English version: The Black Sheep and the Wolf
LA OVEJA NEGRA Y EL LOBO[1]
Libertia
era una oveja joven pero, al contrario que las demás ovejas del rebaño, ella
había nacido de color negro. Y el color era sólo una de sus peculiaridades.
Su
carácter era también diferente del de las ovejas blancas. No era tan dócil como
sus compañeras. No bajaba la cabeza y se apretujaba contra las demás a la hora
de la siesta, ella prefería dar paseos por las inmediaciones en lugar de
quedarse amodorrada. Y a la hora de moverse con el rebaño, ella solía
adelantarse o quedarse rezagada, o bien salirse de la vereda, haciendo que el
pastor y los perros se irritasen y tuviesen que estar siempre corriendo detrás
de ella para devolverla a la cañada. Y al volver al redil, al, anochecer, ella
era siempre la última y se hacía la remolona de tal modo que el pastor solía
tener que amenazarla a gritos blandiendo la cayada y hacerla entrar a empujones
y patadas. A veces, se revolvía contra el pastor o los perros y amenazaba con
darles un testarazo; e incluso alguna vez lo había hecho. Otras veces, si el
pastor se despistaba, se le cagaba y meaba encima de la manta y del morral. Y,
con frecuencia, cuando estaba con el resto del rebaño y se aburría, pensaba
acerca de las cosas y trataba de explicar a las otras ovejas que era una
injusticia que a ellas el pastor no las tratase tan bien como trataba a sus
otros animales; que no las acariciase como hacía con los perros; que no las
diese nada de comer más que la hierba que encontraban en el campo al, contrario
que hacía la familia del pastor con el ganado vacuno, al que daban heno y
cebada; que no las llevase de paseo al pueblo como hacía con la burra... Y al
oírla las otras dejaban de pacer por un momento, levantaban la cabeza, la
miraban inexpresivamente y volvían a pacer, igual que hacían cuando, durante una tormenta, el monótono
sonido de la lluvia era interrumpido por un trueno lejano.
A
causa de todos estos rasgos especiales, tan atípicos en una oveja, Libertia se
veía a sí misma como una rebelde y se sentía afortunada porque pensaba que ella
se había liberado de los prejuicios que a las demás ovejas les impedían ver.
Creía que ella era realmente libre.
Esto
fue así hasta que un día, cuando el rebaño estaba en los pastos de verano de
las tierras altas de las montañas y tanto las ovejas como el pastor y los
perros sesteaban bajo el sol de finales de junio, Libertia, que estaba
recorriendo los alrededores como tenía por costumbre, se topó con un animal
extraño que estaba tumbado a la sombra de un gran roble. En principio lo tomó
por un perro, pues su aspecto era tal, y tranquilamente intercambiaron saludos:
-¡Hola!
-¡Buenas!
-¿Estás vigilando algún rebaño por los
alrededores?- preguntó Libertia.
-De momento no. Por cierto, oveja, ¿no crees
que estás un poco lejos de tu rebaño? Podrías perderte.
-No te creas- dijo la oveja ufana -Yo no soy
una oveja convencional, soy una oveja negra, voy por libre.
Al oír esto el desconocido soltó una carcajada que dejó al descubierto
unas fauces llenas de afilados dientes y dos pares de grandes colmillos.
Libertia al verlos se asustó y, de repente, cayó en la cuenta de que aquel
animal parecido a un perro era lo que las ovejas más viejas y los perros del
pastor llamaban “lobo”. Iba ya a salir corriendo cuando el lobo le dijo con una
sonrisa:
-No huyas, no te voy a hacer daño. Acabo de
comerme a una como tú hace un rato al otro lado de los montes. No tengo hambre
aún.
Me
has caído bien y por eso voy a enseñarte algunas cosas acerca de ti misma que
tú no sabes.
Libertia, al ver que el lobo no se movía y que realmente no parecía
tener intención de atacarla, se tranquilizó un poco y puso cara de interés.
-¿Qué me puedes enseñar tú que yo ya no sepa?-
le contestó.
-Soy un lobo viejo, no lo olvides, y si de
algo sé es de ovejas, porque he matado y devorado muchas en toda mi vida.
-Vale, pero yo no soy una oveja normal, soy
una oveja negra.
-Negra o blanca lo mismo da; en el fondo eres
una oveja. Tú presumes de ser independiente, libre… pero no eres capaz de
alejarte mucho del rebaño, de abandonarlo realmente, ¿me equivoco? ¿Has pasado
algún tiempo lejos del rebaño tu sola? ¿Lo has intentado? ¿A que no? Ni
siquiera se te ha pasado por la cabeza.
Miraba a Libertia con sus ojos rasgados de lobo y una mirada severa, y
ella callaba y bajaba la mirada en un silencio más que elocuente.
-A ti te basta con darte un paseo durante la
hora de la siesta, eso sí, sin perder a las demás ovejas ni al pastor y sus
perros de vista; con salirte a la cuneta del camino cuando el rebaño se
traslada, pero sin dejar nunca de acabar yendo a donde van todas las demás
ovejas; y, en general, con darle un poco más de guerra y trabajo a los perros y
a tu amo. Con eso te crees libre y rebelde, pero, en realidad, sigues siendo
esclava, sigues formando parte de ese rebaño del que ni puedes ni quieres
escapar, sigues siendo una oveja, rara y negra, pero oveja al fin y al cabo.
No
eres ni un muflón, ni un corzo, ni un ciervo, ni un jabalí, ni una cabra
montés, ni un zorro, ni un oso, ni cualquiera de los animales salvajes que
habitamos estos montes y somos realmente libres.
Nosotros
despreciamos los cuidados y el afecto de los amos y la comodidad de una vida de
esclavos y cautivos, y lo que apreciamos realmente es la vida libre y salvaje
que llevamos aquí. Tú, sin embargo, no sabes ni puedes saber, lo que es la libertad,
y envidias el pienso que tu amo da a sus vacas y las caricias y el aprecio que
da a sus perros, porque eres tan esclava como ellos, y siempre lo serás, porque
no eres más que una oveja que no quiere dejar de ser oveja y cree que es
bastante con ser negra.
Has
de saber que si el pastor aun no se ha desecho de ti y soporta tus
extravagancias es porque le eres útil. Los rebaños con ovejas negras y blancas
son más resistentes a las enfermedades que los rebaños con ovejas blancas
solamente. Estos últimos, con el tiempo, tienden a degenerar y extinguirse. De
hecho, al otro lado de las montañas, donde la ganadería está mucho más avanzada
que aquí, los rebaños están compuestos en su mayoría por ovejas negras y grises
porque la mezcla de ovejas de distintos colores para oscurecer el pelaje de sus
descendientes asegura la futura salud, resistencia y producción del rebaño,
aunque sea menos sencillo de manejar.
Y
ahora, vuelve con tus semejantes antes de que vuelva a tener hambre y me
arrepienta de no haberte degollado.
Y Libertia volvió al rebaño con la cabeza gacha. Y siguió siendo
negra, claro está; y tampoco dejó de actuar de forma excéntrica de vez en
cuando (al fin y al cabo era una oveja negra y no podía evitar ser un poco
estrafalaria), pero no olvidó nunca la verdad de las palabras del lobo: las
ovejas negras siguen sin ser más que ovejas, miembros del rebaño.
[1] Cuento extraído de Historias desde el Lado Oscuro (E=m.c2,
2004); © 2004, E=m.c2.