Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta moral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta moral. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de septiembre de 2025

Génesis

 English version: Genesis 

Génesis[1]

En el principio era el mundo, y no era ni malo ni bueno. Y del mundo surgió el Hombre. Y el Hombre creó un espíritu a su imagen y semejanza y lo llamó Satanás, y vio que era malo. El espíritu maligno, al ver que los hombres recelaban y le evitaban debido a su evidente maldad, creó a escondidas un espantapájaros y se introdujo en él. Acto seguido se presentó ante los hombres diciendo: “Soy Dios, soy el Bien”, y entonces los hombres se le acercaron y le escucharon y siguieron sus órdenes y le sirvieron, y lo hicieron de buena gana porque vieron que Dios era bueno. Y así es como el demonio, disfrazado de Dios, engañó a los hombres para que le obedeciesen y sirviesen creyendo que hacían el Bien. Y, de este modo, al final Satanás logró subyugar el mundo.



[1] © 2025, E=m.c2

jueves, 1 de agosto de 2024

INTERCAMBIO DE CORRESPONDENCIA XV (Parte II)

 




ADAPTACIÓN DE UN INTERCAMBIO DE CORRESPONDENCIA XV (Parte II): sobre si la gente que está en contra de la tecnología moderna debería usarla o no.


 

A: Creo que la pregunta que más frecuentemente se hace a los antitec es la siguiente: “Si tanto odiáis la tecnología moderna, ¿por qué la usáis?”.

Una persona con la que intercambio correspondencia me dijo que las respuestas largas a esta pregunta hacen que el movimiento antitec parezca débil y poco atractivo. Me dijo que tenemos que dar una respuesta concisa a dicha pregunta. La respuesta que sugirió es ésta: “Porque la tecnología moderna domina el mundo”.

Me gustó su sugerencia y quería compartirla con usted.

UR: Antes de nada, quiero dejar claro, por enésima vez, que no me identifico con la etiqueta “antitec(nológico)” ni comparto la decisión de Kaczynski y muchos de sus acólitos de adoptarla para autodenominarse. Yo no soy “antitec” (sea lo que sea que signifique ese término).

Tampoco creo que se pueda hablar en la actualidad de un movimiento (“antitec” o como se le llame) existente, real y organizado en contra de la sociedad tecnoindustrial. Hablar como si hubiese algo que en realidad (¿aún?) no hay, es mero delirio.

Pero bueno, para poder contestarle de forma breve, asumamos (y probablemente sea mucho asumir) que a lo que usted se refiere por “movimiento antitec” es lo mismo a lo que yo me referiría como el pequeño puñado de individuos que creemos que se debería crear un movimiento contra la sociedad tecnoindustrial basado en el valor de la Naturaleza salvaje.

Dicho esto, no me parece que la respuesta sugerida sea especialmente buena ni clara.

Yo daría respuestas breves diferentes a la frecuente acusación de no estar actuando o viviendo según nuestras ideas; es decir, a la típica objeción: “si estáis en contra de la tecnología moderna, ¿por qué la usáis?”. Se me ocurren unas cuantas:

[Este texto es más largo, para leerlo completo en formato pdf haz clic aquí]

miércoles, 8 de marzo de 2023

Intercambio de correspondencia entre Sean Fleming y Último Reducto (Parte IV)








 

Algunos fragmentos adaptados de un intercambio de correspondencia entre Sean Fleming y Último Reducto (Parte IV)

Versión pdf

English version

SF: ¿Considera su crítica a la tecnología como científica (o socio-científica)?

Esta pregunta requiere algunos antecedentes y explicaciones. En su respuesta a la pregunta 2 de mi carta anterior, dice que usted adopta una “postura filosófica materialista y naturalista”. En su respuesta a la pregunta 4 de la misma carta, critica “la forma ambigua y vaga de pensar y expresarse que en demasiados casos es característica de las ‘ciencias’ sociales y las humanidades” (tomo nota de las comillas alrededor de “ciencias”) y expresa su desagrado por el estilo “abstruso” de Jacques Ellul. Su postura filosófica y su énfasis en la claridad de expresión parecen sugerir una afinidad con la tradición “analítica” de la filosofía, en contraposición a la tradición “continental” (si me permite usted usar provisionalmente estas etiquetas imprecisas). En cualquier caso -más allá de la cuestión de las etiquetas- su crítica de la tecnología parece fundamentalmente diferente de la de la mayoría de las de los demás críticos de la tecnología. Su postura materialista y naturalista contrasta con las posturas idealistas y humanistas de Ellul, Martin Heidegger, Herbert Marcuse, Lewis Mumford, etc. (René Dubos, un biólogo francés, es una notable excepción. Su crítica a la tecnología en So Human an Animal (Londres: Rupert Hart-Davis, 1970) se basa en gran medida en la idea de que los seres humanos están evolutivamente mal adaptados a los entornos artificiales de las ciudades modernas). También utiliza un modo de expresión preciso y analítico que es muy diferente del modo de expresión discursivo y “dialéctico” utilizado por muchos otros críticos de la tecnología (de nuevo, Ellul y Marcuse son buenos ejemplos). Parece que Kaczynski difiere de estos otros críticos de la tecnología en los mismos aspectos que usted: primero, en la disposición filosófica y, segundo, (posiblemente a consecuencia de ello) en el modo de expresión. Por decirlo muy a grandes rasgos, usted y Kaczynski desarrollan lo que parece una crítica “científica” de la tecnología, en contraposición a las críticas “culturales” de la tecnología desarrolladas por Ellul y otros.

Le ruego que perdone el uso de tantos términos imprecisos e indefinidos, incluso en la propia pregunta (por ejemplo, “analítica”, “continental”, “cultural”, “científica”, incluso “crítica de la tecnología”). No sólo me interesa la mera cuestión terminológica de qué etiquetas utilizaría usted; me interesa más la substancia de sus ideas y cómo se diferencian de las de otros críticos de la tecnología.

UR: En primer lugar, la respuesta a su pregunta depende de lo que entienda usted por “científico”.

En su explicación de la pregunta, menciona usted a algunos autores y “tradiciones” a modo de ejemplos de posturas idealistas y humanistas (en el sentido de opuestas a la forma de pensar materialista y naturalista) y de formas de pensar vagas y ambiguas, supuestamente porque estos rasgos son opuestos a la ciencia. Bueno, aunque no me considero miembro de ninguna “tradición”, no va usted intuitivamente desencaminado. La precisión en la definición de los conceptos y el uso de términos adecuados para referirse a ellos es crucial para hacerse entender correctamente y evitar malentendidos, y es un requisito básico de la ciencia. Y los autores no científicos (los humanistas, los idealistas y, en general, los hombres de humanidades o de letras y muchos “científicos” sociales) suelen estar menos interesados en ser precisos a la hora de definir, nombrar y expresar los conceptos básicos que manejan y en desarrollar una teoría clara y lógicamente consistente que los practicantes de las ciencias naturales/exactas. Y las humanidades, las artes y las “ciencias” sociales tienden a ser humanistas, es decir, se centran en estudiar lo humano (es decir, los seres humanos y sus obras) o tienden a interesarse sobre todo por lo humano y a considerar lo humano como lo único o lo más valioso. Además tienden ser idealistas, a inclinarse más por utilizar y adoptar principalmente factores subjetivos y culturales no materiales para explicar los fenómenos, probablemente en parte porque los fenómenos que estudian y en los que están principalmente interesados son sociales, culturales o históricos (es decir, humanos; y, en sus “tradiciones” intelectuales/académicas, los seres humanos -tanto individual como colectivamente- suelen ser considerados seres que actúan principalmente de forma completamente consciente e intencionada, con propósitos claros y definidos).  

Asimismo tiene usted razón en que Kaczynski difiere también mucho de los críticos humanistas de la tecnología, tanto en su disposición filosófica como en su modo de expresión.

Pero señalar similitudes y diferencias no es lo mismo que definir explícitamente lo que uno entiende por “ciencia”, así que no sé a qué se refería usted cuando hizo su pregunta. No obstante, para poder responder a esta pregunta, diré lo que entiendo yo por “ciencia”.


[Este texto es más largo, para leerlo en versión pdf, haz clic aquí]

domingo, 6 de diciembre de 2020

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA VI (PARTE I): sobre libros interesantes, metafísica y más.

 


ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA
VI (PARTE I): sobre libros interesantes, metafísica y más.

 

Versión pdf

English versión

D.: He leído The Human Zoo de Desmond Morris recientemente. Como solemos decir en Grecia, “da un golpe en el clavo y otro en la herradura”. Me refiero a que sus conclusiones son incoherentes respecto a lo que implican sus premisas (como tú bien señalas que ocurre con muchos autores) y sus análisis son a veces descabellados, pero gran parte del libro es correcta; en concreto los puntos acerca de que tribus más pequeñas, con sus propias jerarquías, surgen dentro de la supertribu y de la necesidad obsesiva de usar la increíble cantidad de tiempo libre de que se dispone en el mundo moderno, como les sucede a los animales en los zoos. Sin embargo, también le faltan muchos datos. Leer a Diamond y Pinker me parece mucho más útil, ya que conjeturan mucho menos que Morris y manejan muchos más datos, aunque sus conclusiones sean incoherentes también.

También me gustó un artículo que leí de Tomislav Markus. Leeré más escritos suyos en un futuro. Si tienes alguna otra sugerencia, me gustaría escucharla.

U.R.: The Human Zoo es un libro interesante. En este libro Morris acertó bastante en lo que se refiere a algunas ideas importantes (Kaczynski tomó algunas de ellas como referencia para sus ideas acerca del proceso de poder y las actividades sustitutorias). Y no era para nada políticamente correcto (en el sentido que tiene hoy en día la corrección política –es decir, valores izquierdistas-; aunque ciertamente era “políticamente correcto” según los estándares de la corrección política de aquella época –es decir, según los principales valores imperantes en la sociedad de aquella época-), lo cual es otra cosa que me gusta de este libro. Has de tener en cuenta que Morris escribió el libro en 1969 y que Diamond y Pinker son autores bastante posteriores. Morris tiene libros más recientes como The Naked Woman, The Naked Man y otros. He leído también The Naked Ape y The Naked Man. Y, sí, Morris es bastante “especulativo”. Y, al igual que Diamond y Pinker, y muchos otros autores, es demasiado cobarde y leal al sistema como para extraer todas las conclusiones lógicas de sus conocimientos, descubrimientos y teorías. De hecho, Pinker incluso tiene libros defendiendo abiertamente el progreso y la sociedad tecnoindustrial. Y Diamond es un reformista que piensa que este desastre se puede arreglar con buena voluntad, leyes y tecnología “verde”. 

Markus era diferente. Era materialista y lo suficientemente valiente como para rechazar abiertamente la civilización y la sociedad tecnoindustrial. Normalmente acertaba bastante, aunque no siempre ni del todo. Por ejemplo, justo antes de su muerte en el 2010 escribió un artículo, “The Great Turning Point”, en el cual cometió algunos errores serios como defender y simpatizar con el movimiento para la Transición Medioambiental (que es reformista y en realidad intenta salvar la civilización “pintándola de verde”) o creer en las predicciones de los creyentes en el “pico del petróleo”.


[Este texto es mucho más largo, para seguir leyéndolo haz clic aquí].



Último Reducto

Contacto: ultimo.reducto@hotmail.com


domingo, 6 de septiembre de 2020

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA V (Parte II): sobre la Naturaleza y los seres humanos primitivos.


ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA V (Parte II): 
sobre la Naturaleza y los seres humanos primitivos.

Versión pdf

English version

E.P.: He leído su libro, Con Amigos como éstos…. Me ha ayudado a aclarar las diferencias entre los puntos de referencia de la ideología del antiindustrialismo humanista y la contraria a la sociedad tecnoindustrial por amor a la Naturaleza salvaje. Sobre todo en lo referente al concepto de libertad y su definición en relación a la Naturaleza salvaje.  

Aparentemente, Los Amigos de Ludd (LAL) no eran conscientes de las diferencias entre el anarcoprimitivismo izquierdista y las  ideas  de ustedes. Quizá no sean capaces de imaginar que alguien podría preferir una vida dura pero libre (una vida que no tenga las características de una utopía izquierdista) y considerarla el modo de vida más digno de ser vivido.  

Todo lo que hacen esa tropa constituida por LAL e izquierdistas antiindustriales similares es simplemente quejarse. Vale, la sociedad industrial es mala, ¿y qué? ¿Cómo nos libramos de ella? Parecen imaginar que es posible deconstruir de algún modo la sociedad industrial apartándose de ella y creando comunidades a las que daría forma el “diálogo social” (sea lo que sea que esto signifique). Aunque creyesen realmente que las sociedades agrícolas preindustriales son un ideal al que merece la pena aspirar y aunque se lo tomasen en serio, necesitarían de todos modos perseguir la destrucción física de la sociedad industrial independientemente del hecho de que no tomasen las sociedades cazadoras-recolectoras como un ideal al que aspirar. Porque la consecuencia de este acto sería la restitución, en la mayor parte de la superficie terrestre, de esas sociedades agrícolas preindustriales que han generado su tan querida herencia cultural. Sin embargo, tampoco defienden eso. Quizá porque no están seguros de si realmente lo quieren o no. Toda su ideología, la cual ellos decoran con un estilo pomposo, se reduce a  un impasse.  Aparte de quejarse por todo.

En lo que respecta a su debate con LAL acerca de la capacidad de autorregulación de los animales y de su capacidad de crear condiciones psicosociales. Creo que LAL están tan absortos en los textos clásicos que ni son conscientes de los estudios científicos acerca de los seres humanos en particular y de los animales en general (la etología, la neurociencia, las investigaciones hechas en diferentes especies de primates, etc.). Las únicas fuentes que usan como puntos de referencia para definir cosas como la libertad, la naturaleza humana, etc. son los textos humanistas clásicos. Este es quizá el motivo por el que aún siguen aferrados a nociones humanistas acerca de la exclusividad de la humanidad. Pasan por alto el hecho de que lo que nos hace morales o conscientes son las capacidades biológicas innatas y que esas capacidades innatas que son la fuente de la moralidad y de la consciencia, han sido en su mayor parte generadas por los procesos evolutivos. Y que la moralidad y la consciencia no son algo que se construya a partir de la nada durante el proceso de humanización. Definen la libertad como algo que necesita ser construido socialmente. Cuando dicen que la libertad no es algo dado sino que es algo que necesita ser conquistado, viene a ser lo mismo que si dijesen que no hay libertad en la naturaleza sino que la libertad es algo que sólo puede ser construido en ciertas situaciones sociales. J.R.H. incluso llega negar que la locomoción esté relacionada con la libertad. Hace falta un grado considerable de “educación” humanista clásica para negar que la locomoción está inherentemente relacionada con la libertad.

El argumento (que también LAL usan en su invitación al debate) de que la intervención humana en la Naturaleza es consustancial a la existencia humana y de que es imposible diferenciar entre las intervenciones de las sociedades tecnológicas, agrícolas y cazadoras-recolectoras es muy común entre los defensores del progreso tecnológico. Presentan esto como la demostración del hecho de que los seres humanos intervienen en la Naturaleza en cada nivel de existencia de los mismos y de que esa intervención en la Naturaleza tiene una continuidad histórica desde las sociedades cazadoras-recolectoras nómadas hasta las sociedades tecnoindustriales. También usan el mismo argumento con los avances tecnológicos. Ponen todas las tecnologías, desde las simples lanzas de madera a los misiles nucleares, en la misma línea del avance histórico de la tecnología. Y de este modo equiparan la existencia humana con la tecnología. Al hacer esto intentan legitimar las actividades del sistema tecnoindustrial y presentarlo como una consecuencia normal de la existencia humana.  

Recientemente encontré una de las manifestaciones de este fenómeno en el libro de Laurent Testot, Cataclysmes: Une Histoire Environmentale de L’Humanité (Payot, 2017). El autor es un periodista profesional y trabaja en lo que él llama el campo de la Historia Global. Según Testot, tras la llegada de los seres humanos a Australia, la flora y la fauna de ese continente cambiaron de forma masiva y se convirtieron en un producto de la intervención humana en lugar de en el resultado de los procesos naturales. Según Testot, el continente fue colonizado por los seres humanos hace al menos 50.000 años. Los primeros colonizadores vivían en un continente árido en el que, de todos modos, en algunos lugares alrededor de ríos y lagos las estepas daban paso a grandes bosques. Había gran número de marsupiales, entre ellos grandes herbívoros y una cantidad proporcional de carnívoros especialistas. Wombats, canguros gigantes, “leones” marsupiales, “lobos” marsupiales (tilacinos), diablos de Tasmania, aves gigantes similares a avestruces, cocodrilos terrestres de cinco metros de largo, etc. Sin embargo, tras su llegada, los seres humanos exterminaron la mayoría de esta megafauna herbívora y todas las especies de aves gigantes. Y los grandes carnívoros marsupiales, dado de la mayoría de sus presas habían sido exterminadas, se extinguieron a su vez. Con el exterminio de los grandes herbívoros, las estepas fueron pasto de incendios recurrentes. La megafauna extinta había estado consumiendo el exceso de hierba. Sin los animales consumiendo esta hierba, los arbustos crecieron sin control y, durante las estaciones secas, se  volvieron excesivamente vulnerables a los incendios y esto a su vez destruyó los últimos bosques. Después de esto, la flora de Australia fue seleccionada por y para los incendios. La Spinifex, que necesita arder para diseminarse, se hizo la especie de gramínea dominante y el eucalipto, debido a su resistencia al fuego, se convirtió en la especie de árbol dominante. Por tanto, con la llegada de los seres humanos, la biodiversidad se vio erosionada y se creó un nuevo equilibrio. De ahí en adelante los seres humanos provocaban incendios controlados de la vegetación. Estos fuegos facilitaban el crecimiento de las raíces y de las plantas usadas como combustible, así como la multiplicación de las especies de caza menor. Y la consecuencia de todo ello fue que, a pesar de su pequeño número (según Testot la población de Australia muy probablemente nunca superó el millón de habitantes) y del estado rudimentario de su tecnología, la huella que los aborígenes imprimieron en el continente fue bastante grande; fueron los jardineros de Australia y este continente fue su huerto. No obstante, Testot también dice en favor de los aborígenes que éstos alcanzaron cierto equilibrio con su entorno y se adaptaron con éxito a la vida en el desierto.

Aun si no hubiese exageración en estas historias y fuesen mayoritariamente ciertas, sigo creyendo que la relación de los cazadores-recolectores con su entorno no puede ser definida como algo externo a la Naturaleza ni como una subyugación de la misma, sino como un proceso interno de la propia Naturaleza. Y que estas prácticas de las sociedades cazadoras-recolectoras no pueden ser equiparadas con las intervenciones  en la Naturaleza de las sociedades agrícolas o tecnoindustriales. Sin embargo, me parece que esta opinión está basada en su mayor parte en juicios de valor en lugar de en criterios objetivos.

U.R.: Yo también creo que la “intervención” en (o, mejor dicho, modificar de algún modo y producir algunos efectos en) su entorno es algo consustancial a los seres humanos, como lo es para el resto de especies, y también creo que existe una continuidad en el proceso histórico del desarrollo tecnológico y social. Y estos simplemente son hechos evidentes, en principio completamente independientes de valores y juicios. Aunque los hechos pueden ser, y a menudo son, interpretados y valorados de formas diferentes (o incluso son reconocidos o pasados por alto) según quién y para qué los interprete y evalúe, esto ya es hacer juicios de valor. Y los juicios de valor son algo bastante independiente de las meras descripciones de los hechos.

Los efectos directos e indirectos que los grupos humanos muy pequeños y las herramientas muy simples hechas a mano a pequeña escala a partir de materiales no modificados tomados directamente de la Naturaleza tienen en los ecosistemas y en el comportamiento humano no son equiparables con los enormes y graves efectos ecológicos y sociales, directos e indirectos, que causan las sociedades modernas y los sistemas de herramientas (máquinas) industriales complejos. Ni cuantitativa ni cualitativamente. Por mucho que otros seres vivos también modifiquen su entorno en cierta medida y por mucho que ambos extremos del espectro histórico (las sociedades humanas más primitivas y las más modernas) pertenezcan a un solo proceso continuo y gradual de desarrollo social y tecnológico. Comparadas con las alteraciones causadas en la Naturaleza por la sociedad tecnoindustrial, las modificaciones que una sociedad cazadora-recolectora nómada primitiva causa en ella son prácticamente inapreciables en casi todos los casos. 


[Este texto es mucho más largo, para seguir leyéndolo haz clic aquí].



Último Reducto
Contacto: ultimo.reducto@hotmail.com

domingo, 5 de abril de 2020

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA IV: sobre la posibilidad de crear un movimiento y combatir el sistema tecnoindustrial y sobre moral.



ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA IV: 
sobre la posibilidad de crear un movimiento y combatir el sistema tecnoindustrial y sobre moral. 
H: Encuentro un problema que no logro resolver cuando pienso en cuál sería el tipo de ser humano necesario para hacerle frente a la cuestión que estamos tratando: acabar con el sistema tecnoindustrial. Si damos como buenos y tenemos en cuenta aquellos valores que surgen al considerar las tendencias, necesidades y capacidades naturales del ser humano, tendríamos que cosas como la pereza, el rechazo del sacrificio y del sufrimiento , etc. (es decir, elementos que forman parte de nuestros mecanismos de conservación), resultan difícilmente compatibles con una causa que exige compromiso, fortaleza mental, capacidad para mantener un objetivo que no atenta de forma directa contra nuestra supervivencia (me refiero, tan directamente como puede ser morir por un depredador o no conseguir agua), etc. Es decir, vivir e incluso ser capaz de morir por un ideal, algo para lo que no estamos, o eso creo entender, genéticamente diseñados. ¿Cómo se come eso?, ¿es debido a que estamos fuera del contexto natural del ser humano, que debemos actuar de forma contraria a nuestra naturaleza (irónicamente para poder volver a funcionar en base a ella)? Si fuera así, ¿en que se diferenciaría entonces del idealismo que promueven otras formas “revolucionarias”? ¿O por el contrario, lo deseable sería aspirar a tener un sistema de valores que, aunque basado en esas tendencias y necesidades (en todas, no sólo en aquellas que la moralidad actual entiende como buenas), sea propenso a ser alterado o modificado por el uso de la razón? ¿No caeríamos con ello nuevamente en el error de querer dirigir nuestro futuro?
Y en relación, aunque es posible que medio me acabes respondiendo con lo anterior, quisiera saber si podías desarrollarme un poco tu idea acerca del “bien” y del “mal”, pues creo haber leído que lo considerabas contraproducente a nivel estratégico y quizá por eso no he encontrado mucha información acerca de ello en tu blog. Pero para mí es importante.
U.R.: Si no se me escapa nada, tu primera duda se podría resumir del siguiente modo:
a.       Al menos algunos de los requisitos necesarios para formar parte de un movimiento contra la sociedad tecnoindustrial puede que en realidad sean contrarios a la naturaleza humana, con lo cual sería imposible que existiesen seres humanos que los cumpliesen y, por tanto, dicho movimiento no podría crearse ni menos aún funcionar eficazmente.
b.      Aunque la creación y funcionamiento eficiente de un movimiento en contra de la sociedad tecnoindustrial fuese compatible con la naturaleza humana, tratar de crear y dirigir un movimiento contra la sociedad tecnoindustrial de forma racional, consciente e intencionada iría en contra del principio que afirma que no se puede controlar y dirigir racionalmente el desarrollo de procesos y sistemas dinámicos y complejos, pues éstos son impredecibles por definición. Esto a su vez implicaría caer en los mismos errores y problemas causados hasta la fecha por querer dirigir y controlar racionalmente la sociedad humana y la Naturaleza.
  
[Este texto es mucho más largo, para seguir leyéndolo haz clic aquí].




Último Reducto
Contacto: ultimo.reducto@hotmail.com






martes, 5 de febrero de 2019

Crítica a "La estirpe de los libres" de Benigno Varillas




La siguiente crítica se refiere a la edición del 14 de marzo del 2018 de La Estirpe de los Libres. Es una adaptación de la crítica remitida directamente al autor de dicho libro, Benigno Varillas. Aunque seguramente muchos lectores no hayan leído La Estirpe de los Libres, tampoco es imprescindible haber leído este libro para leer, entender y sacar provecho de esta crítica.

La estirpe de los tecnoilusos: crítica a La estirpe de los libres
Por Último Reducto
En esta crítica me centraré en los puntos clave o premisas básicas y generales en que basas tu obra, dejando de lado normalmente los múltiples fallos concretos y puntuales que aparecen en el texto, desde defectos de estilo, errores tipográficos, ortográficos y gramaticales, hasta numerosas imprecisiones técnicas que, ya por sí solas, deslucen la obra y hacen dudar sobre tu grado de conocimiento acerca de las materias tratadas y de tu rigor científico e intelectual a la hora de documentarte. No es mi intención ayudar a mejorar tu libro con mis críticas, sino más bien desmontarlo completamente y mostrarte que, en gran medida (básicamente, como mínimo, casi todo lo que va más allá de la mera biografía de Félix Rodríguez de la Fuente), es un auténtico despropósito basado en falsedades, datos sesgados e/o incompletos y fenómenos mal interpretados.
Antes de empezar y para evitarte la fácil escapatoria de tacharme de “neolítico”, “patriarcal”, “violento”, etc. te recuerdo que:
·  Yo tomo como valor fundamental lo salvaje, entendido como todo aquello que no es artificial y que es autónomo, es decir, todo lo que existe por sí mismo y a la vez funciona por sí mismo. La Naturaleza salvaje es, para mí, lo más importante y todo lo demás debería subordinarse a su preservación.
· Considero que el mejor (o, más bien, el menos malo) modo de vida para los seres humanos es el modo de vida cazador-recolector nómada a pie, ya que (1) es el modo de vida al que estamos física y psicológicamente adaptados por naturaleza, tras cientos de miles de años de selección natural por parte del entorno y (2) es el modo de vida menos dañino para los ecosistemas. Creo que al menos desde que comenzamos a practicar otros modos de vida (caza-recolección sedentaria, caza-recolección nómada a caballo, agricultura, urbanización, industria, etc.) sólo hemos empeorado, tanto en lo que respecta a (1) como en lo que respecta a (2).
Tenlo siempre bien en cuenta cuando leas mi crítica.
Buena parte de lo que te diré a continuación no es más que el desarrollo lógico y la explicación más en detalle de lo que ya te dijimos los miembros de Naturaleza Indómita en nuestra carta del 30 de abril del 2018.
Vamos al grano.
Los defectos principales que le veo a tu libro son:
1.      Valores progres.
2.      Idealización de los cazadores-recolectores.
3.     Concepto incompleto y simplista de lo salvaje y de su conservación y recuperación.
4.      Noción incompleta y sesgada de la historia de la conservación.
5.      Concepto finalista y progresista de la evolución humana y del desarrollo social.
6.  Concepción idealizada y sesgada de la informatización social en particular y del futuro desarrollo tecnológico y social en general.

[Este texto es mucho más largo, para seguir leyéndolo haz clic aquí].





Último Reducto
Contacto: ultimo.reducto@hotmail.com






miércoles, 21 de junio de 2017

EL BIENINTENCIONADO

English versión: The Well-meaning  
EL BIENINTENCIONADO[1]      
Alfredo Alfonso Alfalfa era un ser tan piadoso que cada mañana al despertar pensaba en todos los seres que estarían muriendo en ese momento y en todo el sufrimiento que estarían soportando otros animales, humanos o no, en ese preciso instante. Cada mañana recordaba que él era uno de esos seres, que sufría y que, aunque le costaba hacerse a la idea, moriría también como los demás.
Alfredo Alfonso Alfalfa no sólo estaba convencido de que sentir empatía por el resto de los seres era lo correcto, sino que creía firmemente que creer sentir lo que se cree que otros sienten era un rasgo inequívoco e incuestionable de superioridad sobre el resto de seres desaprensivos e incivilizados. 
Alfredo Alfonso Alfalfa pasaba los días agobiado por estos pensamientos, eran su obsesión.
Cierta mañana en que el Sol brillaba, los pájaros cantaban y los insectos volaban sobre la pradera, Alfredo Alfonso Alfalfa salió a dar un paseo. Caminó un buen trecho por el campo mientras sufría por la crueldad del mundo: él pisaba sin querer la hierba, el sol secaba las plantas, los pájaros se comían a los insectos y los insectos se devoraban entre sí y a las plantas. Era una auténtica carnicería. No podía soportarlo. Cansado, se sentó a la sombra de una higuera mientras observaba intranquilo el transitar de una oruga por el tallo de una zarza. ¿Querría comerse la planta aquel malvado insecto? Y, ¡cuánto sufriría la oruga si se pinchaba con las crueles espinas de la zarza!
El mundo estaba loco, todo era contrario a como debería ser. La Naturaleza era muerte y sufrimiento. ¡Cuánto desearía poder evitarlos!       
En esto, Dios (que, como todos los lectores ateos saben, es un señor anciano, alto, melenudo y barbudo, canoso y vestido con sábanas blancas, que vive en las nubes y se pasa la vida creando mundos y cuidando de ellos) apareció frente a él. Se había compadecido de la inmensa compasión del compasivo Alfredo, el cual, de mientras, pensaba para sí: “este dios estúpido y brutal está pisando a las pobres e indefensas hormigas”, Dios, que también pensaba para sí: “¡Mira que tengo mala suerte! haber caído en un hormiguero. ¡Como pican estas condenadas!”, envió un ángel (que, como todo ateo sabe, es un pájaro de cuidado —sobre todo si es el de la guarda— con largos rizos dorados, sexo hermafrodita e insoportablemente encantador) que cogió suavemente a Alfredo y lo elevé al Cielo.          
Ya en el cielo, Dios se acercó a Alfredo Alfonso Alfalfa, que observaba pensativo desde las alturas un mundo lleno de seres malignos, en el cual todos sufrían terribles padecimientos y agonías y a su vez las inflingían a otros, en el que el asesinato y el sadismo eran la norma...
-Alfredo, hijo mío -dijo Dios, que en el fondo era un sentimental- he visto con agrado tu gran piedad. Me ha sorprendido gratamente tu preocupación y dedicación por la vida y el bienestar de los demás seres. En verdad, en verdad te digo que si todos los seres fuesen como tú el mundo sería muy distinto. Alfredo, hijo mío, eres mi ídolo, y para demostrártelo te voy a permitir ser Dios en mi ausencia que tengo que irme a hacer los recados. En tus manos encomiendo el mundo. Tus deseos son órdenes y puedes usar estos instrumentos que ves aquí para llevarlos a cabo.
Y, dicho esto, desapareció dejando a Alfredo en el séptimo cielo.
Alfredo no cabía en sí de gozo. Por fin se le reconocía su valía, por fin alguien (aunque sólo fuera Dios) se daba cuenta de quién era realmente y de para qué había nacido. Dios había tenido una revelación divina. El conocimiento del verdadero carácter suprahumano de Alfredo Alfonso Alfalfa había sido implantado en la mente de Dios por el poder psíquico paranormal del divino Alfredo. El era el Salvador, el Ser Original, Auténtico, Único, Especial e Inigualable que el mundo había estado esperando desde hace millones de años. La evolución había tocado a su fin. Todo había sucedido con una finalidad evidente: él, Alfredo Alfonso Alfalfa, el espíritu más puro, amoroso, perfecto y humilde jamás habido. Era inmejorable, insuperable, el más bueno, el más inteligente, el más mejor... Por fin lo había conseguido, era Dios mismo.  
Alfredo Alfonso Alfalfa se dispuso a desempeñar su nuevo cargo como ser supremo, omnisciente, omnipotente y ubicuo (esto, para los lectores “creyentes”, hace referencia a Dios, no a los santos, mártires y héroes de las diversas “revoluciones”, revueltas, rabietas y pataletas habidas o por haber, ni a 1os intelectualillos, “enteraos” y demás listos de los cojones libertarios, izquierdistas y progresistas más o menos contestatarios, duros y “radicales”, que son legión. Eso sería entrar en otros cuentos). Por fin podría hacer realidad su deseo de acabar con el sufrimiento y la muerte y reparar lo que millones y millones de años de caos, crímenes continuos y luchas encarnizadas habían engendrado: un mundo odioso y sangriento, un espectáculo dantesco y atroz de opresión constante de los seres fuertes sobre los débiles, de violencia de los débiles sobre los más débiles y de agresiones de fuertes grupos de seres débiles sobre débiles seres fuertes.
Decidió por tanto que resucitaría, mediante los superpoderes que la divina alta tecnología le ofrecía, a todos los seres muertos hasta la fecha y que en adelante impediría que cualquier ser dañase a otro y que ningún ser vivo muriese.            
Dicho y hecho. Puso a los ángeles a trabajar y en pocos minutos la maniobra de resurrección e inmunización contra el dolor y la muerte había concluido.
¡Qué feliz estaba! Se había acabado el mal, sólo existía ya el Bien: la vida eterna y la felicidad sin límites. Estaba tan feliz que ni se preocupó de mirar para abajo y ver su gran obra. Al fin y al cabo, los principios teóricos en que se basaba eran impecables, todo encajaba lógicamente a la perfección, lo había diseñado él, ¿para que revisar el resultado?      
En ese preciso instante entró Dios con los pelos y las barbas de punta y echando truenos por la boca y rayos por los ojos.   
-Pero, ¿se puede saber quién ha sido el desgraciado que ha causado semejante desbarajuste?- gritó dirigiéndose al ángel que desempeñaba las funciones de contramaestre de Dios- ¡Se le van a caer las plumas! ¡Lo voy a convertir en figurita para nacimiento!
-¿Qué ha sucedido, compañero?- preguntó Alfredo preocupado por el malestar del que ahora era su colega- ¿Qué es lo que tanto te irrita? Cuéntamelo y seguro que podré hacer algo por ti.
-Echa un vistazo al mundo por el borde de la nube y lo verás- dijo Dios.
Alfredo Alfonso Alfalfa se aproximó a la barandilla de seguridad que rodeaba la cubierta de la nube y observó maravillado y lleno de orgullo su gran obra.            
Allí abajo se apilaban, capa sobre capa, millones, billones, trillones... de seres de las más diversas formas, texturas y tamaños (peludos, emplumados, escamosos, blandos, duros...) formando una masa informe y palpitante de cuerpos en movimiento mezclados con troncos, ramas y hojas y una sustancia viscosa de color indefinible formada por microorganismos, estiércol, orines y materia vegetal en descomposición. Se pisaban y aplastaban unos a otros a causa de la falta de espacio, pero pasara lo que pasara ninguno moría y al momento recuperaban su forma original para volver acto seguido a perderla en otro accidente. Y lo más maravilloso, el tamaño de aquella inmensa bola de vida crecía por momentos pues aunque eran inmortales, los seres vivos seguían reproduciéndose.
-Me ha quedado imponente, ¿verdad?- dijo Alfredo.         
-Así que has sido tú. Has arruinado mi creación. Miles de millones de años manteniendo el equilibrio y vienes tú  y en diez minutos te lo cargas.    
-¿Qué dices? ¿Qué equilibrio? ¿Cuál es el problema?- Alfredo no salía de su asombro; aquel dios idiota no era capaz de reconocer el Bien cuando lo veía.  
-¿No ves que no tienen sitio? ¡Se están aplastando unos a otros!- gritó Dios encolerizado:
-¡Ah!, es sólo eso... bueno, pues los mandamos a otros planetas y ya está.
Dios no acababa de encajar la situación, aquel pequeño hombrecillo bienintencionado era peor que una plaga y encima iba de listillo. Dios tenía la impresión de que el control se le escapaba de las manos.
-Al  ritmo que crecen no habría suficientes planetas en el Universo, y además, si estaban en este planeta y no en otros era por algo. Sólo nos faltaba extender este sindiós por el resto del Universo. Hay que pararlos, ¡ya!           
-Eso está hecho- dijo Alfredo Alfonso Alfalfa con aire de tenerlo todo previsto desde hacía mucho tiempo -Los esterilizamos y sanseacabó. Además para que se estén quietos y no se peleen ni se ataquen unos a otros los encerramos a cada uno por separado, y si hace falta los inmovilizamos y punto. ¿A que es buena idea? Seguro que a ti nunca se te hubiese ocurrido.
Dios estaba perplejo, aquella criaturilla arrogante hecha a su imagen y semejanza (¿o era al revés?; siempre había sospechado que era él quien había sido diseñado y fabricado a imagen y semejanza de algunos humanos como aquel) tenía “solución” para todo. ¡Y qué remedios! Peores que la enfermedad. Y encima se daba unos humos aquel sinvergüenza…
-¡Qué dices insensato! ¿Quién te crees que eres para disponer de la libertad de otros seres y para decidir cuáles deben nacer y procrear y cuáles no? ¿Dios, acaso?   
-Ahora que lo dices, pues sí. Tú me has nombrado tu sustituto.
-Pues te retiro del cargo.
A Dios le iba a dar un mal de un momento a otro. Aquel humanillo le estaba tocando las narices. Era algo totalmente insoportable, incluso para Dios. ¿Qué demonios (¡uy! perdón, quería decir “diantres”) podía haber visto en aquel ser canijo y vanidoso? Menos mal que sabía que Dios es infalible que si no pensaría que se había equivocado.        
-Pues no me da la gana renunciar a él. Eres un viejo imbécil, chocho, decrépito, débil y  pseudopacifista que tolera la maldad. Eres tan incompetente que no has sido capaz de eliminar el dolor y la muerte del mundo y he tenido que venir yo a enseñarte cómo hacer el Bien y a poner orden. Vete ya y deja el puesto a alguien realmente capaz, como yo.    
-Mira hijito, aquí el único imbécil que hay eres tú y quienes como tú se creen que el Mundo es suyo.
Ya no le cabía duda, a pesar de ser Dios, se había equivocado. Tanto texto sagrado, tantos siglos exaltando la Vida, el Amor, la Felicidad... lo único que habían conseguido era crear monstruos como aquel individuo que tenía delante
-¡Fuera de mi nube!
En el acto, un ángel agarró a Alfredo Alfonso Alfalfa por las orejas y lo bajó a tierra. Durante el tiempo que duró el descenso, Dios y los ángeles que estaban de guardia en ese momento deshicieron el desaguisado, dejando el mundo como estaba antes de que Alfredo lo “arreglara”.
Alfredo Alfonso Alfalfa despertó a mediodía al sentir el picotazo de un pérfido tábano que de forma vil y ruin le había tratado de chupar la sangre. Se quedó horrorizado, el mundo seguía siendo una gran sala de torturas, todo había sido un sueño una ilusión. Era un humano de nuevo y aunque obviamente merecía ser Dios por su carácter amable para con las víctimas inocentes e inermes del maltrato y el abuso perpetuos que se daban en la Naturaleza, no lo era. Todo había sido un bonito sueño. La realidad era cruel y esto no era más que otra demostración de ello.
Alfredo Alfonso Alfalfa de repente sintió pánico, cayó en la cuenta del peligro que había corrido quedándose dormido en plena Naturaleza hostil. Cualquier animal depredador y sanguinario podría haberle atacado en un arrebato de furia animal y, con fruición, devorarlo vivo desgarrando sus miembros con sus colmillos y garras mientras engullía su cadáver y bebía su sangre. ¡Oh, qué terrible posibilidad! Estaba aterrado. Menos mal que siempre llevaba su teléfono móvil encima para estos casos de emergencia. Al recordarlo, recuperó la calma y levantándose emprendió el regreso a su casa, que por cierto estaba a menos de trescientos metros de la zona verde en que se encontraba Alfredo. 
Mientras, Dios, en la gloria, hacía frente a una profunda crisis existencial y dudaba de sí mismo, es decir, era agnóstico. Tras entrar en éxtasis místico decidió abandonar su puesto y volverse ateo. Un error lo tiene todo dios, pero un dios que se equivoca tanto lo mejor es que dimita.
Lo más curioso del caso es que a partir de ese momento no se notó en absoluto su ausencia. Todo siguió su curso natural. La muerte continuó siendo el final de la vida individual y un paso más en la evolución de la vida en general, los animales libres siguieron valiéndose del dolor para mantener el contacto con la realidad y evitar daños mayores y, por desgracia, algunos enanos con delirios de grandeza, falta de humildad y fuertes desequilibrios mentales siguieron tratando de poner orden en el orden preexistente que a ellos les quedaba grande, jugando a ser dioses y asegurando que Dios lo quiso así.
¡De los bienintencionados líbranos Señor!






[1] Cuento extraído de Historias desde el Lado Oscuro (E=m.c2,2004,); © 2004, E=m.c2.

martes, 6 de junio de 2017

EL MITO DE ERK

English version: The Myth of Erk

EL MITO DE ERK[1]           
Cuenta la historia que al principio, cuando La Gran Fuerza que da forma al mundo hizo surgir a los primeros animales, uno de ellos llamado Erk, tras observar las cosas que sucedían a su alrededor, se dirigió angustiado a la Gran Fuerza y le lanzó estas preguntas: “¿Por qué ha de ser todo tan duro, tan difícil, tan doloroso...? ¿Por qué es necesario que unos sufran y mueran para que otros vivan? ¿Por qué hemos de luchar unos contra otros? ¿Por qué hay que invertir tantos esfuerzos para conseguir lo necesario para poder seguir viviendo? ¿Por qué no hiciste un mundo más sencillo, más fácil, donde todo fuese más accesible, cómodo y agradable? ¿Qué sentido tiene tanto sufrimiento, tanta incomodidad, tanta muerte?”.  
La Gran Fuerza sabía la respuesta, pero también sabía que Erk sólo la entendería mediante la experiencia directa. Por eso, tras escuchar las quejas de Erk, y aunque La Gran Fuerza sabía que no se había equivocado al diseñar el Mundo, lo cambió para que Erk y su compañeros descubriesen por sí mismos el sentido de las cosas.        
En un primer momento La Gran Fuerza pensó que con unos pequeños cambios bastaría para que se diesen cuenta de la verdad. Así pues, suavizó las condiciones de vida de los seres vivos: moderó el clima para que fuera más benigno para la vida; facilitó el acceso al alimento a los animales; evitó las muertes de los individuos más jóvenes; redujo el número de accidentes, enfermedades y catástrofes así como el sufrimiento que habían de soportar las víctimas... Pero Erk y sus compañeros, tras un breve periodo de euforia, comenzaron de nuevo a quejarse de que en esa nueva versión del Mundo seguía habiendo dolor, de que aún existía la muerte, de que era todavía un mundo hostil, un lugar demasiado duro y difícil para la vida.            
Al ver esto, La Gran Fuerza decidió actuar de forma drástica para abrir los ojos a Erk y sus compañeros. Desde ese momento, todo fue fácil, cómodo, sencillo y agradable. Nadie sufría ni moría, ni necesitaba esforzarse por conseguir lo necesario para vivir. Aquello que se necesitaba se obtenía al instante, sin esfuerzo. Tampoco había que estar alerta ya que no había peligros de los que protegerse, ni daños que temer. No había conflictos ni agresiones ni enfrentamientos de ningún tipo entre los animales, ni entre éstos y su entorno. El mundo estaba en paz. Parecía maravilloso.
Pero tras la alegría inicial, comenzó a surgir un nuevo sentimiento muy desagradable, síntoma de un gran problema allá donde no había problemas, un profundo malestar en medio de aquél
bienestar: el aburrimiento. Debido a la falta de motivación, de iniciativa, de metas, de alicientes, de retos, de actividades..., a causa de la indolencia imperante en esas condiciones idílicas, los animales se aburrían. Como no necesitaban esforzarse por nada, preocuparse por nada... no tenían nada que mereciese 1a pena, no tenían nada que hacer, nada que les motivase, que les empujase a levantarse de su sopor y actuar. Pero, sin embargo, seguían siendo animales y por eso sentían en su interior una imperiosa necesidad de actuar. Y por tanto, resultó que al poco tiempo, los animales estaban tan aburridos y asqueados de ese estado de inactividad que, con tal de poder hacer algo y desfogar su instintiva necesidad de acción, comenzaron a desarrollar conductas absurdas y que nada tenían que ver con las que en un principio desarrollaban antes de que Erk hablase con La Gran Fuerza. Como tenían todo lo que necesitaban comenzaron a desear otras cosas que no necesitaban sólo para poder actuar y esforzarse en conseguirlas. Comenzaron así a construir, destruir, excavar, comer, copular, correr, agredirse… de forma compulsiva y frenética y, como consecuencia, muchos vieron seriamente entorpecida su capacidad de actuación, sufrieron daños graves y alteraron profundamente su hábitat; pero no dejaron de comportarse así, ya que, sencillamente, preferían sufrir todas esas consecuencias antes que soportar el aburrimiento de no tener nada que hacer; al menos esos efectos negativos les proporcionaban estímulos y sensaciones que mantenían en funcionamiento sus cuerpos y mentes y les servían a su vez de impulso para actuar de nuevo con la excusa de intentar paliarlos.         
Al ver todo aquello, Erk finalmente comprendió. Volvió a dirigirse a La Gran Fuerza y le dijo: “He entendido cual era el sentido del mundo tal y como lo creaste en un principio. He entendido que así debe ser y no del modo que a mí me parecía más agradable, porque realmente ese es el mejor modo en que puede ser. He comprendido que cuando yo no le veía sentido a ese mundo era a causa de mi propia debilidad e ignorancia, a que no miraba de la forma adecuada ni pensaba correctamente. Me he dejado arrastrar por un espejismo y he renegado de lo que realmente soy y del mundo al que realmente pertenezco. Ahora lo sé, soy más fuerte y jamás volveré a caer en ese error. Gracias, he aprendido la lección, pero ahora, por favor, devuelve el mundo a su ser original
Viendo que ya había logrado su objetivo, La Gran Fuerza hizo que todo volviese a ser como al principio.
Así fue como Erk entendió cual era su lugar en el mundo y en la vida, así como el sentido de los mismos. Desde entonces, los animales salvajes mantenemos vivo el recuerdo de aquel suceso, generación tras generación para que, como Erk, recordemos cuál es nuestro lugar y nuestra función y no caigamos en su mismo error.           
Y aun así, a pesar de todo, muchos seres humanos han olvidado completamente la historia de Erk y viven cegados por su mismo error, tratando de crear el Paraíso y hundiéndose, ellos y el mundo, cada vez más en el Infierno.



[1] Cuento extraído de Historias desde el Lado Oscuro (E=m.c2,2004). © 2004, E=m.c2.