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lunes, 27 de abril de 2026

INTERCAMBIO DE CORRESPONDENCIA XIX:


ADAPTACIÓN DE UN INTERCAMBIO DE CORRESPONDENCIA XIX: sobre el problema de las especies domésticas asilvestradas y las exóticas invasoras, las tecnosoluciones aplicadas al mismo y la infame confusión entre ecologismo y animalismo.

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K: En este momento, una de las polémicas más candentes en Turquía es la de los perros callejeros. Su población (también la de los gatos) ha aumentado enormemente. Según la ley, los ayuntamientos deben esterilizarlos, pero no pueden acogerlos en refugios y deben devolverlos al lugar donde los recogieron después de examinarlos y esterilizarlos. En la práctica, las tasas de esterilización que se llevan a cabo no son suficientes para reducir su población, y mucho menos para controlarla. La actitud de la gente hacia los animales callejeros también ha cambiado en los últimos diez años. Se han vuelto mucho más tolerantes con estos animales. (Creo que esto tiene que ver principalmente con la urbanización y el mayor aislamiento de las personas). La gente lleva a cabo campañas para alimentarlos. Distribuyen comida en las calles, construyen refugios, etc. También presionan a los ayuntamientos para que hagan lo mismo. Como resultado, la población de perros callejeros sigue aumentando. Según diferentes estimaciones, entre 3 y 10 millones de perros callejeros vagan por Turquía. Esto ha empezado a causar algunos problemas con los seres humanos. Cada vez se oyen más casos de perros que atacan a personas, algunas de las cuales mueren. La rabia está en aumento. Por lo tanto, el gobierno está trabajando en una ley para resolver este problema. Las medidas que se barajan incluyen también el sacrificio. Esto ha provocado una enorme reacción por parte de los activistas en defensa de los animales y las dos partes (los que quieren que los perros desaparezcan de las calles a toda costa y los que prefieren mantener el statu quo actual) discuten acaloradamente en las redes sociales, la televisión, etc.

Como puede usted imaginar, casi nadie ve el problema desde la perspectiva de la Naturaleza salvaje. Los perros y los gatos son especies invasoras introducidas artificialmente por los seres humanos en diversos ecosistemas. Los seres humanos fomentan enormemente el aumento de su población. Los perros y los gatos domésticos (especialmente los callejeros) ejercen una gran presión sobre las especies salvajes. Recuerdo haber leído que los gatos matan entre 1.000 y 3.000 millones de aves al año sólo en Estados Unidos. Amenazan a algunas especies con la extinción. Supongo que el problema no es menos grave en Turquía. Los gatos callejeros son toda una sensación en Turquía. La gente y las instituciones públicas están atentas para protegerlos, alimentarlos, darles cobijo, etc. Como resultado, la presión de los gatos sobre las aves debe ser mayor en Turquía que en Estados Unidos. Los perros, especialmente los perros asilvestrados que vagan por el campo, están causando un gran daño a la Naturaleza. Matan aves y pequeños mamíferos. Compiten con lobos, zorros y chacales. Contaminan el patrimonio genético de estas especies salvajes mediante el cruzamiento. Transmiten enfermedades a los animales salvajes.

Entonces, ¿tal vez esa nueva ley sea algo positivo? No creo que la ley propuesta pueda aplicarse sin problemas. En primer lugar, hay y habrá una enorme reacción contra el sacrificio por parte de los activistas en defensa de los animales. Como resultado, se encontrará una solución de compromiso: acoger a los perros callejeros en refugios y esterilizarlos. Sin embargo, esa política sería una enorme pesadilla en términos logísticos y acabará por no ser aplicable. Al final, ocurrirá lo peor: recogerán a los perros y los abandonarán en zonas boscosas remotas. Estos perros serán una gran molestia para la fauna salvaje de esos lugares. La desaparición de los perros de las calles aumentará aún más el número de gatos callejeros que deambulan por las ciudades, lo que empeorará la presión que ejercen sobre las aves. En resumen, como todos los problemas que crean los seres humanos, el problema de los animales callejeros también es difícil de resolver, y las soluciones propuestas sólo lo agravan aún más.

Lo más exasperante es que muchos activistas por los derechos de los animales piensan que los perros y gatos domesticados forman parte de la Naturaleza. Uno de sus argumentos es que los seres humanos invaden su hábitat natural y que, al matarlos, sólo perturbaríamos el equilibrio de la Naturaleza. (Creo que la mayoría de ellos realmente piensan así. Aunque quizás una pequeña minoría plantea este argumento de manera deshonesta, tratando de confundir a la gente). Por supuesto, la mayor parte de su argumento no tiene nada que ver con la Naturaleza. Tratan de apelar mayormente a los sentimientos de lástima, y su argumento principal es la santidad de la vida.

¿Qué opina usted al respecto?

UR: Creo que en general tiene usted razón. Y ha dado en el clavo en algunos puntos. Intentemos ordenar las ideas principales ...

[Este texto es más largo, para leerlo haz clic aquí]



jueves, 14 de agosto de 2025

En busca del ecoterrorismo

 

Nota de Último Reducto: como complemento a este artículo se recomienda leer también: “Comentarios sobre ‘En busca del ecoterrorismo’” (https://ultimoreductosalvaje.blogspot.com/2025/08/comentarios-sobre-en-busca-del.html).


En busca del ecoterrorismo: el crucial caso de Unabomber

Por Sean Fleming

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INTRODUCCIÓN

Una de las principales conclusiones de los estudios recientes sobre violencia política es que los ecologistas rara vez, o incluso nunca, recurren a la violencia letal. Aunque los casos de sabotaje motivado por la defensa del medioambiente son comunes, casos de asesinato motivado por la defensa del medioambiente son difíciles de encontrar (Carson, LaFree, y Dugan 2012; Hirsch- Hoefler y Mudde 2014; Loadenthal 2017; Taylor 1998; 2003). Por lo tanto, muchos estudiosos han argumentado que “ecoterrorismo” es un término equivocado para lo que, de forma más precisa, se debería denominar “ecotaje” (Amster 2006; Cooke 2013; Loadenthal 2014; Smith 2008; Sumner y Weidman 2013; Vanderheiden 2005; Wagner 2008; Woodhouse 2014). Según las laxas definiciones de terrorismo utilizadas por muchos de los organismos encargados de hacer cumplir la ley, las cuales abarcan cualquier “uso ilegal de la fuerza o la violencia contra personas o bienes” con “objetivos sociales o políticos” (Pomerantz 1987, 14-5), el sabotaje motivado por la defensa del medioambiente es terrorismo. Sin embargo, los críticos insisten en la distinción entre violencia contra la propiedad y violencia contra las personas. “Hay una diferencia fundamental”, argumentan Sumner y Weidman (2013, 868), “entre destruir vehículos todoterreno y pilotar un avión lleno de gente para hacerlo estrellarse contra un edificio lleno de gente”. En su opinión, considerar que destruir todoterrenos es terrorismo sería tan absurdo como considerar que robar todoterrenos es secuestro.

Sin embargo, el debate sobre el ecoterrorismo va mucho más allá de la terminología. La ausencia de ataques mortales por parte de los activistas ecologistas es sorprendente, independientemente de cómo se defina el terrorismo. Incluso si el sabotaje por motivos políticos constituye terrorismo, no deja de ser llamativo que los activistas ecologistas se hayan limitado al “terrorismo” contra la propiedad. La generalización de que los ecologistas no recurren a la violencia letal -que denominaré Tesis del Ecologista Pacífico- parece ser una de las generalizaciones más sólidas que ofrece la ciencia política contemporánea. A diferencia de la Tesis de la Paz Democrática, que está notoriamente plagada de salvedades y condiciones para su aplicabilidad, la Tesis del Ecologista Pacífico puede enunciarse con una potente simplicidad: los activistas ecologistas no matan gente.

Sólo hay unos pocos presuntos contraejemplos a esta generalización. En su histórico estudio de 11.562 incidentes ilegales asociados a los movimientos ecologista y de defensa de los derechos de los animales desde 1973 hasta 2010, Loadenthal (2017) sólo encontró cuatro atentados mortales. Uno de ellos fue el asesinato en 2002 del político populista holandés Pim Fortuyn a manos de un activista a favor de los derechos de los animales llamado Volkert van der Graaf. Este atentado es un dudoso contraejemplo de la Tesis del Ecologista Pacífico por dos razones. En primer lugar, aunque hay solapamientos entre los movimientos por los derechos de los animales y los movimientos ecologistas, es un error confundirlos. Carson, LaFree y Dugan (2012, 307) han descubierto que “en comparación con los extremistas ecologistas, los grupos radicales de derechos de los animales tienen más de cinco veces más probabilidades de atentar contra las personas”. Identificaron tres casos de asesinatos llevados a cabo por activistas de los derechos de los animales, pero ninguno por activistas ecologistas (véase también Taylor 2003, 180; 2004, 244-6). En segundo lugar, el asesino de Fortuyn no estaba aparentemente motivado ni por la defensa de los derechos de los animales ni por el ecologismo. Van der Graaf afirma haber matado a Fortuyn para proteger a los musulmanes de la persecución política (Evans-Pritchard y Clements 2003; Taylor 2003, 177). Los otros tres atentados mortales del conjunto de datos de Loadenthal (2017) fueron perpetrados por Ted Kaczynski, el terrorista interno estadounidense conocido como “Unabomber”. Entre 1978 y 1995, Kaczynski llevó a cabo una campaña de atentados en nombre de la “naturaleza salvaje”, en la que murieron tres personas y otras 23 resultaron heridas. Sin embargo, su relación con el ecologismo es discutida. Mientras que algunos lo consideran un ecoterrorista paradigmático (Arnold, 1997; Barnett, 2015), otros sostienen que su afirmación de luchar por la naturaleza era poco sincera y puramente retórica (Chase, 2004; Sale, 1995).

Como uno de los pocos casos posibles de terrorismo por motivos medioambientales, el caso Unabomber es un “caso crucial” para la Tesis del Ecologista Pacífico (Eckstein 1975; George y Bennett 2005; Gerring 2007). Si Unabomber es ecologista, constituiría un importante contraejemplo a la generalización de que los ecologistas no recurren a la violencia letal; un contraejemplo que exige una explicación. Si no es ecologista, la Tesis del Ecologista Pacífico es aún más sólida de lo que sugiere la investigación anterior, porque el principal contraejemplo resultaría ser ilusorio. Por supuesto, una generalización no puede demostrarse ni refutarse con un solo caso. Pero cuando una generalización tiene pocos contraejemplos aparentes, un solo caso puede marcar una diferencia inusualmente grande en la solidez de la generalización. El caso de Unabomber es, por tanto, “crucial” para determinar la firmeza de la Tesis del Ecologista Pacífico. Mientras que una generalización con una sola excepción es muy sólida, una generalización sin excepciones es el santo grial de las ciencias sociales.

Unabomber es importante no sólo como piedra de toque para las teorías sobre el ecoterrorismo, sino también, más ampliamente, como figura influyente en la política radical contemporánea. Su manifiesto de 35.000 palabras, “Industrial Society and Its Future”, fue publicado conjuntamente por The Washington Post y The New York Times en septiembre de 1995 (Kaczynski 1995a). Se ha traducido a más de una docena de idiomas y es una fuente de ideas e inspiración para radicales de todo el espectro político, desde anarquistas a neofascistas (Fleming 2022; Hughes, Jones y Amarasingam 2022; Lubrano 2023). Sin embargo, existe poca literatura académica sobre la ideología de Kaczynski (Corey 2000; Luke 1996; Moen 2019; Taylor 1998), y ninguna de las publicaciones existentes ha hecho uso del material de archivo disponible.

El propósito de este artículo es evaluar la relación de Kaczynski con el ecologismo. Adopto aquí un enfoque dual del análisis de las ideologías, que combina lo que Freeden (1996, 3) denomina análisis “morfológico” de las estructuras conceptuales de las ideologías con el análisis “genético” de sus orígenes intelectuales. Me baso en material de archivo, no examinado previamente, de la Colección Joseph A. Labadie de la Universidad de Michigan y de la Colección UNABOM de la Universidad Pennsylvania del Oeste. Mi análisis demuestra que la ideología de Kaczynski no es ecologista, ni en su origen ni en su estructura. Aunque tiene algunas afinidades con el ecologismo radical, el anarquismo verde y el ecologismo de derechas, no encaja en ninguna de estas categorías. La ideología de Kaczynski tampoco es un tipo idiosincrásico de ecologismo que pertenezca a una categoría propia. Casi ninguna de sus ideas procede de fuentes ecologistas y sus motivaciones eran decididamente antitecnológicas más que proecológicas. Sin embargo, la Tesis del Ecologista Pacífico no sale indemne. Aunque el propio Kaczynski no es un contraejemplo creíble, su caso apunta hacia otros contraejemplos convincentes.

El artículo consta de cinco secciones principales. La primera explica mi enfoque y método y describe las pruebas de archivo que utilizo. La segunda sección examina la afirmación habitual de que Kaczynski no estaba, de hecho, motivado por las ideas que expuso en su manifiesto. Esta afirmación, de ser cierta, supondría un atajo hacia mi conclusión de que su violencia no estaba motivada por la defensa del medioambiente, sin embargo no se sostiene frente a las pruebas. Las tres secciones siguientes evalúan las supuestas afinidades de Kaczynski con tres ideologías ecologistas: el ecologismo radical, el anarquismo verde y el ecologismo de derechas. La conclusión reevalúa la Tesis del Ecologista Pacífico a la luz del caso Unabomber y extrae algunas implicaciones más amplias para el estudio de las ideologías políticas y la violencia política.

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