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domingo, 7 de septiembre de 2025

Génesis

 English version: Genesis 

Génesis[1]

En el principio era el mundo, y no era ni malo ni bueno. Y del mundo surgió el Hombre. Y el Hombre creó un espíritu a su imagen y semejanza y lo llamó Satanás, y vio que era malo. El espíritu maligno, al ver que los hombres recelaban y le evitaban debido a su evidente maldad, creó a escondidas un espantapájaros y se introdujo en él. Acto seguido se presentó ante los hombres diciendo: “Soy Dios, soy el Bien”, y entonces los hombres se le acercaron y le escucharon y siguieron sus órdenes y le sirvieron, y lo hicieron de buena gana porque vieron que Dios era bueno. Y así es como el demonio, disfrazado de Dios, engañó a los hombres para que le obedeciesen y sirviesen creyendo que hacían el Bien. Y, de este modo, al final Satanás logró subyugar el mundo.



[1] © 2025, E=m.c2

martes, 5 de febrero de 2019

Crítica a "La estirpe de los libres" de Benigno Varillas




La siguiente crítica se refiere a la edición del 14 de marzo del 2018 de La Estirpe de los Libres. Es una adaptación de la crítica remitida directamente al autor de dicho libro, Benigno Varillas. Aunque seguramente muchos lectores no hayan leído La Estirpe de los Libres, tampoco es imprescindible haber leído este libro para leer, entender y sacar provecho de esta crítica.

La estirpe de los tecnoilusos: crítica a La estirpe de los libres
Por Último Reducto
En esta crítica me centraré en los puntos clave o premisas básicas y generales en que basas tu obra, dejando de lado normalmente los múltiples fallos concretos y puntuales que aparecen en el texto, desde defectos de estilo, errores tipográficos, ortográficos y gramaticales, hasta numerosas imprecisiones técnicas que, ya por sí solas, deslucen la obra y hacen dudar sobre tu grado de conocimiento acerca de las materias tratadas y de tu rigor científico e intelectual a la hora de documentarte. No es mi intención ayudar a mejorar tu libro con mis críticas, sino más bien desmontarlo completamente y mostrarte que, en gran medida (básicamente, como mínimo, casi todo lo que va más allá de la mera biografía de Félix Rodríguez de la Fuente), es un auténtico despropósito basado en falsedades, datos sesgados e/o incompletos y fenómenos mal interpretados.
Antes de empezar y para evitarte la fácil escapatoria de tacharme de “neolítico”, “patriarcal”, “violento”, etc. te recuerdo que:
·  Yo tomo como valor fundamental lo salvaje, entendido como todo aquello que no es artificial y que es autónomo, es decir, todo lo que existe por sí mismo y a la vez funciona por sí mismo. La Naturaleza salvaje es, para mí, lo más importante y todo lo demás debería subordinarse a su preservación.
· Considero que el mejor (o, más bien, el menos malo) modo de vida para los seres humanos es el modo de vida cazador-recolector nómada a pie, ya que (1) es el modo de vida al que estamos física y psicológicamente adaptados por naturaleza, tras cientos de miles de años de selección natural por parte del entorno y (2) es el modo de vida menos dañino para los ecosistemas. Creo que al menos desde que comenzamos a practicar otros modos de vida (caza-recolección sedentaria, caza-recolección nómada a caballo, agricultura, urbanización, industria, etc.) sólo hemos empeorado, tanto en lo que respecta a (1) como en lo que respecta a (2).
Tenlo siempre bien en cuenta cuando leas mi crítica.
Buena parte de lo que te diré a continuación no es más que el desarrollo lógico y la explicación más en detalle de lo que ya te dijimos los miembros de Naturaleza Indómita en nuestra carta del 30 de abril del 2018.
Vamos al grano.
Los defectos principales que le veo a tu libro son:
1.      Valores progres.
2.      Idealización de los cazadores-recolectores.
3.     Concepto incompleto y simplista de lo salvaje y de su conservación y recuperación.
4.      Noción incompleta y sesgada de la historia de la conservación.
5.      Concepto finalista y progresista de la evolución humana y del desarrollo social.
6.  Concepción idealizada y sesgada de la informatización social en particular y del futuro desarrollo tecnológico y social en general.

[Este texto es mucho más largo, para seguir leyéndolo haz clic aquí].





Último Reducto
Contacto: ultimo.reducto@hotmail.com






miércoles, 21 de junio de 2017

EL BIENINTENCIONADO

English versión: The Well-meaning  
EL BIENINTENCIONADO[1]      
Alfredo Alfonso Alfalfa era un ser tan piadoso que cada mañana al despertar pensaba en todos los seres que estarían muriendo en ese momento y en todo el sufrimiento que estarían soportando otros animales, humanos o no, en ese preciso instante. Cada mañana recordaba que él era uno de esos seres, que sufría y que, aunque le costaba hacerse a la idea, moriría también como los demás.
Alfredo Alfonso Alfalfa no sólo estaba convencido de que sentir empatía por el resto de los seres era lo correcto, sino que creía firmemente que creer sentir lo que se cree que otros sienten era un rasgo inequívoco e incuestionable de superioridad sobre el resto de seres desaprensivos e incivilizados. 
Alfredo Alfonso Alfalfa pasaba los días agobiado por estos pensamientos, eran su obsesión.
Cierta mañana en que el Sol brillaba, los pájaros cantaban y los insectos volaban sobre la pradera, Alfredo Alfonso Alfalfa salió a dar un paseo. Caminó un buen trecho por el campo mientras sufría por la crueldad del mundo: él pisaba sin querer la hierba, el sol secaba las plantas, los pájaros se comían a los insectos y los insectos se devoraban entre sí y a las plantas. Era una auténtica carnicería. No podía soportarlo. Cansado, se sentó a la sombra de una higuera mientras observaba intranquilo el transitar de una oruga por el tallo de una zarza. ¿Querría comerse la planta aquel malvado insecto? Y, ¡cuánto sufriría la oruga si se pinchaba con las crueles espinas de la zarza!
El mundo estaba loco, todo era contrario a como debería ser. La Naturaleza era muerte y sufrimiento. ¡Cuánto desearía poder evitarlos!       
En esto, Dios (que, como todos los lectores ateos saben, es un señor anciano, alto, melenudo y barbudo, canoso y vestido con sábanas blancas, que vive en las nubes y se pasa la vida creando mundos y cuidando de ellos) apareció frente a él. Se había compadecido de la inmensa compasión del compasivo Alfredo, el cual, de mientras, pensaba para sí: “este dios estúpido y brutal está pisando a las pobres e indefensas hormigas”, Dios, que también pensaba para sí: “¡Mira que tengo mala suerte! haber caído en un hormiguero. ¡Como pican estas condenadas!”, envió un ángel (que, como todo ateo sabe, es un pájaro de cuidado —sobre todo si es el de la guarda— con largos rizos dorados, sexo hermafrodita e insoportablemente encantador) que cogió suavemente a Alfredo y lo elevé al Cielo.          
Ya en el cielo, Dios se acercó a Alfredo Alfonso Alfalfa, que observaba pensativo desde las alturas un mundo lleno de seres malignos, en el cual todos sufrían terribles padecimientos y agonías y a su vez las inflingían a otros, en el que el asesinato y el sadismo eran la norma...
-Alfredo, hijo mío -dijo Dios, que en el fondo era un sentimental- he visto con agrado tu gran piedad. Me ha sorprendido gratamente tu preocupación y dedicación por la vida y el bienestar de los demás seres. En verdad, en verdad te digo que si todos los seres fuesen como tú el mundo sería muy distinto. Alfredo, hijo mío, eres mi ídolo, y para demostrártelo te voy a permitir ser Dios en mi ausencia que tengo que irme a hacer los recados. En tus manos encomiendo el mundo. Tus deseos son órdenes y puedes usar estos instrumentos que ves aquí para llevarlos a cabo.
Y, dicho esto, desapareció dejando a Alfredo en el séptimo cielo.
Alfredo no cabía en sí de gozo. Por fin se le reconocía su valía, por fin alguien (aunque sólo fuera Dios) se daba cuenta de quién era realmente y de para qué había nacido. Dios había tenido una revelación divina. El conocimiento del verdadero carácter suprahumano de Alfredo Alfonso Alfalfa había sido implantado en la mente de Dios por el poder psíquico paranormal del divino Alfredo. El era el Salvador, el Ser Original, Auténtico, Único, Especial e Inigualable que el mundo había estado esperando desde hace millones de años. La evolución había tocado a su fin. Todo había sucedido con una finalidad evidente: él, Alfredo Alfonso Alfalfa, el espíritu más puro, amoroso, perfecto y humilde jamás habido. Era inmejorable, insuperable, el más bueno, el más inteligente, el más mejor... Por fin lo había conseguido, era Dios mismo.  
Alfredo Alfonso Alfalfa se dispuso a desempeñar su nuevo cargo como ser supremo, omnisciente, omnipotente y ubicuo (esto, para los lectores “creyentes”, hace referencia a Dios, no a los santos, mártires y héroes de las diversas “revoluciones”, revueltas, rabietas y pataletas habidas o por haber, ni a 1os intelectualillos, “enteraos” y demás listos de los cojones libertarios, izquierdistas y progresistas más o menos contestatarios, duros y “radicales”, que son legión. Eso sería entrar en otros cuentos). Por fin podría hacer realidad su deseo de acabar con el sufrimiento y la muerte y reparar lo que millones y millones de años de caos, crímenes continuos y luchas encarnizadas habían engendrado: un mundo odioso y sangriento, un espectáculo dantesco y atroz de opresión constante de los seres fuertes sobre los débiles, de violencia de los débiles sobre los más débiles y de agresiones de fuertes grupos de seres débiles sobre débiles seres fuertes.
Decidió por tanto que resucitaría, mediante los superpoderes que la divina alta tecnología le ofrecía, a todos los seres muertos hasta la fecha y que en adelante impediría que cualquier ser dañase a otro y que ningún ser vivo muriese.            
Dicho y hecho. Puso a los ángeles a trabajar y en pocos minutos la maniobra de resurrección e inmunización contra el dolor y la muerte había concluido.
¡Qué feliz estaba! Se había acabado el mal, sólo existía ya el Bien: la vida eterna y la felicidad sin límites. Estaba tan feliz que ni se preocupó de mirar para abajo y ver su gran obra. Al fin y al cabo, los principios teóricos en que se basaba eran impecables, todo encajaba lógicamente a la perfección, lo había diseñado él, ¿para que revisar el resultado?      
En ese preciso instante entró Dios con los pelos y las barbas de punta y echando truenos por la boca y rayos por los ojos.   
-Pero, ¿se puede saber quién ha sido el desgraciado que ha causado semejante desbarajuste?- gritó dirigiéndose al ángel que desempeñaba las funciones de contramaestre de Dios- ¡Se le van a caer las plumas! ¡Lo voy a convertir en figurita para nacimiento!
-¿Qué ha sucedido, compañero?- preguntó Alfredo preocupado por el malestar del que ahora era su colega- ¿Qué es lo que tanto te irrita? Cuéntamelo y seguro que podré hacer algo por ti.
-Echa un vistazo al mundo por el borde de la nube y lo verás- dijo Dios.
Alfredo Alfonso Alfalfa se aproximó a la barandilla de seguridad que rodeaba la cubierta de la nube y observó maravillado y lleno de orgullo su gran obra.            
Allí abajo se apilaban, capa sobre capa, millones, billones, trillones... de seres de las más diversas formas, texturas y tamaños (peludos, emplumados, escamosos, blandos, duros...) formando una masa informe y palpitante de cuerpos en movimiento mezclados con troncos, ramas y hojas y una sustancia viscosa de color indefinible formada por microorganismos, estiércol, orines y materia vegetal en descomposición. Se pisaban y aplastaban unos a otros a causa de la falta de espacio, pero pasara lo que pasara ninguno moría y al momento recuperaban su forma original para volver acto seguido a perderla en otro accidente. Y lo más maravilloso, el tamaño de aquella inmensa bola de vida crecía por momentos pues aunque eran inmortales, los seres vivos seguían reproduciéndose.
-Me ha quedado imponente, ¿verdad?- dijo Alfredo.         
-Así que has sido tú. Has arruinado mi creación. Miles de millones de años manteniendo el equilibrio y vienes tú  y en diez minutos te lo cargas.    
-¿Qué dices? ¿Qué equilibrio? ¿Cuál es el problema?- Alfredo no salía de su asombro; aquel dios idiota no era capaz de reconocer el Bien cuando lo veía.  
-¿No ves que no tienen sitio? ¡Se están aplastando unos a otros!- gritó Dios encolerizado:
-¡Ah!, es sólo eso... bueno, pues los mandamos a otros planetas y ya está.
Dios no acababa de encajar la situación, aquel pequeño hombrecillo bienintencionado era peor que una plaga y encima iba de listillo. Dios tenía la impresión de que el control se le escapaba de las manos.
-Al  ritmo que crecen no habría suficientes planetas en el Universo, y además, si estaban en este planeta y no en otros era por algo. Sólo nos faltaba extender este sindiós por el resto del Universo. Hay que pararlos, ¡ya!           
-Eso está hecho- dijo Alfredo Alfonso Alfalfa con aire de tenerlo todo previsto desde hacía mucho tiempo -Los esterilizamos y sanseacabó. Además para que se estén quietos y no se peleen ni se ataquen unos a otros los encerramos a cada uno por separado, y si hace falta los inmovilizamos y punto. ¿A que es buena idea? Seguro que a ti nunca se te hubiese ocurrido.
Dios estaba perplejo, aquella criaturilla arrogante hecha a su imagen y semejanza (¿o era al revés?; siempre había sospechado que era él quien había sido diseñado y fabricado a imagen y semejanza de algunos humanos como aquel) tenía “solución” para todo. ¡Y qué remedios! Peores que la enfermedad. Y encima se daba unos humos aquel sinvergüenza…
-¡Qué dices insensato! ¿Quién te crees que eres para disponer de la libertad de otros seres y para decidir cuáles deben nacer y procrear y cuáles no? ¿Dios, acaso?   
-Ahora que lo dices, pues sí. Tú me has nombrado tu sustituto.
-Pues te retiro del cargo.
A Dios le iba a dar un mal de un momento a otro. Aquel humanillo le estaba tocando las narices. Era algo totalmente insoportable, incluso para Dios. ¿Qué demonios (¡uy! perdón, quería decir “diantres”) podía haber visto en aquel ser canijo y vanidoso? Menos mal que sabía que Dios es infalible que si no pensaría que se había equivocado.        
-Pues no me da la gana renunciar a él. Eres un viejo imbécil, chocho, decrépito, débil y  pseudopacifista que tolera la maldad. Eres tan incompetente que no has sido capaz de eliminar el dolor y la muerte del mundo y he tenido que venir yo a enseñarte cómo hacer el Bien y a poner orden. Vete ya y deja el puesto a alguien realmente capaz, como yo.    
-Mira hijito, aquí el único imbécil que hay eres tú y quienes como tú se creen que el Mundo es suyo.
Ya no le cabía duda, a pesar de ser Dios, se había equivocado. Tanto texto sagrado, tantos siglos exaltando la Vida, el Amor, la Felicidad... lo único que habían conseguido era crear monstruos como aquel individuo que tenía delante
-¡Fuera de mi nube!
En el acto, un ángel agarró a Alfredo Alfonso Alfalfa por las orejas y lo bajó a tierra. Durante el tiempo que duró el descenso, Dios y los ángeles que estaban de guardia en ese momento deshicieron el desaguisado, dejando el mundo como estaba antes de que Alfredo lo “arreglara”.
Alfredo Alfonso Alfalfa despertó a mediodía al sentir el picotazo de un pérfido tábano que de forma vil y ruin le había tratado de chupar la sangre. Se quedó horrorizado, el mundo seguía siendo una gran sala de torturas, todo había sido un sueño una ilusión. Era un humano de nuevo y aunque obviamente merecía ser Dios por su carácter amable para con las víctimas inocentes e inermes del maltrato y el abuso perpetuos que se daban en la Naturaleza, no lo era. Todo había sido un bonito sueño. La realidad era cruel y esto no era más que otra demostración de ello.
Alfredo Alfonso Alfalfa de repente sintió pánico, cayó en la cuenta del peligro que había corrido quedándose dormido en plena Naturaleza hostil. Cualquier animal depredador y sanguinario podría haberle atacado en un arrebato de furia animal y, con fruición, devorarlo vivo desgarrando sus miembros con sus colmillos y garras mientras engullía su cadáver y bebía su sangre. ¡Oh, qué terrible posibilidad! Estaba aterrado. Menos mal que siempre llevaba su teléfono móvil encima para estos casos de emergencia. Al recordarlo, recuperó la calma y levantándose emprendió el regreso a su casa, que por cierto estaba a menos de trescientos metros de la zona verde en que se encontraba Alfredo. 
Mientras, Dios, en la gloria, hacía frente a una profunda crisis existencial y dudaba de sí mismo, es decir, era agnóstico. Tras entrar en éxtasis místico decidió abandonar su puesto y volverse ateo. Un error lo tiene todo dios, pero un dios que se equivoca tanto lo mejor es que dimita.
Lo más curioso del caso es que a partir de ese momento no se notó en absoluto su ausencia. Todo siguió su curso natural. La muerte continuó siendo el final de la vida individual y un paso más en la evolución de la vida en general, los animales libres siguieron valiéndose del dolor para mantener el contacto con la realidad y evitar daños mayores y, por desgracia, algunos enanos con delirios de grandeza, falta de humildad y fuertes desequilibrios mentales siguieron tratando de poner orden en el orden preexistente que a ellos les quedaba grande, jugando a ser dioses y asegurando que Dios lo quiso así.
¡De los bienintencionados líbranos Señor!






[1] Cuento extraído de Historias desde el Lado Oscuro (E=m.c2,2004,); © 2004, E=m.c2.