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sábado, 30 de julio de 2022

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA X: sobre la guerra entre Ucrania y Rusia, y las dinámicas del sistema tecnoindustrial mundial.

 


ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA X: sobre la guerra entre Ucrania y Rusia, y las dinámicas del sistema tecnoindustrial mundial.

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A: ¿Qué piensa usted sobre la actual guerra entre Ucrania y Rusia?

Para mí, esta guerra es una prueba del argumento que Ted Kaczynski da en el capítulo 2 de Anti-Tech Revolution, que dice que la selección natural favorece a los sistemas autopropagantes que persiguen el beneficio a corto plazo sin preocuparse por las consecuencias a largo plazo. Y tanto Ucrania como Rusia son dos sistemas tecnológicos que deben ser eliminados tan pronto como sea posible.

Sin embargo, yo creo que Rusia es menos mala en este caso y estoy a favor de Rusia. No tengo buenas razones para apoyar a Rusia. Simplemente odio el hecho de que las grandes compañías tecnológicas de Estados Unidos estén apoyando a Ucrania y la propaganda pro-ucraniana de todos los medios occidentales. Y por lo menos Rusia está destruyendo las infraestructuras tecnológico-industriales de Ucrania.

UR: En realidad no tengo mucho interés en este conflicto y no he buscado mucha información sobre él. Así que no conozco esta guerra muy en detalle. De todos modos, puedo decirle algunas cosas acerca de ella:

·      Es difícil saber la verdad acerca de los sucesos que se están produciendo. Hay desinformación y propaganda sesgada por ambas partes.

·      La competencia y la selección darwinista entre sistemas autoperpetuantes y expansivos (lo que Kaczynski llama “sistemas autopropagantes”) puede tomar muchas formas y ser muy compleja. Las guerras son sólo una de las más ostentosas de dichas formas. Sin embargo, la principal competencia en este caso, en esta guerra, se está produciendo entre los Estados Unidos, la UE y la mayoría de los países  “occidentales” industrializados por un lado y Rusia y algunos de sus aliados (algunas de las antiguas repúblicas soviéticas, por ejemplo) por el otro (y quizá China como una tercera parte; véase más adelante), no sólo ni principalmente entre Rusia y Ucrania.

·      Inclinarse a favor de Rusia sólo porque uno odia la postura protecnológica de los Estados Unidos o porque los Estados Unidos, la UE y otros países “occidentales” muy industrializados apoyan a Ucrania, es similar a apoyar el derechismo sólo porque uno odia el izquierdismo. No me parece una actitud muy racional (por decirlo cortésmente). Los enemigos de nuestros enemigos no siempre son nuestros amigos. Nuestro enemigo es el sistema tecnoindustrial y todos esos países, independientemente del lado en que se sitúen en la guerra, son parte de este sistema.

Y algo semejante podría decirse de la presente tendencia generalizada a posicionarse a favor de Ucrania sólo porque aparentemente es la víctima en este conflicto. Ser una víctima no es siempre necesariamente lo mismo que ser bueno, tener la razón o merecer simpatía o compasión. Los motivos para posicionarse a favor de una de las partes (o de ninguna) deberían ser mucho más racionales y prácticos que meramente las emociones cultural y subjetivamente sesgadas.

·   El sistema tecnoindustrial mundial está constituido por un montón de subsistemas llamados países, pero no todos los países son igualmente poderosos o importantes en la competencia por el poder (“poder” en el sentido de capacidad de influir y controlar las circunstancias) y los recursos (“recursos” en el sentido más amplio del término, es decir, espacio, poblaciones, energía y materiales) dentro del sistema tecnoindustrial mundial. Hoy en día son básicamente tres los bloques que tienen la hegemonía y pueden ser considerados superpotencias mucho más influyentes e importantes que el resto de países:

1) EE.UU., la UE y el resto de países altamente industrializados, llamados “occidentalizados” (Corea del Sur, Japón, Canadá, Reino Unido, Australia, Israel, etc.).

2) Rusia y sus aliados.

3) China.

Y muy probablemente son los que influirán principalmente en el desarrollo futuro  del sistema tecnoindustrial mundial. Al menos en el futuro cercano.

·    Esta guerra, como todas las guerras que implican a superpotencias, viene causada en última instancia por la competencia por los recursos y por los intentos de controlar el acceso a ellos o el comercio y la distribución de los mismos (o de los productos fabricados con ellos). No deberíamos dejarnos engañar por las pantallas de humo idealistas basadas en supuestas causas románticas de la guerra (como los ideales humanitarios, patrióticos o nacionalistas, por ejemplo). Este tipo de ideas románticas e idealistas son sólo un barniz para cubrir las causas materiales reales de las guerras (o los motivos para tomar parte en ellas). Mucho menos deberíamos creernos las explicaciones basadas en la voluntad, la psicología o la personalidad de algunos de los líderes de las partes implicadas (ya sabe, cosas como “Putin es un megalómano” o “Putin es un psicópata”). De nuevo no son más que pantallas de humo. Deberíamos recordar siempre que los sistemas socioculturales funcionan y evolucionan, sobre todo a largo plazo y gran escala, siguiendo  en gran medida dinámicas mecánicas, ciegas, impersonales y no conscientes, fuerzas objetivas que son en su mayor parte independientes de las voluntades individuales. Incluso de las voluntades individuales de sus líderes. Los líderes han de seguir esas dinámicas y han de adaptar su comportamiento a los límites y las restricciones impuestas por esos procesos ciegos y automáticos, y no tanto al revés. Y si no lo hacen, acaban siendo descartados y eliminados y reemplazados por otros líderes más funcionales que se adapten mejor y sigan las dinámicas del sistema –la selección darwinista también actúa aquí.

En el caso de la guerra entre Rusia y Ucrania, sospecho que la guerra tiene mucho que ver con los gaseoductos que traen el gas ruso desde Rusia a Europa occidental. Como ya he dicho, no conozco muy en detalle la situación, de modo que no puedo explicar exactamente y detalladamente cómo el gas está causando e influyendo en esta guerra, pero no dudo que lo esté haciendo, y mucho. Las causas estratégicas también podrían tener un gran peso en este conflicto (por ejemplo, para contrarrestar la supuesta expansión de la OTAN hacia el este), pero en el fondo una causa estratégica es también una causa material y está muy relacionada con obtener o preservar el control sobre los recursos y el comercio.

Una hipótesis explicativa bastante posible podría ser que la guerra de Ucrania podría ser una maniobra geopolítica orquestada por EE.UU. con el fin de forzar a los países de la Unión Europea a cortar su comercio (especialmente de gas natural) con Rusia para que EE.UU. pudiese ocupar el lugar de Rusia como proveedor (es decir, vendedor) y así mantener a la UE en gran medida dependiente económica y físicamente (es decir, en lo que respecta a los recursos) de EE.UU. Para lograr esto, y dado que EE.UU. sabía que Rusia no permitiría que Ucrania se uniese a la OTAN, EE.UU. incitó a la OTAN a comenzar las negociaciones para incluir a Ucrania en su seno, de modo que Rusia acabó invadiendo Ucrania y, entonces, EE.UU. se ha salido con la suya en lo referente a impedir las relaciones comerciales (o al menos obstaculizarlas en gran medida) entre los países europeos y Rusia y que así la UE aumentase aún más su dependencia de EE.UU. al menos de momento. Ya veremos en qué acaba todo al final.

·    No se puede predecir exactamente el resultado de esta guerra, dado que el desarrollo de los sistemas y procesos complejos es en gran medida impredecible más allá de un horizonte de sucesos muy restringido, pero creo que es probable que debido a este conflicto:

a) La UE, y Europa en general, acabe perdiendo acceso a recursos, peso político y económico internacional, etc. No sólo debido a su ubicación geográfica –los países europeos están mucho más cerca de Rusia que los EE.UU., así que se verían directamente afectados si la guerra se expandiese hacia el oeste-, sino sobre todo porque Europa prácticamente carece de recursos propios, depende del comercio mundial para casi todo, de modo que Europa está en una situación muy subordinada (de hecho lo lleva estando cada vez más desde hace muchas décadas; al menos desde finales de la era colonial)  y si los canales comerciales internacionales cambian debido a la guerra o si los precios suben, etc. entonces Europa estará en una situación muy difícil. Los subsistemas (es decir, en este caso los países o grupos de países) del sistema tecnoindustrial mundial, sobre todo aquellos que no son superpotencias, son en la actualidad demasiado dependientes de los demás países como para cortar real y completamente la mayoría de sus relaciones mutuas. Las relaciones entre ellos pueden cambiar a lo largo del tiempo, inclinándose hacia un lado u otro dependiendo del país y de la situación, pero ningún país puede ser completamente autosuficiente. En concreto, la relación de la UE con Rusia está empeorando debido a la actual postura proucraniana de la mayoría de sus miembros (aunque esto podría cambiar con el tiempo y probablemente lo haga) y ello afectará negativamente al acceso de éstos a los recursos y mercado rusos. La UE es demasiado dependiente materialmente de otros países o superpotencias como para permitirse posicionarse demasiado estrictamente a favor de ninguno de los bandos en esta guerra (me refiero a los EE.UU. y a Rusia), pero al mismo tiempo la UE no puede mantenerse completamente neutral precisamente por la misma razón (ya es demasiado dependiente de los Estados Unidos y muchos de sus miembros forman parte de la OTAN). De hecho, la propia UE no es ya una superpotencia, sólo un aliado subordinado de una superpotencia real: los EE.UU. Visto lo visto, la postura proucraniana y antirrusa de la UE y sus sanciones contra Rusia, si realmente son puestas en práctica y mantenidas en el tiempo y llegan a ser algo más que gestos simbólicos y vacíos, muy probablemente resultarán contraproducentes y acabarán dañando más a la propia UE que a Rusia. En resumidas cuentas,  Rusia necesita a la UE mucho menos de lo que la UE necesita a Rusia (o por la misma razón, a los EE.UU. o a China).

b) China acabe ganando acceso a recursos, peso político y económico internacional, etc. Si el comercio y las relaciones directas entre EE.UU. o la UE y Rusia se cortan, entonces Rusia probablemente aumente su comercio y relaciones con China, y China a su vez comerciará con el resto del mundo, incluidos EE.UU. y la UE, de modo que China siempre saldrá ganando,  bien directamente o indirectamente, actuando como intermediario.

c) El funcionamiento y desarrollo del sistema tecnoindustrial (mundial) tomado en su conjunto probablemente no se vea muy afectado. Al menos no de forma lo suficientemente negativa como para debilitarse profundamente o colapsar.

·     Deberíamos tener siempre muy en cuenta el trasfondo general y permanente: el desarrollo general del sistema tecnoindustrial (mundial), y no deberíamos permitir que los sucesos concretos, coyunturales y geográficamente/temporalmente restringidos nos distraigan demasiado. Siempre deberíamos situar los sucesos concretos dentro del panorama general y no centrar nuestra atención en ellos más de lo estrictamente necesario. No deberíamos dejar que los árboles nos impidan ver el bosque. De hecho, deberíamos ver tanto el bosque como los árboles, pero no principalmente ni sólo los árboles, sino siempre también el bosque.

·   Y en lo que respecta a “que persiguen el beneficio a corto plazo sin preocuparse por las consecuencias a largo plazo”, ya he comentado en otra parte que veo algunos puntos demasiado flojos en el modo en que Kaczynski formuló y presentó su teoría acerca de la competencia y la selección darwinistas entre los llamados “sistemas autopropagantes” en Anti-Tech Revolution; y éste podría ser uno de ellos. Por un lado, dada la gran impredecibilidad inherente a los sistemas y dinámicas complejos, es en realidad imposible que sus gestores y dirigentes actúen tomando en cuenta las consecuencias a largo plazo, aun cuando quisiesen intentarlo, ya que nunca podrán saber exactamente cuáles serán muchas de esas consecuencias a largo plazo. E incluso si hiciesen pronósticos acerca de las consecuencias más probables, sus previsiones acerca de ellas fuesen acertadas e intentasen tenerlas en cuenta, no tendrían mucho éxito, ya que la impredecibilidad inherente a los sistemas y procesos complejos también conlleva que sean inherentemente incontrolables en gran medida. Además del hecho, señalado por Kaczynski y otros (como Steven LeBlanc y Katherine Register) de que, en principio, aquellos sistemas cuyos gestores y dirigentes (o miembros en general) tuviesen en cuenta las futuras consecuencias de su actual funcionamiento con objeto de restringirlo, se pondrían a sí mismos en una situación de inferioridad inmediata en comparación con aquellos sistemas cuyos líderes (o miembros) no tuviesen en cuenta las consecuencias a largo plazo  y actuasen sólo centrándose en los beneficios a corto plazo. Por otro lado, en principiopodría haber situaciones en las que esta regla de que los sistemas tienden a no tener en cuenta las consecuencias a largo plazo no funcione, ya que todas las partes implicadas en la competencia podrían ser conscientes de que podría haber probables consecuencias negativas para todas ellas y por tanto podría ser que todas estuviesen de acuerdo en tenerlas en cuenta y evitar que sucediesen.  Y, por ejemplo, esto podría llevar ocurriendo desde hace décadas en lo referente al uso de armas nucleares por parte de las superpotencias y de otros países que las poseen: saben que usarlas probablemente signifique el suicidio, o al menos resulte en un daño enorme e inaceptable para sí mismas, de modo que tratan de no usarlas y sólo muestran ostensiblemente que las poseen para disuadir al resto de países que también las poseen de usar las suyas. Esta es la razón por la que digo más arriba que una guerra mundial, aunque de hecho es posible, no es tan probable como algunos parecen creer: no sería buena para ninguno de los subsistemas que compiten entre sí dentro del sistema tecnoindustrial mundial. De hecho, sería bastante mala para todos ellos y, por tanto, para el sistema tecnoindustrial mundial en su conjunto.


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domingo, 6 de septiembre de 2020

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA V (Parte III): sobre la democracia y el capitalismo.

 



ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA V (Parte III): 
sobre la democracia y el capitalismo.

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E.P.: En su libro también había un comentario acerca de la democracia. La mención de la democracia que usted hace en el libro se produce en un contexto diferente y estoy de acuerdo con lo que dice usted. Sin embargo, me gustaría decir algo acerca de la democracia desde una perspectiva diferente. Usted dice en el libro que, defender la democracia como valor no sólo es un error filosófico sino también práctico. Yo debería aclarar primero lo que entiendo por democracia. Por democracia entiendo un método de gestión de las sociedades complejas; sean las democracias representativas de las sociedades tecnoindustriales o sean las “democracias directas” de las ciudades-estado griegas de la Antigüedad. La “autogestión” de las sociedades cazadoras-recolectoras nómadas (cada miembro de la comunidad puede influir en las decisiones relativas al conjunto de la comunidad) no puede ser equiparada con los métodos de gestión democrática  de las sociedades civilizadas complejas. Las prácticas de gestión de estas sociedades complejas vienen determinadas por su extensión y su complejidad. Mientras el sistema tecnoindustrial exista lo que tendremos será una sociedad grande y compleja y las decisiones que necesiten ser tomadas en esta sociedad habrán de ser tomadas en cualquier caso de forma burocrática. Y la democracia representativa es uno de los métodos posibles de gestión burocrática. Los socialdemócratas, los situacionistas, los anarquistas y otros izquierdistas antiestalinistas parecen creer que, es posible aplicar de algún modo la democracia directa en las sociedades complejas modernas. Esto es simplemente ridículo. Toman como ideal las ciudades-estado griegas que utilizaban la “democracia directa” como método de gestión. Sin embargo, esta forma de sociedad es también completamente contraria a los valores de la Naturaleza salvaje. Por consiguiente es cierto que un movimiento en contra del sistema tecnoindustrial no debería defender la democracia.

U.R.: En lo que respecta a las razones filosóficas o teóricas para no defender la democracia a las que me refería en Con Amigos…, yo desprecio cualquiera de los significados del término “democracia”: el uso del voto para elegir dirigentes y líderes; el uso del voto para tomar decisiones colectivamente (por ejemplo, los referéndum); el reconocimiento general de los llamados derechos y “libertades” (derechos humanos, libertades civiles, estado de derecho, constitucionalismo, etc.) por parte del estado; el uso del término “democracia” como un cliché vacío para adornar discursos políticos oportunistas y engatusar a las masas; etcétera. O, como suele suceder, cualquier mezcla de varios de estos significados.

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Último Reducto
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lunes, 4 de marzo de 2019

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA II: sobre pragmatismo, tecnología, medioambientalismo y conservacionismo.



ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA II: sobre pragmatismo, tecnología, medioambientalismo y conservacionismo.[1]
A) INTERCAMBIO ENTRE P. Y U.R:[2]
P: Alguna gente que conozco que está interesada en las ideas de Kaczynski cree en el “poder del mito” –adoración a los héroes, culto a la personalidad y cosas irracionales por el estilo. El propio Kaczynski escribe también acerca del mito en las páginas 361-364 de Technological Slavery. Podríamos preguntarnos si el mito de Ted Kaczynski sería un mito revolucionario adecuado.
U.R.: La irracionalidad (o mejor dicho, la no-racionalidad) es una parte importante de la mente y del comportamiento humanos. De hecho, es la parte más importante; la racionalidad real es sólo una delgada capa que cubre el grueso de la mente, el cual no es racional. Y esta delgada capa ni siquiera aparece en todas las ocasiones; más bien al contrario, es algo bastante raro. Y, precisamente, para ser realmente racionales, la no-racionalidad debería ser tenida en cuenta siempre. No obstante, los fundadores de un movimiento serio contra el sistema tecnoindustrial (los primeros miembros, la gente lo que empiece) y sus líderes deberían tratar de ser tan racionales como les sea posible y dejar la no-racionalidad pura para los peones y las masas. La no-racionalidad emergerá por sí misma siempre, de un modo u otro y antes o después. No es tan necesario promoverla activamente como estar alerta respecto a ella para evitar errores. Antes de tratar de engañar y manipular a la gente usando la no-racionalidad (mitos, idolatría, estética, apelación a las emociones, etc.), debería haber al menos un núcleo de unos pocos individuos comprometidos y racionales que liderasen el movimiento. Y, hasta donde yo sé, no los hay.
Ciertamente, Kaczynski comenta el “mito” en dichas páginas, pero no estoy seguro de haber entendido, ni de que siquiera él supiese, exactamente de qué estaba hablando cuando usó el término “mito” en ese escrito. Creo que, en este caso, tal y como yo entiendo ese texto, “ideal”, “ideología”, “conjunto de valores”, “teoría” o incluso “imaginario” habrían sido algunos términos mucho mejores que “mito”. Para mí los mitos son una cosa completamente diferente, mucho más relacionada con asumir o defender teorías sin pruebas empíricas.
P: Siempre que pienso acerca de la racionalidad en referencia a Kaczynski pienso en un modo claro y pragmático de pensar que suele poder observarse en las organizaciones militares occidentales cuando se enfrentan a situaciones bélicas caóticas.  El gobierno, el estado y el ejército generalmente funcionan de un modo mucho más eficiente (aunque no sean completamente eficientes) que las organizaciones radicales que se basan más en seguir impulsos, en la irracionalidad y en el idealismo … En realidad, están expuestas a múltiples condiciones, a grupos de interés (grupos autopropagantes) y a consecuencias imprevistas. Se requiere una mentalidad adecuada, como la que se observa en los ejércitos, para improvisar, adaptarse y vencer.  Sin embargo, para esto hay que ser racional y creo que la disciplina es esencial para hacer que la mente racional domine los impulsos no-racionales.  
Los líderes y fundadores (digamos “el núcleo” del movimiento) deberían de hecho ser racionales pero, ¿cómo puede siquiera hacerse que esa gente adecuada se vea atraída por las ideas planteadas por Kaczynski (y que realmente se conviertan en acérrimos seguidores de las mismas)? En la situación actual hay múltiples facciones/grupos autopropagantes intentando imponer sus intereses y tratando de reclutar gente adecuada para sus proyectos. Existen diferentes facciones, desde extremistas hasta moderados, desde prosistema a antisistema, y todas desean reclutar y expandirse, ¿cómo puede la gente adecuada siquiera darse cuenta de las ideas de Kaczynski y sentirse atraída por ellas? La publicación del Manifiesto de Unabomber en los medios de masas por sí misma no tuvo mucho efecto aparte de que la gente lo leyese. Muy pocos lo estudiaron o aplicaron las ideas por sí mismos.
U.R.: Estoy de acuerdo. El pragmatismo y la disciplina son una parte importante de la racionalidad y son necesarios para tener alguna opción de éxito. Para mí, el pragmatismo está muy relacionado con una forma de ver el mundo materialista y científica (empirista), y ésta última es bastante escasa entre la gente que pretende estar cuestionando el sistema hoy en día. De todos modos, el pragmatismo siempre depende de la idea que se tenga acerca de qué es considerado “pragmático” (es decir, eficaz, útil, práctico). Y esta idea depende de las metas que uno desee alcanzar, las cuales a su vez dependen de los valores y principios que uno tenga o asuma. Y estos valores no tienen causas últimas racionales. El pragmatismo siempre asume algunas metas como deseables o indeseables y así, tácita o explícitamente, asume algunos valores como correctos o incorrectos y define la eficacia en base a ellos. Sin embargo, ¿por qué esos valores y metas y no otros? Esto no puede contestarse basándose sólo en la razón. Es decir, la no-racionalidad está siempre en la base, incluso de la racionalidad. Sin embargo, una cosa es reconocer este hecho (la inevitabilidad de cierta no-racionalidad inherente al comportamiento humano) y evitar caer en ideas racionalistas ingenuas acerca del supuesto poder ilimitado de la razón para lograr algunas metas mediante la alteración y el control de la realidad (desde el comportamiento humano hasta los sistemas tecnológicos o sociales complejos, pasando por los ecosistemas) y otra es defender la irracionalidad como una forma de actuar deseable (al menos en “política”[3]; o en la lucha contra el sistema tecnoindustrial). En mi opinión (y en la de la mayoría de los seres humanos, en la mayoría de las ocasiones), ser tonto y actuar como tal no es bueno ni deseable prácticamente nunca. El irracionalismo es tan malo como el racionalismo.
En cuanto a su segundo párrafo, buenas preguntas con difíciles respuestas. No puedo responderlas. Sin embargo, creo que el asunto consiste más en llegar a la gente adecuada que ya tenga los valores, las intuiciones y la actitud correctos que en convertir o convencer a nadie que no esté ya “convencido” en gran medida (es decir, que no tenga ya ciertos valores, ideas e intuiciones de forma natural). ¿Dónde está esa gente naturalmente “convencida”? ¿Cómo llegar a ella? ¿Hay algo más que se pueda hacer aparte de lo que ya ha sido hecho o se está haciendo? No lo sé.

B) INTERCAMBIO ENTRE M.V. Y U.R.:[4]
M.V.: Creo, al igual que tú, que una revolución es inviable, aunque no he tenido el tiempo suficiente como para reflexionar al respecto o encontrar nuevos caminos … Viendo el “estado de las cosas”,  ¿crees que exista alguna vía? Me parece que quizá es desde la tecnología misma que algo pueda hacerse. También me parece que desde la vía legal (sin llegar a una suerte de purismo y obediencia total a ésta) puede hacerse … Pero quizás es necesaria una vía más contundente.
U.R.: Me dices, “creo, al igual que tú, que una revolución es inviable” y me preguntas si creo que existe alguna vía. Bueno, lo primero es aclarar que yo nunca he dicho que una “revolución” sea inviable. Sólo he dicho que me parece muy poco probable y muy difícil que llegue a juntarse la suficiente gente, con la suficiente capacidad intelectual y material y la suficiente dedicación y compromiso para poder llevar a cabo con éxito la “revolución” (aunque yo prefiero no usar este término) que se necesita para destruir el sistema tecnoindustrial. Pero no he dicho que sea inviable o imposible, ni que yo haya tirado la toalla.
Por otro lado, si existe una posibilidad de cambiar realmente las cosas, es decir, de deshacernos de la tecnología moderna y del sistema social que ésta implica, ha de ser o bien por casualidad, es decir, de forma no intencionada (por ejemplo, una gran catástrofe natural o artificial que haga que el sistema colapse) o bien porque un movimiento organizado y capaz, aprovechando una gran crisis, ayude a echarlos abajo (lo que algunos, como Ted Kaczynski, llaman “revolución contra el sistema tecnoindustrial”).
Desde la tecnología no van a venir más que problemas cada vez peores. Las “tecnosoluciones” a los problemas de la sociedad o del mundo siempre han acarreado, a corto o largo plazo, nuevos y mayores problemas, aun en los casos en que parezca que han sido eficaces para resolver los problemas a los que se han aplicado (que muy a menudo no han servido ni para eso en realidad).
No es ya cuestión de optimismo frente a pesimismo (es decir, una mera cuestión de juicios de valor o de preferencias morales), es mero realismo, son meros hechos. Hay un problema (o algo que se considera un problema, lo sea o no). Se inventa un avance tecnológico para resolver ese problema. En principio, si funciona, el problema parece resolverse. Pero, siempre sucede además que:
1.      El nuevo avance tecnológico tiene un precio, es decir, unas consecuencias inevitables. O sea, un impacto en la sociedad y en la Naturaleza. Aunque sólo sea porque de la nada no sale nada ni nada desaparece en la nada. Se necesitan espacio, materia y energía para crear ese avance y hacerlo funcionar, y eso procede inevitablemente de la Naturaleza y causa un impacto físico en ella.
2.      El proceso de creación y aplicación del nuevo avance tecnológico es impredecible en muchos aspectos y siempre, en mayor o menor medida, aparecen efectos secundarios imprevistos, factores no tenidos en cuenta en un principio, nuevas condiciones y factores creados por el propio proceso y tampoco conocidos previamente, etc. El resultado es que el proceso siempre se desvía de lo previsto y ya eso, por sí solo, hace que las cosas no salgan exactamente como se esperaba y que el avance tecnológico final ni sea tan eficaz ni esté exento de consecuencias no deseadas.
3.      A la larga, los avances que en lo inmediato y el corto plazo parecían ser eficaces y resolver los problemas para los que se habían desarrollado, acaban generando bucles de retroalimentación (círculos viciosos) que empeoran dichos problemas aún más.
4.      Al surgir nuevos problemas imprevistos y complicaciones, surge la necesidad y la tentación de tratar de desarrollar nuevos avances tecnológicos para resolverlos a su vez, repitiéndose y amplificándose el proceso.
Por ejemplo, hay millones de personas que mueren de hambre en el mundo (presunto problema). Se crean semillas seleccionadas para producir más alimentos en suelos pobres y climas duros y/o para resistir a las plagas. Esto genera un incremento en la producción de alimento. La gente que antes moría de hambre ahora sigue viviendo. Todo parece estupendo, ¿a que sí? Pues no. Esa gente que sigue viva, vive para reproducirse y la población aumenta aún más, haciendo que en unos pocos años, el suministro de alimento vuelva a ser insuficiente y sea necesario intensificar los cultivos y crear nuevas “tecnosoluciones” para aumentar la producción de alimentos. Y así se entra en un círculo vicioso. Y mientras tanto, surgen complicaciones. Por ejemplo, nuevas plagas a las que no son resistentes las nuevas variedades de plantas sustituyen a las antiguas ocupando su nicho ecológico, por lo que se necesita usar pesticidas. O esa gente superviviente y sus hijos agravan aún más los problemas ecológicos y sociales. Esto es lo que pasó por ejemplo, con la Revolución Verde de la segunda mitad del siglo XX. Y mucho antes con la invención de la agricultura. La historia de la humanidad en general y el sistema tecnoindustrial actual en particular están llenos de ejemplos de procesos de este tipo.
Y esto nos puede preocupar y parecer malo o no (es cuestión de valores, o sea, es una cuestión moral). Si nos preocupa, entraremos en el saco de los pesimistas. Si no, seremos considerados optimistas. Pero, independientemente de que nos preocupe o no, los hechos son los que son y el proceso que acabo de describir es un hecho palmario. Y aun así, pocos son conscientes de su existencia.
Así que no, la tecnología no será la solución.
¿La ley? Tampoco. Las leyes son en el fondo similares a las “tecnosoluciones”, con todo lo que ello implica (gran parte del proceso descrito más arriba se cumple también, a su manera, para la creación y aplicación de nuevas leyes). Y, aun si no tenemos esto en cuenta y suponiendo que las leyes fuesen totalmente eficaces y estuviesen perfectamente diseñadas y ajustadas a los casos reales para resolverlos de forma satisfactoria, justa y correcta para todas las partes afectadas por un problema (que nunca suele ser el caso), son excesivamente efímeras y susceptibles de modificación en un futuro (dependen demasiado de la coyuntura política, entre otros factores) como para ofrecer soluciones realmente duraderas o definitivas a los problemas (especialmente a los grandes problemas).
Ciertamente es necesaria una vía más contundente, mucho más contundente: la destrucción del sistema tecnoindustrial. Lo que haría falta para destruir físicamente el sistema tecnoindustrial sería mucho más contundente que las revoluciones del pasado, que el terrorismo o el sabotaje a la escala conocida hasta la fecha (demasiado pequeña) y que las guerras mundiales incluso. Las consecuencias serían terribles en lo referente a la escala de la destrucción y del número de muertes, ya que debería implicar una destrucción masiva, llegado el momento. No es un juego, ni una broma, ni algo que hacer irreflexivamente.
M.V.: La verdad no creo que la tecnología sea la manera de salvarnos como suele sugerir la  propaganda, pero podría ser una herramienta útil para combatir, quizás, la misma tecnología … Creo que no lo articulé bien.
U.R.: Cuando leí tu anterior carta no sabía bien si con lo de la tecnología te referías a las “tecnosoluciones” o a usar la tecnología moderna en contra de la propia tecnología moderna, para destruirla. Al final contesté sólo a lo primero.
En cuanto a lo segundo, no creo que quienes odian la tecnología moderna deban dejar de usarla, ni en su vida personal ni en su lucha “política” contra la tecnología. En la vida personal, negarse a usar tecnología moderna lo único que acarrea es dificultades y complicaciones a quienes deciden seguir esa vía y, en realidad, no les aporta ninguna ventaja (siguen rodeados por un mundo en el que todos los demás la usan; y esto, de un modo u otro, les sigue afectando también negativamente a ellos). Y en lo “político”, sería muy difícil siquiera difundir eficientemente ideas en contra de la tecnología moderna sin usar un mínimo de tecnología moderna. No digamos ya combatirla materialmente. El sistema tecnoindustrial no se va a poder echar abajo (si es que alguna vez se intenta seriamente y hay una oportunidad de lograrlo) a flechazos o a pedradas.

C) INTERCAMBIO ENTRE A.Q. Y U.R.:[5]
A.Q.: Yo creo que el entusiasmo actual de buena parte de la población (lo cual se refleja también en las instituciones) con la ecología o lo que llaman “el medio ambiente” está también relacionado con el malestar que mucha gente siente por el daño que el desarrollo tecnológico está haciendo a la Naturaleza salvaje. Pero que ese genuino sentimiento de repulsión hacia lo que daña la Naturaleza ha sido canalizado por la sociedad tecnoindustrial en su propio beneficio haciendo que la gente se preocupe por “arreglar” los problemas medioambientales que puedan perjudicar al sistema tecnoindustrial, a la vez que creen estar ayudando a la Naturaleza. Un buen ejemplo de esto puede ser todo lo que se dice y hace actualmente sobre el cambio climático. Los científicos están trabajando para frenar o mitigar los efectos del cambio climático, los cuales ponen en riesgo el desarrollo del sistema tecnoindustrial, y esa lucha es vista por toda o buena parte de la población (y del ecologismo) como algo que se hace para proteger la Naturaleza, cuando en realidad es al revés. Es otro“truco” del sistema, como suele decir Ted Kaczynski…
U.R.: Bueno, eso de que mucha gente siente malestar por el daño causado a la Naturaleza, no sé hasta qué punto es cierto. A la inmensa mayoría de la gente le trae sin cuidado todo lo que no sean ellos y sus allegados o lo que les gusta, que no suele ser precisamente la Naturaleza. Y de entre los ecologistas, a la mayoría también les da igual la Naturaleza (y más aun la salvaje); e incluso muchos de aquellos a los que les importa (los conservacionistas) no suelen ver en el desarrollo tecnológico como un problema en sí ni como la causa última de la destrucción y sometimiento de la Naturaleza. Y algunos lo ven incluso como la solución. Quizá algunos haya que sí que sientan ese malestar, pero yo creo que son muy pocos y, por tanto, no creo que eso explique realmente el auge del medioambientalismo.
El medioambientalismo en realidad persigue sólo o principalmente mejorar el entorno artificial de los seres humanos (que es lo que en la práctica constituye normalmente el medio ambiente). Y esto favorece a la sociedad tecnoindustrial. El medioambientalismo sirve al sistema como mecanismo de reparación y optimización para mantener unas condiciones de vida mínimamente saludables para que la población humana pueda seguir funcionando en esta sociedad (que aún depende en gran medida de la gente). Y éste es simplemente el principal motivo de su auge. Y, por lo general, los medioambientalistas reconocen todo esto abiertamente, no es necesario usar engaños o trucos para que lo acepten, porque es lo único (o lo principal) que la mayoría de ellos desean: mejorar las condiciones del entorno artificializado de la humanidad para hacerlo más habitable y soportable y progresar.
Es cierto que el ecologismo normalmente es medioambientalismo y que mezcla los conceptos de Naturaleza y medio ambiente como si fueran lo mismo. Y, también es cierto que en muchos de los pocos casos en que a algunos ecologistas les importa realmente la Naturaleza, la confusión entre Naturaleza y medio ambiente desvía la atención hacia la mejora del medio ambiente artificial confundiéndola con la defensa de la Naturaleza, ayudando así a mejorar la sociedad tecnoindustrial, favoreciendo la aceptación del desarrollo tecnológico (el cual, muchas veces, parece incluso mejorar el medio ambiente al reducir las emisiones directas, aumentar la eficiencia energética, etc.) y evitando que dichos ecologistas lleguen a cuestionarlo. Vamos que acaban defendiendo lo que destruye la Naturaleza creyendo que ayudan a ésta. De modo que el medioambientalismo funciona como “truco del sistema” sólo entre esos pocos a quienes les importa realmente la Naturaleza salvaje. Al resto no hace falta engañarles, porque les da igual la Naturaleza e incluso están a favor del desarrollo de la tecnología y la sociedad modernas.
A.Q.: Los valores que profesan los conservacionistas seguidores de la ética de la tierra de Aldo Leopold son los correctos: la devoción hacia la Naturaleza salvaje y el rechazo del progreso tecnológico. Pero lo que proponen, no es más que mero idealismo. Creen ilusamente que la educación y la propaganda en general pueden hacer cambiar la forma de pensar de la gente y que esto a su vez repercutirá en un menor impacto de las actividades humanas sobre la Naturaleza salvaje. En la actualidad la propaganda a favor del respeto a la Naturaleza está muy extendida dentro de las instituciones de la sociedad tecnoindustrial (por ejemplo, se da mucha importancia a la “educación ambiental”) pero sobra decir que eso no ha supuesto una mejora real en el estado de la Naturaleza salvaje. Si acaso, de forma parcial y reducida, se ha producido una leve mejora en algunas zonas rurales en los países desarrollados, pero está claro que esa mejora a corto plazo se debe a factores materiales como el éxodo rural y la globalización económica (hay menos gente en las zonas rurales y se extraen menos recursos de los montes porque la mayoría de lo que se consume actualmente en países como España viene de otras zonas del mundo donde, allí sí, los ecosistemas se están degradando a pasos agigantados para abastecer el consumo de los países desarrollados más el aumento de nivel de vida de las poblaciones locales). Es decir, que la recuperación parcial de ciertos espacios o especies (incluida su protección legal) en los países desarrollados se debe a factores materiales y no a una ética de la tierra ni nada por el estilo. De hecho, la ideología ecologista o medioambientalista se ha extendido entre la población de los países desarrollados precisamente por esos factores materiales que lo han propiciado. No es casualidad que ese cambio de mentalidad se haya producido ahora y no hace 100 años (aunque hace 100 años ya había voces que hablaran sobre el valor de la Naturaleza salvaje, como precisamente Aldo Leopold)
U.R.: ¿Cuándo rechazó Leopold (y sus seguidores) el desarrollo tecnológico? Creo que tienes una idea demasiado benevolente de Leopold. Una cosa es decir que el industrialismo ha dañado la Naturaleza (es un hecho histórico que cualquiera reconoce) y otra que sea malo en sí, que vaya a dañar siempre la Naturaleza porque está en su esencia (necesita hacerlo para existir) y que haya que acabar con él. Esto último la mayoría de los conservacionistas no lo ven ni lo aceptan. Leopold creía, como casi todos los conservacionistas, que el desarrollo industrial puede compatibilizarse con la conservación de la Naturaleza. Era un reformista que creía que la industrialización podría hacerse “bien”, sin dañar la Naturaleza. Lo que Leopold tiene de valioso es que valoraba la Naturaleza por sí misma y que promovía su conservación y recuperación (que no es poco). Pero lo demás: su ética de la tierra, su idealismo y su creencia en la coexistencia del progreso tecnológico y la Naturaleza, es en realidad un error.
Creo que la ética de la tierra de Leopold está equivocada. Yo siempre he visto un gran defecto de base en ella: es una mera extrapolación de los patrones éticos comúnmente aplicados a las relaciones entre seres humanos (compasión o empatía, intereses, solidaridad, igualdad, etc.). Él defendía que había que ampliar los círculos a los que aplicar esos mismos patrones incluyendo más objetos de consideración moral que meramente los seres humanos (ir ampliando los círculos de consideración moral de los allegados a los desconocidos, de los desconocidos a toda la humanidad, de toda la humanidad a otras especies y de otras especies a toda la biosfera). Y además creía que en dicha ampliación había un progreso moral, ya que efectivamente los círculos se han ido expandiendo a medida que las sociedades se desarrollaban. Yo simplemente veo que esos patrones éticos humanos no son aplicables a una ética referente a nuestras relaciones con lo salvaje. En el caso de dicha ética, hacen falta otros patrones o esquemas, algo completamente distinto. Es una ética o moral porque plantea que hay cosas malas y cosas valiosas y de ahí se infieren unos deberes, pero es completamente diferente a las éticas aplicadas comúnmente a las relaciones entre seres humanos, no sólo por la amplitud y naturaleza de su objeto, sino por su propia estructura y esencia, por sí misma. Por desgracia, muchos de los críticos del antropocentrismo y de los defensores del ecocentrismo que toman a Leopold como referencia, toman también este defecto y lo repiten acríticamente, intentando aplicar a la ética ecocéntrica conceptos como ‘interés’, ‘derecho’, ‘igualdad’, ‘empatía’ o incluso ‘justicia’ (aparte de valores como ‘vida’ o ‘bienestar’). O sea, que la ética de la tierra es lo que se llama un extensionismo ético (extender la ética intraespecífica convencional, y hasta cierto punto natural, humana a las relaciones entre los seres humanos y los seres no humanos y entre los seres humanos y la biosfera), y yo no creo que esa sea una buena solución. La mayoría de los conservacionistas parecen aceptar y tratar de aplicar este extensionismo, aunque algunos hay que lo critican.
En cuanto al medioambientalismo, como ya he dicho más arriba, no hay que confundir la educación ambiental en particular y la propaganda medioambientalista, ecologista o “verde” en general con las ideas a favor de la Naturaleza. Y creo que la mayoría de la gente no las diferencia suficientemente. Como ya he dicho, el medio ambiente no es necesariamente lo mismo que la Naturaleza. El medio ambiente es el entorno, todo lo que rodea al ser humano. Y hoy en día eso, en muchos casos y en lo más inmediato, es principalmente un entorno artificial o, como mínimo, artificializado. La Naturaleza en cambio es sólo la parte no artificial del entorno, el medio natural. Por desgracia, la inmensa mayoría de la gente (incluidos muchos de los propios “verdes” o ecologistas) confunde ambas cosas: el medio ambiente y la Naturaleza. Y no se debería caer dicha confusión. Ya lo dice Dave Foreman (uno de los pocos ecologistas que ven la diferencia): el medioambientalismo no es lo mismo que el conservacionismo y los conservacionistas no deberían ni siquiera hablar de defender el medio ambiente, sólo de defender lo salvaje. Yo añadiría que no sólo los conservacionistas deberían tener en cuenta esto, sino todos aquellos que amamos la Naturaleza salvaje.
Por supuesto, tienes razón en que la propaganda, el pregonar ideas, el tratar de cambiar mentalidades, etc. no sirve a no ser que se cambien principalmente los factores materiales que hacen que la sociedad siga el rumbo que sigue. Por muy bien planteada que estuviese la propaganda (por ejemplo, defendiendo lo salvaje en lugar del medio ambiente), seguiría sin funcionar si los factores materiales que determinan el rumbo del desarrollo social no cambian, es decir, si sigue necesitándose crear, usar y desarrollar tecnología moderna, si la población mundial sigue siendo miles o decenas de miles de veces superior a lo que debería y si sigue consumiendo cada vez más.
Además, la propaganda sólo funciona a la hora de cambiar mentalidades y comportamientos si es aplicada por un aparato propagandístico enormemente poderoso, cosa que sólo podrían hacer los estados u organizaciones muy grandes. Y aún así sólo funciona hasta cierto punto y en ciertas condiciones: cuando beneficia al sistema tecnoindustrial porque fomenta comportamientos necesarios para su subsistencia, como el reciclaje, y lo que viene a ser lo mismo, cuando empuja a favor de las tendencias materiales e ideológicas ya existentes en el propio sistema. Si no, no funciona en la práctica. Aunque llegue a tener cierta influencia en las ideas, no modifica los comportamientos y menos aún el funcionamiento de la sociedad. Puede llegar a hacer que a la gente le suenen ciertas ideas o conceptos e incluso que hablen de ellos, pero nada más. Por ejemplo, si por un lado se dice que no hay que contaminar, pero por el otro se necesita e incluso se promueve el uso de procesos y tecnologías industriales que inevitablemente generan residuos, lo de no contaminar, por mucho que se repita y suene a todo el mundo, no es más que palabrería. Es algo parecido a promover el cristianismo y, a la vez, defender y hacer la guerra, algo que ha pasado habitualmente a lo largo de muchos siglos en los países europeos y sus colonias. Por mucho que el cristianismo hablase, entre otras cosas, de amor al prójimo e incluso a los enemigos y de bobadas por el estilo y que entonces prácticamente todos fuesen cristianos convencidos, siguieron matándose unos a otros igual o con más saña aún que cuando eran paganos, porque las sociedades de esas épocas necesitaban la guerra para expandirse, obtener materia y energía, regular la población, etc. y porque nuestra naturaleza no es precisamente cristiana (tendemos a vengarnos, a defendernos si nos agreden, a atacar si nos vemos en la necesidad física, a odiar a los enemigos, a competir con los rivales por el estatus o los recursos, etc.). O sea, porque los factores materiales o físicos (incluidos los biológicos) siempre son lo principal a la hora de determinar los comportamientos individuales y la forma y dirección del desarrollo de la sociedad. Y con el medioambientalismo pasa lo mismo. Igual que con el izquierdismo (que, por cierto, deriva del cristianismo en el fondo). Sólo funcionan si (y hasta donde) los factores materiales hacen que la sociedad vaya en la misma dirección que ellos promueven. Si no, no funcionan en realidad.
Así que sí, los conservacionistas son prácticamente todos unos idealistas (los que hablan de cambiar mentalidades, que son casi todos) que creen que van a lograr cambiar la forma de pensar de la gente y, sólo o principalmente con ello, frenar o incluso revertir el impacto de la sociedad tecnoindustrial en la Naturaleza salvaje. Y los que no, hablan sólo de proteger áreas mediante leyes, cosa que, aunque suponga una actitud más pragmática, a la larga tampoco funcionará por otros motivos (básicamente debido a la expansión física del sistema tecnoindustrial).







Último Reducto










[1] © Copyright 2019, Último Reducto, para los fragmentos originalmente escritos por U.R.
[2] Adaptación del intercambio de correspondencia entre P. y U.R. ocurrido entre los días 11 y 13 de mayo del 2018. Las cartas originales estaban escritas en inglés.
[3] A lo largo de todo este post, cuando U.R. usa el término “política” entrecomillado, se refiere simplemente a aquello que está orientado a conseguir realizar cambios en una sociedad. Nota añadida por U.R. para este post.
[4] Adaptación del intercambio entre M.V. y U.R. ocurrido los días 24 y 25de junio del 2018. Las cartas originales estaban escritas en español.
[5] Adaptación del intercambio ocurrido el 13 de enero del 2019. Las cartas originales estaban escritas en español.

miércoles, 24 de mayo de 2017

LAS TERMITAS


English version: The Termites 

LAS TERMITAS [1]
 
Soy una termita.        
Mucho antes de que yo naciese, las termitas ya vivían en el Árbol Viejo. Según cuentan, al principio eran unos pocos insectos en un roble de varios metros de perímetro y muchos más de altura.
Hoy en día somos miles de millones de termitas. Estamos distribuidas a lo largo de la práctica totalidad del tronco y las ramas. Nuestra sociedad crece exponencialmente, cada generación más y más rápido. Y todo gracias a la rica madera del Árbol Viejo.
Este constante progreso hace que, en general, en el termitero se mantenga un ambiente de optimismo y alegría que a su vez favorece aún más el buen funcionamiento, organización y crecimiento de la colonia. Y sin embargo, en el fondo, ninguna termita está realmente satisfecha.
Algunas llevan ya generaciones diciendo que el Árbol Viejo pertenece a las obreras y que son ellas las que deben administrarlo, o incluso disfrutar de él en exclusiva. Dicen que el problema es que la reina, la corte y los soldados son parásitos que viven a costa de las obreras y que acumulan serrín mientras las obreras pasan hambre.       
Pero yo que conozco bien a estas quejicas sé que en realidad sólo las mueve la envidia y el odio debidos a la frustración por no poder hacer ellas otro tanto.       
Yo también pienso que la reina, la corte y los soldados son parásitos innecesarios, pero también sé que no son más que una pequeña parte del verdadero problema, o mejor dicho, una mera consecuencia del mismo.
Sé que aunque las obreras no puedan comer la mejor madera, ni acumular tanto serrín como las clases altas, prácticamente todas ellas aspiran a poder hacer lo mismo; sueñan con conseguirlo, y la mayoría viven relativamente “felices” y “contentas” mientras les permitan trabajar para intentarlo.
Sé que, en el fondo, la inmensa mayoría de los miles de millares de insectos que forman la colonia tiene una misma idea, una misma meta: comer y acumular más y mejor madera (mucha más de la necesaria). Aunque eso signifique que, como no hay suficiente para acumular todas, muchas se quedarán sin ver satisfecho su sueño, y que, de entre éstas, muchas protestarán y echarán la culpa a quienes consigan acumular más (que, por cierto, nunca será suficiente para ninguna de ellas).          
Pero el problema real es precisamente ese afán imparable de crecer y reducir el tronco y las ramas del Árbol Viejo a virutas utilizables por la colonia. Están todas tan cegadas por las ansias de prosperar en su acumulación que no son capaces de ver lo que está pasando: el Árbol Viejo se está muriendo. Sus últimas partes vitales están viéndose afectadas por la actividad constante y creciente del termitero.       
Cuando llegamos al Roble, cuentan las crónicas, vivían, en él muchos otros seres. Su tronco y ramas albergaban toda clase de seres vivos, nosotros éramos una especie más.
Pero en algún momento la situación comenzó a cambiar. Algunos termiteros comenzaron a ser muy grandes y a establecer una red de colonias a lo largo del tronco. Necesitaban espacio y alimento y comenzaron a expulsar y a exterminar a otras especies que vivían en el Árbol. A algunas las hicieron esclavas y las aprovecharon para prosperar y acumular más. No corrieron mejor suerte algunas pequeñas colonias de termitas que vivían al margen de la red de termiteros en las zonas más alejadas del tronco.
Para que la red de colonias no se viniese abajo fueron necesarios no sólo un crecimiento y expansión constantes de la misma a otras partes del Árbol aun no colonizadas, sino que a la vez hubo que ir estructurando y regulando progresivamente la vida de los insectos que formaban parte de ella. Así se llegó a la actual forma de organización social en clases y subclases (reina, corte, soldados y obreras), y a la programación ideológica basada en la prosperidad como meta incuestionable, es decir, en considerar que el sentido natural de la existencia de las termitas es y debe ser trabajar para poder comer y acumular más de lo necesario.  
Así, poco a poco, la red de termiteros se fue haciendo más compacta, hasta ser lo que es hoy en día: una monstruosa colonia única que abarca la práctica totalidad del Árbol Viejo.
Pero todo este crecimiento, este progreso, se ha construido a costa, no ya del exterminio, la esclavitud y la imposición de una determinada forma de pensamiento, acción y organización social, sino también a costa de la colonización y reducción del Árbol Viejo a serrín y estiércol.        
Algunas termitas parecen haberse dado cuenta de este problema, pero esta impresión no suele ser más que un mero espejismo.
Unas, siguiendo la línea de sus abuelas, culpan en exclusiva a la reina, la corte y los soldados de la esquilmación del Árbol Viejo, olvidando que la colonia, y la destrucción que ésta acarrea, está siendo mantenida y desarrollada por el trabajo y el consumo de las propias obreras, y que prácticamente ninguna de las obreras del cada vez mayor centro de la colonia trabaja sólo para comer y mantenerse viva, sino que casi todas (incluidas estas “descontentas”) comparten con los nobles y soldados el irrefrenable deseo de comer más de lo necesario y acumular todo lo posible.
Otras no culpan a nadie; sólo piden a las clases dirigentes del termitero que tomen medidas para evitar la destrucción. Y, por supuesto, entre petición y petición, siguen trabajando para poder comer y acumular más y más serrín y virutas.
Y también casi todas ellas, tanto las que quieren más pero no pueden, como las que exigen medidas (a veces son las mismas), no se plantean ni por un momento que la Colonia deba dejar de crecer, que el verdadero problema, del que derivan el resto, es que hemos creado una sociedad de insectos demasiado grande y exigente para nuestra verdadera forma de ser y para la salud y el tamaño limitado del Árbol Viejo.
A medio camino entre las nobles y las obreras, está la casta de las ingenieras, que constantemente plantean soluciones técnicas a los problemas para poder continuar con el desarrollo de la colonia.
Entre éstas cada vez, hay mas que creen posible llegar a un equilibrio entre el crecimiento de la colonia, el mantenimiento de las condiciones de habitabilidad en el termitero y la conservación del Árbol Viejo. Llaman al conjunto de sus teorías “crecimiento mantenible”, y dicen estar poniéndolas en práctica ya. Hablan de recuperar los desechos de la colonia y de mantener (e incluso incrementar) la producción de serrín y viruta controlando y dirigiendo artificialmente el crecimiento del Roble, siempre eso sí, sustituyendo la madera, las ramas, las hojas... originales por nuevos materiales renovables. Y para conseguir esto ingenian métodos de lo más diverso, pero jamás plantean reducir verdaderamente al mínimo el consumo de madera ni parar e invertir el crecimiento de la colonia.
En realidad sus métodos de renovación y sostenibilidad no sirven para salvar lo que queda del Árbol Viejo (ni tampoco lo pretenden realmente), sino sólo para ocultar su destrucción y perpetuar el desarrollo de la colonia. 
Incluso, muchas ingenieras plantean y estudian la posibilidad de extender la colonia a otros árboles, algunos de ellos tan lejanos que apenas podemos verlos desde aquí, o incluso de crear “árboles” artificiales, termiteros en medio de la nada, a los que enviar la población excedente. Y todo esto, a la vez que hablan de rediseñar nuestra especie (y otras) para adaptarla a las condiciones de esos nuevos entornos allí, o del propio entorno degradado de lo que queda del Viejo Árbol aquí.
Las ingenieras son una casta increíble; son capaces de presentar, estudiar y trabajar seria, fría y metódicamente las ideas más inverosímiles, disparatadas, abominables y alucinantes de tal modo que parezca, no sólo que son sensatas y que tienen fundamento, sino que son lo ideal, lo más deseable, lo mejor que podemos y debemos intentar lograr. Y hasta ahora han conseguido que el termitero siga creciendo. Por eso, el resto de las termitas, desde las nobles a las obreras, y desde las más “felices” con su situación a las más descontentas, tiene a las ingenieras en gran estima y confía en ellas, tomando sus teorías y proyectos como referente y modelo a seguir, y como fuente de la que obtener la esperanza necesaria para seguir lanzándose con energía y alegría a desarrollar el termitero y a acumular más serrín.
Pero casi ninguna termita se para a reflexionar en serio acerca del precio de todo ese progreso. De hecho, la inmensa mayoría cree que no tiene precio, que sólo aporta ventajas a la hora de acumular viruta. Pero algunas sabemos que no es así, y que el precio que se ha pagado, se esta pagando y se pagará, es muy superior en realidad a las presuntas ventajas que se supone nos aporta.   
La colonia es ya lo único, el único mundo que queda para las termitas que vivimos hoy. El Árbol, del que un día fuimos una minúscula parte, es hoy un mero apéndice de la colonia; pronto puede que ni eso.
Y sin embargo, las termitas de hoy seguimos siendo básicamente como aquellas primeras termitas que vivían al principio en el Árbol Viejo, cuando aún no había un único termitero (ni siquiera una red de grandes colonias) que lo ocupase en su totalidad, sino unos cuantos termiteros pequeños distribuidos por todo el Árbol, el cual compartían con otros muchos seres. Y es por esto por lo que sentimos que algo nos falta: por eso no estamos nunca realmente satisfechas; y por eso sentimos que necesitamos crecer, comer, acumular... porque actuar así acapara nuestra atención y nos evita tener que afrontar lo que realmente somos, lo que realmente necesitamos, en que nos hemos convertido y en que hemos transformado el Árbol del cual siempre hemos sido y seremos parte.         
Yo que sé todas estas cosas, como también en el fondo las saben todas las demás termitas, soy una de las pocas que (aún no acabo de saber por qué) sí se han parado a pensar seriamente acerca de ellas. En la actualidad nadie quiere oír lo que esas pocas tenemos que decir. Nadie quiere recordar. Nadie quiere enfrentarse al dogma del crecimiento. Están todas ocupadas en cosas más importantes, según dicen. No tienen tiempo. Y cuando lo tienen no quieren agobiarse con esas preocupaciones tan “ridículas”; prefieren otras más ridículas aún, como, por ejemplo, tratar de crecer y acumular, mantener el crecimiento a toda costa o protestar porque no pueden crecer y acumular tanto como otras. Y todo esto para no tener que pararse a pensar en lo que os acabo de contar.         
De todos modos, no os preocupéis, vosotros sois seres humanos y esto sólo son problemillas de insectos.



[1] Cuento extraído de Historias desde el Lado Oscuro (E=m.c2, 2004); © 2004, E=m.c2.