Machines”, publicado originalmente en Hattiesburg American, 1 de junio de 1980. N. del t.

[2] 1 pie = 30,48 cm. N. del t.

jueves, 29 de julio de 2021

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA VIII: sobre izquierdismo extremo, ideología del sistema en el futuro y fascismo.


ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS
INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA VIII: sobre izquierdismo extremo
, ideología del sistema en el futuro y fascismo.

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U.R.: Respecto a su texto “Izquierdismo, sistema tecnoindustrial y Naturaleza salvaje”, me gustaría plantear algunas preguntas o ideas para que reflexione acerca de ellas:

  • ¿No es acaso una contradicción que, por un lado, los movimientos juvenil y estudiantil del izquierdismo de la tercera ola sintiesen que eran muy importantes  (tanto como para intentar llevar a cabo cambios en sus sociedades) y, por el otro, sufriesen de baja autoestima y sentimientos de inferioridad? ¿Cómo lo explica? ¿Como un intento de compensar lo segundo con lo primero?
  • Aunque por lo general el izquierdismo ha sido un mecanismo útil para mantener, autorreparar y facilitar el desarrollo del sistema, ¿no podrían algunos tipos de izquierdismo ser a veces un impedimento para el sistema? Me explico: el izquierdismo moderado es claramente útil para el sistema, pero el izquierdismo demasiado radical no está claro que lo sea tanto. Por ejemplo, integrar a las mujeres, los negros, los gais, etc. en el sistema es bueno para éste, pero ir más allá de esto aplicando discriminación positiva, cuotas laborales, discriminación legal a grupos supuestamente “privilegiados” (blancos, varones, ricos, etc.), etc. no es algo tan claramente bueno para el sistema. De hecho, estas cosas empeoran su funcionamiento creando discriminación y malestar innecesarios, impidiendo sacar el máximo provecho de las capacidades y méritos de los individuos, etc. Si usted fuese alguien que quisiese contratar a un trabajador y hubiese disponibles varios candidatos bastante competentes que fuesen blancos y varones física y psicológicamente capaces, pero tuviese usted que dar el empleo a una persona menos competente sólo porque fuese una mujer, un negro o un minusválido, simplemente porque unas cuotas impuestas por la ley le obligasen a usted a hacerlo, ésta probablemente no sería la mejor opción para mejorar la eficiencia de su negocio. Y esto está sucediendo. En tales casos, el izquierdismo no es bueno para el sistema (a menos que yo esté pasando por alto algún otro beneficio oculto para el sistema). Su texto (como mi “Izquierdismo”) dice que el izquierdismo es bueno para el sistema, y aunque generalmente esto es verdad, hay excepciones y posibles matices.

Con esto no estoy diciendo que entonces deberíamos defender o al menos tolerar el izquierdismo en aquellos casos en los que el izquierdismo sea malo para el sistema, sólo que, primero, la realidad puede ser más compleja y que, segundo, es probable que el propio sistema tome medidas para limitar o mantener bajo control el avance del izquierdismo más allá de cierto punto (a partir del cual el izquierdismo se vuelve un impedimento en vez de una ayuda para el sistema).


[Este texto es mucho más largo, para seguir leyéndolo haz clic aquí].

sábado, 16 de enero de 2021

EN RESUMEN

 

EN RESUMEN[a]

Por Ted Kaczynski


Para una mayor claridad, quiero enumerar aquí en forma resumida los cuatro puntos principales que he tratado de plantear en mis escritos.

 

1) El progreso tecnológico nos está llevando a un desastre inevitable. Puede que sea un desastre físico (por ejemplo, algún tipo de catástrofe ambiental), o puede que sea un desastre en lo que se refiere a la dignidad humana (reducción de la raza humana a una condición degradada y servil). Pero ciertamente se producirá un desastre de un tipo u otro a causa del continuo progreso tecnológico.

   Ésta no es una opinión excéntrica. Entre aquellos que se muestran temerosos de las probables consecuencias del progreso tecnológico están Bill Joy, cuyo artículo “Why the Future Doesn’t Need Us”1 es ya famoso, Martin Rees, autor del libro Our Final Century[b], y Richard A. Posner, autor de Catastrophe: Risk and Response[c]. Ninguno de los tres puede ser tomado en absoluto por radical ni ser considerado como alguien predispuesto a mostrarse crítico con la presente estructura social. Richard Posner es un juez conservador del Tribunal de Apelaciones del Séptimo Circuito de los Estados Unidos. Bill Joy es un reconocido genio informático y Martin Rees es Astrónomo Real de Gran Bretaña. Estas dos últimas personas, habiendo dedicado sus vidas a la tecnología, difícilmente mostrarían temores respecto a ella sin tener un buen motivo.

   A Joy, Rees y Posner les preocupa sobre todo el desastre físico y la posibilidad (bastante probable de hecho) de que los seres humanos sean suplantados por máquinas. El desastre que el progreso tecnológico implica para la dignidad humana ha sido discutido por gente como Jacques Ellul y Lewis Mumford cuyos libros son ampliamente leídos y respetados. Ninguno de ambos es considerado excéntrico, marginal, ni nada parecido.

 

2) Sólo el colapso de la civilización tecnológica moderna puede evitar el desastre. Por supuesto, el colapso de la civilización tecnológica supondrá un desastre en sí mismo. Pero cuanto más continúe expandiéndose el sistema tecnoindustrial, peor será el desastre que acabará produciéndose. Un desastre menor ahora evitaría un desastre mayor más tarde.

   El desarrollo del sistema tecnoindustrial no puede ser controlado, restringido o dirigido, ni sus efectos pueden ser reducidos en un grado sustancial. Ésta, de nuevo, no es una opinión extravagante. Muchos escritores, comenzando por Karl Marx, han señalado la importancia fundamental de la tecnología como factor determinante del curso del desarrollo de la sociedad. De hecho, han reconocido que es la tecnología la que gobierna la sociedad y no al revés. Ellul, sobre todo, ha subrayado el carácter autónomo de la tecnología, es decir, el hecho de que la tecnología moderna ha tomado vida propia y no está sujeta ya al control humano. Ellul, de todos modos, no fue el primero en llegar a esta conclusión. Ya en 1934 el pensador mejicano Samuel Ramos2 planteó claramente el principio de la autonomía tecnológica; y esta noción fue ya vislumbrada en una época tan temprana como la década de 1860 por Samuel Butler. Por supuesto, no estoy cuestionando la evidencia de que los individuos o grupos humanos pueden controlar la tecnología en el sentido de que en un momento dado pueden decidir qué hacer con un aparato tecnológico concreto. Lo que el principio de la autonomía tecnológica plantea es que el desarrollo general de la tecnología en su conjunto, y sus consecuencias sociales a largo plazo, no obedecen a ninguna forma de control por parte de los seres humanos. Por tanto, mientras la tecnología moderna siga existiendo, poco podremos hacer para moderar sus efectos.

   Una idea que automáticamente se desprende de lo anterior es que nada salvo el colapso de la sociedad tecnológica podrá evitar un gran desastre. Por tanto, si queremos defendernos contra la tecnología, la única vía de acción que podemos tomar con alguna posibilidad de que llegue a ser efectiva es esforzarnos por precipitar el colapso de la sociedad tecnológica. Aunque esta conclusión es una consecuencia obvia del principio de la autonomía tecnológica, y aunque posiblemente esté implícita en ciertas afirmaciones de Ellul, no conozco ningún escritor convencional que haya reconocido explícitamente que nuestra única salida pase por el derrumbe de la sociedad tecnológica. Esta aparente ceguera ante lo que es obvio sólo puede ser explicada como fruto de la cobardía.

   Si queremos precipitar el derrumbe de la sociedad tecnológica, entonces nuestro fin es un fin revolucionario según cualquier definición razonable de éste término. Tenemos que asumir, entonces, la necesidad de una revolución en toda regla.


3) La izquierda política es la primera línea de defensa de la sociedad tecnológica contra la revolución. De hecho, la izquierda hoy en día actúa como una especie de extintor de incendios que desactiva y apaga cualquier potencial movimiento revolucionario. ¿A qué me refiero con lo de “la izquierda”? Si alguien piensa que el racismo, el sexismo, los derechos de los homosexuales, los derechos de los animales, los derechos de los pueblos indígenas... y la “justicia social” en general están entre los problemas más importantes a los que el mundo se enfrenta actualmente, entonces es un izquierdista en el sentido en que yo uso el término. Pero, se las llame como se las llame, las personas que desactivan los movimientos revolucionarios son individuos que se sienten atraídos indiscriminadamente por todo tipo de causas: racismo, sexismo, derechos de los homosexuales, derechos de los animales, el medioambiente, la pobreza, la explotación laboral, el neocolonialismo... les da igual, todo es lo mismo para ellos. Esta gente constituye una subcultura que ha sido denominada “cultura antagonista”.3 Allá donde un movimiento de resistencia comienza a surgir, estos izquierdistas (o como se les quiera llamar) acuden en enjambres, como las moscas a la miel, hasta que sobrepasan numéricamente a los miembros originales del movimiento, se hacen con el control del mismo y lo convierten en otra facción izquierdista más, volviéndolo inofensivo de este modo. La historia de Earth First![d] es un buen ejemplo de un proceso de este tipo.4

4) Lo que se necesita es un nuevo movimiento revolucionario, dedicado a la eliminación de la sociedad tecnológica, que tome medidas para mantener alejados de él a todos los izquierdistas, así como a los diversos neuróticos, vagos, incompetentes, charlatanes e individuos con insuficiencia de autocontrol que se suelen sentir atraídos por los movimientos de resistencia en los Estados Unidos[e] hoy en día. La forma que un movimiento revolucionario debería tomar es una cuestión abierta a la discusión. Lo que sí está claro es que, para empezar, las personas que se toman en serio el problema de la tecnología deben establecer un contacto sistemático entre sí y adquirir el sentido de que tienen un propósito común; deben separarse estrictamente de la “cultura antagonista”; deben estar orientados hacia la acción práctica, sin rechazar a priori siquiera las más extremas formas de acción; y no deben tomar como meta propia nada que no sea la disolución de la civilización tecnológica.


NOTAS:

 
1) Revista Wired, abril 2000; páginas 238-262.[f]
       

2) El perfil del hombre y la cultura en México, Espasa-Calpe Mexicana, Ciudad de México, 1982 (originalmente publicado en 1934), páginas 104-105.

3) Véase Paul Hollander, The Survival of the Adversary Culture, Transaction Books, 1988.

4) El proceso es competentemente documentado por Martha F. Lee en Earth First!: Environmental Apocalypse, Syracuse University Press, 1995.


 



[a] Traducción de un fragmento del prólogo del libro de Ted Kaczynski The Road to Revolution, editado en el 2008 por la editorial suiza Xenia. [Nota del traductor].

[b] Heinemann, 2003. Hay edición en castellano: Nuestra hora Final, Crítica, 2004. [Nota del Traductor].

[c] Oxford University Press, 2005.

[d] Earth First! (¡La Tierra Primero!) es un grupo ecologista oriundo de Estados Unidos que, como su nombre indica, en su origen tenía como principio fundamental que los ecosistemas no artificiales eran lo más importante. [Nota del traductor].

[e] Kaczynski es un autor estadounidense que, normalmente, escribe para estadounidenses. Sin embargo, los lectores inteligentes y honestos no tendrán problemas a la hora de reconocer ejemplos de este tipo de gente, en España o en cualquier otro país. [Nota del traductor].

[f] Existe traducción en castellano de este artículo: “¿Por Qué el Futuro No Nos Necesita?”, en Tomar la Pastilla Roja. Ciencia, Filosofía y Religión en Matrix de Glenn Gerold Obelisco, 2005, páginas 231-270. [Nota del Traductor].

domingo, 6 de septiembre de 2020

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA V (Parte II): sobre la Naturaleza y los seres humanos primitivos.


ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA V (Parte II): 
sobre la Naturaleza y los seres humanos primitivos.

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E.P.: He leído su libro, Con Amigos como éstos…. Me ha ayudado a aclarar las diferencias entre los puntos de referencia de la ideología del antiindustrialismo humanista y la contraria a la sociedad tecnoindustrial por amor a la Naturaleza salvaje. Sobre todo en lo referente al concepto de libertad y su definición en relación a la Naturaleza salvaje.  

Aparentemente, Los Amigos de Ludd (LAL) no eran conscientes de las diferencias entre el anarcoprimitivismo izquierdista y las  ideas  de ustedes. Quizá no sean capaces de imaginar que alguien podría preferir una vida dura pero libre (una vida que no tenga las características de una utopía izquierdista) y considerarla el modo de vida más digno de ser vivido.  

Todo lo que hacen esa tropa constituida por LAL e izquierdistas antiindustriales similares es simplemente quejarse. Vale, la sociedad industrial es mala, ¿y qué? ¿Cómo nos libramos de ella? Parecen imaginar que es posible deconstruir de algún modo la sociedad industrial apartándose de ella y creando comunidades a las que daría forma el “diálogo social” (sea lo que sea que esto signifique). Aunque creyesen realmente que las sociedades agrícolas preindustriales son un ideal al que merece la pena aspirar y aunque se lo tomasen en serio, necesitarían de todos modos perseguir la destrucción física de la sociedad industrial independientemente del hecho de que no tomasen las sociedades cazadoras-recolectoras como un ideal al que aspirar. Porque la consecuencia de este acto sería la restitución, en la mayor parte de la superficie terrestre, de esas sociedades agrícolas preindustriales que han generado su tan querida herencia cultural. Sin embargo, tampoco defienden eso. Quizá porque no están seguros de si realmente lo quieren o no. Toda su ideología, la cual ellos decoran con un estilo pomposo, se reduce a  un impasse.  Aparte de quejarse por todo.

En lo que respecta a su debate con LAL acerca de la capacidad de autorregulación de los animales y de su capacidad de crear condiciones psicosociales. Creo que LAL están tan absortos en los textos clásicos que ni son conscientes de los estudios científicos acerca de los seres humanos en particular y de los animales en general (la etología, la neurociencia, las investigaciones hechas en diferentes especies de primates, etc.). Las únicas fuentes que usan como puntos de referencia para definir cosas como la libertad, la naturaleza humana, etc. son los textos humanistas clásicos. Este es quizá el motivo por el que aún siguen aferrados a nociones humanistas acerca de la exclusividad de la humanidad. Pasan por alto el hecho de que lo que nos hace morales o conscientes son las capacidades biológicas innatas y que esas capacidades innatas que son la fuente de la moralidad y de la consciencia, han sido en su mayor parte generadas por los procesos evolutivos. Y que la moralidad y la consciencia no son algo que se construya a partir de la nada durante el proceso de humanización. Definen la libertad como algo que necesita ser construido socialmente. Cuando dicen que la libertad no es algo dado sino que es algo que necesita ser conquistado, viene a ser lo mismo que si dijesen que no hay libertad en la naturaleza sino que la libertad es algo que sólo puede ser construido en ciertas situaciones sociales. J.R.H. incluso llega negar que la locomoción esté relacionada con la libertad. Hace falta un grado considerable de “educación” humanista clásica para negar que la locomoción está inherentemente relacionada con la libertad.

El argumento (que también LAL usan en su invitación al debate) de que la intervención humana en la Naturaleza es consustancial a la existencia humana y de que es imposible diferenciar entre las intervenciones de las sociedades tecnológicas, agrícolas y cazadoras-recolectoras es muy común entre los defensores del progreso tecnológico. Presentan esto como la demostración del hecho de que los seres humanos intervienen en la Naturaleza en cada nivel de existencia de los mismos y de que esa intervención en la Naturaleza tiene una continuidad histórica desde las sociedades cazadoras-recolectoras nómadas hasta las sociedades tecnoindustriales. También usan el mismo argumento con los avances tecnológicos. Ponen todas las tecnologías, desde las simples lanzas de madera a los misiles nucleares, en la misma línea del avance histórico de la tecnología. Y de este modo equiparan la existencia humana con la tecnología. Al hacer esto intentan legitimar las actividades del sistema tecnoindustrial y presentarlo como una consecuencia normal de la existencia humana.  

Recientemente encontré una de las manifestaciones de este fenómeno en el libro de Laurent Testot, Cataclysmes: Une Histoire Environmentale de L’Humanité (Payot, 2017). El autor es un periodista profesional y trabaja en lo que él llama el campo de la Historia Global. Según Testot, tras la llegada de los seres humanos a Australia, la flora y la fauna de ese continente cambiaron de forma masiva y se convirtieron en un producto de la intervención humana en lugar de en el resultado de los procesos naturales. Según Testot, el continente fue colonizado por los seres humanos hace al menos 50.000 años. Los primeros colonizadores vivían en un continente árido en el que, de todos modos, en algunos lugares alrededor de ríos y lagos las estepas daban paso a grandes bosques. Había gran número de marsupiales, entre ellos grandes herbívoros y una cantidad proporcional de carnívoros especialistas. Wombats, canguros gigantes, “leones” marsupiales, “lobos” marsupiales (tilacinos), diablos de Tasmania, aves gigantes similares a avestruces, cocodrilos terrestres de cinco metros de largo, etc. Sin embargo, tras su llegada, los seres humanos exterminaron la mayoría de esta megafauna herbívora y todas las especies de aves gigantes. Y los grandes carnívoros marsupiales, dado de la mayoría de sus presas habían sido exterminadas, se extinguieron a su vez. Con el exterminio de los grandes herbívoros, las estepas fueron pasto de incendios recurrentes. La megafauna extinta había estado consumiendo el exceso de hierba. Sin los animales consumiendo esta hierba, los arbustos crecieron sin control y, durante las estaciones secas, se  volvieron excesivamente vulnerables a los incendios y esto a su vez destruyó los últimos bosques. Después de esto, la flora de Australia fue seleccionada por y para los incendios. La Spinifex, que necesita arder para diseminarse, se hizo la especie de gramínea dominante y el eucalipto, debido a su resistencia al fuego, se convirtió en la especie de árbol dominante. Por tanto, con la llegada de los seres humanos, la biodiversidad se vio erosionada y se creó un nuevo equilibrio. De ahí en adelante los seres humanos provocaban incendios controlados de la vegetación. Estos fuegos facilitaban el crecimiento de las raíces y de las plantas usadas como combustible, así como la multiplicación de las especies de caza menor. Y la consecuencia de todo ello fue que, a pesar de su pequeño número (según Testot la población de Australia muy probablemente nunca superó el millón de habitantes) y del estado rudimentario de su tecnología, la huella que los aborígenes imprimieron en el continente fue bastante grande; fueron los jardineros de Australia y este continente fue su huerto. No obstante, Testot también dice en favor de los aborígenes que éstos alcanzaron cierto equilibrio con su entorno y se adaptaron con éxito a la vida en el desierto.

Aun si no hubiese exageración en estas historias y fuesen mayoritariamente ciertas, sigo creyendo que la relación de los cazadores-recolectores con su entorno no puede ser definida como algo externo a la Naturaleza ni como una subyugación de la misma, sino como un proceso interno de la propia Naturaleza. Y que estas prácticas de las sociedades cazadoras-recolectoras no pueden ser equiparadas con las intervenciones  en la Naturaleza de las sociedades agrícolas o tecnoindustriales. Sin embargo, me parece que esta opinión está basada en su mayor parte en juicios de valor en lugar de en criterios objetivos.

U.R.: Yo también creo que la “intervención” en (o, mejor dicho, modificar de algún modo y producir algunos efectos en) su entorno es algo consustancial a los seres humanos, como lo es para el resto de especies, y también creo que existe una continuidad en el proceso histórico del desarrollo tecnológico y social. Y estos simplemente son hechos evidentes, en principio completamente independientes de valores y juicios. Aunque los hechos pueden ser, y a menudo son, interpretados y valorados de formas diferentes (o incluso son reconocidos o pasados por alto) según quién y para qué los interprete y evalúe, esto ya es hacer juicios de valor. Y los juicios de valor son algo bastante independiente de las meras descripciones de los hechos.

Los efectos directos e indirectos que los grupos humanos muy pequeños y las herramientas muy simples hechas a mano a pequeña escala a partir de materiales no modificados tomados directamente de la Naturaleza tienen en los ecosistemas y en el comportamiento humano no son equiparables con los enormes y graves efectos ecológicos y sociales, directos e indirectos, que causan las sociedades modernas y los sistemas de herramientas (máquinas) industriales complejos. Ni cuantitativa ni cualitativamente. Por mucho que otros seres vivos también modifiquen su entorno en cierta medida y por mucho que ambos extremos del espectro histórico (las sociedades humanas más primitivas y las más modernas) pertenezcan a un solo proceso continuo y gradual de desarrollo social y tecnológico. Comparadas con las alteraciones causadas en la Naturaleza por la sociedad tecnoindustrial, las modificaciones que una sociedad cazadora-recolectora nómada primitiva causa en ella son prácticamente inapreciables en casi todos los casos. 


[Este texto es mucho más largo, para seguir leyéndolo haz clic aquí].



Último Reducto
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sábado, 5 de septiembre de 2020

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA V (Parte I): sobre ciertas posturas “críticas” con el desarrollo tecnológico.

 


ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA V (Parte I): sobre ciertas posturas “críticas” con el desarrollo tecnológico.

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E.P.: Industrial Society and Its Future (ISAIF) es el único texto de Kaczynski que está disponible en Turco en formato impreso. “The System's Neatest Trick y “Hit Where It Hurts” están disponibles en turco on line. ISAIF ha sido publicado en Turquía por una editorial anarquista izquierdista. Han incluido un ridículo apéndice titulado “Kaczynski es en realidad John Wayne”. Su catálogo incluye libros como: The One-Straw Revolution (Masanobu Fukuoka), Future Primitive (John Zerzan), obras de Kropotkin, Proudhon, Bookchin, etc. Los otros dos textos disponibles también han sido publicados por un fanzine on line izquierdista. Uno se pregunta porqué han decidido publicar en concreto “The System’s Neatest Trick”, cuando el objetivo principal de este texto es desenmascarar la pseudocrítica del sistema que realiza la izquierda, y que es exactamente lo que ese fanzine está haciendo. Quizá lo hagan debido a su permanente necesidad de unirse a cualquier cosa que tenga tintes rebeldes.

Podría asumirse en un principio que, aunque esos textos sean publicados por los izquierdistas, esto de todos modos podría ayudar a propagar las ideas contra la sociedad technoindustrial. Sin embargo, usted ya sabe muy bien lo que esto implica. Debido a que los izquierdistas publican esos textos, éstos quedan vinculados a la ideología izquierdista. Y así, la gente que entra de este modo en contacto con las ideas no izquierdistas contra el sistema tecnoindustrial confunde estas ideas con las ideas izquierdistas. De este modo, resulta más difícil para ellos darse cuenta de las diferencias fundamentales entre las dos posturas. En algunos casos podría ser incluso peor, las personas que sean particularmente reacias a las ideas izquierdistas evitarán totalmente esas publicaciones y perderán la oportunidad de conocer la crítica no izquierdista del sistema tecnoindustrial debido a esa aparente asociación.

Y me parece que esto es lo que ha ocurrido con las ideas de Kaczynski en Turquía. Por lo que yo sé, Kaczynski es conocido en Turquía como un ecoanarquista excéntrico. Nunca he oído a nadie discutir sus ideas de forma seria. Y, como he dicho, las únicas referencias que se pueden encontrar se producen en círculos izquierdistas. A nivel más general, es también muy difícil encontrar en Turquía ninguna idea seria y bien fundamentada que sea crítica con la tecnología. Aquí la mayoría de la gente aún cree en el progreso. Puede que esto se deba a que aún se sigue considerando que Turquía es un país en vías de desarrollo. Las ideas en contra del progreso y críticas con la tecnología comenzaron a aparecer en Occidente tras la Segunda Guerra Mundial. Así que puede que sea necesario que las enormes consecuencias sociales del progreso tecnológico se manifiesten para que aparezca una actitud crítica acerca de la tecnología. Esto llevó cerca de 150 años en Occidente. Puede que a medida que Turquía vaya alcanzando el nivel de desarrollo de Occidente vaya apareciendo aquí cada vez más gente crítica con la tecnología.

U.R.: Dice usted que los izquierdistas turcos publican textos de Kaczysnki, incluso aquellos textos que muestran claramente una postura antiizquierdista, quizá debido a su permanente necesidad de unirse a cualquier cosa que tenga tintes rebeldes. Bueno, desgraciadamente esto no es un fenómeno exclusivamente turco, sino que lleva sucediendo a nivel mundial desde que Kaczynski fue detenido en 1996; incluso en los EE.UU., el país del propio Kaczynski. Y las causas de ello no sólo son la necesidad de muchos izquierdistas de unirse a cualquier cosa que parezca ser rebelde (esta es una causa muy importante, pero no la única), sino también que el mismo Kaczynski cometió el error de identificarse con el anarquismo pública y abiertamente. Hoy en día, por lo que sé, afortunadamente, se ha percatado de dicho error y lo ha admitido. Sin embargo, probablemente sea ya demasiado tarde para que pueda librarse de todos esos indeseables izquierdistas que se han identificado con él y se han sentido atraídos por sus obras, y especialmente por su imagen pública como “anarquista”.


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Último Reducto

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miércoles, 24 de mayo de 2017

LAS TERMITAS


English version: The Termites 

LAS TERMITAS [1]
 
Soy una termita.        
Mucho antes de que yo naciese, las termitas ya vivían en el Árbol Viejo. Según cuentan, al principio eran unos pocos insectos en un roble de varios metros de perímetro y muchos más de altura.
Hoy en día somos miles de millones de termitas. Estamos distribuidas a lo largo de la práctica totalidad del tronco y las ramas. Nuestra sociedad crece exponencialmente, cada generación más y más rápido. Y todo gracias a la rica madera del Árbol Viejo.
Este constante progreso hace que, en general, en el termitero se mantenga un ambiente de optimismo y alegría que a su vez favorece aún más el buen funcionamiento, organización y crecimiento de la colonia. Y sin embargo, en el fondo, ninguna termita está realmente satisfecha.
Algunas llevan ya generaciones diciendo que el Árbol Viejo pertenece a las obreras y que son ellas las que deben administrarlo, o incluso disfrutar de él en exclusiva. Dicen que el problema es que la reina, la corte y los soldados son parásitos que viven a costa de las obreras y que acumulan serrín mientras las obreras pasan hambre.       
Pero yo que conozco bien a estas quejicas sé que en realidad sólo las mueve la envidia y el odio debidos a la frustración por no poder hacer ellas otro tanto.       
Yo también pienso que la reina, la corte y los soldados son parásitos innecesarios, pero también sé que no son más que una pequeña parte del verdadero problema, o mejor dicho, una mera consecuencia del mismo.
Sé que aunque las obreras no puedan comer la mejor madera, ni acumular tanto serrín como las clases altas, prácticamente todas ellas aspiran a poder hacer lo mismo; sueñan con conseguirlo, y la mayoría viven relativamente “felices” y “contentas” mientras les permitan trabajar para intentarlo.
Sé que, en el fondo, la inmensa mayoría de los miles de millares de insectos que forman la colonia tiene una misma idea, una misma meta: comer y acumular más y mejor madera (mucha más de la necesaria). Aunque eso signifique que, como no hay suficiente para acumular todas, muchas se quedarán sin ver satisfecho su sueño, y que, de entre éstas, muchas protestarán y echarán la culpa a quienes consigan acumular más (que, por cierto, nunca será suficiente para ninguna de ellas).          
Pero el problema real es precisamente ese afán imparable de crecer y reducir el tronco y las ramas del Árbol Viejo a virutas utilizables por la colonia. Están todas tan cegadas por las ansias de prosperar en su acumulación que no son capaces de ver lo que está pasando: el Árbol Viejo se está muriendo. Sus últimas partes vitales están viéndose afectadas por la actividad constante y creciente del termitero.       
Cuando llegamos al Roble, cuentan las crónicas, vivían, en él muchos otros seres. Su tronco y ramas albergaban toda clase de seres vivos, nosotros éramos una especie más.
Pero en algún momento la situación comenzó a cambiar. Algunos termiteros comenzaron a ser muy grandes y a establecer una red de colonias a lo largo del tronco. Necesitaban espacio y alimento y comenzaron a expulsar y a exterminar a otras especies que vivían en el Árbol. A algunas las hicieron esclavas y las aprovecharon para prosperar y acumular más. No corrieron mejor suerte algunas pequeñas colonias de termitas que vivían al margen de la red de termiteros en las zonas más alejadas del tronco.
Para que la red de colonias no se viniese abajo fueron necesarios no sólo un crecimiento y expansión constantes de la misma a otras partes del Árbol aun no colonizadas, sino que a la vez hubo que ir estructurando y regulando progresivamente la vida de los insectos que formaban parte de ella. Así se llegó a la actual forma de organización social en clases y subclases (reina, corte, soldados y obreras), y a la programación ideológica basada en la prosperidad como meta incuestionable, es decir, en considerar que el sentido natural de la existencia de las termitas es y debe ser trabajar para poder comer y acumular más de lo necesario.  
Así, poco a poco, la red de termiteros se fue haciendo más compacta, hasta ser lo que es hoy en día: una monstruosa colonia única que abarca la práctica totalidad del Árbol Viejo.
Pero todo este crecimiento, este progreso, se ha construido a costa, no ya del exterminio, la esclavitud y la imposición de una determinada forma de pensamiento, acción y organización social, sino también a costa de la colonización y reducción del Árbol Viejo a serrín y estiércol.        
Algunas termitas parecen haberse dado cuenta de este problema, pero esta impresión no suele ser más que un mero espejismo.
Unas, siguiendo la línea de sus abuelas, culpan en exclusiva a la reina, la corte y los soldados de la esquilmación del Árbol Viejo, olvidando que la colonia, y la destrucción que ésta acarrea, está siendo mantenida y desarrollada por el trabajo y el consumo de las propias obreras, y que prácticamente ninguna de las obreras del cada vez mayor centro de la colonia trabaja sólo para comer y mantenerse viva, sino que casi todas (incluidas estas “descontentas”) comparten con los nobles y soldados el irrefrenable deseo de comer más de lo necesario y acumular todo lo posible.
Otras no culpan a nadie; sólo piden a las clases dirigentes del termitero que tomen medidas para evitar la destrucción. Y, por supuesto, entre petición y petición, siguen trabajando para poder comer y acumular más y más serrín y virutas.
Y también casi todas ellas, tanto las que quieren más pero no pueden, como las que exigen medidas (a veces son las mismas), no se plantean ni por un momento que la Colonia deba dejar de crecer, que el verdadero problema, del que derivan el resto, es que hemos creado una sociedad de insectos demasiado grande y exigente para nuestra verdadera forma de ser y para la salud y el tamaño limitado del Árbol Viejo.
A medio camino entre las nobles y las obreras, está la casta de las ingenieras, que constantemente plantean soluciones técnicas a los problemas para poder continuar con el desarrollo de la colonia.
Entre éstas cada vez, hay mas que creen posible llegar a un equilibrio entre el crecimiento de la colonia, el mantenimiento de las condiciones de habitabilidad en el termitero y la conservación del Árbol Viejo. Llaman al conjunto de sus teorías “crecimiento mantenible”, y dicen estar poniéndolas en práctica ya. Hablan de recuperar los desechos de la colonia y de mantener (e incluso incrementar) la producción de serrín y viruta controlando y dirigiendo artificialmente el crecimiento del Roble, siempre eso sí, sustituyendo la madera, las ramas, las hojas... originales por nuevos materiales renovables. Y para conseguir esto ingenian métodos de lo más diverso, pero jamás plantean reducir verdaderamente al mínimo el consumo de madera ni parar e invertir el crecimiento de la colonia.
En realidad sus métodos de renovación y sostenibilidad no sirven para salvar lo que queda del Árbol Viejo (ni tampoco lo pretenden realmente), sino sólo para ocultar su destrucción y perpetuar el desarrollo de la colonia. 
Incluso, muchas ingenieras plantean y estudian la posibilidad de extender la colonia a otros árboles, algunos de ellos tan lejanos que apenas podemos verlos desde aquí, o incluso de crear “árboles” artificiales, termiteros en medio de la nada, a los que enviar la población excedente. Y todo esto, a la vez que hablan de rediseñar nuestra especie (y otras) para adaptarla a las condiciones de esos nuevos entornos allí, o del propio entorno degradado de lo que queda del Viejo Árbol aquí.
Las ingenieras son una casta increíble; son capaces de presentar, estudiar y trabajar seria, fría y metódicamente las ideas más inverosímiles, disparatadas, abominables y alucinantes de tal modo que parezca, no sólo que son sensatas y que tienen fundamento, sino que son lo ideal, lo más deseable, lo mejor que podemos y debemos intentar lograr. Y hasta ahora han conseguido que el termitero siga creciendo. Por eso, el resto de las termitas, desde las nobles a las obreras, y desde las más “felices” con su situación a las más descontentas, tiene a las ingenieras en gran estima y confía en ellas, tomando sus teorías y proyectos como referente y modelo a seguir, y como fuente de la que obtener la esperanza necesaria para seguir lanzándose con energía y alegría a desarrollar el termitero y a acumular más serrín.
Pero casi ninguna termita se para a reflexionar en serio acerca del precio de todo ese progreso. De hecho, la inmensa mayoría cree que no tiene precio, que sólo aporta ventajas a la hora de acumular viruta. Pero algunas sabemos que no es así, y que el precio que se ha pagado, se esta pagando y se pagará, es muy superior en realidad a las presuntas ventajas que se supone nos aporta.   
La colonia es ya lo único, el único mundo que queda para las termitas que vivimos hoy. El Árbol, del que un día fuimos una minúscula parte, es hoy un mero apéndice de la colonia; pronto puede que ni eso.
Y sin embargo, las termitas de hoy seguimos siendo básicamente como aquellas primeras termitas que vivían al principio en el Árbol Viejo, cuando aún no había un único termitero (ni siquiera una red de grandes colonias) que lo ocupase en su totalidad, sino unos cuantos termiteros pequeños distribuidos por todo el Árbol, el cual compartían con otros muchos seres. Y es por esto por lo que sentimos que algo nos falta: por eso no estamos nunca realmente satisfechas; y por eso sentimos que necesitamos crecer, comer, acumular... porque actuar así acapara nuestra atención y nos evita tener que afrontar lo que realmente somos, lo que realmente necesitamos, en que nos hemos convertido y en que hemos transformado el Árbol del cual siempre hemos sido y seremos parte.         
Yo que sé todas estas cosas, como también en el fondo las saben todas las demás termitas, soy una de las pocas que (aún no acabo de saber por qué) sí se han parado a pensar seriamente acerca de ellas. En la actualidad nadie quiere oír lo que esas pocas tenemos que decir. Nadie quiere recordar. Nadie quiere enfrentarse al dogma del crecimiento. Están todas ocupadas en cosas más importantes, según dicen. No tienen tiempo. Y cuando lo tienen no quieren agobiarse con esas preocupaciones tan “ridículas”; prefieren otras más ridículas aún, como, por ejemplo, tratar de crecer y acumular, mantener el crecimiento a toda costa o protestar porque no pueden crecer y acumular tanto como otras. Y todo esto para no tener que pararse a pensar en lo que os acabo de contar.         
De todos modos, no os preocupéis, vosotros sois seres humanos y esto sólo son problemillas de insectos.



[1] Cuento extraído de Historias desde el Lado Oscuro (E=m.c2, 2004); © 2004, E=m.c2.