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miércoles, 8 de marzo de 2023

Intercambio de correspondencia entre Sean Fleming y Último Reducto (Parte II)


Algunos fragmentos adaptados de un intercambio de correspondencia entre Sean Fleming y Último Reducto (Parte II)

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UR: ¿Ha intentado usted alguna vez ponerse directamente en contacto con Kaczynski para su investigación?

SF: No he intentado ponerme en contacto con Kaczynski. Por razones metodológicas, creo que suele ser mejor basarse en pruebas forenses sólidas que en la memoria -incluso en la memoria de Kaczynski, que suele ser fiable. Supongamos que le pregunto a Kaczynski qué leyó, por ejemplo, en 1972. ¿Quién recuerda exactamente lo que leyó hace 50 años? En el mejor de los casos, podría darme una idea aproximada de cuándo leyó determinados libros y artículos; pero podría engañarle la memoria. Utilizando sus diarios y notas de aquella época, he podido determinar exactamente cuándo leyó gran parte del material relevante. Además, cuando uno hace preguntas mucho tiempo después de los hechos, las respuestas que obtiene suelen ser racionalizaciones y justificaciones post hoc. Supongamos que le pregunto a Kaczynski por qué dijo X en “Progress Versus Liberty”. Probablemente me daría una respuesta verosímil, pero esa respuesta puede representar fielmente lo que pensaba en ese momento o no. Yo apenas recuerdo por qué dije Y o Z en un artículo sobre Hobbes hace cuatro años, pero, si alguien me preguntase por qué dije Y o Z, idearía una respuesta -muy posiblemente una racionalización post hoc de lo que dije. Kaczynski ha dejado un enorme rastro documental que abarca más de medio siglo, por lo que no suele ser necesario hacerle preguntas sobre los orígenes de sus ideas; su “yo del pasado”, a través del material de archivo, ha respondido a la mayoría de estas preguntas con mucha más precisión de la que podría haberlo hecho su “yo del presente”. Además, muchos de quienes se han carteado con él ya le han planteado las preguntas que yo pensaba hacerle, y sus respuestas están disponibles en la Colección Labadie.

Dicho esto, reconozco que hay preguntas que el material de archivo no puede responder. Por ejemplo, ¿sigue creyendo Kaczynski en lo que argumentaba en, digamos, “Hit Where It Hurts”?  Sólo él, en la actualidad, conoce la respuesta. Hay que tener cuidado de no suponer que Kaczynski sigue creyendo todo lo que ha dicho en el pasado. Si el peligro de hacer preguntas es “extraer” respuestas, entonces el peligro de basarse en material de archivo es exagerar la consistencia en el pensamiento de una persona. Nótese también que estas consideraciones metodológicas se aplican en particular a un proyecto histórico como el mío, cuyo objetivo es descubrir las fuentes de las ideas de Kaczynski. Puede que no se apliquen a otro tipo de proyectos.

En cualquier caso, a juzgar por las respuestas de Kaczynski a otros académicos (por ejemplo, a Scott Corey), dudo que Kaczynski esté dispuesto a responder a mis preguntas. Es comprensible que desconfíe de los académicos porque, al igual que los periodistas, han escrito muchas cosas sobre sus ideas que son o bien demostrablemente falsas o bien disparatadamente especulativas. Pero tengo curiosidad por saber si ha leído mi artículo y, en caso afirmativo, qué opina de él. Ésa es, ahora mismo, la única pregunta que me gustaría hacerle.

Si tiene alguna idea sobre las consideraciones metodológicas anteriores, me interesaría mucho oírla.

¿Consideraría también la posibilidad de publicar su traducción en una revista de ciencia política/teoría política/filosofía en español?

UR: No me he planteado publicar la traducción en ningún otro sitio. Por algunas razones. En primer lugar, no soy un traductor profesional. Mi estilo al traducir es autodidacta y probablemente no cumpla las normas típicas de la traducción profesional ni los requisitos típicos de estilo para ser publicado en publicaciones académicas serias. En segundo lugar, no he olvidado que el objetivo explícito de su artículo es ayudar al sistema a comprender mejor las corrientes contra la sociedad tecnoindustrial para combatirlas mejor (aunque probablemente haya tenido usted otras razones y objetivos personales no declarados para escribirlo; quizá algunos de ellos muy respetables), y puesto que mi objetivo es destruir el sistema tecnoindustrial, no ayudarlo a protegerse de los ataques, no tengo precisamente ningún deseo de dar publicidad al artículo per se o gratuitamente. Quiero publicar su artículo sólo porque es un material complementario necesario para hacer comprensible nuestro intercambio de correspondencia y permitirme así publicar este intercambio en mi blog. Y tercero, como ha visto usted, el artículo tiene algunos errores o imprecisiones importantes en lo referente a sus descripciones y conclusiones sobre algunos hechos relacionados con Kaczynski (ya le he comentado a usted los principales) y yo no quiero contribuir a seguir difundiéndolos. Al contrario, espero que nuestro intercambio de correspondencia haya servido para que usted los reconozca, revise y corrija en posteriores trabajos. Y, aunque soy consciente de que esto también ayudaría a los defensores del sistema tecnoindustrial a mejorar su conocimiento sobre nosotros, los que nos oponemos a él, considero más importantes, en este caso, las consecuencias positivas que tendría para nuestra causa aclarar los verdaderos hechos acerca de nosotros que las posibles consecuencias negativas que podría tener para ella mejorar el conocimiento sobre nosotros (aunque, reconozco, podría estar equivocado). De hecho, desde el principio de nuestro intercambio, yo sólo he buscado señalar y corregir estos errores (o evitar otros) para el tipo de personas que constituyen el público que suele leer mi blog, porque parece que algunas de ellas están tomando tu texto como referencia sin ser conscientes de estas imprecisiones. El hecho de que a su vez esto pueda estar mejorando el conocimiento de usted acerca de nosotros (y probablemente también el conocimiento de los defensores del sistema para quienes (parcialmente) parece estar escribiendo usted) no es más que el precio que he tenido que pagar para conseguir mi objetivo. Es sólo reciprocidad: Hay que dar algo para recibir algo.

Aunque yo quisiera, no podría comentar ni ayudarle mucho a usted acerca de su enfoque metodológico. Simplemente no sé lo suficiente sobre este tema. De todas formas, creo que podría usted haber evitado algunos de los errores que cometió si antes de escribir o publicar el artículo hubiese usted contactado con Kaczynski y le hubiese preguntado por esos asuntos o le hubiese hablado de su proyecto y le hubiese pedido una revisión de tu texto (en caso de que Kaczynski hubiese querido colaborar, claro; pero yo no estaría a priori tan seguro como parece estarlo usted de que no hubiese colaborado; si aparentemente colaboró de algún modo incluso con alguien como John H. Richardson, el autor del artículo “Children of Ted”, New York Magazine, 18 dic. 2018 (https://nymag.com/intelligencer/2018/12/the-unabomber-ted-kaczynski-new-generation-of-acolytes.html), por ejemplo, no veo por qué no habría de colaborar con alguien aparentemente mucho más serio y honesto como usted).

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domingo, 15 de enero de 2023

Intercambio de correspondencia entre Sean Fleming y Último Reducto (Parte I)

 


Nota: El siguiente intercambio se produjo a raíz de la lectura por parte de UR del artículo de Sean Fleming “Unabomber and the origins of anti-tech radicalism”,[1] por lo que se aconseja leer este artículo antes de leer el intercambio.

Algunos fragmentos adaptados de un intercambio de correspondencia entre Sean Fleming y Último Reducto (Parte I)


 Versión pdf

English version

UR: Me he topado por casualidad con su artículo “Unabomber and the origins of anti-tech radicalism”. En general me ha parecido acertado, aunque sobre todo en la última parte, “El nuevo radicalismo antitecnológico”, creo que se equivoca usted en algunas cosas. De hecho, parece que en realidad no sabe usted nada de la estructura real y actual ni de las relaciones internas del supuesto movimiento sobre el que escribe. No sólo sugiere relaciones (entre grupos y personas) que de hecho nunca han existido, sino que tampoco capta la naturaleza real y el estado presente de las que sí existen o han existido.

Sin embargo, mi intención no es mejorar su conocimiento de las relaciones existentes entre los individuos y grupos que supuestamente están adoptando, defendiendo y actuando en base a las llamadas ideas “antitecnológicas”. Sólo me preocupa el retrato mal informado y mal documentado que de ellas ofrece usted en su artículo, porque puede inducir a los lectores a extraer conclusiones erróneas sobre esas ideas y relaciones. Así que aquí sólo voy a hacer algunos comentarios sobre por qué considero que sus interpretaciones son erróneas.


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[1]Original disponible en: https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/13569317.2021.1921940. Existe versión en castellano: “Unabomber y los orígenes del radicalismo antitecnológico” en Último Reducto (https://ultimoreductosalvaje.blogspot.com/2023/01/unabomber-y-los-origenes-del.html).  

Unabomber y los orígenes del radicalismo antitecnológico

 

Nota: Como complemento a este artículo se recomienda leer también: “Algunos fragmentos adaptados de un intercambio de correspondencia entre Sean Fleming y Último Reducto (Parte I)” (https://ultimoreductosalvaje.blogspot.com/2023/01/algunos-fragmentos-adaptados-de-un.html) y “Algunos fragmentos adaptados de un intercambio de correspondencia entre Sean Fleming y Último Reducto (Parte II)” (https://ultimoreductosalvaje.blogspot.com/2023/03/intercambio-de-correspondencia-entre.html).  


Unabomber y los orígenes del radicalismo antitecnológico

Por Sean Fleming

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Introducción

Theodore Kaczynski es el terrorista más académico de los Estados Unidos. Se graduó en Harvard en 1962, se doctoró en la Universidad de Michigan en 1967 y se convirtió en profesor auxiliar de matemáticas en Berkeley. Tras renunciar a su puesto de profesor en 1969, Kaczynski se fue a vivir a la naturaleza y acabó construyendo una cabaña de una sola habitación en una zona rural de Montana. Desde allí lanzó una campaña de atentados que mató a tres personas, hirió a otras 23 y terminó con su detención en 1996. Aunque se ha escrito mucho sobre la vida y los crímenes de Kaczynski, sorprendentemente se ha escrito poco sobre su Manifiesto antitecnológico, “Industrial Society and Its Future”, publicado en The Washington Post en 1995. Los teóricos políticos, los historiadores intelectuales e incluso los estudiosos del terrorismo han prestado escasa atención a sus ideas.

Kaczynski es de interés para los estudiosos de las ideologías sobre todo porque ha influido en muchos otros actores y movimientos radicales. Tras su detención, ganó adeptos en la periferia del movimiento verde, incluidos el anarcoprimitivista John Zerzan y el cofundador de Deep Green Resistance Derrick Jensen. Más recientemente, el desprecio de Kaczynski por el “izquierdismo” ha hecho que gane adeptos en la extrema derecha. El terrorista noruego Anders Breivik lo plagió ampliamente y el partido neofascista griego Amanecer Dorado publicó una traducción de su Manifiesto en 2018. Kaczynski tiene una cualidad semejante a la de Nietzsche: como desafía la categorización fácil, es un imán para los radicales de distintas tendencias.

Pero Kaczynski es más que una fuente de ideas para grupos radicales preexistentes. También ha generado su propia rama del radicalismo y ha servido de inspiración a una serie de grupos antitecnológicos radicales. El más destacado es el grupo terrorista mexicano Individualidades Tendiendo a lo Salvaje (ITS), que tomó el camino de Kaczynski donde él lo dejó y comenzó a enviar bombas a científicos en abril de 2011. Desde entonces, ITS y sus ramificaciones han reivindicado la autoría de atentados en Argentina, Brasil, Chile y Grecia, así como muchos otros en México. La propia campaña de atentados de Kaczynski fue un presagio de lo que se avecinaba e ITS podría ser sólo el principio.

El propósito de este artículo es descubrir los orígenes de las ideas de Kaczynski. Esta tarea no es sencilla en absoluto. Aunque Kaczynski cita muchas fuentes en su Manifiesto, no cita sus fuentes más importantes. La razón es que había enviado cartas (con su propio nombre, sin bombas) a los autores que admiraba y temía que citarlos proporcionase pistas al FBI. Los intentos previos de identificar las influencias que tuvo Kaczynski han sido, por tanto, especulativos.


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sábado, 20 de agosto de 2022

Comentarios críticos a “En defensa de la violencia” de Ted Kaczynski

 Comentarios críticos a “En defensa de la violencia” de Ted Kaczynski

Por Último Reducto

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El artículo “En defensa de la violencia” es importante a la hora de aclarar ciertos aspectos de la postura de Theodore John Kaczynski acerca del uso de la violencia y por eso Último Reducto (UR) lo ha publicado en este blog (https://ultimoreductosalvaje.blogspot.com/2022/08/en-defensa-de-la-violencia.html). Sin embargo, hay ciertos detalles en ese texto que conviene comentar.

[...] Cualquier lector asiduo del blog debería ya saber que UR evita usar ciertas palabras típicas del vocabulario de Kaczynski, por considerarlas inadecuadas para denominar aquello a lo que pretenden referirse. En concreto, en lo que se refiere a este caso, UR considera que el uso, por cierto bastante abundante, que Kaczynski hace de la palabra “revolución” para referirse a la actividad encaminada a la destrucción del sistema tecnoindustrial por parte de un movimiento no izquierdista, contrario a la tecnología moderna, y cuyo valor principal sea la Naturaleza salvaje, es inapropiado y poco aconsejable, meramente por motivos estratégicos y prácticos


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Último Reducto 

Contacto: ultimo.reducto@hotmail.com

En defensa de la violencia

 

En defensa de la violencia[1]

Por Ted Kaczynski

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Cuando escribí al New York Times ofreciendo desistir del terrorismo si mi escrito[2] era publicado, prometí que el manifiesto no abogaría explícitamente a favor de la violencia, ya que asumí que los medios de comunicación de masas convencionales rehusarían publicar cualquier cosa que defendiese la violencia.

Por esta razón, en “Industrial Society and Its Future” (ISIF),[3] quité importancia al probable papel de la violencia en la revolución. En realidad, es casi seguro que una revolución en contra del sistema tecnoindustrial tendrá que implicar violencia en algún momento. El uso de la fuerza y la violencia son el juez en última instancia. Cuando un conflicto social importante no puede ser resuelto mediante acuerdos, el asunto se resuelve mediante la fuerza física o la amenaza de ella. Como dije en ISIF, párrafos 125–135, si tratamos de pactar con la tecnología estaremos condenados a perder. El sistema no está nunca satisfecho con ninguna situación estable, y nunca lo estará -siempre busca expandir su poder y nunca tolerará permanentemente nada que quede fuera de su control (ISIF, párrafo 164). Por tanto, el conflicto entre nosotros y el sistema es irreconciliable y al final sólo podrá resolverse mediante la fuerza física. El sistema depende de la fuerza y de la violencia para mantenerse -ésa es la función de la policía y del ejército. Si los revolucionarios renunciamos totalmente a recurrir a la violencia, nos ponemos en una situación de desventaja aplastante respecto al sistema. No estoy defendiendo la violencia indiscriminada o automática; en muchas situaciones las tácticas no violentas son las más eficaces. Sin embargo, sostengo que la violencia forma parte importante del kit de herramientas del revolucionario y que deberíamos estar preparados para usarla cuando podamos obtener una ventaja importante haciéndolo.

La razón por la cual el sistema nos enseña a horrorizarnos ante la violencia es porque la violencia de cualquier tipo es peligrosa para él. El sistema requiere orden ante todo; necesita gente que sea dócil y obediente y que no dé problemas. Roger Lane ha señalado que antes de la Revolución Industrial, la sociedad estadounidense era mucho más tolerante con la violencia de lo que lo es hoy en día y que el énfasis en la no-violencia surgió en respuesta a la necesidad del sistema industrial de contar una ciudadanía ordenada y dócil. (Véase el capítulo 12 de Violence in America: Historical and Comparative Perspectives, editado por Hugh Davis Graham y Ted Robert Gurr). Salvo por algunas excepciones, los líderes del sistema son bastante sinceros a la hora de rechazar la violencia. Aunque el sistema tiene que usar la violencia para preservarse, trata normalmente de mantener el nivel de la violencia -incluida su propia violencia- lo más bajo posible, ya que la violencia intensifica las tensiones sociales que ponen en peligro al sistema. El “poli malo” que apalea a la gente es, a su irracional manera, un rebelde contra el sistema. Para los miembros más racionales y autodisciplinados de la tecnocracia, el policía ideal es aquel que usa justo la cantidad de fuerza imprescindible, y nada más que la imprescindible, con el fin de mantener el orden público y la disciplina social.

La mayoría de la gente que insiste en la no-violencia como principio fundamental cae en alguna de las tres categorías siguientes. Primero están los conformistas -aquellos que creen en la no-violencia porque el sistema ha conseguido lavarles el cerebro. En segundo lugar están los cobardes. Y en tercer lugar, están los santos -esas personas bastante escasas cuya creencia en la no-violencia viene motivada por una compasión genuina.

En lo referente a los conformistas y los cobardes, son totalmente despreciables y no necesitamos decir más sobre ellos. Los santos, por otro lado, merecen nuestro respeto. Si aceptásemos sus principios ciertamente deberíamos dejar a un lado la revolución, pero de todos modos puede que tengan un papel importante que jugar. Durante el desorden y la violencia que probablemente acompañarán a la revolución, ellos pueden ayudar a mantener vivo el ideal de la amabilidad y la compasión; y -¿quién sabe?- quizá algún día incluso lleguen a tener un efecto práctico a la hora de reducir la cantidad de crueldad en la sociedad humana. Sin embargo, por sí mismos no podrán ganar una revolución. Para eso hacen falta combatientes duros.

En vista de los modos en que las actitudes hacia la violencia varían según las circunstancias bajo las cuales ésta se lleve a cabo, resulta obvio que, en nuestra sociedad, la mayor parte de la oposición a la violencia es meramente una cuestión de conformidad o convención social. Cuando la violencia es llevada a cabo con la aprobación del sistema (como en la guerra, por ejemplo), la mayoría de la gente la acepta. Sólo se horrorizan ante la violencia cuando el sistema la desaprueba.

Mis abogados trajeron a un neuropsicólogo, un tal Dr. Watson, para hacerme unas pruebas que verificasen que yo no estaba loco. Después de hacerme las pruebas, el Dr. Watson me hizo algunas preguntas sobre mis atentados con bombas. Entre otras cosas, me preguntó cómo me sentía respecto al impacto de mis acciones sobre las “víctimas” y sus familias y parece que le chocó bastante el hecho de que un hombre inteligente como yo pudiese matar a personas sin sentir apenas culpa y sin que el impacto en las familias de los muertos le preocupase demasiado. Sin embargo, si yo hubiese sido un soldado que hubiese matado o herido gravemente a soldados enemigos en una guerra, al Dr. Watson ni siquiera se le habría ocurrido preguntarme cómo me sentiría acerca del impacto en las víctimas o en sus familias. Nadie espera que un soldado dude a la hora de matar soldados enemigos o se preocupe acerca de cómo se sienten las familias de los muertos, y a muy pocos soldados les preocupan esas cosas. Esto muestra que la actitud de la mayoría de las personas hacia la violencia no está gobernada por la compasión sino por la convención social.

El derrumbe del sistema tecnoindustrial implicará casi con toda seguridad privaciones físicas a nivel general. Si la caída es repentina, conllevará una verdadera hambruna, ya que no habrá pesticidas ni fertilizantes químicos, ni semillas híbridas de alta tecnología, ni combustible o piezas de repuesto para la maquinaria agrícola, ni camiones y trenes para llevar los productos a las ciudades. Incluso si el sistema se desintegra más o menos gradualmente a lo largo de unas pocas décadas, es casi inconcebible que la reducción de la población y la transición a una agricultura de subsistencia puedan ser llevadas a cabo de forma tranquila y ordenada. Mucha gente sufrirá debido a la falta de alimentos o de otros productos materiales necesarios, y en tales circunstancias es seguro que habrá un desorden social generalizado y por consiguiente luchas. ¡Miren ustedes la historia! La caída rápida de una civilización va casi siempre acompañada de violencia, y cuanto más avanzada es la civilización mayor es la violencia.

El grado en que la cultura de la clase media moderna trata de suprimir la agresión, la cual forma parte normal del repertorio conductual de los seres humanos y de la mayoría de los demás mamíferos, es algo inusitado. La mayoría de las sociedades a lo largo de la historia humana han sido más tolerantes con la agresión de lo que lo es la clase media actual. Es cierto que ha habido unas pocas culturas primitivas que eran estrictamente no violentas y que las ideologías de la pasividad y la no-violencia han tomado a dichas culturas como ejemplos para tratar de mostrar lo violenta que es la sociedad moderna en comparación con el buen salvaje. Sin embargo, sea su falta de honestidad consciente o inconsciente, ignoran completamente las mucho más numerosas culturas primitivas que permitían un grado de violencia mucho mayor del que actualmente permite la moralidad de la clase media moderna. Por ejemplo, Derrick Jensen, en Listening to the Land (Sierra Club Books, 1995, página 3) elogia a los indios okanagan de la Columbia Británica por el hecho de que nunca practicaban la violencia física, pero no dice ni una palabra que reconozca el hecho de que la mayoría de las tribus indias norteamericanas eran notablemente belicosas. Muchas de las tribus incluso fomentaban la guerra como algo noble y admirable y luchaban en guerras innecesarias simplemente porque los hombres jóvenes querían obtener gloria militar. (Para que las feministas no traten de culpar sólo a esas repugnantes bestias masculinas, debo señalar que los hombres eran incitados por las mujeres. En las tribus belicosas, todas las mujeres querían que sus hijos fuesen bravos guerreros y una de las razones por las que los hombres jóvenes querían obtener prestigio militar era porque éste les hacía populares entre las muchachas).

Por supuesto, la guerra primitiva era muy diferente de la guerra moderna. Hoy en día los soldados luchan para satisfacer la ambición de los políticos o los dictadores; en las principales guerras normalmente son reclutados a la fuerza e, incluso cuando se alistan voluntariamente, por lo general lo hacen porque les han lavado el cerebro con propaganda. El campo de batalla moderno es un matadero en el cual la habilidad y el coraje de un soldado tienen escaso efecto en su probabilidad de sobrevivir. Por el contrario, los indios americanos luchaban o bien para protegerse a sí mismos y a sus familias o bien porque querían luchar. Sus batallas se producían a pequeña escala, de modo que el guerrero individual no quedaba reducido a ser un insignificante trozo de carne de cañón. Y sus conflictos no tenían como resultado ninguno de los daños ecológicos masivos que acompañan a la guerra moderna. De hecho, dado que sus guerras mantenían bajo el tamaño de la población, las consecuencias ecológicas eran positivas.

Eliminar toda la violencia aumentaría nuestra esperanza de vida, pero si bien la esperanza de vida en la sociedad moderna es probablemente mayor de lo que lo ha sido jamás en cualquier otra sociedad, la sociedad moderna está profundamente desquiciada. Ha habido muchas otras sociedades en las que la esperanza de vida era mucho menor, pero en las cuales había mucho menos estrés, frustración, ansiedad u otras formas de sufrimiento psicológico. Esto muestra que la esperanza de vida no es de suma importancia para la felicidad humana; y menos aún lo es para la libertad humana.

No quiero dar la impresión de que considero que la violencia es deseable por sí misma. Más bien lo contrario. Preferiría ver que las personas viven juntas sin causarse unas a otras daño físico, económico, psicológico o de otro tipo. Sin embargo, la eliminación de la violencia no debería encabezar nuestra lista de prioridades. La primera prioridad es librarse del sistema tecnoindustrial.

 

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NOTA IMPORTANTE: Véase “Comentarios críticos a ‘En defensa de la violencia’ de Ted Kaczynski” en este mismo blog (https://ultimoreductosalvaje.blogspot.com/2022/08/comentarios-criticos-en-defensa-de-la.html).



[1] Traducción a cargo de Último Reducto de “In Defence of Violence” (Fecha desconocida). Copyright © Theodore John Kaczynski, para el original. Copyright © 2022 Último Reducto para la traducción. N. del t.

[2] Se refiere a Industrial Society and Its Future, popularmente conocido como “Manifiesto de Unabomber”. N. del t.

[3] El texto original revisado y mejorado está disponible en Technological Slavery, Fitch & Madison, 2019, págs. 21-106. Existe traducción en castellano de la versión original: La sociedad industrial y su futuro, Isumatag, 2011. N. del t.