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lunes, 27 de abril de 2026

INTERCAMBIO DE CORRESPONDENCIA XIX:


ADAPTACIÓN DE UN INTERCAMBIO DE CORRESPONDENCIA XIX: sobre el problema de las especies domésticas asilvestradas y las exóticas invasoras, las tecnosoluciones aplicadas al mismo y la infame confusión entre ecologismo y animalismo.

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K: En este momento, una de las polémicas más candentes en Turquía es la de los perros callejeros. Su población (también la de los gatos) ha aumentado enormemente. Según la ley, los ayuntamientos deben esterilizarlos, pero no pueden acogerlos en refugios y deben devolverlos al lugar donde los recogieron después de examinarlos y esterilizarlos. En la práctica, las tasas de esterilización que se llevan a cabo no son suficientes para reducir su población, y mucho menos para controlarla. La actitud de la gente hacia los animales callejeros también ha cambiado en los últimos diez años. Se han vuelto mucho más tolerantes con estos animales. (Creo que esto tiene que ver principalmente con la urbanización y el mayor aislamiento de las personas). La gente lleva a cabo campañas para alimentarlos. Distribuyen comida en las calles, construyen refugios, etc. También presionan a los ayuntamientos para que hagan lo mismo. Como resultado, la población de perros callejeros sigue aumentando. Según diferentes estimaciones, entre 3 y 10 millones de perros callejeros vagan por Turquía. Esto ha empezado a causar algunos problemas con los seres humanos. Cada vez se oyen más casos de perros que atacan a personas, algunas de las cuales mueren. La rabia está en aumento. Por lo tanto, el gobierno está trabajando en una ley para resolver este problema. Las medidas que se barajan incluyen también el sacrificio. Esto ha provocado una enorme reacción por parte de los activistas en defensa de los animales y las dos partes (los que quieren que los perros desaparezcan de las calles a toda costa y los que prefieren mantener el statu quo actual) discuten acaloradamente en las redes sociales, la televisión, etc.

Como puede usted imaginar, casi nadie ve el problema desde la perspectiva de la Naturaleza salvaje. Los perros y los gatos son especies invasoras introducidas artificialmente por los seres humanos en diversos ecosistemas. Los seres humanos fomentan enormemente el aumento de su población. Los perros y los gatos domésticos (especialmente los callejeros) ejercen una gran presión sobre las especies salvajes. Recuerdo haber leído que los gatos matan entre 1.000 y 3.000 millones de aves al año sólo en Estados Unidos. Amenazan a algunas especies con la extinción. Supongo que el problema no es menos grave en Turquía. Los gatos callejeros son toda una sensación en Turquía. La gente y las instituciones públicas están atentas para protegerlos, alimentarlos, darles cobijo, etc. Como resultado, la presión de los gatos sobre las aves debe ser mayor en Turquía que en Estados Unidos. Los perros, especialmente los perros asilvestrados que vagan por el campo, están causando un gran daño a la Naturaleza. Matan aves y pequeños mamíferos. Compiten con lobos, zorros y chacales. Contaminan el patrimonio genético de estas especies salvajes mediante el cruzamiento. Transmiten enfermedades a los animales salvajes.

Entonces, ¿tal vez esa nueva ley sea algo positivo? No creo que la ley propuesta pueda aplicarse sin problemas. En primer lugar, hay y habrá una enorme reacción contra el sacrificio por parte de los activistas en defensa de los animales. Como resultado, se encontrará una solución de compromiso: acoger a los perros callejeros en refugios y esterilizarlos. Sin embargo, esa política sería una enorme pesadilla en términos logísticos y acabará por no ser aplicable. Al final, ocurrirá lo peor: recogerán a los perros y los abandonarán en zonas boscosas remotas. Estos perros serán una gran molestia para la fauna salvaje de esos lugares. La desaparición de los perros de las calles aumentará aún más el número de gatos callejeros que deambulan por las ciudades, lo que empeorará la presión que ejercen sobre las aves. En resumen, como todos los problemas que crean los seres humanos, el problema de los animales callejeros también es difícil de resolver, y las soluciones propuestas sólo lo agravan aún más.

Lo más exasperante es que muchos activistas por los derechos de los animales piensan que los perros y gatos domesticados forman parte de la Naturaleza. Uno de sus argumentos es que los seres humanos invaden su hábitat natural y que, al matarlos, sólo perturbaríamos el equilibrio de la Naturaleza. (Creo que la mayoría de ellos realmente piensan así. Aunque quizás una pequeña minoría plantea este argumento de manera deshonesta, tratando de confundir a la gente). Por supuesto, la mayor parte de su argumento no tiene nada que ver con la Naturaleza. Tratan de apelar mayormente a los sentimientos de lástima, y su argumento principal es la santidad de la vida.

¿Qué opina usted al respecto?

UR: Creo que en general tiene usted razón. Y ha dado en el clavo en algunos puntos. Intentemos ordenar las ideas principales ...

[Este texto es más largo, para leerlo haz clic aquí]



miércoles, 21 de junio de 2017

EL BIENINTENCIONADO

English versión: The Well-meaning  
EL BIENINTENCIONADO[1]      
Alfredo Alfonso Alfalfa era un ser tan piadoso que cada mañana al despertar pensaba en todos los seres que estarían muriendo en ese momento y en todo el sufrimiento que estarían soportando otros animales, humanos o no, en ese preciso instante. Cada mañana recordaba que él era uno de esos seres, que sufría y que, aunque le costaba hacerse a la idea, moriría también como los demás.
Alfredo Alfonso Alfalfa no sólo estaba convencido de que sentir empatía por el resto de los seres era lo correcto, sino que creía firmemente que creer sentir lo que se cree que otros sienten era un rasgo inequívoco e incuestionable de superioridad sobre el resto de seres desaprensivos e incivilizados. 
Alfredo Alfonso Alfalfa pasaba los días agobiado por estos pensamientos, eran su obsesión.
Cierta mañana en que el Sol brillaba, los pájaros cantaban y los insectos volaban sobre la pradera, Alfredo Alfonso Alfalfa salió a dar un paseo. Caminó un buen trecho por el campo mientras sufría por la crueldad del mundo: él pisaba sin querer la hierba, el sol secaba las plantas, los pájaros se comían a los insectos y los insectos se devoraban entre sí y a las plantas. Era una auténtica carnicería. No podía soportarlo. Cansado, se sentó a la sombra de una higuera mientras observaba intranquilo el transitar de una oruga por el tallo de una zarza. ¿Querría comerse la planta aquel malvado insecto? Y, ¡cuánto sufriría la oruga si se pinchaba con las crueles espinas de la zarza!
El mundo estaba loco, todo era contrario a como debería ser. La Naturaleza era muerte y sufrimiento. ¡Cuánto desearía poder evitarlos!       
En esto, Dios (que, como todos los lectores ateos saben, es un señor anciano, alto, melenudo y barbudo, canoso y vestido con sábanas blancas, que vive en las nubes y se pasa la vida creando mundos y cuidando de ellos) apareció frente a él. Se había compadecido de la inmensa compasión del compasivo Alfredo, el cual, de mientras, pensaba para sí: “este dios estúpido y brutal está pisando a las pobres e indefensas hormigas”, Dios, que también pensaba para sí: “¡Mira que tengo mala suerte! haber caído en un hormiguero. ¡Como pican estas condenadas!”, envió un ángel (que, como todo ateo sabe, es un pájaro de cuidado —sobre todo si es el de la guarda— con largos rizos dorados, sexo hermafrodita e insoportablemente encantador) que cogió suavemente a Alfredo y lo elevé al Cielo.          
Ya en el cielo, Dios se acercó a Alfredo Alfonso Alfalfa, que observaba pensativo desde las alturas un mundo lleno de seres malignos, en el cual todos sufrían terribles padecimientos y agonías y a su vez las inflingían a otros, en el que el asesinato y el sadismo eran la norma...
-Alfredo, hijo mío -dijo Dios, que en el fondo era un sentimental- he visto con agrado tu gran piedad. Me ha sorprendido gratamente tu preocupación y dedicación por la vida y el bienestar de los demás seres. En verdad, en verdad te digo que si todos los seres fuesen como tú el mundo sería muy distinto. Alfredo, hijo mío, eres mi ídolo, y para demostrártelo te voy a permitir ser Dios en mi ausencia que tengo que irme a hacer los recados. En tus manos encomiendo el mundo. Tus deseos son órdenes y puedes usar estos instrumentos que ves aquí para llevarlos a cabo.
Y, dicho esto, desapareció dejando a Alfredo en el séptimo cielo.
Alfredo no cabía en sí de gozo. Por fin se le reconocía su valía, por fin alguien (aunque sólo fuera Dios) se daba cuenta de quién era realmente y de para qué había nacido. Dios había tenido una revelación divina. El conocimiento del verdadero carácter suprahumano de Alfredo Alfonso Alfalfa había sido implantado en la mente de Dios por el poder psíquico paranormal del divino Alfredo. El era el Salvador, el Ser Original, Auténtico, Único, Especial e Inigualable que el mundo había estado esperando desde hace millones de años. La evolución había tocado a su fin. Todo había sucedido con una finalidad evidente: él, Alfredo Alfonso Alfalfa, el espíritu más puro, amoroso, perfecto y humilde jamás habido. Era inmejorable, insuperable, el más bueno, el más inteligente, el más mejor... Por fin lo había conseguido, era Dios mismo.  
Alfredo Alfonso Alfalfa se dispuso a desempeñar su nuevo cargo como ser supremo, omnisciente, omnipotente y ubicuo (esto, para los lectores “creyentes”, hace referencia a Dios, no a los santos, mártires y héroes de las diversas “revoluciones”, revueltas, rabietas y pataletas habidas o por haber, ni a 1os intelectualillos, “enteraos” y demás listos de los cojones libertarios, izquierdistas y progresistas más o menos contestatarios, duros y “radicales”, que son legión. Eso sería entrar en otros cuentos). Por fin podría hacer realidad su deseo de acabar con el sufrimiento y la muerte y reparar lo que millones y millones de años de caos, crímenes continuos y luchas encarnizadas habían engendrado: un mundo odioso y sangriento, un espectáculo dantesco y atroz de opresión constante de los seres fuertes sobre los débiles, de violencia de los débiles sobre los más débiles y de agresiones de fuertes grupos de seres débiles sobre débiles seres fuertes.
Decidió por tanto que resucitaría, mediante los superpoderes que la divina alta tecnología le ofrecía, a todos los seres muertos hasta la fecha y que en adelante impediría que cualquier ser dañase a otro y que ningún ser vivo muriese.            
Dicho y hecho. Puso a los ángeles a trabajar y en pocos minutos la maniobra de resurrección e inmunización contra el dolor y la muerte había concluido.
¡Qué feliz estaba! Se había acabado el mal, sólo existía ya el Bien: la vida eterna y la felicidad sin límites. Estaba tan feliz que ni se preocupó de mirar para abajo y ver su gran obra. Al fin y al cabo, los principios teóricos en que se basaba eran impecables, todo encajaba lógicamente a la perfección, lo había diseñado él, ¿para que revisar el resultado?      
En ese preciso instante entró Dios con los pelos y las barbas de punta y echando truenos por la boca y rayos por los ojos.   
-Pero, ¿se puede saber quién ha sido el desgraciado que ha causado semejante desbarajuste?- gritó dirigiéndose al ángel que desempeñaba las funciones de contramaestre de Dios- ¡Se le van a caer las plumas! ¡Lo voy a convertir en figurita para nacimiento!
-¿Qué ha sucedido, compañero?- preguntó Alfredo preocupado por el malestar del que ahora era su colega- ¿Qué es lo que tanto te irrita? Cuéntamelo y seguro que podré hacer algo por ti.
-Echa un vistazo al mundo por el borde de la nube y lo verás- dijo Dios.
Alfredo Alfonso Alfalfa se aproximó a la barandilla de seguridad que rodeaba la cubierta de la nube y observó maravillado y lleno de orgullo su gran obra.            
Allí abajo se apilaban, capa sobre capa, millones, billones, trillones... de seres de las más diversas formas, texturas y tamaños (peludos, emplumados, escamosos, blandos, duros...) formando una masa informe y palpitante de cuerpos en movimiento mezclados con troncos, ramas y hojas y una sustancia viscosa de color indefinible formada por microorganismos, estiércol, orines y materia vegetal en descomposición. Se pisaban y aplastaban unos a otros a causa de la falta de espacio, pero pasara lo que pasara ninguno moría y al momento recuperaban su forma original para volver acto seguido a perderla en otro accidente. Y lo más maravilloso, el tamaño de aquella inmensa bola de vida crecía por momentos pues aunque eran inmortales, los seres vivos seguían reproduciéndose.
-Me ha quedado imponente, ¿verdad?- dijo Alfredo.         
-Así que has sido tú. Has arruinado mi creación. Miles de millones de años manteniendo el equilibrio y vienes tú  y en diez minutos te lo cargas.    
-¿Qué dices? ¿Qué equilibrio? ¿Cuál es el problema?- Alfredo no salía de su asombro; aquel dios idiota no era capaz de reconocer el Bien cuando lo veía.  
-¿No ves que no tienen sitio? ¡Se están aplastando unos a otros!- gritó Dios encolerizado:
-¡Ah!, es sólo eso... bueno, pues los mandamos a otros planetas y ya está.
Dios no acababa de encajar la situación, aquel pequeño hombrecillo bienintencionado era peor que una plaga y encima iba de listillo. Dios tenía la impresión de que el control se le escapaba de las manos.
-Al  ritmo que crecen no habría suficientes planetas en el Universo, y además, si estaban en este planeta y no en otros era por algo. Sólo nos faltaba extender este sindiós por el resto del Universo. Hay que pararlos, ¡ya!           
-Eso está hecho- dijo Alfredo Alfonso Alfalfa con aire de tenerlo todo previsto desde hacía mucho tiempo -Los esterilizamos y sanseacabó. Además para que se estén quietos y no se peleen ni se ataquen unos a otros los encerramos a cada uno por separado, y si hace falta los inmovilizamos y punto. ¿A que es buena idea? Seguro que a ti nunca se te hubiese ocurrido.
Dios estaba perplejo, aquella criaturilla arrogante hecha a su imagen y semejanza (¿o era al revés?; siempre había sospechado que era él quien había sido diseñado y fabricado a imagen y semejanza de algunos humanos como aquel) tenía “solución” para todo. ¡Y qué remedios! Peores que la enfermedad. Y encima se daba unos humos aquel sinvergüenza…
-¡Qué dices insensato! ¿Quién te crees que eres para disponer de la libertad de otros seres y para decidir cuáles deben nacer y procrear y cuáles no? ¿Dios, acaso?   
-Ahora que lo dices, pues sí. Tú me has nombrado tu sustituto.
-Pues te retiro del cargo.
A Dios le iba a dar un mal de un momento a otro. Aquel humanillo le estaba tocando las narices. Era algo totalmente insoportable, incluso para Dios. ¿Qué demonios (¡uy! perdón, quería decir “diantres”) podía haber visto en aquel ser canijo y vanidoso? Menos mal que sabía que Dios es infalible que si no pensaría que se había equivocado.        
-Pues no me da la gana renunciar a él. Eres un viejo imbécil, chocho, decrépito, débil y  pseudopacifista que tolera la maldad. Eres tan incompetente que no has sido capaz de eliminar el dolor y la muerte del mundo y he tenido que venir yo a enseñarte cómo hacer el Bien y a poner orden. Vete ya y deja el puesto a alguien realmente capaz, como yo.    
-Mira hijito, aquí el único imbécil que hay eres tú y quienes como tú se creen que el Mundo es suyo.
Ya no le cabía duda, a pesar de ser Dios, se había equivocado. Tanto texto sagrado, tantos siglos exaltando la Vida, el Amor, la Felicidad... lo único que habían conseguido era crear monstruos como aquel individuo que tenía delante
-¡Fuera de mi nube!
En el acto, un ángel agarró a Alfredo Alfonso Alfalfa por las orejas y lo bajó a tierra. Durante el tiempo que duró el descenso, Dios y los ángeles que estaban de guardia en ese momento deshicieron el desaguisado, dejando el mundo como estaba antes de que Alfredo lo “arreglara”.
Alfredo Alfonso Alfalfa despertó a mediodía al sentir el picotazo de un pérfido tábano que de forma vil y ruin le había tratado de chupar la sangre. Se quedó horrorizado, el mundo seguía siendo una gran sala de torturas, todo había sido un sueño una ilusión. Era un humano de nuevo y aunque obviamente merecía ser Dios por su carácter amable para con las víctimas inocentes e inermes del maltrato y el abuso perpetuos que se daban en la Naturaleza, no lo era. Todo había sido un bonito sueño. La realidad era cruel y esto no era más que otra demostración de ello.
Alfredo Alfonso Alfalfa de repente sintió pánico, cayó en la cuenta del peligro que había corrido quedándose dormido en plena Naturaleza hostil. Cualquier animal depredador y sanguinario podría haberle atacado en un arrebato de furia animal y, con fruición, devorarlo vivo desgarrando sus miembros con sus colmillos y garras mientras engullía su cadáver y bebía su sangre. ¡Oh, qué terrible posibilidad! Estaba aterrado. Menos mal que siempre llevaba su teléfono móvil encima para estos casos de emergencia. Al recordarlo, recuperó la calma y levantándose emprendió el regreso a su casa, que por cierto estaba a menos de trescientos metros de la zona verde en que se encontraba Alfredo. 
Mientras, Dios, en la gloria, hacía frente a una profunda crisis existencial y dudaba de sí mismo, es decir, era agnóstico. Tras entrar en éxtasis místico decidió abandonar su puesto y volverse ateo. Un error lo tiene todo dios, pero un dios que se equivoca tanto lo mejor es que dimita.
Lo más curioso del caso es que a partir de ese momento no se notó en absoluto su ausencia. Todo siguió su curso natural. La muerte continuó siendo el final de la vida individual y un paso más en la evolución de la vida en general, los animales libres siguieron valiéndose del dolor para mantener el contacto con la realidad y evitar daños mayores y, por desgracia, algunos enanos con delirios de grandeza, falta de humildad y fuertes desequilibrios mentales siguieron tratando de poner orden en el orden preexistente que a ellos les quedaba grande, jugando a ser dioses y asegurando que Dios lo quiso así.
¡De los bienintencionados líbranos Señor!






[1] Cuento extraído de Historias desde el Lado Oscuro (E=m.c2,2004,); © 2004, E=m.c2.

domingo, 30 de abril de 2017

ALGUNAS RESPUESTAS A UN ANARCOVEGANO


ALGUNAS RESPUESTAS A UN ANARCOVEGANO
Hace ya varios años (2013) un anarquista vegano envió varios correos electrónicos a Último Reducto haciendo varias preguntas y críticas acerca de las ideas de Ted Kaczynski y de Último Reducto. A continuación se ofrece una adaptación de las repuestas dadas por Último Reducto a algunas de dichas preguntas y críticas que pueden resultar de interés para los lectores de este blog y servir, de momento, para aclarar ciertos aspectos acerca de las ideas tanto de Ted Kaczynski como de Último Reducto:
-   Preguntas cuáles son mis ideas respecto a “cosas como la civilización, las sociedades de masas, la tecnología, la decadencia de la humanidad, etc.”. Odio la civilización, las sociedades de masas y la tecnología moderna. Creo que somos una especie genéticamente adaptada por la evolución a vivir en pequeños grupos nómadas de cazadores-recolectores, por lo que no estamos en absoluto adaptados para vivir en sociedades grandes y complejas ni para cumplir con sus exigencias (cooperación, solidaridad y relación pacífica y amistosa con desconocidos, aglomeración poblacional, ruidos, excesivas normas de conducta y restricciones, exceso de comodidades, condiciones que generan la frustración de muchas necesidades psíquicas, etc.) y de ahí muchos de nuestros problemas actuales (especialmente los trastornos psicológicos y las conductas antinaturales cada vez más abundantes entre la población moderna). Otros muchos problemas son efectos inevitables del gran tamaño, de la complejidad y/o la propia naturaleza de la tecnología moderna y de la sociedad industrial que ésta mantiene: destrucción de ecosistemas salvajes, contaminación, interferencia en los mecanismos de autorregulación de los sistemas no artificiales, progresiva sustitución de dichos sistemas por sistemas artificiales (incluida la progresiva sustitución de los seres humanos por máquinas), etc. 
Pero igualmente odio la mayoría de las formas presuntamente rebeldes en que algunos pretenden estar combatiendo esta sociedad y sus problemas. Odio el humanismo (entendido como toda corriente que ensalce "lo humano", "la humanidad" -que normalmente confunde, no por casualidad, con "lo civilizado"-), ya que desprecia lo salvaje y antepone siempre "lo humano" al resto. Odio el progresismo, entendido como toda aquella corriente que defiende alguna noción de "progreso" (creencia en que el desarrollo es algo incuestionablemente bueno), ya que con sus buenas intenciones favorece la expansión del mal (el desarrollo del sistema tecnoindustrial). Y odio el izquierdismo, entendido como toda corriente que tenga como valores y objetivos fundamentales la igualdad, la solidaridad, la paz, la justicia, etc. (ejemplos: anarquismo, comunismo, socialismo, luchas por los derechos de grupos supuestamente oprimidos -mujeres, inmigrantes, homosexuales, animales, trabajadores, minorías étnicas, etc.-). El izquierdismo es la forma de humanismo más habitual hoy en día, ya que en realidad defiende valores beneficiosos para el mantenimiento y desarrollo del sistema tecnoindustrial. Y no sólo odio el izquierdismo porque defiende, de forma más o menos explícita, los valores y objetivos del propio sistema tecnoindustrial, sino porque está sirviendo de mecanismo para anular y desactivar la posible auténtica rebeldía en contra del sistema. Está atrayendo a gente potencial o realmente inquieta, rebelde y crítica que o bien acaba abrazando valores, ideas y objetivos que no son los verdaderamente suyos y que en realidad ayudan a aquello que en un principio querían combatir, o bien acaba frustrada y desencantada y deja de rebelarse. Por ello no me siento identificado con la mayor parte del ecologismo, ni con la mayor parte de quienes dicen cuestionar la sociedad industrial, el progreso y la tecnología moderna, ya que lo suelen hacer desde posicionamientos izquierdistas, humanistas e, irónicamente, progresistas. O, como mínimo, suelen tener tal cacao mental que mezclan valores correctos, como el respeto a la autonomía de lo Salvaje o el amor por la Naturaleza, con los valores y objetivos del sistema tecnoindustrial (los valores y luchas humanistas, progresistas e izquierdistas). 
-   Dices que no crees que un grupo reducido de personas puedan hacer el más mínimo daño al sistema tecnoindustrial. Es una pena que mucha de la gente que realmente odia el sistema tecnoindustrial crea que es imposible destruirlo y/o esté manifestando su muy justificada rebeldía de forma ciertamente ineficaz. Hasta cierto punto, precisamente esa actitud derrotista y esa desorientación en los valores y objetivos están dificultando mucho el surgimiento de un movimiento realmente rebelde y eficaz que pueda tener, llegado el momento, alguna opción de destruir el sistema. Si el sistema no se puede destruir, es en buena medida (aunque no sólo por eso) debido a que la mayoría de quienes deberían combatirlo no creen que sea posible y/o dedican sus esfuerzos a luchar por alcanzar los fines equivocados (fines compatibles con la supervivencia del sistema; o incluso beneficiosos para su mantenimiento y desarrollo). 
-   En cuanto a que la gente no va a entender lo que Ted Kaczynski dice y que los izquierdistas lo van a tergiversar en su contra, te diré lo siguiente (es mi opinión, aunque creo que Kaczynski te diría algo parecido con otras palabras). Lo importante no es lo que los izquierdistas o aquellos que se dejan influir por ellos digan de nosotros (de Ted Kaczynski o de Último Reducto, por ejemplo), sino que se mantengan alejados del potencial movimiento contra la sociedad tecnoindustrial que desearíamos que surgiese. Y para ello, está bien marcar claramente los límites e incluso dar un discurso incompatible con el izquierdismo que "espante" a los izquierdistas, aunque ello haga que nos odien y vilipendien (mejor eso que tenerlos "a favor", contaminando, absorbiendo y apropiándose de nuestro discurso). Quienes sean realmente inteligentes y válidos y no compartan los valores y la actitud izquierdistas siempre encontrarán el modo de no caer en las mentiras del izquierdismo (o de acabar desvelándolas y deshaciéndose de ellas) e incluso entrar en contacto con otros individuos similares y con sus ideas (como por ejemplo, con las de Kaczynski). Además, nuestro propósito no es llegar a cualquiera, a las masas, sino a aquellos individuos que podrían estar realmente interesados en nuestras ideas porque, en cierto modo, ya las comparten y han llegado a ellas por su cuenta, ya que sería entre esa minoría donde se hallarían los potenciales miembros de un movimiento realmente contrario al sistema tecnoindustrial. Lo peor que nos pueden llamar los izquierdistas no es sexistas, fascistas, racistas, homófobos, derechistas, etc. -eso lo hacen con cualquiera que no les siga la corriente-, sino "compañeros" (y muchos lo hacen; especialmente muchos anarquistas presuntamente contrarios al sistema tecnoindustrial pero fuertemente influenciados por ideas y valores izquierdistas, e incluso involucrados en luchas izquierdistas).
Por otro lado, acabar con el izquierdismo no es nuestro objetivo. Atacamos el izquierdismo sólo porque es un requisito imprescindible para tratar de mantener sano, centrado y eficaz el potencial movimiento contrario al sistema tecnoindustrial. El objetivo es destruir el sistema tecnoindustrial no el izquierdismo. A éste es suficiente con mantenerlo alejado de dicho movimiento.
-   En cuanto a lo que dices acerca de que la opinión de Ted Kaczynski en contra del veganismo y del movimiento por los derechos de los animales es equivocada, yo estoy de acuerdo con los argumentos de Ted, o sea que el veganismo ayudaría al sistema a sobrevivir y que la lucha contra la explotación de los animales desvía la atención y las energías del objetivo prioritario: acabar con la sociedad tecnoindustrial.
El veganismo (me refiero aquí sólo a la dieta vegana, que es la acepción más habitual de "veganismo", no al modo de vida vegano) es energéticamente más eficiente que el omnivorismo. Es pura termodinámica. Si se eliminan eslabones en la cadena trófica, se reducen las pérdidas de energía, es decir, aumenta la eficacia en el aprovechamiento energético del alimento. Esto quiere decir que si todo el mundo se hiciese vegano se ahorraría mucho alimento, y con ello mucha de la energía y materiales necesarios para producirlo. O dicho de otro modo (y mejor dicho), al desviar o sustituir para el consumo humano directo el alimento que ahora se cultiva para alimentar a los animales de granja, se podría alimentar a mucha más gente con el mismo gasto de energía y materiales. Esto no lo digo sólo yo, ni ciertos científicos, lo dicen la mayoría de los propios veganos (es uno de sus principales argumentos, aparte de los motivos éticos). Es decir, la generalización del veganismo ayudaría a la sociedad tecnoindustrial a ahorrar energía y materiales, o más bien, a usarlos más eficientemente para poder así mantenerse e incluso crecer. Y de hecho, cada vez se escuchan más voces en los medios reivindicando la generalización de una dieta vegetariana (e incluso vegana) en base a este argumento. Y si alguna vez el vegetarianismo, o incluso el veganismo, se generaliza, lo hará por este motivo (porque las circunstancias de escasez y superpoblación obliguen a la sociedad tecnoindustrial a adoptarlo para poder sobrevivir; algo que, en gran medida, ya pasó en la India hace miles de años), no por motivos éticos (éstos podrían ser usados después para justificar y mantener ideológicamente dicha adopción -esto es lo que las sociedades hacen siempre con la moral-, pero es muy poco probable que la provocasen por sí mismos).
Dices que es más importante y prioritaria la abolición de la esclavitud de los animales que la eliminación del sistema tecnoindustrial. Discrepo profundamente. Y no porque crea que la esclavitud de los animales no es algo que esté mal, sino por los dos siguientes motivos meramente prácticos: 
+ Si el sistema tecnoindustrial sigue adelante llegará un momento en que no quede prácticamente nada sin dominar, pervertir o destruir en este planeta. Si el sistema sigue adelante llegará un momento en que hablar de la libertad (de los animales no humanos o de los seres humanos) carezca de sentido, porque será imposible vivir libres en semejante mundo hipertecnologizado. Los ecosistemas salvajes habrán desaparecido completamente, junto con muchas de las especies que los componen. ¿Dónde podrán vivir libres los animales en dicho mundo? Las personas (y con ellas probablemente los animales domésticos) serán completamente dependientes de la tecnología moderna para mantenerse vivos, en caso de que aún no hayan sido sustituidos completamente por máquinas. ¿Cómo podrán ser libres en esas circunstancias? La libertad depende de que las circunstancias la hagan posible, por eso es más importante y urgente tratar de evitar que las circunstancias que la hacen posible desaparezcan completa y definitivamente en un futuro que tratar de liberar a los individuos (humanos o no) ahora.
+  Perseguir fines loables pero imposibles nos desvía de fines que sí son posibles (y no menos loables). Destruir el sistema tecnoindustrial (y con ello asegurar que seguirán existiendo condiciones que permitan la libertad de al menos algunos animales, humanos o no) es factible (luego vuelvo con esto), liberar definitivamente a todos los animales no. No digo que no sea un fin deseable, digo que es imposible. Al menos mientras existan seres humanos[1] existirán animales esclavos. Los seres humanos no van a abandonar unánimemente la domesticación de animales. Siempre habrá gente (probablemente la mayoría) que la practique si tiene la ocasión y las circunstancias lo favorecen. La única posibilidad de evitarlo sería la instauración de una especie de dictadura a nivel mundial que prohibiese la esclavitud de los animales e implantase unas férreas vigilancia y represión y una continua e intensa propaganda para evitar que la gente practicase la domesticación de animales en cualquier lugar del planeta. Esto último es muy poco probable que llegue a suceder (¡por suerte!). E incluso, si llegase a suceder, supondría el mantenimiento de la sociedad tecnoindustrial, ya que sería imposible mantener semejante aparato represivo y propagandístico mundial sin una tecnología compleja
Además de lo dicho, tengo algunas otras razones mías propias (y creo que sensatas) para no comulgar ni con el veganismo ni con la mal llamada "liberación animal". Y quede claro que creo que los animales deberían ser libres y salvajes (precisamente por esto no comulgo con dichas corrientes y movimientos).
Mis otros motivos para no comulgar con el veganismo ni con el movimiento por los derechos de los animales ni con la, habitualmente mal llamada, "liberación animal" son:
+  No creo que el veganismo signifique automáticamente mejor salud en todos los casos. Somos omnívoros (cazadores-recolectores) por naturaleza (lo de que somos veganos por naturaleza es uno de los muchos mitos de la propaganda vegetariana), lo cual hace que podamos adaptarnos a muchas formas de dieta, desde las basadas casi estrictamente en alimentos vegetales hasta las basadas estrictamente en alimentos animales. Pero adaptarse a unas condiciones es una cosa y otra muy distinta es que esas condiciones sean las adecuadas u óptimas. Además, somos muy diversos a nivel individual y unos individuos se adaptan y reaccionan mejor que otros a las mismas condiciones. En el caso del veganismo, hay de todo. A alguna gente parece no causarles problemas de salud y a otros, sin embargo, prácticamente los mata (yo he conocido de cerca casos de desnutrición grave en personas que seguían la dieta vegana correctamente). Eso sin contar con que en un mismo individuo que tolere el veganismo, el estado físico es mejor con una dieta omnívora sana y variada que con una dieta vegana (puede estar sano y relativamente fuerte siendo vegano pero, en igualdad del resto de condiciones, siendo omnívoro estará aun mejor). Es decir, que la adopción generalizada del veganismo no mejoraría la salud de la población en general, sino que, en muchos casos, la empeoraría. De hecho, sospecho que, en el caso de muchos veganos, si no se producen más problemas de desnutrición es porque consumen productos alimenticios de origen industrial (proteína sintetizada a partir de la soja, alimentos exóticos, alimentos enriquecidos artificialmente con vitaminas y otros nutrientes, suplementos de vitaminas en pastillas o inyectados, etc.), es decir, su dieta es tan artificial o más que la del resto de la población. Una dieta vegana exclusivamente basada en alimentos no tratados industrialmente, cultivados en el entorno cercano y según la temporada, sin suplementos ni aditivos nutricionales, probablemente sería inviable en muchos casos y en muchas zonas del planeta. Y si para mantener la salud de la población vegana hace falta incluir suplementos nutricionales industrialmente producidos o alimentos exóticos y producidos de manera industrial, entonces el veganismo es dependiente de la tecnología moderna, no incompatible con ella. No veo claro que la adopción generalizada del veganismo llevase necesariamente a la eliminación del sistema tecnoindustrial, sino más bien al contrario (incrementaría la dependencia del mismo). E incluso dejando esto último de lado, la adopción generalizada del veganismo, tal y como es entendido por la mayoría de los veganos (como la dieta vegana más el rechazo del consumo de productos de origen animal o testados con animales), es totalmente compatible con la existencia de una sociedad tecnoindustrial. Sería perfectamente posible que llegase a existir una sociedad tecnoindustrial en la que toda su población llevase una dieta vegana y no usase productos de origen animal ni probados en animales.
+  La inmensa mayoría de quienes dicen defender o luchar por los derechos de los animales y/o por su "liberación", en realidad no están defendiendo en absoluto la libertad de los animales, sino sólo su vida o/y su bienestar. O dicho de otro modo, la libertad no es el valor central (ni a menudo siquiera secundario) de las corrientes y movimientos animalistas, sino la sacralidad de la vida individual (o la supuesta maldad absoluta de la muerte) y/o el bienestar (o la supuesta maldad absoluta del sufrimiento). No luchan realmente contra la esclavitud de los animales, sino principal o exclusivamente contra su muerte o contra su maltrato. El discurso habitual de la mayoría de los grupos y corrientes animalistas tiene como fines centrales el mantenimiento de la vida individual (o, dicho de otro modo, la evitación de la muerte) y/o el bienestar (o, dicho de otro modo, la evitación del maltrato) de los animales. La mayoría de quienes simpatizan con o militan en dichos grupos o corrientes nunca se han parado a pensar seriamente en qué valores defienden realmente ni en sus implicaciones. Nunca se paran a preguntarse si es más importante ser libre que seguir vivo o ser libre que no sufrir; si morir o matar es siempre algo tan malo; si vivir es siempre algo tan bueno; si sufrir o hacer sufrir a otros es siempre algo malo y si no hacerlo es siempre algo bueno; si ser libre es siempre compatible con no matar –o incluso con no morir- y/o con no hacer daño o no sufrirlo. O si alguna vez lo hacen, lo hacen de manera puramente anecdótica y no llegan a relacionar esas cuestiones con los valores en que se basa el discurso animalista que defienden acríticamente. Simplemente repiten los esquemas y eslóganes del discurso animalista habitual, y se quedan contentos tratando de evitar que se mate y/o maltrate a ciertos animales, convencidos de que lo que apoyan es correcto. Su buena intención es mucho mayor que su capacidad de reflexión y que su espíritu crítico. Pero la buena intención es a menudo causa de los peores males.
Por otro lado, los pocos que se paran a pensar mínimamente en ello, entre los que se hallan aquellos filósofos y activistas que dan forma al discurso y la ideología animalistas e influyen sustancialmente en el rumbo de esas corrientes, son aun más peligrosos, porque por lo general asumen conscientemente que la vida individual y/o el bienestar están por encima de la libertad. Para ellos lo malo no es la domesticación de los animales, lo malo es que se les mate y/o se les maltrate. De hecho, muchos de ellos no otorgan valor alguno a la libertad, e incluso la consideran mala (la verdadera libertad conlleva inevitablemente cierto grado de sufrimiento, propio y ajeno y conlleva necesariamente un número importante de muertes, tanto la propia, llegado el momento, como muchas otras ajenas). Un mundo en que todos los animales fuesen libres sería un mundo lleno de depredación, parasitismo, lesiones, enfermedades, etc., algo que aterra a esta gente; algo que odian profundamente. ¡Esta gente odia lo salvaje! Por eso su fin y/o su ideal, es lograr evitar que los animales mueran y/o sufran, no que sean libres. De hecho, los más "lúcidos" de entre ellos saben que para lograr evitar la muerte o el sufrimiento del máximo número posible de animales, deberán impedir que éstos sean libres ya que los animales libres se dañarán entre sí (depredación, parasitismo, peleas, etc.) o a sí mismos (accidentes). Es pura lógica, si lo que importa es evitar la muerte y/o el sufrimiento, entonces hay que acabar con la libertad y con lo salvaje. Partiendo de la asunción consciente de esos valores se han desarrollado diversos delirios ideológicos dentro del movimiento por los derechos de los animales, que van desde disparatados debates acerca de qué deberían hacer los animalistas con los animales depredadores (la depredación en la Naturaleza es causa de muchas más muertes al año que la industria ganadera o la vivisección, ¿deberían los animalistas centrarse en combatirla? ¿Habría que encerrar a los depredadores y controlar su alimentación artificialmente para convertirlos en veganos o habría que exterminarlos? ¿Cómo controlar entonces la población de los herbívoros? ¿Esterilizándolos?) hasta la defensa de un superestado animalista que controle tecnológicamente no sólo la sociedad humana sino el conjunto de la biosfera para evitar la muerte y/o el sufrimiento de los animales (cómo sería posible crear y usar el inmenso sistema tecnológico que sería necesario para ello sin causar la muerte y el sufrimiento de millones de animales a su vez es algo que normalmente ni se les ocurre plantear). Lo más triste es que la mayoría de quienes repiten ingenuamente como loros los eslóganes animalistas básicos (esos ingenuos bienintencionados que no se paran a reflexionar sobre los valores que están apoyando realmente) ni siquiera conocen esta otra cara del movimiento animalista. Y sin embargo, ésta es la consecuencia lógica y "natural" del desarrollo de los valores en que se está basando esa corriente.
Y más triste aun es que muchos de quienes dicen tener como valores lo salvaje, la libertad, lo primitivo, etc., pero apoyan la comúnmente mal llamada "liberación animal" (ahora sabes por qué considero que "liberación" no es el término adecuado en la mayoría de los casos), o sea, muchos anarquistas, anarcoprimitivistas y similares, no saben tampoco lo que están apoyando realmente. Esta gente debería pararse a pensar seriamente y preguntarse qué es lo más importante para ellos, ¿defender la libertad y lo salvaje y combatir lo que los destruye o acabar con la muerte y el sufrimiento de los animales (humanos o no)?; qué es lo que realmente desean conseguir y qué están ayudando a conseguir realmente, ¿la libertad de los animales o la dominación bienintencionada del planeta? Pero, en la mayoría de los casos, por lo que conozco, pedirle a esta gente pensar seriamente y aclararse es pedirle demasiado...
+  Una cuestión de mera estadística, pero uno de los motivos principales para no preocuparse de ser vegano: lo que haga o deje de hacer en privado un sólo individuo anónimo (o unos pocos individuos anónimos) no tiene influencia alguna en las tendencias generales de una sociedad de masas. La coherencia práctica personal o muy minoritaria (por ejemplo, la práctica del veganismo) es completamente ineficaz como método estratégico para incidir en la sociedad. En el caso que nos ocupa, uno puede dejar de comer lo que le dé la gana o dejar de usar lo que quiera que ello no va a hacer que se esclavicen menos animales (ni siquiera hará que mueran o sufran menos), a no ser que logre que un número de personas suficientemente grande también haga lo mismo. Y para lograr eso, lo de menos es si él mismo es vegano o no. Porque eso sólo se puede conseguir mediante un aparato propagandístico sofisticado y/o mediante la imposición por la fuerza desde el poder. O sea, que si alguien realmente quiere que el veganismo llegue a tener influencia real y permanente en el mundo deberá desarrollar y mantener unos medios muy elaborados de control y manipulación del pensamiento y del comportamiento (y para ello es necesaria la existencia de un sistema tecnoindustrial) y/o hacerse o aliarse con el poder para que lo apoye, o mejor aún, lo imponga (este último método es el que permitió, por ejemplo, al cristianismo y al budismo llegar a ser religiones influyentes en sus sociedades).
-  Preguntas cuál es el objetivo que se perseguiría con la destrucción del sistema tecnoindustrial. El objetivo de la destrucción del sistema tecnoindustrial sería impedir que la Naturaleza salvaje en la Tierra sea completamente sometida y/o destruida por dicho sistema. Quizá parezca un objetivo pobre a quienes sueñan con acabar con toda dominación o con eliminar la civilización, o con instaurar utopías y “mundos felices” de todo tipo pero, al contrario que estos fantasiosos fines, la destrucción del sistema tecnoindustrial tiene a su favor que es un fin posible, realista (hay una pequeña posibilidad de alcanzarlo).
-  Dices, “Si el sistema se puede destruir -cosa que dudo- será porque las personas cambiarán definitivamente, reduciendo su población drásticamente, restringiendo la tecnología o adoptando una tecnología simple, y abandonando paulatinamente sus mitos”. Sin embargo, la gente, en general, no va a cambiar, por una sencilla razón: son humanos. Los humanos tienen una naturaleza, es decir, unas tendencias psicológicas innatas, unas pautas de comportamiento y pensamiento propias de la especie que hacen que eso de “concienciar a todo el mundo” (o a la mayoría) de lo que sea, resulte una ingenuidad. La única forma de hacer cambiar realmente y de forma permanente a todo el mundo sería cambiando esa naturaleza (modificación genética). Y en ese caso dejarían de ser humanos. Los seres humanos, entre otras cosas, suelen anteponer el interés propio al ajeno, la comodidad al esfuerzo y lo inmediato al largo plazo y la gran escala. Ya sólo estos rasgos humanos (desarrollados evolutivamente porque favorecían sobrevivir y prosperar en la Naturaleza salvaje y en pequeños grupos familiares) hacen que resulte imposible cambiar permanentemente y por las buenas el comportamiento de la mayoría de la gente (o que cambien por sí mismos) para que adopten modos de vida y sociedad “más éticos”. Sólo mediante el engaño (propaganda sofisticada) y/o la fuerza se puede cambiar dicho comportamiento, y sólo hasta cierto punto (la plasticidad del comportamiento humano tiene unos límites, más allá de los cuales, los trastornos psicológicos derivados de forzar la naturaleza humana son demasiado graves y el cambio es inviable; y además, en cuanto cesan la presión propagandística y/o la represión, la gente tiende a volver a comportamientos más acordes con su naturaleza, que suelen ser muy distintos de los que quienes manejaban la propaganda o usaban la represión deseaban lograr y mantener).
-  Dices, “suponiendo que la destrucción del sistema es literal, ya que no se busca cambiar a las personas y que descubran la trampa tecnológica, ¿cómo se destruye?”. La línea estratégica general a seguir no es ni convencer a la mayoría de la gente de que la tecnología moderna es mala y debe ser abandonada (algo imposible, aunque sólo sea porque la mayoría de la gente jamás va a entender nada que vaya más allá de ideas simples y desconectadas entre sí) ni montar un grupo minoritario que se líe a atacar y desmantelar el sistema tecnoindustrial aquí y ahora (el sistema ahora es demasiado fuerte como para poder dañarlo seriamente en la actualidad). Para que un movimiento contra el sistema tecnoindustrial tenga alguna opción de éxito ha de producirse un debilitamiento del sistema tecnoindustrial. Es probable que dicho debilitamiento se produzca, antes o después, en forma de una grave crisis ecológica, social y/o económica. En ese momento de grave debilidad del sistema, un movimiento fuerte y bien organizado (que no necesariamente habría de ser muy grande) podría dar el golpe de gracia a ese sistema tecnoindustrial ya gravemente dañado. Por eso, es importante que dicho movimiento se desarrolle antes de que surja dicha crisis para poder aprovechar la oportunidad, en caso de que ésta llegue. 
Por supuesto, puede que los métodos que se tuviesen que usar, llegado ese momento, para acabar con la sociedad tecnoindustrial no fuesen precisamente del agrado de los anarquistas (puede que tuviesen que tomar y ejercer el poder de algún modo y puede que tuviesen que usar métodos represivos, engañar a la mayoría de la población o incluso matar o dejar morir a muchas personas, entre otras cosas poco escrupulosas). El fin justifica los medios, al menos en este caso.
-  Dices que si se consiguiese destruir el sistema habría que “eliminar todo residuo del mismo con el fin de que no se volviera a producir”. Sería imposible eliminar todo residuo del sistema tecnoindustrial, al igual que sería imposible evitar que quizá volviese a surgir dentro de muchos años, pero el objetivo no ha de ser ése, sino simplemente destruir el sistema tecnoindustrial actual. Como ya he dicho, hay que ser prácticos y centrarse en lo que es realmente posible conseguir.
De todos modos, un sistema tecnoindustrial es una forma de sociedad tremendamente compleja. Una vez se viniese abajo, sería muy difícil volver a reconstruirlo (quizá sería posible que volviese a ser desarrollado, pero llevaría siglos), pues ello requeriría reconstruir muchas infraestructuras que ya no existirían y que tardaron siglos en desarrollarse: formas sofisticadas de extraer y usar energía, tecnologías complejas que sirven de base a otras tecnologías aun más complejas, etc. Habría que volver a pasar por todos los pasos por los que ha pasado previamente la sociedad desde la era preindustrial hasta nuestros días. Y puede incluso que ya no sea posible repetir ciertos pasos.





Último Reducto

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[1] Es muy poco probable que la especie humana se extinga sin a la vez llevarse por delante todas o la mayoría del resto de especies animales. La especie humana probablemente sobreviviría al colapso del sistema tecnoindustrial siempre y cuando éste no implicase la destrucción total de la biosfera. En tal caso, muchos de los supervivientes practicarían la ganadería si tuviesen ocasión, y sería imposible evitarlo. No se me ocurre ninguna forma realista de acabar con la domesticación de animales tras el colapso de la sociedad tecnoindustrial, del mismo modo que no se me ocurre ninguna forma realista de impedir que sobrevivan o se restauren la civilización, la agricultura, la dominación entre humanos, etc., en dichas circunstancias.