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jueves, 14 de agosto de 2025

En busca del ecoterrorismo

 

Nota de Último Reducto: como complemento a este artículo se recomienda leer también: “Comentarios sobre ‘En busca del ecoterrorismo’” (https://ultimoreductosalvaje.blogspot.com/2025/08/comentarios-sobre-en-busca-del.html).


En busca del ecoterrorismo: el crucial caso de Unabomber

Por Sean Fleming

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INTRODUCCIÓN

Una de las principales conclusiones de los estudios recientes sobre violencia política es que los ecologistas rara vez, o incluso nunca, recurren a la violencia letal. Aunque los casos de sabotaje motivado por la defensa del medioambiente son comunes, casos de asesinato motivado por la defensa del medioambiente son difíciles de encontrar (Carson, LaFree, y Dugan 2012; Hirsch- Hoefler y Mudde 2014; Loadenthal 2017; Taylor 1998; 2003). Por lo tanto, muchos estudiosos han argumentado que “ecoterrorismo” es un término equivocado para lo que, de forma más precisa, se debería denominar “ecotaje” (Amster 2006; Cooke 2013; Loadenthal 2014; Smith 2008; Sumner y Weidman 2013; Vanderheiden 2005; Wagner 2008; Woodhouse 2014). Según las laxas definiciones de terrorismo utilizadas por muchos de los organismos encargados de hacer cumplir la ley, las cuales abarcan cualquier “uso ilegal de la fuerza o la violencia contra personas o bienes” con “objetivos sociales o políticos” (Pomerantz 1987, 14-5), el sabotaje motivado por la defensa del medioambiente es terrorismo. Sin embargo, los críticos insisten en la distinción entre violencia contra la propiedad y violencia contra las personas. “Hay una diferencia fundamental”, argumentan Sumner y Weidman (2013, 868), “entre destruir vehículos todoterreno y pilotar un avión lleno de gente para hacerlo estrellarse contra un edificio lleno de gente”. En su opinión, considerar que destruir todoterrenos es terrorismo sería tan absurdo como considerar que robar todoterrenos es secuestro.

Sin embargo, el debate sobre el ecoterrorismo va mucho más allá de la terminología. La ausencia de ataques mortales por parte de los activistas ecologistas es sorprendente, independientemente de cómo se defina el terrorismo. Incluso si el sabotaje por motivos políticos constituye terrorismo, no deja de ser llamativo que los activistas ecologistas se hayan limitado al “terrorismo” contra la propiedad. La generalización de que los ecologistas no recurren a la violencia letal -que denominaré Tesis del Ecologista Pacífico- parece ser una de las generalizaciones más sólidas que ofrece la ciencia política contemporánea. A diferencia de la Tesis de la Paz Democrática, que está notoriamente plagada de salvedades y condiciones para su aplicabilidad, la Tesis del Ecologista Pacífico puede enunciarse con una potente simplicidad: los activistas ecologistas no matan gente.

Sólo hay unos pocos presuntos contraejemplos a esta generalización. En su histórico estudio de 11.562 incidentes ilegales asociados a los movimientos ecologista y de defensa de los derechos de los animales desde 1973 hasta 2010, Loadenthal (2017) sólo encontró cuatro atentados mortales. Uno de ellos fue el asesinato en 2002 del político populista holandés Pim Fortuyn a manos de un activista a favor de los derechos de los animales llamado Volkert van der Graaf. Este atentado es un dudoso contraejemplo de la Tesis del Ecologista Pacífico por dos razones. En primer lugar, aunque hay solapamientos entre los movimientos por los derechos de los animales y los movimientos ecologistas, es un error confundirlos. Carson, LaFree y Dugan (2012, 307) han descubierto que “en comparación con los extremistas ecologistas, los grupos radicales de derechos de los animales tienen más de cinco veces más probabilidades de atentar contra las personas”. Identificaron tres casos de asesinatos llevados a cabo por activistas de los derechos de los animales, pero ninguno por activistas ecologistas (véase también Taylor 2003, 180; 2004, 244-6). En segundo lugar, el asesino de Fortuyn no estaba aparentemente motivado ni por la defensa de los derechos de los animales ni por el ecologismo. Van der Graaf afirma haber matado a Fortuyn para proteger a los musulmanes de la persecución política (Evans-Pritchard y Clements 2003; Taylor 2003, 177). Los otros tres atentados mortales del conjunto de datos de Loadenthal (2017) fueron perpetrados por Ted Kaczynski, el terrorista interno estadounidense conocido como “Unabomber”. Entre 1978 y 1995, Kaczynski llevó a cabo una campaña de atentados en nombre de la “naturaleza salvaje”, en la que murieron tres personas y otras 23 resultaron heridas. Sin embargo, su relación con el ecologismo es discutida. Mientras que algunos lo consideran un ecoterrorista paradigmático (Arnold, 1997; Barnett, 2015), otros sostienen que su afirmación de luchar por la naturaleza era poco sincera y puramente retórica (Chase, 2004; Sale, 1995).

Como uno de los pocos casos posibles de terrorismo por motivos medioambientales, el caso Unabomber es un “caso crucial” para la Tesis del Ecologista Pacífico (Eckstein 1975; George y Bennett 2005; Gerring 2007). Si Unabomber es ecologista, constituiría un importante contraejemplo a la generalización de que los ecologistas no recurren a la violencia letal; un contraejemplo que exige una explicación. Si no es ecologista, la Tesis del Ecologista Pacífico es aún más sólida de lo que sugiere la investigación anterior, porque el principal contraejemplo resultaría ser ilusorio. Por supuesto, una generalización no puede demostrarse ni refutarse con un solo caso. Pero cuando una generalización tiene pocos contraejemplos aparentes, un solo caso puede marcar una diferencia inusualmente grande en la solidez de la generalización. El caso de Unabomber es, por tanto, “crucial” para determinar la firmeza de la Tesis del Ecologista Pacífico. Mientras que una generalización con una sola excepción es muy sólida, una generalización sin excepciones es el santo grial de las ciencias sociales.

Unabomber es importante no sólo como piedra de toque para las teorías sobre el ecoterrorismo, sino también, más ampliamente, como figura influyente en la política radical contemporánea. Su manifiesto de 35.000 palabras, “Industrial Society and Its Future”, fue publicado conjuntamente por The Washington Post y The New York Times en septiembre de 1995 (Kaczynski 1995a). Se ha traducido a más de una docena de idiomas y es una fuente de ideas e inspiración para radicales de todo el espectro político, desde anarquistas a neofascistas (Fleming 2022; Hughes, Jones y Amarasingam 2022; Lubrano 2023). Sin embargo, existe poca literatura académica sobre la ideología de Kaczynski (Corey 2000; Luke 1996; Moen 2019; Taylor 1998), y ninguna de las publicaciones existentes ha hecho uso del material de archivo disponible.

El propósito de este artículo es evaluar la relación de Kaczynski con el ecologismo. Adopto aquí un enfoque dual del análisis de las ideologías, que combina lo que Freeden (1996, 3) denomina análisis “morfológico” de las estructuras conceptuales de las ideologías con el análisis “genético” de sus orígenes intelectuales. Me baso en material de archivo, no examinado previamente, de la Colección Joseph A. Labadie de la Universidad de Michigan y de la Colección UNABOM de la Universidad Pennsylvania del Oeste. Mi análisis demuestra que la ideología de Kaczynski no es ecologista, ni en su origen ni en su estructura. Aunque tiene algunas afinidades con el ecologismo radical, el anarquismo verde y el ecologismo de derechas, no encaja en ninguna de estas categorías. La ideología de Kaczynski tampoco es un tipo idiosincrásico de ecologismo que pertenezca a una categoría propia. Casi ninguna de sus ideas procede de fuentes ecologistas y sus motivaciones eran decididamente antitecnológicas más que proecológicas. Sin embargo, la Tesis del Ecologista Pacífico no sale indemne. Aunque el propio Kaczynski no es un contraejemplo creíble, su caso apunta hacia otros contraejemplos convincentes.

El artículo consta de cinco secciones principales. La primera explica mi enfoque y método y describe las pruebas de archivo que utilizo. La segunda sección examina la afirmación habitual de que Kaczynski no estaba, de hecho, motivado por las ideas que expuso en su manifiesto. Esta afirmación, de ser cierta, supondría un atajo hacia mi conclusión de que su violencia no estaba motivada por la defensa del medioambiente, sin embargo no se sostiene frente a las pruebas. Las tres secciones siguientes evalúan las supuestas afinidades de Kaczynski con tres ideologías ecologistas: el ecologismo radical, el anarquismo verde y el ecologismo de derechas. La conclusión reevalúa la Tesis del Ecologista Pacífico a la luz del caso Unabomber y extrae algunas implicaciones más amplias para el estudio de las ideologías políticas y la violencia política.

                                   [Este texto es mucho más largo, para leerlo haz clic aquí]

sábado, 30 de julio de 2022

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA X: sobre la guerra entre Ucrania y Rusia, y las dinámicas del sistema tecnoindustrial mundial.

 


ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA X: sobre la guerra entre Ucrania y Rusia, y las dinámicas del sistema tecnoindustrial mundial.

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A: ¿Qué piensa usted sobre la actual guerra entre Ucrania y Rusia?

Para mí, esta guerra es una prueba del argumento que Ted Kaczynski da en el capítulo 2 de Anti-Tech Revolution, que dice que la selección natural favorece a los sistemas autopropagantes que persiguen el beneficio a corto plazo sin preocuparse por las consecuencias a largo plazo. Y tanto Ucrania como Rusia son dos sistemas tecnológicos que deben ser eliminados tan pronto como sea posible.

Sin embargo, yo creo que Rusia es menos mala en este caso y estoy a favor de Rusia. No tengo buenas razones para apoyar a Rusia. Simplemente odio el hecho de que las grandes compañías tecnológicas de Estados Unidos estén apoyando a Ucrania y la propaganda pro-ucraniana de todos los medios occidentales. Y por lo menos Rusia está destruyendo las infraestructuras tecnológico-industriales de Ucrania.

UR: En realidad no tengo mucho interés en este conflicto y no he buscado mucha información sobre él. Así que no conozco esta guerra muy en detalle. De todos modos, puedo decirle algunas cosas acerca de ella:

·      Es difícil saber la verdad acerca de los sucesos que se están produciendo. Hay desinformación y propaganda sesgada por ambas partes.

·      La competencia y la selección darwinista entre sistemas autoperpetuantes y expansivos (lo que Kaczynski llama “sistemas autopropagantes”) puede tomar muchas formas y ser muy compleja. Las guerras son sólo una de las más ostentosas de dichas formas. Sin embargo, la principal competencia en este caso, en esta guerra, se está produciendo entre los Estados Unidos, la UE y la mayoría de los países  “occidentales” industrializados por un lado y Rusia y algunos de sus aliados (algunas de las antiguas repúblicas soviéticas, por ejemplo) por el otro (y quizá China como una tercera parte; véase más adelante), no sólo ni principalmente entre Rusia y Ucrania.

·      Inclinarse a favor de Rusia sólo porque uno odia la postura protecnológica de los Estados Unidos o porque los Estados Unidos, la UE y otros países “occidentales” muy industrializados apoyan a Ucrania, es similar a apoyar el derechismo sólo porque uno odia el izquierdismo. No me parece una actitud muy racional (por decirlo cortésmente). Los enemigos de nuestros enemigos no siempre son nuestros amigos. Nuestro enemigo es el sistema tecnoindustrial y todos esos países, independientemente del lado en que se sitúen en la guerra, son parte de este sistema.

Y algo semejante podría decirse de la presente tendencia generalizada a posicionarse a favor de Ucrania sólo porque aparentemente es la víctima en este conflicto. Ser una víctima no es siempre necesariamente lo mismo que ser bueno, tener la razón o merecer simpatía o compasión. Los motivos para posicionarse a favor de una de las partes (o de ninguna) deberían ser mucho más racionales y prácticos que meramente las emociones cultural y subjetivamente sesgadas.

·   El sistema tecnoindustrial mundial está constituido por un montón de subsistemas llamados países, pero no todos los países son igualmente poderosos o importantes en la competencia por el poder (“poder” en el sentido de capacidad de influir y controlar las circunstancias) y los recursos (“recursos” en el sentido más amplio del término, es decir, espacio, poblaciones, energía y materiales) dentro del sistema tecnoindustrial mundial. Hoy en día son básicamente tres los bloques que tienen la hegemonía y pueden ser considerados superpotencias mucho más influyentes e importantes que el resto de países:

1) EE.UU., la UE y el resto de países altamente industrializados, llamados “occidentalizados” (Corea del Sur, Japón, Canadá, Reino Unido, Australia, Israel, etc.).

2) Rusia y sus aliados.

3) China.

Y muy probablemente son los que influirán principalmente en el desarrollo futuro  del sistema tecnoindustrial mundial. Al menos en el futuro cercano.

·    Esta guerra, como todas las guerras que implican a superpotencias, viene causada en última instancia por la competencia por los recursos y por los intentos de controlar el acceso a ellos o el comercio y la distribución de los mismos (o de los productos fabricados con ellos). No deberíamos dejarnos engañar por las pantallas de humo idealistas basadas en supuestas causas románticas de la guerra (como los ideales humanitarios, patrióticos o nacionalistas, por ejemplo). Este tipo de ideas románticas e idealistas son sólo un barniz para cubrir las causas materiales reales de las guerras (o los motivos para tomar parte en ellas). Mucho menos deberíamos creernos las explicaciones basadas en la voluntad, la psicología o la personalidad de algunos de los líderes de las partes implicadas (ya sabe, cosas como “Putin es un megalómano” o “Putin es un psicópata”). De nuevo no son más que pantallas de humo. Deberíamos recordar siempre que los sistemas socioculturales funcionan y evolucionan, sobre todo a largo plazo y gran escala, siguiendo  en gran medida dinámicas mecánicas, ciegas, impersonales y no conscientes, fuerzas objetivas que son en su mayor parte independientes de las voluntades individuales. Incluso de las voluntades individuales de sus líderes. Los líderes han de seguir esas dinámicas y han de adaptar su comportamiento a los límites y las restricciones impuestas por esos procesos ciegos y automáticos, y no tanto al revés. Y si no lo hacen, acaban siendo descartados y eliminados y reemplazados por otros líderes más funcionales que se adapten mejor y sigan las dinámicas del sistema –la selección darwinista también actúa aquí.

En el caso de la guerra entre Rusia y Ucrania, sospecho que la guerra tiene mucho que ver con los gaseoductos que traen el gas ruso desde Rusia a Europa occidental. Como ya he dicho, no conozco muy en detalle la situación, de modo que no puedo explicar exactamente y detalladamente cómo el gas está causando e influyendo en esta guerra, pero no dudo que lo esté haciendo, y mucho. Las causas estratégicas también podrían tener un gran peso en este conflicto (por ejemplo, para contrarrestar la supuesta expansión de la OTAN hacia el este), pero en el fondo una causa estratégica es también una causa material y está muy relacionada con obtener o preservar el control sobre los recursos y el comercio.

Una hipótesis explicativa bastante posible podría ser que la guerra de Ucrania podría ser una maniobra geopolítica orquestada por EE.UU. con el fin de forzar a los países de la Unión Europea a cortar su comercio (especialmente de gas natural) con Rusia para que EE.UU. pudiese ocupar el lugar de Rusia como proveedor (es decir, vendedor) y así mantener a la UE en gran medida dependiente económica y físicamente (es decir, en lo que respecta a los recursos) de EE.UU. Para lograr esto, y dado que EE.UU. sabía que Rusia no permitiría que Ucrania se uniese a la OTAN, EE.UU. incitó a la OTAN a comenzar las negociaciones para incluir a Ucrania en su seno, de modo que Rusia acabó invadiendo Ucrania y, entonces, EE.UU. se ha salido con la suya en lo referente a impedir las relaciones comerciales (o al menos obstaculizarlas en gran medida) entre los países europeos y Rusia y que así la UE aumentase aún más su dependencia de EE.UU. al menos de momento. Ya veremos en qué acaba todo al final.

·    No se puede predecir exactamente el resultado de esta guerra, dado que el desarrollo de los sistemas y procesos complejos es en gran medida impredecible más allá de un horizonte de sucesos muy restringido, pero creo que es probable que debido a este conflicto:

a) La UE, y Europa en general, acabe perdiendo acceso a recursos, peso político y económico internacional, etc. No sólo debido a su ubicación geográfica –los países europeos están mucho más cerca de Rusia que los EE.UU., así que se verían directamente afectados si la guerra se expandiese hacia el oeste-, sino sobre todo porque Europa prácticamente carece de recursos propios, depende del comercio mundial para casi todo, de modo que Europa está en una situación muy subordinada (de hecho lo lleva estando cada vez más desde hace muchas décadas; al menos desde finales de la era colonial)  y si los canales comerciales internacionales cambian debido a la guerra o si los precios suben, etc. entonces Europa estará en una situación muy difícil. Los subsistemas (es decir, en este caso los países o grupos de países) del sistema tecnoindustrial mundial, sobre todo aquellos que no son superpotencias, son en la actualidad demasiado dependientes de los demás países como para cortar real y completamente la mayoría de sus relaciones mutuas. Las relaciones entre ellos pueden cambiar a lo largo del tiempo, inclinándose hacia un lado u otro dependiendo del país y de la situación, pero ningún país puede ser completamente autosuficiente. En concreto, la relación de la UE con Rusia está empeorando debido a la actual postura proucraniana de la mayoría de sus miembros (aunque esto podría cambiar con el tiempo y probablemente lo haga) y ello afectará negativamente al acceso de éstos a los recursos y mercado rusos. La UE es demasiado dependiente materialmente de otros países o superpotencias como para permitirse posicionarse demasiado estrictamente a favor de ninguno de los bandos en esta guerra (me refiero a los EE.UU. y a Rusia), pero al mismo tiempo la UE no puede mantenerse completamente neutral precisamente por la misma razón (ya es demasiado dependiente de los Estados Unidos y muchos de sus miembros forman parte de la OTAN). De hecho, la propia UE no es ya una superpotencia, sólo un aliado subordinado de una superpotencia real: los EE.UU. Visto lo visto, la postura proucraniana y antirrusa de la UE y sus sanciones contra Rusia, si realmente son puestas en práctica y mantenidas en el tiempo y llegan a ser algo más que gestos simbólicos y vacíos, muy probablemente resultarán contraproducentes y acabarán dañando más a la propia UE que a Rusia. En resumidas cuentas,  Rusia necesita a la UE mucho menos de lo que la UE necesita a Rusia (o por la misma razón, a los EE.UU. o a China).

b) China acabe ganando acceso a recursos, peso político y económico internacional, etc. Si el comercio y las relaciones directas entre EE.UU. o la UE y Rusia se cortan, entonces Rusia probablemente aumente su comercio y relaciones con China, y China a su vez comerciará con el resto del mundo, incluidos EE.UU. y la UE, de modo que China siempre saldrá ganando,  bien directamente o indirectamente, actuando como intermediario.

c) El funcionamiento y desarrollo del sistema tecnoindustrial (mundial) tomado en su conjunto probablemente no se vea muy afectado. Al menos no de forma lo suficientemente negativa como para debilitarse profundamente o colapsar.

·     Deberíamos tener siempre muy en cuenta el trasfondo general y permanente: el desarrollo general del sistema tecnoindustrial (mundial), y no deberíamos permitir que los sucesos concretos, coyunturales y geográficamente/temporalmente restringidos nos distraigan demasiado. Siempre deberíamos situar los sucesos concretos dentro del panorama general y no centrar nuestra atención en ellos más de lo estrictamente necesario. No deberíamos dejar que los árboles nos impidan ver el bosque. De hecho, deberíamos ver tanto el bosque como los árboles, pero no principalmente ni sólo los árboles, sino siempre también el bosque.

·   Y en lo que respecta a “que persiguen el beneficio a corto plazo sin preocuparse por las consecuencias a largo plazo”, ya he comentado en otra parte que veo algunos puntos demasiado flojos en el modo en que Kaczynski formuló y presentó su teoría acerca de la competencia y la selección darwinistas entre los llamados “sistemas autopropagantes” en Anti-Tech Revolution; y éste podría ser uno de ellos. Por un lado, dada la gran impredecibilidad inherente a los sistemas y dinámicas complejos, es en realidad imposible que sus gestores y dirigentes actúen tomando en cuenta las consecuencias a largo plazo, aun cuando quisiesen intentarlo, ya que nunca podrán saber exactamente cuáles serán muchas de esas consecuencias a largo plazo. E incluso si hiciesen pronósticos acerca de las consecuencias más probables, sus previsiones acerca de ellas fuesen acertadas e intentasen tenerlas en cuenta, no tendrían mucho éxito, ya que la impredecibilidad inherente a los sistemas y procesos complejos también conlleva que sean inherentemente incontrolables en gran medida. Además del hecho, señalado por Kaczynski y otros (como Steven LeBlanc y Katherine Register) de que, en principio, aquellos sistemas cuyos gestores y dirigentes (o miembros en general) tuviesen en cuenta las futuras consecuencias de su actual funcionamiento con objeto de restringirlo, se pondrían a sí mismos en una situación de inferioridad inmediata en comparación con aquellos sistemas cuyos líderes (o miembros) no tuviesen en cuenta las consecuencias a largo plazo  y actuasen sólo centrándose en los beneficios a corto plazo. Por otro lado, en principiopodría haber situaciones en las que esta regla de que los sistemas tienden a no tener en cuenta las consecuencias a largo plazo no funcione, ya que todas las partes implicadas en la competencia podrían ser conscientes de que podría haber probables consecuencias negativas para todas ellas y por tanto podría ser que todas estuviesen de acuerdo en tenerlas en cuenta y evitar que sucediesen.  Y, por ejemplo, esto podría llevar ocurriendo desde hace décadas en lo referente al uso de armas nucleares por parte de las superpotencias y de otros países que las poseen: saben que usarlas probablemente signifique el suicidio, o al menos resulte en un daño enorme e inaceptable para sí mismas, de modo que tratan de no usarlas y sólo muestran ostensiblemente que las poseen para disuadir al resto de países que también las poseen de usar las suyas. Esta es la razón por la que digo más arriba que una guerra mundial, aunque de hecho es posible, no es tan probable como algunos parecen creer: no sería buena para ninguno de los subsistemas que compiten entre sí dentro del sistema tecnoindustrial mundial. De hecho, sería bastante mala para todos ellos y, por tanto, para el sistema tecnoindustrial mundial en su conjunto.


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sábado, 25 de junio de 2022

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA IX (Parte II): sobre evolución genética reciente en seres humanos, diferencias raciales en el cociente intelectual, materialismo y selección darwinista y competencia entre sistemas.

 




ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA IX (Parte II): sobre evolución genética reciente en seres humanos, diferencias raciales en el cociente intelectual, materialismo y selección darwinista y competencia entre sistemas.

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WR: ¿Cómo sabe usted que la psicología humana no ha cambiado en los últimos 12.000 años desde la invención de la agricultura? He oído decir que, dado que otras cosas han cambiado (altura/talla, color de la piel y de los ojos, cambios en la dieta como la tolerancia a la lactosa, inteligencia media) desde la introducción de la agricultura, también seríamos psicológicamente diferentes. Que, por razones biológicas, muchos aspectos de nuestra actual psicología no se aplicarían a los pueblos primitivos. Ahorrar para el futuro a largo plazo sería uno de esos teóricos cambios psicológicos. Este gran cambio implicaría que la vida primitiva ya no sería el estilo de vida psicológicamente más natural para los humanos actuales.

UR: Supongo que cuando habla usted de “cambios psicológicos” se refiere en realidad a cambios genéticos (es decir, cambios en el genotipo) que determinan cambios en los rasgos psicológicos (es decir, cambios en los fenotipos psicológicos o comportamientos). Esta es una buena pregunta.

También yo he visto defender a algunas personas que hemos cambiado genéticamente de forma sustancial durante los últimos 12.000 años, basándose en el hecho de que algunas de las poblaciones humanas han sufrido realmente algunos cambios genéticos durante este periodo de tiempo en lo que respecta a algunos rasgos (básicamente en lo que respecta a la capacidad de digerir la lactosa, y quizás cambios en el color de la piel y de los ojos hacia tonos más pálidos en las poblaciones del norte de Europa, y cosas similares). No estoy de acuerdo con ellos. Creo que no están teniendo en cuenta algunos detalles importantes. Los rasgos a los que se refieren o bien son rasgos físicos determinados genéticamente o bien rasgos físicos y psicológicos determinados grandemente por la cultura o el medio ambiente. La tolerancia a la lactosa, por ejemplo, está ciertamente determinada por cambios en un gen (es un rasgo monogénico), y es un ejemplo de evolución reciente por selección artificial/cultural debido a la cría de ganado y al uso de su leche como alimento. Pero muchos otros rasgos, especialmente los psicológicos, no suelen estar determinados por un solo gen, sino por la interacción de algunos genes (son rasgos poligénicos). En estos casos, la probabilidad de que se produzca una mutación en cada uno de los genes que determinan estos rasgos poligénicos es mucho menor, por simple matemática: la probabilidad de un suceso es un número entre 1 y 0, de modo que la probabilidad de que algunos sucesos ocurran simultáneamente (en este caso, que todos los genes implicados en un cambio psicológico muten) es el producto de las probabilidades de cada suceso individual (en este caso la probabilidad de mutación de cada gen). Y el producto de las cantidades entre 0 y 1 es siempre menor -a menudo mucho menor- que cada una de las cantidades multiplicadas. Esto implica que la probabilidad de un cambio psicológico, en el que todos o la mayoría de los genes implicados tienen que mutar, es mucho menor que la probabilidad de un cambio físico en el que esté implicado un solo gen. Y ésta es la razón por la que creo que no ha habido muchos cambios genéticos que hayan tenido efectos psicológicos importantes en los humanos durante los últimos 12.000 años. Además, la expresión de muchos de los rasgos psicológicos y físicos (fenotipos) a los que se refieren estas personas está muy influenciada por el entorno. Así que probablemente, si realmente ha habido algunos cambios en los fenotipos (tanto en algunos rasgos psicológicos como en muchos físicos) podrían estar causados por los cambios en la ideología de sus culturas y sociedades (para los rasgos psicológicos), y por los cambios en sus estilos y condiciones de vida, como la nutrición, el saneamiento, etc. (sobre todo para los rasgos físicos) y no tanto por cambios genéticos. Por ejemplo, la altura/talla está muy influenciada por la nutrición y no sólo por la genética, y la inteligencia probablemente también, al menos en cierta medida. Y otros rasgos como la tendencia a “ahorrar para el futuro”, son obviamente el tipo de comportamientos que pueden verse muy influenciados por las ideologías, valores y demás aspectos del entorno social de cada individuo. O simplemente por la tecnología o la estructura social. Pero los genotipos, es decir, los genes, muy probablemente sean prácticamente los mismos y no hayan cambiado mucho. Hoy en día, el comportamiento de las personas (fenotipo psicológico) en las sociedades tecnoindustriales puede tender a ser más pacífico, dócil, neurótico, cooperativo, gregario, etc., pero, como dije más arriba, es matemáticamente improbable que sea debido a mutaciones poligénicas, así que tiene que ser por cambios en su entorno. En la ideología social y en las condiciones de vida más exactamente.


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