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martes, 9 de julio de 2019

UNA ENTREVISTA CON TED



UNA ENTREVISTA CON TED
[1]
Por J. Alienus Richalsky



En 1999 solicité a Theodore J. Kaczynski una entrevista para Blackfoot Valley Dispatch, a lo cual él amablemente accedió. La entrevista tuvo lugar ese mismo año en el Centro Penitenciario de Máxima Seguridad de Florence, Colorado, Estados Unidos.

Blackfoot Valley Dispatch: Bueno...
Theodore John Kaczynski: Vamos allá...
BVD: Bien, ¿Por qué abandonaste tu trabajo en Berkeley y tu carrera como matemático?        
TJK: Cuando acepté el trabajo en Berkeley, ya había decidido que lo mantendría como mucho dos años y después me iría a vivir a los bosques. El hecho es que nunca, en ningún momento, me sentí satisfecho con la idea de pasar mi vida trabajando exclusivamente como matemático, sin más. Incluso ya en mi adolescencia soñaba con escapar de la civilización -en cosas como irme a vivir a una isla desierta o a cualquier otro lugar salvaje.
El problema era que no sabía cómo conseguirlo y me resultaba tremendamente difícil recabar el coraje y la determinación necesarios para liberarme de las ataduras que me encadenaban a la civilización y huir a los bosques. Es algo muy difícil porque a veces no somos conscientes de en qué medida las decisiones que tomamos vienen determinadas por las expectativas de la gente que nos rodea y por el hecho de que lo que queramos hacer sea algo que otros considerarían una locura. Es muy difícil conseguir dar ese paso. Es más, yo ni siquiera sabía a dónde ir realmente.
Pero más o menos al principio de mi último año en la Universidad de Michigan experimenté una especie de crisis. Se podría decir que las cadenas psicológicas con que la sociedad nos ata se rompieron de algún modo en mi caso. Tras esto, tuve claro que tenía valor para romper con el sistema, para escapar a algún lugar salvaje y tratar de vivir allí. Cuando fui a Berkeley, no tenía la intención de continuar allí indefinidamente. Acepté el trabajo en Berkeley sólo para ganar algo de dinero para empezar, para poder comprar un pedazo de tierra.
BVD: Dices que cuando eras adolescente soñabas con irte a vivir a un lugar desierto. ¿Recuerdas algo que te llevase a tener ese sueño? ¿Algo que viste o experimentaste?
TJK: Algunas cosas que leí me guiaron en esa dirección. Robinson Crusoe, por ejemplo. Y cuando tenía quizá 11 ó 12 años aproximadamente, leí algunos libros de antropología acerca del hombre de Neanderthal; teorías acerca de cómo vivían y cosas así. Comencé a mostrar un gran interés por leer acerca de este tipo de cosas y llegó un momento en que me pregunté por qué quería seguir leyendo más acerca de estas materias. Llegado a este punto, me di cuenta de que lo que yo quería realmente no era leer más acerca de estas cosas, sino en realidad vivir de ese modo.
BVD: Es interesante que estas cosas te impactaran tanto como para llevarte a actuar en base a ellas. ¿Qué piensas que fue lo que te atrajo de las vidas o modos de vida de Crusoe y del neandertal?
TJK: Entonces no creo que supiese por qué me sentía atraído por esos modos de vida. Ahora pienso que tenía mucho que ver con la libertad y la autonomía personales.
BVD: Este tipo de cosas deben atraer a mucha gente. Así que, ¿por qué no todos ellos tratan de vivir así?
TJK: Creo que a muchas personas les atraen estos temas, pero que carecen de la determinación suficiente para romper sus ataduras y lanzarse a hacer algo así realmente. Robinson Crusoe es considerado uno de los libros más leídos en todo el mundo. Así que obviamente resulta atractivo para mucha gente. Una investigadora de mi caso me dijo que a ella misma le interesaba mucho el modo de vida que adopté en Montana y que mucha gente con la que había hablado de mi caso estaba también muy interesada en ello. Y también que mucha gente con la que habló me envidiaba. Por ejemplo, uno de los agentes del FBI que me arrestaron me dijo: “envidio realmente su modo de vida aquí arriba”. Así que, hay muchas personas que reaccionan de ese modo, pero sólo se revuelven en sus ataduras, sin llegar nunca a romperlas.
BVD: Cuando te fuiste, llegaste a Lincoln, Montana. ¿Por qué a Lincoln?
TJK: Bueno, al principio solicité una parcela de tierra de la Corona en la Columbia Británica [Canadá]. Después, creo que al cabo de más de un año, me la denegaron. Pasé el siguiente invierno, el de 1970-1971, en casa de mis padres en Lombard, Illinois. En esa misma época, mi hermano se había ido a vivir a Great Falls, Montana, donde eventualmente había conseguido un trabajo en la fundición de la Anaconda Company. En algún momento durante aquel invierno él mencionó en una carta a mi madre que si yo quería comprar un trozo de tierra en la parte del país en que él estaba, él estaría interesado en ir a medias conmigo. Así que en la primavera fui a Great Falls, me presenté en su apartamento y acepté su oferta. Con la pasividad que le caracteriza, él dejó en mis manos la tarea de encontrar un terreno.
No se me ocurrió más que hacer que dirigirme al oeste por la Autopista 200, que en aquella época creo recordar que se llamaba Autopista 20, para ver qué me encontraba por el camino. Al pasar por Lincoln vi una pequeña caseta, casi un kiosko, al lado de la carretera, con el cartel de una inmobiliaria. Paré y pregunté al vendedor, un anciano llamado Ray Jensen, si podría mostrarme algún terreno tranquilo y apartado. Me enseñó un lugar en la subida del puerto de Stemple. Me gustó. Llevé a mi hermano a verlo y también a él le gustó, así que lo compramos. Pagamos 2.100$ en efectivo -en billetes de veinte dólares- al dueño, Cliff Gehring, Padre.
BVD: Así que podría haber sido cualquier otro lugar, en realidad.
TJK: Sí.
BVD: ¿Cómo era Lincoln cuando te mudaste allí?
TJK: El pueblo en sí no me parece muy distinto de como lo vi la primera vez. No lo noto muy cambiado. Aunque haya habido algún cambio, como la escuela nueva, la biblioteca y unos pocos negocios nuevos. Quizá habría notado más cambios en el pueblo de haber estado más atento a ello, cero como no lo he estado, no he notado muchos de esos cambios.
Lo que me interesaba eran los espacios naturales de alrededor, y estos han cambiado mucho, porque además de la explotación maderera y la construcción de carreteras, una tremenda cantidad de gente se ha instalado allí. Por ejemplo, en el puerto de Stemple. Antes había muy pocos edificios a lo largo de la carretera del puerto y la mayoría no eran más que cabañas de troncos. No como las cabañas de troncos modernas, sino unas que debían de haber sido construidas muchas décadas antes. Y los pocos residentes permanentes que había eran gente antigua, no gente moderna. El puerto de Stemple en esa época parecía un poco como sacado de los tiempos del Antiguo Oeste.[2]
Si bajas hoy en día por el puerto de Stemple, verás esas caprichosas, presuntuosas y modernas construcciones que ciertamente parecen fuera de lugar en el bosque. Pero las pocas cabañas que había antes no eran presuntuosas. No eran modernas. De hecho, una vez que mis padres vinieron a visitarme a principios de los 70, pasamos en el coche por el puerto de Stemple y mi madre, que es burguesa hasta la médula a pesar de sus orígenes, preguntó con tono despectivo: “¿Qué tipo de gente vive aquí? ¿Vagabundos o qué?” No eran vagabundos, sino viejos lugareños retirados y asentados. Sólo que a ellos no les importaba el estatus ni la apariencia de sus casas. Eran lo bastante anticuados como para no preocuparse de si sus casas guardaban la apariencia que la clase media considera respetable. Y por eso, a los ojos de mi madre, sus hogares parecían miserables.
BVD: Tu cabaña parece estar justo en su sitio -en armonía con su entorno en el bosque. ¿Usaste planos confeccionados por otros a la hora de construirla o tú mismo planificaste su edificación?
TJK: La planeé yo mismo.
BVD: ¿Y la construiste tú mismo?
TJK: Me ayudó un poco mi hermano, pero muy poco. La ayuda que me prestó fue insignificante. En su mayor parte la construí yo mismo.
BVD: ¿Cuánto tardaste en construirla?
TJK: Me llevó desde principios de julio hasta, me parece que, finales de noviembre de 1971. Pero interrumpí varias veces el trabajo porque tuve que viajar a Great Falls por varios motivos. Y lo que es aún peor, tuve que parar cuando me escaldé el pie. El 1 de agosto de 1971 fui tan torpe como para golpear sin querer un puchero con sopa hirviendo. Se derramó justo sobre mis zapatillas y me abrasó el pie de tal modo que, siguiendo las instrucciones del médico, tuve que permanecer inactivo unas 5 semanas o 5 semanas y media.
BVD: Tengo curiosidad por saber si tenías suficiente luz en tu cabaña. ¿Estaba el interior suficientemente iluminado?
TJK: ¿En invierno?
BVD: En cualquier momento.
TJK: Sí. Había suficiente luz. Salvo cuando caía la noche en el exterior, por supuesto.
BVD: ¿Quiénes fueron las primeras personas que te encontraste cuando viniste a Lincoln y quiénes eran tus vecinos?
TJK: Bueno, obviamente, el primero fue el vendedor de la inmobiliaria. Pero las primeras personas con quienes entablé contacto social cuando me mudé a mi propiedad fueron Glen y Dolores Williams, quienes aún poseen la cabaña más próxima a la mía. No permanecían todo el año allí, era sólo su residencia de vacaciones. Siempre mantuve una relación amistosa con ellos, aunque nunca llegamos a intimar. Y también conocí a Irene Preston y Kenny Lee. Eran lo que podríamos llamar personajes peculiares. Él solía contar historias interesantes...
BVD: ¿Y cuándo conociste a los Lundberg?
TJK: Me parece que la primera vez que entablé contacto con Dick Lundberg fue más o menos en 1975, porque antes de esa época yo tuve primero un coche y más tarde una vieja camioneta. Pero después de 1975 no tenía ya ningún vehículo a motor y fue entonces cuando comencé a ir a Helena con Dick en su coche, de vez en cuando. Creo que conocí a Eileen a finales de los 70 o principios de los 80.
BVD: Así que esa gente que conociste era la gente que vivía en los alrededores de tu cabaña.
TJK: Sí, Glen y su esposa, como ya sabes, vivían justo un poco más abajo de donde vivía yo. Y también conocí a Bill Hull y a algunos miembros de su familia. A excepción de los dependientes de los comercios y similares, esa fue la única gente que conocí hasta... ummmmm... probablemente bien entrados los 80. Cuando Sherri (Wood) se encargó de la biblioteca, entablé contacto con ella. Y en algún momento conocí a Theresa y a los Garland. Les terminé conociendo a cuenta de ir a su tienda a comprar. Así que no conocí demasiada gente durante los diez primeros años, o más.
BVD: ¿Qué hay de Chris Waits?
TJK: La primera vez que le vi fue probablemente a mediados de los 80. No lo recuerdo. Solía adelantarme en la carretera. Puede que me recogiese una o dos veces -no estoy seguro de que lo hiciese siquiera. Pero sí recuerdo que solía pasar de largo por la carretera y saludarme. Y ése es el único contacto que tuve con él, salvo una vez que estaba en el comercio de Leora Hall y hablé brevemente con él. La verdad es que sobre todo pasaba mi tiempo solo en los bosques y, por tanto, realmente no tuve ocasión de encontrarme con nadie, salvo con quienes vivían en las inmediaciones.
BVD: Ya veo. Ciertamente, él no vivía en las inmediaciones de tu casa. A propósito de la tienda de Leora Hall, donde hablaste brevemente con él: En su libro, Waits asegura que tú compraste allí cubertería de plata o bañada en plata. Pero Leora Hall me ha asegurado que tú no compraste ningún objeto de plata o bañado en plata, ya que ella no vendía ninguno. Sin embargo, ella recuerda haberte visto por allí e incluso recuerda qué cosas compraste concretamente. ¿Tienes algo que decir?
TJK: Nunca le he comprado ningún objeto de plata o bañado en plata ni a Leora Hall ni a ninguna otra persona.
BVD: Bueno, dejémoslo entonces. ¿Seguías algún tipo de rutina en tu vida?
TJK: La verdad es que no había rutina, pero sí ciertas actividades -como cocinar o recoger leña para el hogar- que tendían a convertirse en pautas rutinarias.
BVD: ¿Cómo era un día normal para ti en Lincoln?
TJK: Es una pregunta muy difícil de contestar ya que no había ningún día igual a otro. Mis actividades variaban mucho según la estación y según las tareas que necesitase realizar cada día. Pero te describiré un día típico.
Bueno, tomemos como ejemplo un día de enero y supongamos que me despierto más o menos a las 3:00 de la madrugada y veo que está nevando. Prendo fuego en mi estufa de leña y pongo un puchero con agua sobre el fogón. Cuando el agua empieza a hervir le añado unos cuantos copos de avena y los remuevo durante unos pocos minutos hasta que estén hechos. Entonces aparto el puchero del fuego, añado un par de cucharadas de azúcar y algo de leche -obtenida a partir de leche en polvo. Mientras la avena se enfría, como un trozo frío de carne de liebre hervida. Después me como la avena. Me quedo sentado durante unos minutos frente a la portezuela abierta de la estufa mirando cómo se consume el fuego. Entonces me vuelvo a quitar la ropa, me meto en la cama de nuevo y me quedo dormido.
Cuando me despierto está justo comenzando a clarear. Salgo de la cama y me visto rápidamente porque hace frío dentro de la cabaña. Para cuando ya estoy vestido, hay un poco más de luz y puedo ver que ya no nieva y que el cielo está despejado. Debido a que la nieve es reciente, será un buen día para cazar liebres. Así que agarro mi viejo y destartalado rifle de un sólo disparo calibre 22 y lo descuelgo de los ganchos de la pared. Meto en el bolsillo mi pequeña cartuchera de madera, con 16 cartuchos; además meto un par de paquetes de cerillas envueltos en bolsas de plástico y me engancho un cuchillo con su funda al cinturón, por si acaso tuviese que prender fuego en caso de emergencia. Entonces me pongo las raquetas para la nieve y salgo afuera.
Al principio subo un duro repecho hasta llegar a lo alto de la cumbre, entonces camino por un tramo llano durante más o menos una milla[3], hasta llegar al bosque abierto de pinos “lodgepole”[4] donde pretendo cazar.
Un pequeño paseo entre los pinos y encuentro las huellas de una liebre de raquetas[5]. Sigo el rastro paso a paso a lo largo de su enrevesada trayectoria durante aproximadamente una hora. Entonces, de repente, veo el ojo negro y las puntas negras de las orejas de una liebre de raquetas que por lo demás es totalmente blanca. Lo que primero percibes suele ser el ojo y las puntas negras de las orejas. El “conejito” me mira desde detrás de las ramas enmarañadas y de las agujas verdes de un pino desplomado no hace mucho. La liebre está a unos 40 pies[6] de distancia, pero está alerta y mirándome así que no podré acercarme más. Por tanto, tengo que buscar un ángulo de tiro desde el cual pueda disparar limpiamente a través del montón de ramas -incluso la más fina ramita puede desviar una bala del 22 lo suficiente como para errar el tiro. Para conseguir ese disparo certero tengo que tumbarme en la nieve en una postura rara y usar mi rodilla como apoyo para el cañón del rifle. Alineo el punto de mira con un punto de la cabeza de la liebre situado justo detrás del ojo... mantengo el pulso... ¡bang! La liebre ha sido alcanzada en la cabeza. Un tiro así normalmente mata a la liebre de forma instantánea, pero las patas traseras del animal con frecuencia patalean violentamente durante unos pocos segundos, lo cual hace que rebote sobre la nieve.
Cuando la liebre deja de patalear, me acerco a ella y compruebo que está bien muerta. Entonces digo en voz alta, “gracias, Abuelo Liebre” -el Abuelo Liebre es una especie de semidiós que yo me inventé y que sería el espíritu guardián de todas las liebres de raquetas.
Me quedo de pie por unos minutos observando la blancura inmaculada de la nieve y el sol filtrándose a través de los pinos, en torno a mí. Formo parte del silencio y la soledad. Es magnifico estar aquí. A veces he encontrado rastros de trineos a motor en la cresta de la cumbre principal, pero en estos bosques en que me encuentro en estos momentos, una vez pasada la temporada de caza mayor, en todos los años que he pasado en esta zona, nunca he visto otras huellas de seres humanos más que las mías propias. Saco un cordón con un lazo corredizo de mi bolsillo.
Para facilitar su transporte, aprieto el lazo en el cuello de la liebre y enrollo el otro extremo del cordón en el guante que cubre mi mano. Entonces sigo buscando las huellas de otra liebre.
Cuando he conseguido tres liebres me encamino de vuelta a casa.
Para cuando llego a casa, hace ya unas seis o siete horas que salí de allí. Mi primera labor es desollar y destripar las liebres. Sus hígados, corazones, riñones, sesos y algunos otros despojos los meto en una lata. Cuelgo los animales muertos en un lugar seguro y luego bajo a mi almacén de raíces para coger algunas patatas y un par de chirivías[7]. Tras lavarlas y llevar a cabo otras tareas -quizá partir algo de leña, o recoger nieve para fundirla y obtener agua potable- pongo el puchero al fuego y a su debido tiempo le añado algunas verduras silvestres secas, las chirivías, las patatas y los hígados y demás vísceras de las liebres.
Para cuando está todo en su punto, ya está comenzando a anochecer. Como mi estofado a la luz de mi quinqué de keroseno. O, si quiero ahorrar, quizá abra la portezuela de la estufa y coma a la luz de la lumbre. Como postre como un puñadito de pasas.
Estoy cansado pero estoy en paz. Me siento durante un rato frente a la portezuela abierta de la estufa observando fijamente las llamas. Puede que lea un poco. Pero, probablemente, simplemente me tumbe en la cama durante un rato mirando la oscilación de la luz del fuego sobre las paredes. Cuando me entra sueño me quito la ropa, me meto bajo las mantas y me quedo dormido.
BVD: Yo también te envidio. Si realmente es así, suena maravilloso. Libertad y autonomía. Sin tener que moverse a golpe de reloj.
Pero ya que hablas de dormir, ¿era cómoda tu cama o litera?
TJK: Bueno, era lo bastante cómoda para mí.
BVD: Respeto y aprecio tu costumbre de dar gracias al Abuelo Liebre. Me lleva a pensar en el origen del ritual o costumbre de bendecir la mesa antes de comer: expresar solemnemente la consciencia del sacrificio, del hecho de que toda vida acaba entregándose a sí misma para que otra pueda ser vivida...
¿Crees en el destino?
TJK: No.
BVD: ¿Crees en Dios?
TJK: No. ¿Y tú?
BVD: ¿En el destino o en Dios?
TJK: En ambos.
BVD: Quizá...
Recuerdo haber leído que tus padres eran ateos y que, por tanto, tú fuiste criado en un hogar ateo.
TJK: Es cierto.
BVD: ¿Recuerdas que tus padres hablasen alguna vez acerca de Dios? ¿Decían alguna vez cosas como: “Esto es lo que alguna gente cree...”?
TJK: Oh, a veces lo hacían. Por ejemplo, si mi madre estaba leyéndome un libro y en él aparecía algo sobre Dios, me explicaba: “Bueno, alguna gente cree esto o aquello, pero nosotros no lo creemos”. Cosas de ese tipo.
BVD: Ya veo.
Bueno, volviendo a tu vida cotidiana, has mencionado algunas de las cosas que comías. ¿Cómo era tu dieta en general? ¿Qué comías un día cualquiera?
TJK: Eso variaba mucho según la época... Entre 1975 y 1983 compré harina, arroz, copos de avena, azúcar, harina de maíz, aceite, leche en polvo y una cierta cantidad de fruta y/o tomate enlatados para el invierno. Solía comer una lata de vez en cuando a lo largo de la estación fría. Además, comía pequeñas cantidades de pescado enlatado y de fruta desecada. Aparte de esto casi todo lo que comía era silvestre o cultivado en mi propio huerto. Comía ciervo[8], wapití[9], liebre de raquetas, ardilla[10], tres tipos de gallos de bosque[11], puercoespín[12] y a veces patos, marmotas[13], ratas almizcleras[14], ratas de paquete[15], comadrejas, coyotes, un búho que maté accidentalmente -yo nunca mataría un búho intencionadamente-, ratones ciervo[16] y saltamontes, varias especies de arándanos[17], “soapberries”[18], “twinberries” rojas[19], “twinberries” negras[20], uvaespinas[21], dos tipos de grosellas negras[22], frambuesas[23], fresas, uvas de Oregón[24], cerezas “choke”[25] y escaramujos[26]. Las raíces feculentas que comía eran “camas”[27], “yampa”[28], “bitterroot”[29] y Lomatium[30] así como “spring beauty”[31]. También comía unos pocos tipos de raíces más pequeñas y un par de docenas de tipos de verduras silvestres. En mayo y junio, antes de cada comida, comía una ensalada, a menudo una ensalada bastante grande, simplemente dándome una vuelta por mi finca, recogiendo un poco de esto y otro poco de aquello y llevándomelo directamente a la boca. En algunos casos recogía semillas comestibles para hacer pan. Pero molerlas requería demasiado tiempo. No tenía un molinillo de mano y las molía en una roca. En mi huerto cultivaba patatas, chirivías, remolachas y acelgas, cebollas, dos tipos de zanahorias, espinacas, rábanos, brécol y en alguna ocasión armuelles[32], aguaturmas[33] y nabos.
   Secaba verduras silvestres y cultivadas y a veces bayas, para poder usarlas en invierno. Pero como alimentos ricos en almidón dependía sobre todo de las patatas y de otros alimentos comprados en la tienda, como la harina, el arroz, etc. Las raíces feculentas silvestres escasean en las zonas altas de las montañas. El “bitterroot” y el “camas” abundan en algunos lugares llanos del fondo de los valles, pero éstos son en su mayoría tierras privadas y es de suponer que a sus dueños no les gustaría verme por allí escarbando en sus prados para obtener esos alimentos. Durante el invierno, solía hacer té con agujas de abeto de Douglas[34] como fuente de vitamina C.
   Mi último invierno en Montana, 1995-1996, estaba sin blanca. Cuando has de prescindir de las cosas que el sistema aporta, es sorprendente lo bien que puedes llegar a apañarte improvisando por tu cuenta. No tenía frutas ni verduras compradas, ni frescas ni secas ni en lata, pero tenía un montón de mis propias verduras secas, tenía algunas grosellas negras y ruibarbo[35] secos, además de ardillas y liebres como fuente de carne. Las únicas materias que compré eran harina -integral y blanca-, aceite, azúcar y me parece que un poco de arroz. No recuerdo si llegué a comprar algo de copos de avena o de harina de maíz. Sé que la poca leche en polvo que tenía pronto se me acabó y estuve usando polvo dentífrico -que contiene yeso- como fuente de calcio. Cuando se me acabó también estuve planeando usar incluso cenizas de huesos de liebre molidos o roca caliza pulverizada. Pero me las arreglé bien, disfruté de mis comidas y fue un buen invierno.
BVD: ¿Cuál era tu alimento silvestre favorito?
TJK: Probablemente el alimento silvestre más sabroso de la zona de Lincoln sean las bayas de perdiz[36], una minúscula baya perteneciente a una especie del género Vaccinium -el género de los arándanos- que crece en cotas elevadas. Las bayas son tan pequeñas que puede llevar toda una hora recoger sólo una taza de ellas, pero el sabor es soberbio. Además de ellas, mis alimentos preferidos eran los arándanos, la “yampa” y los hígados de ciervo, de liebre de raquetas y de puercoespín.
BVD: ¿Había algún plato favorito que te gustase preparar?
TJK: No tenía ningún plato fijo, ya que usaba para cocinar lo que tenía más a mano en cada momento. Hablando en general, mis mejores comidas eran los estofados que contenían carne, verduras y algún tipo de alimento feculento como patatas, arroz, macarrones o raíces como la “yampa”.
BVD: ¿Comías en el exterior?
TJK: Pocas veces. Normalmente comía dentro de la cabaña, en la mesa... Cuando acababa de comer, a veces, me recostaba sobre el respaldo de la silla con los pies sobre la mesa y simplemente me quedaba mirando un rato por la ventana.
BVD: ¿Podías ver a través de la ventana?
TJK: ¿Perdona?
BVD: Que si podías ver a través de la ventana.
TJK: Sí claro. Para eso se supone que son las ventanas...
BVD: ¿Cómo aprendiste qué plantas eran comestibles y el modo de preparación, si es que lo necesitaban?
TJK: Durante años antes de dejar Berkeley me había interesado la vida al aire libre y estuve aprendiendo habilidades tales como reconocer plantas silvestres comestibles y cosas por el estilo. Aprendí a reconocerlas con libros acerca del tema, tales como Edible Wild Plants of Eastern North America de Fernald y Kinsey y Wild Edible Plants of the Western United States de Donald Kirk. Estos libros ofrecían alguna información acerca de la preparación de las plantas, pero sobre todo aprendí a prepararlas mediante el procedimiento de “ensayo y error”. Conocí algunas plantas comestibles experimentando. Puede ser peligroso experimentar con ciertas familias de plantas, como la de la zanahoria[37] o la familia del lirio[38], ya que incluyen algunas especies que resultan mortales. Pero es seguro experimentar con la familia de la mostaza[39] y la familia de las compuestas y la de la remolacha[40], por lo que yo sé, no poseen especies mortales, aunque algunas puedan ser más o menos tóxicas. Hay un par de especies miembros de la familia de la mostaza que usé como verdura a menudo sin llegar a saber nunca sus nombres. Hubo una especie de la familia de las compuestas que estuve comiendo durante años antes de enterarme de que era una especie de falso diente de león. Y hubo otra planta de la familia de la remolacha que a menudo comía pero jamás conseguí identificar.
BVD: ¿Eras autosuficiente?
TJK: No, qué va; no era totalmente autosuficiente. Necesitaba comprar en la tienda ciertas materias tales como harina, arroz, copos de avena y aceite. Compraba la mayoría de mi ropa, aunque también me hice yo mismo algunas prendas. En un principio, la autosuficiencia total era una meta que quería llegar a alcanzar algún día, pero debido al creciente deterioro de las tierras salvajes y a la progresiva aglomeración de gente por los alrededores, llegué a sentir que ya no tenía sentido seguir intentando conseguir esa meta y mi interés se centró en otros asuntos.
BVD: ¿Hasta qué punto el modo de vida, que elegiste satisfizo tus sueños, deseos o motivaciones originarias, esto es, tus sueños de juventud y tus planes tras decidir abandonar Berkeley? ¿Y qué fue lo más satisfactorio de tu vida en Lincoln? 
TJK: Mi vida en los bosques me aportó algunas satisfacciones que yo había esperado obtener, como la libertad personal, la independencia, un cierto componente de aventura y un modo de vida sosegado.
También obtuve algunas satisfacciones que no había entendido o anticipado previamente, o que incluso me pillaron por sorpresa. Cuanto más íntima se vuelve tu relación con la naturaleza, más aprecias su belleza. Es una belleza que no consiste sólo en captar imágenes y sonidos sueltos sino en una percepción de... toda ella en su conjunto. No sé cómo expresarlo. Lo más importante es que cuando vives en los bosques, en vez de simplemente visitarlos de forma esporádica, la belleza entra a formar parte de tu vida en lugar de ser algo que simplemente se observa desde el exterior.
En estrecha relación con esto último, una parte de esa relación íntima con la naturaleza que vas forjando, es la agudización que llegan a adquirir tus sentidos. No es tanto que tu oído o tu vista se vuelvan más agudos, sino que te das más cuenta de las cosas. Con la vida en la ciudad, tiendes a encerrarte en ti mismo, en cierto modo. Tu entorno está atestado de imágenes y sonidos irrelevantes y te acostumbras a apartar la mayor parte de ellos de tu consciencia. En los bosques, tu atención se dirige hacia afuera, hacia tu entorno, de ahí que seas mucho más consciente de lo que sucede a tu alrededor. Por ejemplo, notas cosas en el suelo, tales como plantas comestibles o huellas de animales que suelen pasar desapercibidas para otra gente. Si un ser humano ha pasado por allí y ha dejado el más mínimo rastro o una pisada, probablemente lo notarás. Sabes qué sonidos son los que llegan a tus oídos: esto es el canto de un pájaro, esto el zumbido de un tábano, esto es un ciervo asustado que huye corriendo, esto es el golpe de una piña el caer sobre un tronco tras ser arrancada por una ardilla. Si oyes un sonido que no puedes identificar, inmediatamente capta tu atención, incluso si es tan débil que apenas es audible.
Otra cosa que aprendí fue la importancia de tener trabajos con sentido que llevar a cabo. Me refiero a tareas con un verdadero sentido -cuestiones de supervivencia. No me di cuenta totalmente de lo que suponía vivir en la naturaleza hasta que mi situación económica fue tal que tuve que cazar, recoger plantas y cultivar un huerto para poder comer. Durante parte de mi vida en Lincoln, especialmente entre 1975 y 1978, si no tenía éxito en la caza, no tenía carne para comer. No tenía verduras a no ser que las recolectase o que las cultivase yo mismo. No hay nada más satisfactorio que la plenitud y la confianza en uno mismo que aporta este tipo de autosuficiencia. Y en estrecha relación con esto uno pierde casi totalmente su miedo a la muerte.
Al vivir en la naturaleza, uno descubre que la felicidad no consiste en maximizar el placer. Consiste en la tranquilidad. Una vez que has disfrutado de la tranquilidad durante el suficiente tiempo, realmente desarrollas aversión hacia la mera idea de cualquier forma de placer intenso -un placer excesivo estropearía tu tranquilidad.
Por ultimo, uno aprende que el aburrimiento es una enfermedad propia de la civilización. Pienso que el aburrimiento ante todo consiste en que las personas sienten la necesidad de mantenerse entretenidas y ocupadas, ya que si no lo hacen, sus diversas ansiedades, frustraciones, descontento y demás comienzan a aflorar a la superficie y eso les hace sentirse incómodas. El aburrimiento es prácticamente inexistente una vez que te has adaptado a la vida salvaje. Si no tienes ninguna tarea realmente importante que necesite ser realizada, te puedes sentar durante horas y horas sin hacer nada en absoluto, sólo escuchando a las aves, el viento o el silencio, viendo las sombras moverse a medida que el sol se desplaza o, simplemente, observando objetos familiares. Y no te aburres. Simplemente estás en paz.
BVD: ¿Cuál fue la parte más dura de tu vida en Lincoln?
TJK: Lo peor de mi vida en los bosques fue observar el inexorable avance de la civilización moderna. Había cada vez más casas a lo largo del puerto de Stemple o en cualquier otro lugar. Más pistas a través de los bosques, más zonas deforestadas, más aviones y helicópteros volando por encima. Radiocollares en los wapitíes, fumigación con herbicidas, etc.
BVD: ¿Cuáles son algunos de tus más añorados recuerdos de tu vida en los bosques?
TJK: Dar paseos por las montañas, temprano en primavera, cuando la nieve se había derretido lo suficiente como para permitirlo, disfrutando de la nueva libertad física que suponía el hecho de no tener que seguir calzando las raquetas para la nieve, y volver a casa con un montón de verduras frescas y tiernas, tales como cebollas silvestres[41], dientes de león[42], “bitterroot” y Lomatium, con uno o dos gallos de monte -cazados ilegalmente, lo admito. Trabajar en el huerto de madrugada. Cazar liebres de raquetas en invierno. El tiempo que pasaba en mi escondite secreto durante el invierno. Ciertos lugares donde acampaba durante la primavera, el verano y el otoño. Los estofados de otoño con carne de ciervo, patatas y otras verduras de mi huerta. Todas las ocasiones en las que simplemente me sentaba o tumbaba quieto in hacer nada, sin ni siquiera pensar demasiado, simplemente impregnándome de paz.
BVD: Muchas gracias.
TJK: Ha sido un placer.

(Nota de la entrevistadora: A pesar de ciertas afirmaciones publicadas que aseguran que el escondite secreto de Kaczynski había sido hallado, jamás fue encontrado. En otra ocasión hablaremos de ello).




[1] Traducción a cargo de Último Reducto de “An Interview with Ted”, publicada en el boletín Blackfoot Valley Dispatch Vol. 19, nº 1, 2, 3 y 4, enero 2001, Lincoln, Montana, Estados Unidos. Original cedido por Ted Kaczynski con permiso de la entrevistadora. Nota del traductor.
[2] “Old frontier days” en el original. La traducción literal sería: “Los viejos tiempos de la frontera”. “La frontera” (“the frontier”) era el modo en que denominaban los estadounidenses del siglo XIX a las tierras del Oeste y del norte de Norteamérica que estaban sólo a medio explorar o colonizar, en las cuales la civilización del “hombre blanco” aún no había conseguido afianzarse y en las cuales los blancos (y a veces negros y amarillos asiáticos) que se adentraban o pretendían instalarse se enfrentaban no ya a peligros tales como los ataques de los indios, las fieras o los desastres naturales, sino a un modo de vida basado inevitablemente en la autosuficiencia y la improvisación a la hora de resolver los asuntos y necesidades de la vida cotidiana.
Aquí se ha traducido “old frontier days” por “tiempos del Antiguo Oeste” ya que así resultaría más sencilla su comprensión para la mayoría de los lectores hispanoparlantes, aunque no sea realmente exacta (los “días de la frontera” fueron solamente una época y una situación muy concreta y especial en la historia de la colonización el Oeste estadounidense por parte de la civilización moderna. En concreto, el principio de la misma). N. del t.
[3] 1 milla = 1,6 km. aprox. N. del t.
[4] “Lodgepole pine” en el original. Corresponde a la especie Pinus contorta. N. del t.
[5] “Snowshoe hare” en el original. “Snowshoe” significa “raqueta para la nieve”. “Estas liebres son de las especies Lepus americanus y otras especies estrechamente afines con ésta [...]” (Ted Kaczynski en carta a Último Reducto del 30 de abril del 2004. Original en castellano). La liebre de raquetas se llama así porque sus anchas patas traseras le sirven a modo de raquetas para correr sobre la nieve sin hundirse. N. del t.
[6] 40 pies = 12,19 metros. N. del t.
[7] “Parsnips” en el original. Corresponde a la especie Pastinaca sativa. [Nota del traductor].
[8] “Los ‘deer’ [ciervos] que comía eran de la especie Odocoileus hemionus y se llaman ‘mule deer’ [ciervo mula]”. (Carta de Ted Kaczynski a Último Reducto del 7-10-2004. Original en castellano). N. del t.
[9] “Elk” en el original. La traducción de “elk” al castellano es, en principio, “alce”. Pero en Norteamérica se llama “elk” sólo al ciervo wapití (Cervus canadensis), mientras que al alce o anta (Alces americana) se le llama “moose”. Por tanto, Kaczynski no cazaba alces sino wapitíes. N. del t.
[10] Probablemente Tamasciurus hudsonicus o ardilla roja americana. N. del t.
[11] “Grouse” en el original. “Grouse” es un término que los angloparlantes aplican a varias especies y géneros de la familia de aves galliformes conocidas como tetraónidas.  
En el caso de Kaczynski, los “grouse” que cazaba en Montana, eran lo que en castellano se han dado en llamar, de forma genérica, “gallos de bosque” o “gallos de monte”, nombre aplicado a varias especies de tetraónidas norteamericanas. En concreto, Kaczynski cazaba:
-Dendragapus obscurus, “Blue grouse” en inglés. “Gallo de las Rocosas” o “perdiz oscura” en castellano.
-Bonasa Umbellus, “Ruffed grouse” en inglés. En castellano se suele llamar grévoles a las especies del género Bonasa. En este caso se trata del grévol engolado.
-Canachites canadensis, “Spruce grouse” o “Franklin grouse” en inglés. La traducción literal al castellano de “Spruce grouse” sería “gallo de los abetos”.
Nota del traductor basada en datos aportados por el propio Ted Kaczynski.
[12] Roedores con púas de la familia de los eretizodóntidos. Probablemente Erethizon dorsatum. N. del t.
[13] “Rockchuck” en el original. Probablemente Marmota flaviventris. N. del t.
[14] “Muskrats” en el original. Corresponde a la especie Ondatra zibethica. N. del t.
[15] “Packrats” en el original. Roedores del género Neotoma. N. del t.
[16] “Deer mice” en el original. Corresponde a la especie Peromyscus maniculatus. N. del t.
[17] Género Vaccinium. Las distintas especies de Vaccinium son designadas en inglés con distintos nombres comunes los cuales, a su vez varían según la zona. Kaczynski, por ejemplo, utilizaba en este caso el término “huckleberries”, para referirse a cierta especie de Vaccinium. Sin embargo, ese mismo nombre, “huckleberry”, se usa en otros lugares para designar a otras plantas del género Gaylussacia (perteneciente a la misma familia que Vaccinium, las ericáceas). Nota del traductor basada en datos aportados por el propio Ted Kaczynski.
[18] Género Sepherdia. N. del t.
[19] Las “twinberries” rojas pertenecen a la especie Lonicera utahensis. N. del t.
[20] Corresponde a la especie Lonicera involucrata. N. del t.
[21] “Gooseberries” en el original. Corresponde a la especie Ribes uva-crispa. También llamada R. grossularia. N. del t.
[22] “Black currants” en el original. Género Ribes. N. del t.
[23] “Raspberries” en el original. Corresponde al género Rubus. N. del t.
[24] “Oregon grapes” en el original. Género Mahonia. N. del t.
[25] “Choke cherries” en el original. Prunus virginiana. N. del t.
[26] “Rose hips” en el original. Frutos de rosal silvestre (género Rosa). N. del t.
[27] Género Camassia. Probablemente C. quamash. N. del t.
[28] Género Carum. Probablemente C. gairdneri o C. kellogi. N. del t.
[29] Corresponde a la especie Lewisia rediviva. N. del t.
[30] Género perteneciente a la familia de las umbelíferas. N. del t.
[31] Probablemente Claytonia virginica. N. del t.
[32] “Orach” en el original. Corresponde a la especie Atriplex hortensis. N. del t.
[33] “Jerussalem artichokes” en el original. Helianthus tuberosum. N. del t.
[34] Corresponde a la especie Pseudotsuga menziesii. N. del t.
[35] Corresponde a la especie Rheum rhabarbarum. N. del t.
[36] “Partridge berries” en el original. Pertenecen al género Vaccinium. Nota del traductor basada en datos aportados por el propio Ted Kaczynski.
[37] Familia de las umbelíferas. N. del t.
[38] “Lily” en el original. Kaczynski se refiere al género Lilium y, por tanto, a la familia de las liliáceas. Nota del traductor basada en datos aportados por el propio Ted Kaczynski.
[39] Familia de las crucíferas. N. del t.
[40] Familia de las quenopodiáceas. N. del t.
[41] Género Allium. N. del t.
[42] Géneros Leontodon o Taraxacum. N. del t.