Comentarios críticos a “En defensa de la violencia” de Ted Kaczynski
Por Último Reducto
Comentarios críticos a “En defensa de la violencia” de Ted Kaczynski
Por Último Reducto
En defensa de la violencia[1]
Por Ted
Kaczynski
Cuando escribí al New York Times ofreciendo desistir del terrorismo si mi escrito[2] era publicado, prometí que el manifiesto no abogaría explícitamente a favor de la violencia, ya que asumí que los medios de comunicación de masas convencionales rehusarían publicar cualquier cosa que defendiese la violencia.
Por esta razón, en “Industrial Society and Its Future” (ISIF),[3] quité importancia al probable papel de la violencia en la revolución. En realidad, es casi seguro que una revolución en contra del sistema tecnoindustrial tendrá que implicar violencia en algún momento. El uso de la fuerza y la violencia son el juez en última instancia. Cuando un conflicto social importante no puede ser resuelto mediante acuerdos, el asunto se resuelve mediante la fuerza física o la amenaza de ella. Como dije en ISIF, párrafos 125–135, si tratamos de pactar con la tecnología estaremos condenados a perder. El sistema no está nunca satisfecho con ninguna situación estable, y nunca lo estará -siempre busca expandir su poder y nunca tolerará permanentemente nada que quede fuera de su control (ISIF, párrafo 164). Por tanto, el conflicto entre nosotros y el sistema es irreconciliable y al final sólo podrá resolverse mediante la fuerza física. El sistema depende de la fuerza y de la violencia para mantenerse -ésa es la función de la policía y del ejército. Si los revolucionarios renunciamos totalmente a recurrir a la violencia, nos ponemos en una situación de desventaja aplastante respecto al sistema. No estoy defendiendo la violencia indiscriminada o automática; en muchas situaciones las tácticas no violentas son las más eficaces. Sin embargo, sostengo que la violencia forma parte importante del kit de herramientas del revolucionario y que deberíamos estar preparados para usarla cuando podamos obtener una ventaja importante haciéndolo.
La razón por la cual el sistema nos enseña a horrorizarnos ante la violencia es porque la violencia de cualquier tipo es peligrosa para él. El sistema requiere orden ante todo; necesita gente que sea dócil y obediente y que no dé problemas. Roger Lane ha señalado que antes de la Revolución Industrial, la sociedad estadounidense era mucho más tolerante con la violencia de lo que lo es hoy en día y que el énfasis en la no-violencia surgió en respuesta a la necesidad del sistema industrial de contar una ciudadanía ordenada y dócil. (Véase el capítulo 12 de Violence in America: Historical and Comparative Perspectives, editado por Hugh Davis Graham y Ted Robert Gurr). Salvo por algunas excepciones, los líderes del sistema son bastante sinceros a la hora de rechazar la violencia. Aunque el sistema tiene que usar la violencia para preservarse, trata normalmente de mantener el nivel de la violencia -incluida su propia violencia- lo más bajo posible, ya que la violencia intensifica las tensiones sociales que ponen en peligro al sistema. El “poli malo” que apalea a la gente es, a su irracional manera, un rebelde contra el sistema. Para los miembros más racionales y autodisciplinados de la tecnocracia, el policía ideal es aquel que usa justo la cantidad de fuerza imprescindible, y nada más que la imprescindible, con el fin de mantener el orden público y la disciplina social.
La mayoría de la gente que insiste en la no-violencia como principio fundamental cae en alguna de las tres categorías siguientes. Primero están los conformistas -aquellos que creen en la no-violencia porque el sistema ha conseguido lavarles el cerebro. En segundo lugar están los cobardes. Y en tercer lugar, están los santos -esas personas bastante escasas cuya creencia en la no-violencia viene motivada por una compasión genuina.
En lo referente a los conformistas y los cobardes, son totalmente
despreciables y no necesitamos decir más sobre ellos. Los santos, por otro
lado, merecen nuestro respeto. Si aceptásemos sus principios ciertamente deberíamos
dejar a un lado la revolución, pero de todos modos puede que tengan un papel
importante que jugar. Durante el desorden y la violencia que probablemente
acompañarán a la revolución, ellos pueden ayudar a mantener vivo el ideal de la
amabilidad y la compasión; y -¿quién sabe?- quizá algún día incluso lleguen a
tener un efecto práctico a la hora de reducir la cantidad de crueldad en la
sociedad humana. Sin embargo, por sí mismos no podrán ganar una revolución. Para eso hacen falta combatientes
duros.
En vista de los modos en que las actitudes hacia la violencia varían
según las circunstancias bajo las cuales ésta se lleve a cabo, resulta obvio
que, en nuestra sociedad, la mayor parte de la oposición a la violencia es
meramente una cuestión de conformidad o convención social. Cuando la violencia
es llevada a cabo con la aprobación del sistema (como en la guerra, por
ejemplo), la mayoría de la gente la acepta. Sólo se horrorizan ante la
violencia cuando el sistema la desaprueba.
Mis abogados trajeron a un neuropsicólogo, un tal Dr. Watson, para hacerme unas pruebas que verificasen que yo no estaba loco. Después de hacerme las pruebas, el Dr. Watson me hizo algunas preguntas sobre mis atentados con bombas. Entre otras cosas, me preguntó cómo me sentía respecto al impacto de mis acciones sobre las “víctimas” y sus familias y parece que le chocó bastante el hecho de que un hombre inteligente como yo pudiese matar a personas sin sentir apenas culpa y sin que el impacto en las familias de los muertos le preocupase demasiado. Sin embargo, si yo hubiese sido un soldado que hubiese matado o herido gravemente a soldados enemigos en una guerra, al Dr. Watson ni siquiera se le habría ocurrido preguntarme cómo me sentiría acerca del impacto en las víctimas o en sus familias. Nadie espera que un soldado dude a la hora de matar soldados enemigos o se preocupe acerca de cómo se sienten las familias de los muertos, y a muy pocos soldados les preocupan esas cosas. Esto muestra que la actitud de la mayoría de las personas hacia la violencia no está gobernada por la compasión sino por la convención social.
El derrumbe del sistema tecnoindustrial implicará casi con toda seguridad privaciones físicas a nivel general. Si la caída es repentina, conllevará una verdadera hambruna, ya que no habrá pesticidas ni fertilizantes químicos, ni semillas híbridas de alta tecnología, ni combustible o piezas de repuesto para la maquinaria agrícola, ni camiones y trenes para llevar los productos a las ciudades. Incluso si el sistema se desintegra más o menos gradualmente a lo largo de unas pocas décadas, es casi inconcebible que la reducción de la población y la transición a una agricultura de subsistencia puedan ser llevadas a cabo de forma tranquila y ordenada. Mucha gente sufrirá debido a la falta de alimentos o de otros productos materiales necesarios, y en tales circunstancias es seguro que habrá un desorden social generalizado y por consiguiente luchas. ¡Miren ustedes la historia! La caída rápida de una civilización va casi siempre acompañada de violencia, y cuanto más avanzada es la civilización mayor es la violencia.
El grado en que la cultura de la clase media moderna trata de suprimir la agresión, la cual forma parte normal del repertorio conductual de los seres humanos y de la mayoría de los demás mamíferos, es algo inusitado. La mayoría de las sociedades a lo largo de la historia humana han sido más tolerantes con la agresión de lo que lo es la clase media actual. Es cierto que ha habido unas pocas culturas primitivas que eran estrictamente no violentas y que las ideologías de la pasividad y la no-violencia han tomado a dichas culturas como ejemplos para tratar de mostrar lo violenta que es la sociedad moderna en comparación con el buen salvaje. Sin embargo, sea su falta de honestidad consciente o inconsciente, ignoran completamente las mucho más numerosas culturas primitivas que permitían un grado de violencia mucho mayor del que actualmente permite la moralidad de la clase media moderna. Por ejemplo, Derrick Jensen, en Listening to the Land (Sierra Club Books, 1995, página 3) elogia a los indios okanagan de la Columbia Británica por el hecho de que nunca practicaban la violencia física, pero no dice ni una palabra que reconozca el hecho de que la mayoría de las tribus indias norteamericanas eran notablemente belicosas. Muchas de las tribus incluso fomentaban la guerra como algo noble y admirable y luchaban en guerras innecesarias simplemente porque los hombres jóvenes querían obtener gloria militar. (Para que las feministas no traten de culpar sólo a esas repugnantes bestias masculinas, debo señalar que los hombres eran incitados por las mujeres. En las tribus belicosas, todas las mujeres querían que sus hijos fuesen bravos guerreros y una de las razones por las que los hombres jóvenes querían obtener prestigio militar era porque éste les hacía populares entre las muchachas).
Por supuesto, la guerra primitiva era muy diferente de la guerra moderna. Hoy en día los soldados luchan para satisfacer la ambición de los políticos o los dictadores; en las principales guerras normalmente son reclutados a la fuerza e, incluso cuando se alistan voluntariamente, por lo general lo hacen porque les han lavado el cerebro con propaganda. El campo de batalla moderno es un matadero en el cual la habilidad y el coraje de un soldado tienen escaso efecto en su probabilidad de sobrevivir. Por el contrario, los indios americanos luchaban o bien para protegerse a sí mismos y a sus familias o bien porque querían luchar. Sus batallas se producían a pequeña escala, de modo que el guerrero individual no quedaba reducido a ser un insignificante trozo de carne de cañón. Y sus conflictos no tenían como resultado ninguno de los daños ecológicos masivos que acompañan a la guerra moderna. De hecho, dado que sus guerras mantenían bajo el tamaño de la población, las consecuencias ecológicas eran positivas.
Eliminar toda la violencia aumentaría nuestra esperanza de vida, pero si bien la esperanza de vida en la sociedad moderna es probablemente mayor de lo que lo ha sido jamás en cualquier otra sociedad, la sociedad moderna está profundamente desquiciada. Ha habido muchas otras sociedades en las que la esperanza de vida era mucho menor, pero en las cuales había mucho menos estrés, frustración, ansiedad u otras formas de sufrimiento psicológico. Esto muestra que la esperanza de vida no es de suma importancia para la felicidad humana; y menos aún lo es para la libertad humana.
No quiero dar la impresión de que considero que la violencia es deseable por sí misma. Más bien lo contrario. Preferiría ver que las personas viven juntas sin causarse unas a otras daño físico, económico, psicológico o de otro tipo. Sin embargo, la eliminación de la violencia no debería encabezar nuestra lista de prioridades. La primera prioridad es librarse del sistema tecnoindustrial.
NOTA IMPORTANTE: Véase “Comentarios críticos a ‘En defensa de la violencia’ de Ted Kaczynski” en este mismo blog (https://ultimoreductosalvaje.blogspot.com/2022/08/comentarios-criticos-en-defensa-de-la.html).
[1] Traducción a cargo de Último Reducto de “In Defence of
Violence” (Fecha desconocida). Copyright © Theodore John Kaczynski, para el
original. Copyright © 2022 Último Reducto para la traducción. N. del t.
[2] Se refiere a Industrial
Society and Its Future, popularmente conocido como “Manifiesto de
Unabomber”. N. del t.
[3] El texto original revisado y mejorado está disponible
en Technological Slavery, Fitch &
Madison, 2019, págs. 21-106. Existe traducción en castellano de la versión
original: La sociedad industrial y su
futuro, Isumatag, 2011. N. del t.
Nota importante de Último Reducto
Progreso versus Libertad[1]
Por Theodore John Kaczynski
En estas páginas se argumenta que el progreso científico y técnico continuado tendrá como resultado inevitable la extinción de la libertad individual. Utilizo la palabra “inevitablemente” en el siguiente sentido: se podrían -posiblemente- imaginar ciertas condiciones de la sociedad en las que la libertad pudiese coexistir con la tecnología sin restricciones, pero estas condiciones no existen en realidad, y no conozco ninguna forma de lograrlas, de modo que, en la práctica, el progreso científico tendrá como resultado la extinción de la libertad individual. Hacia el final de este ensayo propongo algo que parece ser lo único que se guarda cierta semejanza con un remedio práctico para esta situación.
Espero que el lector tenga paciencia cuando recite argumentos y hechos con los que tal vez ya esté familiarizado. No pretendo ser original. Simplemente creo que los argumentos a favor de la tesis expuesta son convincentes, e intento exponer los argumentos, nuevos y antiguos, de la manera más clara posible, con la esperanza de que el lector se convenza de apoyar la solución aquí sugerida, que ciertamente es una solución muy obvia, pero bastante difícil de tragar para mucha gente.
El poder de la sociedad para controlar a las personas individuales se ha expandido recientemente con gran rapidez, y se espera que se expanda aún más rápidamente en un futuro próximo. Enumeremos algunos de los avances más ominosos como recordatorio.
1. La propaganda y las técnicas de creación de imágenes. En este contexto, no debemos pasar por alto el papel del cine, la televisión y la literatura, los cuales comúnmente se consideran arte o entretenimiento, pero que a menudo adoptan deliberadamente ciertos puntos de vista y, por tanto, sirven como medios de propaganda. Incluso cuando no adoptan deliberadamente un punto de vista explícito, sirven para adoctrinar al espectador o al lector respecto a determinados valores. Veneramos a los grandes escritores del pasado, pero aquel que considere el asunto con objetividad debe admitir que las técnicas artísticas modernas se han desarrollado hasta el punto de que las películas, novelas, etc. más hábilmente construidas de hoy en día son mucho más potentes psicológicamente de lo que lo fue, por ejemplo, Shakespeare. Las mejores de ellas son capaces de atrapar e involucrar al lector de forma muy poderosa y, por lo tanto, es de suponer que son bastante eficaces a la hora de influir en sus valores. También hay que tener en cuenta que el ciudadano medio de hoy en día “vive en las películas”, como dice el refrán. La gente pasa una gran cantidad de tiempo, cada vez mayor, sometiéndose a entretenimientos enlatados en lugar de participar en actividades espontáneas. A medida que la aglomeración y las normas y regulaciones vayan reduciendo las oportunidades de desarrollar una actividad espontánea y que las técnicas de entretenimiento que se están desarrollando vayan haciendo que el producto enlatado resulte cada vez más atractivo, podemos suponer que la gente vivirá cada vez más en el mundo del entretenimiento de masas.
2. Un énfasis creciente entre los educadores a la hora de “guiar” el desarrollo emocional del niño, junto con una actitud cada vez más científica respecto a la educación. Por supuesto, los educadores siempre han intentado en cierta medida moldear las actitudes de sus alumnos, pero antes sólo lograban un grado limitado de éxito, simplemente porque sus métodos no eran científicos. La psicología educativa está cambiando esto.
3. El condicionamiento operante, a la manera de B.F. Skinner y sus amigos. (Por supuesto, esto no puede separarse totalmente del punto (2)).
4. Control físico directo de las emociones a través de electrodos y “quimitrodos” insertados en el cerebro. (Véase el libro de José M. Rodríguez Delgado, Physical Control of the Mind).
5. Entrenamiento de biorretroalimentación, a la manera de Joseph Kamiya y otros.
6. Futuras “píldoras para la memoria” u otros fármacos diseñados para mejorar la memoria o aumentar la inteligencia. (El lector posiblemente asuma que los puntos (5) y (6) no presentan ningún peligro para la libertad porque se supone que su uso es voluntario, pero discutiré este punto más adelante).
7. Futura ingeniería genética, eugenesia y otras técnicas relacionadas.
8. Marvin Minsky, del MIT (uno de los principales expertos en informática del país) y otros informáticos predicen que dentro de quince años, o posiblemente mucho menos, habrá ordenadores sobrehumanos con capacidades intelectuales muy superiores a aquellas de las que los seres humanos son capaces. Hay que subrayar que estos ordenadores no se limitarán a realizar las llamadas operaciones “mecánicas”, sino que serán capaces de pensar de forma creativa. Mucha gente se muestra incrédula ante la idea de un ordenador creativo, pero recordemos que (a menos que se recurra a explicaciones sobrenaturales del pensamiento humano) el propio cerebro humano es un ordenador electroquímico que funciona según las leyes de la física y la química. Además, los hombres que han pronosticado estos ordenadores no son chiflados, sino científicos de primera categoría. Es difícil decir de antemano cuánto poder pondrán estos ordenadores en manos de lo que se llama vulgarmente el “establishment”, pero este poder será probablemente muy grande. Hay que tener en cuenta que estos ordenadores estarán totalmente bajo el control de la élite científica, burocrática y empresarial. El ciudadano medio no tendrá acceso a ellos. A diferencia del cerebro humano, los ordenadores no tienen prácticamente restricciones en cuanto al tamaño (y, lo que es más importante, no hay restricciones en cuanto al número de ordenadores que pueden conectarse a larga distancia para formar un único cerebro), por lo que no hay restricciones a sus memorias o a la cantidad de información que pueden asimilar y correlacionar. Los ordenadores no están sujetos a la fatiga, la distracción o a los problemas emocionales. Trabajan a una velocidad fantástica. Dado que un ordenador puede duplicar las funciones del cerebro humano, parece claro, a la vista de las ventajas enumeradas anteriormente, que posiblemente ningún cerebro humano podría competir con un ordenador de este tipo en ningún campo de trabajo.
9. Diversos dispositivos electrónicos de vigilancia. Éstos se están utilizando ya. Por ejemplo, según los informes de los periódicos, la policía de la ciudad de Nueva York ha establecido recientemente un sistema de vigilancia por televisión durante las 24 horas del día en ciertas zonas problemáticas de la ciudad.
[1] Traducción a cargo de Último Reducto de “Progress vs. Liberty”. (Fecha desconocida, probablemente 1971 ó 1972). Copyright © Theodore John Kaczynski, para el original. Copyright © 2022 Último Reducto para la traducción. N. del t.
A: ¿Qué piensa usted sobre
la actual guerra entre Ucrania y Rusia?
Para mí, esta guerra es una prueba del argumento que Ted
Kaczynski da en el capítulo 2 de Anti-Tech Revolution, que
dice que la selección natural favorece a los sistemas autopropagantes que
persiguen el beneficio a corto plazo sin preocuparse por las consecuencias a
largo plazo. Y tanto Ucrania como Rusia son dos sistemas tecnológicos que deben
ser eliminados tan pronto como sea posible.
Sin embargo, yo creo que Rusia es menos mala en este caso y
estoy a favor de Rusia. No tengo buenas razones para apoyar a Rusia.
Simplemente odio el hecho de que las grandes compañías tecnológicas de Estados
Unidos estén apoyando a Ucrania y la propaganda pro-ucraniana de todos los
medios occidentales. Y por lo menos Rusia está destruyendo las infraestructuras
tecnológico-industriales de Ucrania.
UR: En realidad no tengo
mucho interés en este conflicto y no he buscado mucha información sobre él. Así que no conozco esta guerra muy en detalle. De todos modos, puedo
decirle algunas cosas acerca de ella:
· Es
difícil saber la verdad acerca de los sucesos que se están produciendo. Hay
desinformación y propaganda sesgada por ambas partes.
· La
competencia y la selección darwinista entre sistemas autoperpetuantes y
expansivos (lo que Kaczynski llama “sistemas autopropagantes”) puede tomar
muchas formas y ser muy compleja. Las guerras son sólo una de las más
ostentosas de dichas formas. Sin embargo, la principal competencia en este
caso, en esta guerra, se está produciendo entre los Estados Unidos, la UE y la
mayoría de los países “occidentales”
industrializados por un lado y Rusia y algunos de sus aliados (algunas de las
antiguas repúblicas soviéticas, por ejemplo) por el otro (y quizá China como
una tercera parte; véase más adelante), no sólo ni principalmente entre Rusia y
Ucrania.
· Inclinarse
a favor de Rusia sólo porque uno odia la postura protecnológica de los Estados
Unidos o porque los Estados Unidos, la UE y otros países “occidentales” muy
industrializados apoyan a Ucrania, es similar a apoyar el derechismo sólo
porque uno odia el izquierdismo. No me parece una actitud muy racional (por
decirlo cortésmente). Los enemigos de nuestros enemigos no siempre son nuestros
amigos. Nuestro enemigo es el sistema tecnoindustrial y todos esos países,
independientemente del lado en que se sitúen en la guerra, son parte de este
sistema.
Y algo semejante podría decirse de la presente
tendencia generalizada a posicionarse a favor de Ucrania sólo porque
aparentemente es la víctima en este conflicto. Ser
una víctima no es siempre necesariamente lo mismo que ser bueno, tener la razón
o merecer simpatía o compasión. Los motivos para posicionarse a favor de una de
las partes (o de ninguna) deberían ser mucho más racionales y prácticos que
meramente las emociones cultural y subjetivamente sesgadas.
· El
sistema tecnoindustrial mundial está constituido por un montón de subsistemas
llamados países, pero no todos los países son igualmente poderosos o
importantes en la competencia por el poder (“poder” en el sentido de capacidad
de influir y controlar las circunstancias) y los recursos (“recursos”
en el sentido más amplio del término, es decir, espacio, poblaciones, energía y
materiales) dentro del sistema tecnoindustrial mundial. Hoy en día son
básicamente tres los bloques que tienen la hegemonía y pueden ser considerados
superpotencias mucho más influyentes e importantes que el resto de países:
1) EE.UU., la UE y el resto de países altamente
industrializados, llamados “occidentalizados” (Corea del Sur, Japón, Canadá,
Reino Unido, Australia, Israel, etc.).
2) Rusia y sus aliados.
3) China.
Y muy probablemente son
los que influirán principalmente en el desarrollo futuro del sistema tecnoindustrial mundial. Al menos
en el futuro cercano.
· Esta
guerra, como todas las guerras que implican a superpotencias, viene causada en
última instancia por la competencia por los recursos y por los intentos de
controlar el acceso a ellos o el comercio y la distribución de los mismos (o de
los productos fabricados con ellos). No deberíamos dejarnos engañar por las
pantallas de humo idealistas basadas en supuestas causas románticas de la
guerra (como los ideales humanitarios, patrióticos o nacionalistas, por
ejemplo). Este tipo de ideas románticas e idealistas son sólo un barniz para
cubrir las causas materiales reales de las guerras (o los motivos para tomar
parte en ellas). Mucho menos deberíamos creernos las explicaciones basadas en
la voluntad, la psicología o la personalidad de algunos de los líderes de las
partes implicadas (ya sabe, cosas como “Putin es un megalómano” o “Putin es un
psicópata”). De nuevo no son más que pantallas de humo. Deberíamos recordar
siempre que los sistemas socioculturales funcionan y evolucionan, sobre todo a
largo plazo y gran escala, siguiendo en
gran medida dinámicas mecánicas, ciegas, impersonales y no conscientes, fuerzas
objetivas que son en su mayor parte independientes de las voluntades
individuales. Incluso de las voluntades individuales de sus líderes.
Los líderes
han de seguir esas dinámicas y han de adaptar su comportamiento a los límites y
las restricciones impuestas por esos procesos ciegos y automáticos, y no tanto
al revés. Y si no lo hacen, acaban siendo descartados y eliminados y
reemplazados por otros líderes más funcionales que se adapten mejor y sigan las
dinámicas del sistema –la selección darwinista también actúa aquí.
En el caso de la guerra entre Rusia y Ucrania,
sospecho que la guerra tiene mucho que ver con los gaseoductos que traen el gas
ruso desde Rusia a Europa occidental. Como ya he dicho, no conozco muy en detalle
la situación, de modo que no puedo explicar exactamente y detalladamente cómo
el gas está causando e influyendo en esta guerra, pero no dudo que lo esté
haciendo, y mucho. Las causas estratégicas también podrían tener un gran peso
en este conflicto (por ejemplo, para contrarrestar la supuesta expansión de la
OTAN hacia el este), pero en el fondo una causa estratégica es también una
causa material y está muy relacionada con obtener o preservar el control sobre
los recursos y el comercio.
Una hipótesis explicativa bastante posible
podría ser que la guerra de Ucrania podría ser una maniobra geopolítica
orquestada por EE.UU. con el fin de forzar a los países de la Unión Europea a
cortar su comercio (especialmente de gas natural) con Rusia para que EE.UU.
pudiese ocupar el lugar de Rusia como proveedor (es decir, vendedor) y así
mantener a la UE en gran medida dependiente económica y físicamente (es decir,
en lo que respecta a los recursos) de EE.UU. Para lograr esto, y dado que
EE.UU. sabía que Rusia no permitiría que Ucrania se uniese a la OTAN, EE.UU.
incitó a la OTAN a comenzar las negociaciones para incluir a Ucrania en su
seno, de modo que Rusia acabó invadiendo Ucrania y, entonces, EE.UU. se ha
salido con la suya en lo referente a impedir las relaciones comerciales (o al
menos obstaculizarlas en gran medida) entre los países europeos y Rusia y que
así la UE aumentase aún más su dependencia de EE.UU. al menos de momento. Ya veremos en qué acaba todo al final.
· No
se puede predecir exactamente el resultado de esta guerra, dado que el
desarrollo de los sistemas y procesos complejos es en gran medida impredecible
más allá de un horizonte de sucesos muy restringido, pero creo que es probable
que debido a este conflicto:
a) La UE, y Europa en general, acabe perdiendo
acceso a recursos, peso político y económico internacional, etc. No sólo debido
a su ubicación geográfica –los países europeos están mucho más cerca de Rusia
que los EE.UU., así que se verían directamente afectados si la guerra se
expandiese hacia el oeste-, sino sobre todo porque Europa prácticamente carece
de recursos propios, depende del comercio mundial para casi todo, de modo que
Europa está en una situación muy subordinada (de hecho lo lleva estando cada
vez más desde hace muchas décadas; al menos desde finales de la era
colonial) y si los canales comerciales
internacionales cambian debido a la guerra o si los precios suben, etc.
entonces Europa estará en una situación muy difícil. Los subsistemas (es decir,
en este caso los países o grupos de países) del sistema tecnoindustrial
mundial, sobre todo aquellos que no son superpotencias, son en la actualidad
demasiado dependientes de los demás países como para cortar real y
completamente la mayoría de sus relaciones mutuas. Las relaciones entre ellos
pueden cambiar a lo largo del tiempo, inclinándose hacia un lado u otro
dependiendo del país y de la situación, pero ningún país puede ser
completamente autosuficiente. En concreto, la relación de la UE con Rusia está
empeorando debido a la actual postura proucraniana de la mayoría de sus
miembros (aunque esto podría cambiar con el tiempo y probablemente lo haga) y
ello afectará negativamente al acceso de éstos a los recursos y mercado rusos.
La UE es demasiado dependiente materialmente de otros países o superpotencias
como para permitirse posicionarse demasiado estrictamente a favor de ninguno de
los bandos en esta guerra (me refiero a los EE.UU. y a Rusia), pero al mismo
tiempo la UE no puede mantenerse completamente neutral precisamente por la
misma razón (ya es demasiado dependiente de los Estados Unidos y muchos de sus
miembros forman parte de la OTAN). De hecho, la propia UE no es ya una
superpotencia, sólo un aliado subordinado de una superpotencia real: los EE.UU.
Visto lo visto, la postura proucraniana y antirrusa de la UE y sus sanciones
contra Rusia, si realmente son puestas en práctica y mantenidas en el tiempo y
llegan a ser algo más que gestos simbólicos y vacíos, muy probablemente
resultarán contraproducentes y acabarán dañando más a la propia UE que a Rusia.
En resumidas cuentas, Rusia necesita a
la UE mucho menos de lo que la UE necesita a Rusia (o por la misma razón, a los
EE.UU. o a China).
b) China acabe ganando acceso a recursos, peso
político y económico internacional, etc. Si el comercio y las relaciones directas
entre EE.UU. o la UE y Rusia se cortan, entonces Rusia probablemente aumente su
comercio y relaciones con China, y China a su vez comerciará con el resto del
mundo, incluidos EE.UU. y la UE, de modo que China siempre saldrá ganando, bien directamente o indirectamente, actuando
como intermediario.
c) El funcionamiento y desarrollo del sistema tecnoindustrial (mundial) tomado en su conjunto probablemente no se vea muy afectado. Al menos no de forma lo suficientemente negativa como para debilitarse profundamente o colapsar.
· Deberíamos
tener siempre muy en cuenta el trasfondo general y permanente: el desarrollo
general del sistema tecnoindustrial (mundial), y no deberíamos permitir que los
sucesos concretos, coyunturales y geográficamente/temporalmente restringidos
nos distraigan demasiado. Siempre deberíamos situar los sucesos concretos
dentro del panorama general y no centrar nuestra atención en ellos más de lo
estrictamente necesario. No deberíamos dejar que los árboles nos impidan ver el
bosque. De hecho, deberíamos ver tanto el bosque como los árboles, pero no principalmente ni sólo los árboles, sino siempre
también el bosque.
· Y
en lo que respecta a “que persiguen el beneficio a corto plazo sin preocuparse
por las consecuencias a largo plazo”, ya he comentado en otra parte que veo
algunos puntos demasiado flojos en el modo en que Kaczynski formuló y presentó
su teoría acerca de la competencia y la selección darwinistas entre los
llamados “sistemas autopropagantes” en Anti-Tech Revolution; y
éste podría ser uno de ellos. Por un lado, dada la gran impredecibilidad
inherente a los sistemas y dinámicas complejos, es en realidad imposible que
sus gestores y dirigentes actúen tomando en cuenta las consecuencias a largo
plazo, aun cuando quisiesen intentarlo, ya que nunca podrán saber exactamente
cuáles serán muchas de esas consecuencias a largo plazo. E incluso si hiciesen pronósticos acerca de las consecuencias más
probables, sus previsiones acerca de ellas fuesen acertadas e intentasen
tenerlas en cuenta, no tendrían mucho éxito, ya que la impredecibilidad
inherente a los sistemas y procesos complejos también conlleva que sean
inherentemente incontrolables en gran medida. Además del hecho, señalado por Kaczynski y
otros (como Steven LeBlanc y Katherine Register) de que, en principio, aquellos sistemas cuyos
gestores y dirigentes (o miembros en general) tuviesen en cuenta las futuras
consecuencias de su actual funcionamiento con objeto de restringirlo, se
pondrían a sí mismos en una situación de inferioridad inmediata en comparación
con aquellos sistemas cuyos líderes (o miembros) no tuviesen en cuenta las
consecuencias a largo plazo y actuasen
sólo centrándose en los beneficios a corto plazo. Por otro lado, en principio, podría haber situaciones
en las que esta regla de que los sistemas tienden a no tener en cuenta las
consecuencias a largo plazo no funcione, ya que todas las partes implicadas en
la competencia podrían ser conscientes de que podría haber probables
consecuencias negativas para todas ellas y por tanto podría ser que todas
estuviesen de acuerdo en tenerlas en cuenta y evitar que sucediesen. Y, por ejemplo, esto podría llevar ocurriendo
desde hace décadas en lo referente al uso de armas nucleares por parte de las
superpotencias y de otros países que las poseen: saben que usarlas
probablemente signifique el suicidio, o al menos resulte en un daño enorme e
inaceptable para sí mismas, de modo que tratan de no usarlas y sólo muestran
ostensiblemente que las poseen para disuadir al resto de países que también las
poseen de usar las suyas. Esta es la razón por la que digo más arriba que una
guerra mundial, aunque de hecho es posible, no es tan probable como algunos
parecen creer: no sería buena para ninguno de los subsistemas que compiten
entre sí dentro del sistema tecnoindustrial mundial. De
hecho, sería bastante mala para todos ellos y, por tanto, para el sistema
tecnoindustrial mundial en su conjunto.
WR: ¿Cómo sabe usted que la psicología humana no ha cambiado en los últimos 12.000 años desde la invención de la agricultura? He oído decir que, dado que otras cosas han cambiado (altura/talla, color de la piel y de los ojos, cambios en la dieta como la tolerancia a la lactosa, inteligencia media) desde la introducción de la agricultura, también seríamos psicológicamente diferentes. Que, por razones biológicas, muchos aspectos de nuestra actual psicología no se aplicarían a los pueblos primitivos. Ahorrar para el futuro a largo plazo sería uno de esos teóricos cambios psicológicos. Este gran cambio implicaría que la vida primitiva ya no sería el estilo de vida psicológicamente más natural para los humanos actuales.
UR: Supongo que cuando habla usted de “cambios psicológicos” se refiere en realidad a cambios genéticos (es decir, cambios en el genotipo) que determinan cambios en los rasgos psicológicos (es decir, cambios en los fenotipos psicológicos o comportamientos). Esta es una buena pregunta.
También yo he visto defender a algunas personas que hemos cambiado genéticamente de forma sustancial durante los últimos 12.000 años, basándose en el hecho de que algunas de las poblaciones humanas han sufrido realmente algunos cambios genéticos durante este periodo de tiempo en lo que respecta a algunos rasgos (básicamente en lo que respecta a la capacidad de digerir la lactosa, y quizás cambios en el color de la piel y de los ojos hacia tonos más pálidos en las poblaciones del norte de Europa, y cosas similares). No estoy de acuerdo con ellos. Creo que no están teniendo en cuenta algunos detalles importantes. Los rasgos a los que se refieren o bien son rasgos físicos determinados genéticamente o bien rasgos físicos y psicológicos determinados grandemente por la cultura o el medio ambiente. La tolerancia a la lactosa, por ejemplo, está ciertamente determinada por cambios en un gen (es un rasgo monogénico), y es un ejemplo de evolución reciente por selección artificial/cultural debido a la cría de ganado y al uso de su leche como alimento. Pero muchos otros rasgos, especialmente los psicológicos, no suelen estar determinados por un solo gen, sino por la interacción de algunos genes (son rasgos poligénicos). En estos casos, la probabilidad de que se produzca una mutación en cada uno de los genes que determinan estos rasgos poligénicos es mucho menor, por simple matemática: la probabilidad de un suceso es un número entre 1 y 0, de modo que la probabilidad de que algunos sucesos ocurran simultáneamente (en este caso, que todos los genes implicados en un cambio psicológico muten) es el producto de las probabilidades de cada suceso individual (en este caso la probabilidad de mutación de cada gen). Y el producto de las cantidades entre 0 y 1 es siempre menor -a menudo mucho menor- que cada una de las cantidades multiplicadas. Esto implica que la probabilidad de un cambio psicológico, en el que todos o la mayoría de los genes implicados tienen que mutar, es mucho menor que la probabilidad de un cambio físico en el que esté implicado un solo gen. Y ésta es la razón por la que creo que no ha habido muchos cambios genéticos que hayan tenido efectos psicológicos importantes en los humanos durante los últimos 12.000 años. Además, la expresión de muchos de los rasgos psicológicos y físicos (fenotipos) a los que se refieren estas personas está muy influenciada por el entorno. Así que probablemente, si realmente ha habido algunos cambios en los fenotipos (tanto en algunos rasgos psicológicos como en muchos físicos) podrían estar causados por los cambios en la ideología de sus culturas y sociedades (para los rasgos psicológicos), y por los cambios en sus estilos y condiciones de vida, como la nutrición, el saneamiento, etc. (sobre todo para los rasgos físicos) y no tanto por cambios genéticos. Por ejemplo, la altura/talla está muy influenciada por la nutrición y no sólo por la genética, y la inteligencia probablemente también, al menos en cierta medida. Y otros rasgos como la tendencia a “ahorrar para el futuro”, son obviamente el tipo de comportamientos que pueden verse muy influenciados por las ideologías, valores y demás aspectos del entorno social de cada individuo. O simplemente por la tecnología o la estructura social. Pero los genotipos, es decir, los genes, muy probablemente sean prácticamente los mismos y no hayan cambiado mucho. Hoy en día, el comportamiento de las personas (fenotipo psicológico) en las sociedades tecnoindustriales puede tender a ser más pacífico, dócil, neurótico, cooperativo, gregario, etc., pero, como dije más arriba, es matemáticamente improbable que sea debido a mutaciones poligénicas, así que tiene que ser por cambios en su entorno. En la ideología social y en las condiciones de vida más exactamente.
[Este texto es más largo, para seguir leyéndolo haz clic aquí].
Lecturas interesantes II
La siguiente lista de libros recoge algunas obras que merece la pena leer, no siempre por las conclusiones a las que llegan los autores, ni por los valores y fines en los que se basan, sino simplemente porque estos libros sirven como fuentes de datos o aportan ideas y análisis interesantes a la hora de tratar de conocer y entender la realidad.
Último Reducto recomienda que se lean en versión original para evitar posibles alteraciones en el sentido debidas a la traducción.
- The Way of Men, Jack
Donovan.
-The End of Commitment,
Intellectuals, Revolutionaries and Political Morality, Paul Hollander.
-Just Babies: The Origins of Good
and Evil, Paul Bloom.
-Mao’s War Against Nature:
Politics and the Environment in Revolutionary China, Judith Shapiro.
Nota importante de Último Reducto
La onda del futuro[1]
Por Theodore J. Kaczynski
Algunas personas han propuesto que las
ciudades del futuro deberían estar cubiertas por enormes cúpulas para
protegerlas de la lluvia y hacer posible que toda la ciudad se mantenga a una
temperatura constante, y no hay duda de que esta idea acabará llevándose a
cabo. Ha habido algo de debate acerca de si estas cúpulas deberían ser opacas,
para proteger a la gente de la luz solar y cosas similares, o transparentes
para que la gente pueda ver el cielo. Mi opinión personal es que deberían ser
transparentes. Puede que en la actualidad ustedes piensen que no hay mucho que
ver en el cielo, pero en el año 2000 las cosas podrían ser muy diferentes. Me
refiero a la posibilidad futura de que controlemos las nubes.
En el presente, los científicos no
tienen el control sobre la hora a la que las nubes van a pasar o las formas que
adquirirán. A veces hay tantas nubes que no hay suficiente luz afuera y a veces
no hay ni una nube; y sus formas son completamente irregulares y sin sentido.
No es bueno para la ciencia que haya cosas que escapen a su control. En el año
2000, sin embargo, será posible que los científicos controlen las nubes de modo
que aparezcan a intervalos regulares definidos y tengan formas geométricas predeterminadas.
Por ejemplo, las nubes podrían ser cúbicas los lunes, tetraédricas los martes,
dodecaédricas los miércoles, etc. No debería subestimarse el valor educativo de
esto. Y el momento en que aparezcan las nubes estará programado de un modo tan
preciso que podrán ustedes poner en hora sus relojes mirándolas.
Ahora bien, puedo predecir de antemano
que va a haber algunas ancianitas sentimentales que se opondrán a esto. Por ejemplo,
dirán que hay alguna gente a la que le gusta mirar a las nubes y señalarán que
a los niños les gusta imaginar que ven caras, animales y cosas similares en las
extrañas formas de las nubes. Dirán que mirar a las nubes controladas sería demasiado
aburrido. Sin embargo, esta dificultad no sólo podrá ser remediada, sino transformada
en una ventaja. Los científicos del futuro serán capaces de hacer que las nubes
se muevan y cambien siguiendo patrones definidos, de modo que formarán imágenes
y mostrarán historias, igual que la televisión. Por tanto mirar a las nubes del
futuro en realidad será mucho más interesante y entretenido que mirar a las de
hoy. De hecho, se emitirán en el cielo programas educativos de forma regular y
planificada, lo que ayudará a enseñar a los niños todos los datos científicos
que necesiten conocer para apañárselas en el mundo del mañana. Y la nube-visión
será incluso mejor que la televisión educativa, porque la gente no podrá
cambiar a un canal que emita violencia.
Recuerden, las nubes son de ustedes y serán controladas por su bien.
Otra cosa que preocupa a estas viejecitas
y a otras almas delicadas es que el avance de la ciencia y de la industria podría
destruir el mundo natural. Estos miedos son totalmente infundados. En los
Estados Unidos se ha creado un Sistema de Parques Nacionales para proteger
nuestra vegetación y nuestra fauna salvaje y en el futuro nuestros Parques
Nacionales serán incluso mejores, mucho
mejores, que los de hoy en día. Por ejemplo, en el año 2000 cada animal tendrá
puesto un pequeño radiotransmisor de forma permanente de forma que los zoólogos
puedan vigilar su situación y su estado. Esto les permitirá ayudar a los animales enfermos o a aquellos
que estén en algún problema. Los biólogos podrán modificar el terreno cuando
sea necesario y plantarán todas las plantas forrajeras adecuadas que hagan
falta para asegurarse de que los animales obtengan una nutrición adecuada. (De
hecho, algo de esto ya se está haciendo incluso en la actualidad, en algunos de
nuestros parques nacionales). Por una módica tarifa, el público será admitido
en los parques –bajo la supervisión de guías especialmente cualificados para
asegurar que las personas irreflexivas no dañen nuestro precioso patrimonio
natural. Incluso se podrá lograr que los cerebros de los animales estén
controlados por medio de dispositivos electrónicos que permitan obligarles a llevar
a cabo sus hábitos menos frecuentes a voluntad del guía para así poder educar a
los espectadores.
Los espíritus sensibles y los carcas
ignorantes que aún viven en el pasado creen que el avance de la tecnología
podría quitarnos parte de nuestra libertad. Sin embargo esto es una estupidez
supersticiosa. La verdad es justo lo contrario. La ciencia del mañana hará
posible que tengamos mucha más libertad de la que tenemos hoy en día. De hecho,
en el año 3000, seremos capaces de abolir todas las leyes, porque la gente será
mejorada de modo que ya ni siquiera querrán nunca hacer nada que no sea por el
bien de la sociedad. Nada más nacer, la mente de cada bebé será ajustada por
los científicos para que cuando crezca se convierta en un ciudadano cívico,
solidario, sano, feliz y deseoso de ser útil a la comunidad.
Y si a alguien no le gusta todo esto,
los psicólogos del futuro serán capaces de repararle para que le guste.
[1]
Traducción a cargo de Último Reducto del texto de “The Wave of the Future”,
publicado originalmente en The Saturday
Review, 13 de junio de 1970. N. del
t.