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martes, 9 de julio de 2019

UNA ENTREVISTA CON TED



UNA ENTREVISTA CON TED
[1]
Por J. Alienus Richalsky



En 1999 solicité a Theodore J. Kaczynski una entrevista para Blackfoot Valley Dispatch, a lo cual él amablemente accedió. La entrevista tuvo lugar ese mismo año en el Centro Penitenciario de Máxima Seguridad de Florence, Colorado, Estados Unidos.

Blackfoot Valley Dispatch: Bueno...
Theodore John Kaczynski: Vamos allá...
BVD: Bien, ¿Por qué abandonaste tu trabajo en Berkeley y tu carrera como matemático?        
TJK: Cuando acepté el trabajo en Berkeley, ya había decidido que lo mantendría como mucho dos años y después me iría a vivir a los bosques. El hecho es que nunca, en ningún momento, me sentí satisfecho con la idea de pasar mi vida trabajando exclusivamente como matemático, sin más. Incluso ya en mi adolescencia soñaba con escapar de la civilización -en cosas como irme a vivir a una isla desierta o a cualquier otro lugar salvaje.
El problema era que no sabía cómo conseguirlo y me resultaba tremendamente difícil recabar el coraje y la determinación necesarios para liberarme de las ataduras que me encadenaban a la civilización y huir a los bosques. Es algo muy difícil porque a veces no somos conscientes de en qué medida las decisiones que tomamos vienen determinadas por las expectativas de la gente que nos rodea y por el hecho de que lo que queramos hacer sea algo que otros considerarían una locura. Es muy difícil conseguir dar ese paso. Es más, yo ni siquiera sabía a dónde ir realmente.
Pero más o menos al principio de mi último año en la Universidad de Michigan experimenté una especie de crisis. Se podría decir que las cadenas psicológicas con que la sociedad nos ata se rompieron de algún modo en mi caso. Tras esto, tuve claro que tenía valor para romper con el sistema, para escapar a algún lugar salvaje y tratar de vivir allí. Cuando fui a Berkeley, no tenía la intención de continuar allí indefinidamente. Acepté el trabajo en Berkeley sólo para ganar algo de dinero para empezar, para poder comprar un pedazo de tierra.
BVD: Dices que cuando eras adolescente soñabas con irte a vivir a un lugar desierto. ¿Recuerdas algo que te llevase a tener ese sueño? ¿Algo que viste o experimentaste?
TJK: Algunas cosas que leí me guiaron en esa dirección. Robinson Crusoe, por ejemplo. Y cuando tenía quizá 11 ó 12 años aproximadamente, leí algunos libros de antropología acerca del hombre de Neanderthal; teorías acerca de cómo vivían y cosas así. Comencé a mostrar un gran interés por leer acerca de este tipo de cosas y llegó un momento en que me pregunté por qué quería seguir leyendo más acerca de estas materias. Llegado a este punto, me di cuenta de que lo que yo quería realmente no era leer más acerca de estas cosas, sino en realidad vivir de ese modo.
BVD: Es interesante que estas cosas te impactaran tanto como para llevarte a actuar en base a ellas. ¿Qué piensas que fue lo que te atrajo de las vidas o modos de vida de Crusoe y del neandertal?
TJK: Entonces no creo que supiese por qué me sentía atraído por esos modos de vida. Ahora pienso que tenía mucho que ver con la libertad y la autonomía personales.
BVD: Este tipo de cosas deben atraer a mucha gente. Así que, ¿por qué no todos ellos tratan de vivir así?
TJK: Creo que a muchas personas les atraen estos temas, pero que carecen de la determinación suficiente para romper sus ataduras y lanzarse a hacer algo así realmente. Robinson Crusoe es considerado uno de los libros más leídos en todo el mundo. Así que obviamente resulta atractivo para mucha gente. Una investigadora de mi caso me dijo que a ella misma le interesaba mucho el modo de vida que adopté en Montana y que mucha gente con la que había hablado de mi caso estaba también muy interesada en ello. Y también que mucha gente con la que habló me envidiaba. Por ejemplo, uno de los agentes del FBI que me arrestaron me dijo: “envidio realmente su modo de vida aquí arriba”. Así que, hay muchas personas que reaccionan de ese modo, pero sólo se revuelven en sus ataduras, sin llegar nunca a romperlas.
BVD: Cuando te fuiste, llegaste a Lincoln, Montana. ¿Por qué a Lincoln?
TJK: Bueno, al principio solicité una parcela de tierra de la Corona en la Columbia Británica [Canadá]. Después, creo que al cabo de más de un año, me la denegaron. Pasé el siguiente invierno, el de 1970-1971, en casa de mis padres en Lombard, Illinois. En esa misma época, mi hermano se había ido a vivir a Great Falls, Montana, donde eventualmente había conseguido un trabajo en la fundición de la Anaconda Company. En algún momento durante aquel invierno él mencionó en una carta a mi madre que si yo quería comprar un trozo de tierra en la parte del país en que él estaba, él estaría interesado en ir a medias conmigo. Así que en la primavera fui a Great Falls, me presenté en su apartamento y acepté su oferta. Con la pasividad que le caracteriza, él dejó en mis manos la tarea de encontrar un terreno.
No se me ocurrió más que hacer que dirigirme al oeste por la Autopista 200, que en aquella época creo recordar que se llamaba Autopista 20, para ver qué me encontraba por el camino. Al pasar por Lincoln vi una pequeña caseta, casi un kiosko, al lado de la carretera, con el cartel de una inmobiliaria. Paré y pregunté al vendedor, un anciano llamado Ray Jensen, si podría mostrarme algún terreno tranquilo y apartado. Me enseñó un lugar en la subida del puerto de Stemple. Me gustó. Llevé a mi hermano a verlo y también a él le gustó, así que lo compramos. Pagamos 2.100$ en efectivo -en billetes de veinte dólares- al dueño, Cliff Gehring, Padre.
BVD: Así que podría haber sido cualquier otro lugar, en realidad.
TJK: Sí.
BVD: ¿Cómo era Lincoln cuando te mudaste allí?
TJK: El pueblo en sí no me parece muy distinto de como lo vi la primera vez. No lo noto muy cambiado. Aunque haya habido algún cambio, como la escuela nueva, la biblioteca y unos pocos negocios nuevos. Quizá habría notado más cambios en el pueblo de haber estado más atento a ello, cero como no lo he estado, no he notado muchos de esos cambios.
Lo que me interesaba eran los espacios naturales de alrededor, y estos han cambiado mucho, porque además de la explotación maderera y la construcción de carreteras, una tremenda cantidad de gente se ha instalado allí. Por ejemplo, en el puerto de Stemple. Antes había muy pocos edificios a lo largo de la carretera del puerto y la mayoría no eran más que cabañas de troncos. No como las cabañas de troncos modernas, sino unas que debían de haber sido construidas muchas décadas antes. Y los pocos residentes permanentes que había eran gente antigua, no gente moderna. El puerto de Stemple en esa época parecía un poco como sacado de los tiempos del Antiguo Oeste.[2]
Si bajas hoy en día por el puerto de Stemple, verás esas caprichosas, presuntuosas y modernas construcciones que ciertamente parecen fuera de lugar en el bosque. Pero las pocas cabañas que había antes no eran presuntuosas. No eran modernas. De hecho, una vez que mis padres vinieron a visitarme a principios de los 70, pasamos en el coche por el puerto de Stemple y mi madre, que es burguesa hasta la médula a pesar de sus orígenes, preguntó con tono despectivo: “¿Qué tipo de gente vive aquí? ¿Vagabundos o qué?” No eran vagabundos, sino viejos lugareños retirados y asentados. Sólo que a ellos no les importaba el estatus ni la apariencia de sus casas. Eran lo bastante anticuados como para no preocuparse de si sus casas guardaban la apariencia que la clase media considera respetable. Y por eso, a los ojos de mi madre, sus hogares parecían miserables.
BVD: Tu cabaña parece estar justo en su sitio -en armonía con su entorno en el bosque. ¿Usaste planos confeccionados por otros a la hora de construirla o tú mismo planificaste su edificación?
TJK: La planeé yo mismo.
BVD: ¿Y la construiste tú mismo?
TJK: Me ayudó un poco mi hermano, pero muy poco. La ayuda que me prestó fue insignificante. En su mayor parte la construí yo mismo.
BVD: ¿Cuánto tardaste en construirla?
TJK: Me llevó desde principios de julio hasta, me parece que, finales de noviembre de 1971. Pero interrumpí varias veces el trabajo porque tuve que viajar a Great Falls por varios motivos. Y lo que es aún peor, tuve que parar cuando me escaldé el pie. El 1 de agosto de 1971 fui tan torpe como para golpear sin querer un puchero con sopa hirviendo. Se derramó justo sobre mis zapatillas y me abrasó el pie de tal modo que, siguiendo las instrucciones del médico, tuve que permanecer inactivo unas 5 semanas o 5 semanas y media.
BVD: Tengo curiosidad por saber si tenías suficiente luz en tu cabaña. ¿Estaba el interior suficientemente iluminado?
TJK: ¿En invierno?
BVD: En cualquier momento.
TJK: Sí. Había suficiente luz. Salvo cuando caía la noche en el exterior, por supuesto.
BVD: ¿Quiénes fueron las primeras personas que te encontraste cuando viniste a Lincoln y quiénes eran tus vecinos?
TJK: Bueno, obviamente, el primero fue el vendedor de la inmobiliaria. Pero las primeras personas con quienes entablé contacto social cuando me mudé a mi propiedad fueron Glen y Dolores Williams, quienes aún poseen la cabaña más próxima a la mía. No permanecían todo el año allí, era sólo su residencia de vacaciones. Siempre mantuve una relación amistosa con ellos, aunque nunca llegamos a intimar. Y también conocí a Irene Preston y Kenny Lee. Eran lo que podríamos llamar personajes peculiares. Él solía contar historias interesantes...
BVD: ¿Y cuándo conociste a los Lundberg?
TJK: Me parece que la primera vez que entablé contacto con Dick Lundberg fue más o menos en 1975, porque antes de esa época yo tuve primero un coche y más tarde una vieja camioneta. Pero después de 1975 no tenía ya ningún vehículo a motor y fue entonces cuando comencé a ir a Helena con Dick en su coche, de vez en cuando. Creo que conocí a Eileen a finales de los 70 o principios de los 80.
BVD: Así que esa gente que conociste era la gente que vivía en los alrededores de tu cabaña.
TJK: Sí, Glen y su esposa, como ya sabes, vivían justo un poco más abajo de donde vivía yo. Y también conocí a Bill Hull y a algunos miembros de su familia. A excepción de los dependientes de los comercios y similares, esa fue la única gente que conocí hasta... ummmmm... probablemente bien entrados los 80. Cuando Sherri (Wood) se encargó de la biblioteca, entablé contacto con ella. Y en algún momento conocí a Theresa y a los Garland. Les terminé conociendo a cuenta de ir a su tienda a comprar. Así que no conocí demasiada gente durante los diez primeros años, o más.
BVD: ¿Qué hay de Chris Waits?
TJK: La primera vez que le vi fue probablemente a mediados de los 80. No lo recuerdo. Solía adelantarme en la carretera. Puede que me recogiese una o dos veces -no estoy seguro de que lo hiciese siquiera. Pero sí recuerdo que solía pasar de largo por la carretera y saludarme. Y ése es el único contacto que tuve con él, salvo una vez que estaba en el comercio de Leora Hall y hablé brevemente con él. La verdad es que sobre todo pasaba mi tiempo solo en los bosques y, por tanto, realmente no tuve ocasión de encontrarme con nadie, salvo con quienes vivían en las inmediaciones.
BVD: Ya veo. Ciertamente, él no vivía en las inmediaciones de tu casa. A propósito de la tienda de Leora Hall, donde hablaste brevemente con él: En su libro, Waits asegura que tú compraste allí cubertería de plata o bañada en plata. Pero Leora Hall me ha asegurado que tú no compraste ningún objeto de plata o bañado en plata, ya que ella no vendía ninguno. Sin embargo, ella recuerda haberte visto por allí e incluso recuerda qué cosas compraste concretamente. ¿Tienes algo que decir?
TJK: Nunca le he comprado ningún objeto de plata o bañado en plata ni a Leora Hall ni a ninguna otra persona.
BVD: Bueno, dejémoslo entonces. ¿Seguías algún tipo de rutina en tu vida?
TJK: La verdad es que no había rutina, pero sí ciertas actividades -como cocinar o recoger leña para el hogar- que tendían a convertirse en pautas rutinarias.
BVD: ¿Cómo era un día normal para ti en Lincoln?
TJK: Es una pregunta muy difícil de contestar ya que no había ningún día igual a otro. Mis actividades variaban mucho según la estación y según las tareas que necesitase realizar cada día. Pero te describiré un día típico.
Bueno, tomemos como ejemplo un día de enero y supongamos que me despierto más o menos a las 3:00 de la madrugada y veo que está nevando. Prendo fuego en mi estufa de leña y pongo un puchero con agua sobre el fogón. Cuando el agua empieza a hervir le añado unos cuantos copos de avena y los remuevo durante unos pocos minutos hasta que estén hechos. Entonces aparto el puchero del fuego, añado un par de cucharadas de azúcar y algo de leche -obtenida a partir de leche en polvo. Mientras la avena se enfría, como un trozo frío de carne de liebre hervida. Después me como la avena. Me quedo sentado durante unos minutos frente a la portezuela abierta de la estufa mirando cómo se consume el fuego. Entonces me vuelvo a quitar la ropa, me meto en la cama de nuevo y me quedo dormido.
Cuando me despierto está justo comenzando a clarear. Salgo de la cama y me visto rápidamente porque hace frío dentro de la cabaña. Para cuando ya estoy vestido, hay un poco más de luz y puedo ver que ya no nieva y que el cielo está despejado. Debido a que la nieve es reciente, será un buen día para cazar liebres. Así que agarro mi viejo y destartalado rifle de un sólo disparo calibre 22 y lo descuelgo de los ganchos de la pared. Meto en el bolsillo mi pequeña cartuchera de madera, con 16 cartuchos; además meto un par de paquetes de cerillas envueltos en bolsas de plástico y me engancho un cuchillo con su funda al cinturón, por si acaso tuviese que prender fuego en caso de emergencia. Entonces me pongo las raquetas para la nieve y salgo afuera.
Al principio subo un duro repecho hasta llegar a lo alto de la cumbre, entonces camino por un tramo llano durante más o menos una milla[3], hasta llegar al bosque abierto de pinos “lodgepole”[4] donde pretendo cazar.
Un pequeño paseo entre los pinos y encuentro las huellas de una liebre de raquetas[5]. Sigo el rastro paso a paso a lo largo de su enrevesada trayectoria durante aproximadamente una hora. Entonces, de repente, veo el ojo negro y las puntas negras de las orejas de una liebre de raquetas que por lo demás es totalmente blanca. Lo que primero percibes suele ser el ojo y las puntas negras de las orejas. El “conejito” me mira desde detrás de las ramas enmarañadas y de las agujas verdes de un pino desplomado no hace mucho. La liebre está a unos 40 pies[6] de distancia, pero está alerta y mirándome así que no podré acercarme más. Por tanto, tengo que buscar un ángulo de tiro desde el cual pueda disparar limpiamente a través del montón de ramas -incluso la más fina ramita puede desviar una bala del 22 lo suficiente como para errar el tiro. Para conseguir ese disparo certero tengo que tumbarme en la nieve en una postura rara y usar mi rodilla como apoyo para el cañón del rifle. Alineo el punto de mira con un punto de la cabeza de la liebre situado justo detrás del ojo... mantengo el pulso... ¡bang! La liebre ha sido alcanzada en la cabeza. Un tiro así normalmente mata a la liebre de forma instantánea, pero las patas traseras del animal con frecuencia patalean violentamente durante unos pocos segundos, lo cual hace que rebote sobre la nieve.
Cuando la liebre deja de patalear, me acerco a ella y compruebo que está bien muerta. Entonces digo en voz alta, “gracias, Abuelo Liebre” -el Abuelo Liebre es una especie de semidiós que yo me inventé y que sería el espíritu guardián de todas las liebres de raquetas.
Me quedo de pie por unos minutos observando la blancura inmaculada de la nieve y el sol filtrándose a través de los pinos, en torno a mí. Formo parte del silencio y la soledad. Es magnifico estar aquí. A veces he encontrado rastros de trineos a motor en la cresta de la cumbre principal, pero en estos bosques en que me encuentro en estos momentos, una vez pasada la temporada de caza mayor, en todos los años que he pasado en esta zona, nunca he visto otras huellas de seres humanos más que las mías propias. Saco un cordón con un lazo corredizo de mi bolsillo.
Para facilitar su transporte, aprieto el lazo en el cuello de la liebre y enrollo el otro extremo del cordón en el guante que cubre mi mano. Entonces sigo buscando las huellas de otra liebre.
Cuando he conseguido tres liebres me encamino de vuelta a casa.
Para cuando llego a casa, hace ya unas seis o siete horas que salí de allí. Mi primera labor es desollar y destripar las liebres. Sus hígados, corazones, riñones, sesos y algunos otros despojos los meto en una lata. Cuelgo los animales muertos en un lugar seguro y luego bajo a mi almacén de raíces para coger algunas patatas y un par de chirivías[7]. Tras lavarlas y llevar a cabo otras tareas -quizá partir algo de leña, o recoger nieve para fundirla y obtener agua potable- pongo el puchero al fuego y a su debido tiempo le añado algunas verduras silvestres secas, las chirivías, las patatas y los hígados y demás vísceras de las liebres.
Para cuando está todo en su punto, ya está comenzando a anochecer. Como mi estofado a la luz de mi quinqué de keroseno. O, si quiero ahorrar, quizá abra la portezuela de la estufa y coma a la luz de la lumbre. Como postre como un puñadito de pasas.
Estoy cansado pero estoy en paz. Me siento durante un rato frente a la portezuela abierta de la estufa observando fijamente las llamas. Puede que lea un poco. Pero, probablemente, simplemente me tumbe en la cama durante un rato mirando la oscilación de la luz del fuego sobre las paredes. Cuando me entra sueño me quito la ropa, me meto bajo las mantas y me quedo dormido.
BVD: Yo también te envidio. Si realmente es así, suena maravilloso. Libertad y autonomía. Sin tener que moverse a golpe de reloj.
Pero ya que hablas de dormir, ¿era cómoda tu cama o litera?
TJK: Bueno, era lo bastante cómoda para mí.
BVD: Respeto y aprecio tu costumbre de dar gracias al Abuelo Liebre. Me lleva a pensar en el origen del ritual o costumbre de bendecir la mesa antes de comer: expresar solemnemente la consciencia del sacrificio, del hecho de que toda vida acaba entregándose a sí misma para que otra pueda ser vivida...
¿Crees en el destino?
TJK: No.
BVD: ¿Crees en Dios?
TJK: No. ¿Y tú?
BVD: ¿En el destino o en Dios?
TJK: En ambos.
BVD: Quizá...
Recuerdo haber leído que tus padres eran ateos y que, por tanto, tú fuiste criado en un hogar ateo.
TJK: Es cierto.
BVD: ¿Recuerdas que tus padres hablasen alguna vez acerca de Dios? ¿Decían alguna vez cosas como: “Esto es lo que alguna gente cree...”?
TJK: Oh, a veces lo hacían. Por ejemplo, si mi madre estaba leyéndome un libro y en él aparecía algo sobre Dios, me explicaba: “Bueno, alguna gente cree esto o aquello, pero nosotros no lo creemos”. Cosas de ese tipo.
BVD: Ya veo.
Bueno, volviendo a tu vida cotidiana, has mencionado algunas de las cosas que comías. ¿Cómo era tu dieta en general? ¿Qué comías un día cualquiera?
TJK: Eso variaba mucho según la época... Entre 1975 y 1983 compré harina, arroz, copos de avena, azúcar, harina de maíz, aceite, leche en polvo y una cierta cantidad de fruta y/o tomate enlatados para el invierno. Solía comer una lata de vez en cuando a lo largo de la estación fría. Además, comía pequeñas cantidades de pescado enlatado y de fruta desecada. Aparte de esto casi todo lo que comía era silvestre o cultivado en mi propio huerto. Comía ciervo[8], wapití[9], liebre de raquetas, ardilla[10], tres tipos de gallos de bosque[11], puercoespín[12] y a veces patos, marmotas[13], ratas almizcleras[14], ratas de paquete[15], comadrejas, coyotes, un búho que maté accidentalmente -yo nunca mataría un búho intencionadamente-, ratones ciervo[16] y saltamontes, varias especies de arándanos[17], “soapberries”[18], “twinberries” rojas[19], “twinberries” negras[20], uvaespinas[21], dos tipos de grosellas negras[22], frambuesas[23], fresas, uvas de Oregón[24], cerezas “choke”[25] y escaramujos[26]. Las raíces feculentas que comía eran “camas”[27], “yampa”[28], “bitterroot”[29] y Lomatium[30] así como “spring beauty”[31]. También comía unos pocos tipos de raíces más pequeñas y un par de docenas de tipos de verduras silvestres. En mayo y junio, antes de cada comida, comía una ensalada, a menudo una ensalada bastante grande, simplemente dándome una vuelta por mi finca, recogiendo un poco de esto y otro poco de aquello y llevándomelo directamente a la boca. En algunos casos recogía semillas comestibles para hacer pan. Pero molerlas requería demasiado tiempo. No tenía un molinillo de mano y las molía en una roca. En mi huerto cultivaba patatas, chirivías, remolachas y acelgas, cebollas, dos tipos de zanahorias, espinacas, rábanos, brécol y en alguna ocasión armuelles[32], aguaturmas[33] y nabos.
   Secaba verduras silvestres y cultivadas y a veces bayas, para poder usarlas en invierno. Pero como alimentos ricos en almidón dependía sobre todo de las patatas y de otros alimentos comprados en la tienda, como la harina, el arroz, etc. Las raíces feculentas silvestres escasean en las zonas altas de las montañas. El “bitterroot” y el “camas” abundan en algunos lugares llanos del fondo de los valles, pero éstos son en su mayoría tierras privadas y es de suponer que a sus dueños no les gustaría verme por allí escarbando en sus prados para obtener esos alimentos. Durante el invierno, solía hacer té con agujas de abeto de Douglas[34] como fuente de vitamina C.
   Mi último invierno en Montana, 1995-1996, estaba sin blanca. Cuando has de prescindir de las cosas que el sistema aporta, es sorprendente lo bien que puedes llegar a apañarte improvisando por tu cuenta. No tenía frutas ni verduras compradas, ni frescas ni secas ni en lata, pero tenía un montón de mis propias verduras secas, tenía algunas grosellas negras y ruibarbo[35] secos, además de ardillas y liebres como fuente de carne. Las únicas materias que compré eran harina -integral y blanca-, aceite, azúcar y me parece que un poco de arroz. No recuerdo si llegué a comprar algo de copos de avena o de harina de maíz. Sé que la poca leche en polvo que tenía pronto se me acabó y estuve usando polvo dentífrico -que contiene yeso- como fuente de calcio. Cuando se me acabó también estuve planeando usar incluso cenizas de huesos de liebre molidos o roca caliza pulverizada. Pero me las arreglé bien, disfruté de mis comidas y fue un buen invierno.
BVD: ¿Cuál era tu alimento silvestre favorito?
TJK: Probablemente el alimento silvestre más sabroso de la zona de Lincoln sean las bayas de perdiz[36], una minúscula baya perteneciente a una especie del género Vaccinium -el género de los arándanos- que crece en cotas elevadas. Las bayas son tan pequeñas que puede llevar toda una hora recoger sólo una taza de ellas, pero el sabor es soberbio. Además de ellas, mis alimentos preferidos eran los arándanos, la “yampa” y los hígados de ciervo, de liebre de raquetas y de puercoespín.
BVD: ¿Había algún plato favorito que te gustase preparar?
TJK: No tenía ningún plato fijo, ya que usaba para cocinar lo que tenía más a mano en cada momento. Hablando en general, mis mejores comidas eran los estofados que contenían carne, verduras y algún tipo de alimento feculento como patatas, arroz, macarrones o raíces como la “yampa”.
BVD: ¿Comías en el exterior?
TJK: Pocas veces. Normalmente comía dentro de la cabaña, en la mesa... Cuando acababa de comer, a veces, me recostaba sobre el respaldo de la silla con los pies sobre la mesa y simplemente me quedaba mirando un rato por la ventana.
BVD: ¿Podías ver a través de la ventana?
TJK: ¿Perdona?
BVD: Que si podías ver a través de la ventana.
TJK: Sí claro. Para eso se supone que son las ventanas...
BVD: ¿Cómo aprendiste qué plantas eran comestibles y el modo de preparación, si es que lo necesitaban?
TJK: Durante años antes de dejar Berkeley me había interesado la vida al aire libre y estuve aprendiendo habilidades tales como reconocer plantas silvestres comestibles y cosas por el estilo. Aprendí a reconocerlas con libros acerca del tema, tales como Edible Wild Plants of Eastern North America de Fernald y Kinsey y Wild Edible Plants of the Western United States de Donald Kirk. Estos libros ofrecían alguna información acerca de la preparación de las plantas, pero sobre todo aprendí a prepararlas mediante el procedimiento de “ensayo y error”. Conocí algunas plantas comestibles experimentando. Puede ser peligroso experimentar con ciertas familias de plantas, como la de la zanahoria[37] o la familia del lirio[38], ya que incluyen algunas especies que resultan mortales. Pero es seguro experimentar con la familia de la mostaza[39] y la familia de las compuestas y la de la remolacha[40], por lo que yo sé, no poseen especies mortales, aunque algunas puedan ser más o menos tóxicas. Hay un par de especies miembros de la familia de la mostaza que usé como verdura a menudo sin llegar a saber nunca sus nombres. Hubo una especie de la familia de las compuestas que estuve comiendo durante años antes de enterarme de que era una especie de falso diente de león. Y hubo otra planta de la familia de la remolacha que a menudo comía pero jamás conseguí identificar.
BVD: ¿Eras autosuficiente?
TJK: No, qué va; no era totalmente autosuficiente. Necesitaba comprar en la tienda ciertas materias tales como harina, arroz, copos de avena y aceite. Compraba la mayoría de mi ropa, aunque también me hice yo mismo algunas prendas. En un principio, la autosuficiencia total era una meta que quería llegar a alcanzar algún día, pero debido al creciente deterioro de las tierras salvajes y a la progresiva aglomeración de gente por los alrededores, llegué a sentir que ya no tenía sentido seguir intentando conseguir esa meta y mi interés se centró en otros asuntos.
BVD: ¿Hasta qué punto el modo de vida, que elegiste satisfizo tus sueños, deseos o motivaciones originarias, esto es, tus sueños de juventud y tus planes tras decidir abandonar Berkeley? ¿Y qué fue lo más satisfactorio de tu vida en Lincoln? 
TJK: Mi vida en los bosques me aportó algunas satisfacciones que yo había esperado obtener, como la libertad personal, la independencia, un cierto componente de aventura y un modo de vida sosegado.
También obtuve algunas satisfacciones que no había entendido o anticipado previamente, o que incluso me pillaron por sorpresa. Cuanto más íntima se vuelve tu relación con la naturaleza, más aprecias su belleza. Es una belleza que no consiste sólo en captar imágenes y sonidos sueltos sino en una percepción de... toda ella en su conjunto. No sé cómo expresarlo. Lo más importante es que cuando vives en los bosques, en vez de simplemente visitarlos de forma esporádica, la belleza entra a formar parte de tu vida en lugar de ser algo que simplemente se observa desde el exterior.
En estrecha relación con esto último, una parte de esa relación íntima con la naturaleza que vas forjando, es la agudización que llegan a adquirir tus sentidos. No es tanto que tu oído o tu vista se vuelvan más agudos, sino que te das más cuenta de las cosas. Con la vida en la ciudad, tiendes a encerrarte en ti mismo, en cierto modo. Tu entorno está atestado de imágenes y sonidos irrelevantes y te acostumbras a apartar la mayor parte de ellos de tu consciencia. En los bosques, tu atención se dirige hacia afuera, hacia tu entorno, de ahí que seas mucho más consciente de lo que sucede a tu alrededor. Por ejemplo, notas cosas en el suelo, tales como plantas comestibles o huellas de animales que suelen pasar desapercibidas para otra gente. Si un ser humano ha pasado por allí y ha dejado el más mínimo rastro o una pisada, probablemente lo notarás. Sabes qué sonidos son los que llegan a tus oídos: esto es el canto de un pájaro, esto el zumbido de un tábano, esto es un ciervo asustado que huye corriendo, esto es el golpe de una piña el caer sobre un tronco tras ser arrancada por una ardilla. Si oyes un sonido que no puedes identificar, inmediatamente capta tu atención, incluso si es tan débil que apenas es audible.
Otra cosa que aprendí fue la importancia de tener trabajos con sentido que llevar a cabo. Me refiero a tareas con un verdadero sentido -cuestiones de supervivencia. No me di cuenta totalmente de lo que suponía vivir en la naturaleza hasta que mi situación económica fue tal que tuve que cazar, recoger plantas y cultivar un huerto para poder comer. Durante parte de mi vida en Lincoln, especialmente entre 1975 y 1978, si no tenía éxito en la caza, no tenía carne para comer. No tenía verduras a no ser que las recolectase o que las cultivase yo mismo. No hay nada más satisfactorio que la plenitud y la confianza en uno mismo que aporta este tipo de autosuficiencia. Y en estrecha relación con esto uno pierde casi totalmente su miedo a la muerte.
Al vivir en la naturaleza, uno descubre que la felicidad no consiste en maximizar el placer. Consiste en la tranquilidad. Una vez que has disfrutado de la tranquilidad durante el suficiente tiempo, realmente desarrollas aversión hacia la mera idea de cualquier forma de placer intenso -un placer excesivo estropearía tu tranquilidad.
Por ultimo, uno aprende que el aburrimiento es una enfermedad propia de la civilización. Pienso que el aburrimiento ante todo consiste en que las personas sienten la necesidad de mantenerse entretenidas y ocupadas, ya que si no lo hacen, sus diversas ansiedades, frustraciones, descontento y demás comienzan a aflorar a la superficie y eso les hace sentirse incómodas. El aburrimiento es prácticamente inexistente una vez que te has adaptado a la vida salvaje. Si no tienes ninguna tarea realmente importante que necesite ser realizada, te puedes sentar durante horas y horas sin hacer nada en absoluto, sólo escuchando a las aves, el viento o el silencio, viendo las sombras moverse a medida que el sol se desplaza o, simplemente, observando objetos familiares. Y no te aburres. Simplemente estás en paz.
BVD: ¿Cuál fue la parte más dura de tu vida en Lincoln?
TJK: Lo peor de mi vida en los bosques fue observar el inexorable avance de la civilización moderna. Había cada vez más casas a lo largo del puerto de Stemple o en cualquier otro lugar. Más pistas a través de los bosques, más zonas deforestadas, más aviones y helicópteros volando por encima. Radiocollares en los wapitíes, fumigación con herbicidas, etc.
BVD: ¿Cuáles son algunos de tus más añorados recuerdos de tu vida en los bosques?
TJK: Dar paseos por las montañas, temprano en primavera, cuando la nieve se había derretido lo suficiente como para permitirlo, disfrutando de la nueva libertad física que suponía el hecho de no tener que seguir calzando las raquetas para la nieve, y volver a casa con un montón de verduras frescas y tiernas, tales como cebollas silvestres[41], dientes de león[42], “bitterroot” y Lomatium, con uno o dos gallos de monte -cazados ilegalmente, lo admito. Trabajar en el huerto de madrugada. Cazar liebres de raquetas en invierno. El tiempo que pasaba en mi escondite secreto durante el invierno. Ciertos lugares donde acampaba durante la primavera, el verano y el otoño. Los estofados de otoño con carne de ciervo, patatas y otras verduras de mi huerta. Todas las ocasiones en las que simplemente me sentaba o tumbaba quieto in hacer nada, sin ni siquiera pensar demasiado, simplemente impregnándome de paz.
BVD: Muchas gracias.
TJK: Ha sido un placer.

(Nota de la entrevistadora: A pesar de ciertas afirmaciones publicadas que aseguran que el escondite secreto de Kaczynski había sido hallado, jamás fue encontrado. En otra ocasión hablaremos de ello).




[1] Traducción a cargo de Último Reducto de “An Interview with Ted”, publicada en el boletín Blackfoot Valley Dispatch Vol. 19, nº 1, 2, 3 y 4, enero 2001, Lincoln, Montana, Estados Unidos. Original cedido por Ted Kaczynski con permiso de la entrevistadora. Nota del traductor.
[2] “Old frontier days” en el original. La traducción literal sería: “Los viejos tiempos de la frontera”. “La frontera” (“the frontier”) era el modo en que denominaban los estadounidenses del siglo XIX a las tierras del Oeste y del norte de Norteamérica que estaban sólo a medio explorar o colonizar, en las cuales la civilización del “hombre blanco” aún no había conseguido afianzarse y en las cuales los blancos (y a veces negros y amarillos asiáticos) que se adentraban o pretendían instalarse se enfrentaban no ya a peligros tales como los ataques de los indios, las fieras o los desastres naturales, sino a un modo de vida basado inevitablemente en la autosuficiencia y la improvisación a la hora de resolver los asuntos y necesidades de la vida cotidiana.
Aquí se ha traducido “old frontier days” por “tiempos del Antiguo Oeste” ya que así resultaría más sencilla su comprensión para la mayoría de los lectores hispanoparlantes, aunque no sea realmente exacta (los “días de la frontera” fueron solamente una época y una situación muy concreta y especial en la historia de la colonización el Oeste estadounidense por parte de la civilización moderna. En concreto, el principio de la misma). N. del t.
[3] 1 milla = 1,6 km. aprox. N. del t.
[4] “Lodgepole pine” en el original. Corresponde a la especie Pinus contorta. N. del t.
[5] “Snowshoe hare” en el original. “Snowshoe” significa “raqueta para la nieve”. “Estas liebres son de las especies Lepus americanus y otras especies estrechamente afines con ésta [...]” (Ted Kaczynski en carta a Último Reducto del 30 de abril del 2004. Original en castellano). La liebre de raquetas se llama así porque sus anchas patas traseras le sirven a modo de raquetas para correr sobre la nieve sin hundirse. N. del t.
[6] 40 pies = 12,19 metros. N. del t.
[7] “Parsnips” en el original. Corresponde a la especie Pastinaca sativa. [Nota del traductor].
[8] “Los ‘deer’ [ciervos] que comía eran de la especie Odocoileus hemionus y se llaman ‘mule deer’ [ciervo mula]”. (Carta de Ted Kaczynski a Último Reducto del 7-10-2004. Original en castellano). N. del t.
[9] “Elk” en el original. La traducción de “elk” al castellano es, en principio, “alce”. Pero en Norteamérica se llama “elk” sólo al ciervo wapití (Cervus canadensis), mientras que al alce o anta (Alces americana) se le llama “moose”. Por tanto, Kaczynski no cazaba alces sino wapitíes. N. del t.
[10] Probablemente Tamasciurus hudsonicus o ardilla roja americana. N. del t.
[11] “Grouse” en el original. “Grouse” es un término que los angloparlantes aplican a varias especies y géneros de la familia de aves galliformes conocidas como tetraónidas.  
En el caso de Kaczynski, los “grouse” que cazaba en Montana, eran lo que en castellano se han dado en llamar, de forma genérica, “gallos de bosque” o “gallos de monte”, nombre aplicado a varias especies de tetraónidas norteamericanas. En concreto, Kaczynski cazaba:
-Dendragapus obscurus, “Blue grouse” en inglés. “Gallo de las Rocosas” o “perdiz oscura” en castellano.
-Bonasa Umbellus, “Ruffed grouse” en inglés. En castellano se suele llamar grévoles a las especies del género Bonasa. En este caso se trata del grévol engolado.
-Canachites canadensis, “Spruce grouse” o “Franklin grouse” en inglés. La traducción literal al castellano de “Spruce grouse” sería “gallo de los abetos”.
Nota del traductor basada en datos aportados por el propio Ted Kaczynski.
[12] Roedores con púas de la familia de los eretizodóntidos. Probablemente Erethizon dorsatum. N. del t.
[13] “Rockchuck” en el original. Probablemente Marmota flaviventris. N. del t.
[14] “Muskrats” en el original. Corresponde a la especie Ondatra zibethica. N. del t.
[15] “Packrats” en el original. Roedores del género Neotoma. N. del t.
[16] “Deer mice” en el original. Corresponde a la especie Peromyscus maniculatus. N. del t.
[17] Género Vaccinium. Las distintas especies de Vaccinium son designadas en inglés con distintos nombres comunes los cuales, a su vez varían según la zona. Kaczynski, por ejemplo, utilizaba en este caso el término “huckleberries”, para referirse a cierta especie de Vaccinium. Sin embargo, ese mismo nombre, “huckleberry”, se usa en otros lugares para designar a otras plantas del género Gaylussacia (perteneciente a la misma familia que Vaccinium, las ericáceas). Nota del traductor basada en datos aportados por el propio Ted Kaczynski.
[18] Género Sepherdia. N. del t.
[19] Las “twinberries” rojas pertenecen a la especie Lonicera utahensis. N. del t.
[20] Corresponde a la especie Lonicera involucrata. N. del t.
[21] “Gooseberries” en el original. Corresponde a la especie Ribes uva-crispa. También llamada R. grossularia. N. del t.
[22] “Black currants” en el original. Género Ribes. N. del t.
[23] “Raspberries” en el original. Corresponde al género Rubus. N. del t.
[24] “Oregon grapes” en el original. Género Mahonia. N. del t.
[25] “Choke cherries” en el original. Prunus virginiana. N. del t.
[26] “Rose hips” en el original. Frutos de rosal silvestre (género Rosa). N. del t.
[27] Género Camassia. Probablemente C. quamash. N. del t.
[28] Género Carum. Probablemente C. gairdneri o C. kellogi. N. del t.
[29] Corresponde a la especie Lewisia rediviva. N. del t.
[30] Género perteneciente a la familia de las umbelíferas. N. del t.
[31] Probablemente Claytonia virginica. N. del t.
[32] “Orach” en el original. Corresponde a la especie Atriplex hortensis. N. del t.
[33] “Jerussalem artichokes” en el original. Helianthus tuberosum. N. del t.
[34] Corresponde a la especie Pseudotsuga menziesii. N. del t.
[35] Corresponde a la especie Rheum rhabarbarum. N. del t.
[36] “Partridge berries” en el original. Pertenecen al género Vaccinium. Nota del traductor basada en datos aportados por el propio Ted Kaczynski.
[37] Familia de las umbelíferas. N. del t.
[38] “Lily” en el original. Kaczynski se refiere al género Lilium y, por tanto, a la familia de las liliáceas. Nota del traductor basada en datos aportados por el propio Ted Kaczynski.
[39] Familia de las crucíferas. N. del t.
[40] Familia de las quenopodiáceas. N. del t.
[41] Género Allium. N. del t.
[42] Géneros Leontodon o Taraxacum. N. del t.

lunes, 4 de marzo de 2019

INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA II: sobre pragmatismo, tecnología, medioambientalismo y conservacionismo.



ADAPTACIONES DE FRAGMENTOS DE VARIOS INTERCAMBIOS DE CORRESPONDENCIA II: sobre pragmatismo, tecnología, medioambientalismo y conservacionismo.[1]
A) INTERCAMBIO ENTRE P. Y U.R:[2]
P: Alguna gente que conozco que está interesada en las ideas de Kaczynski cree en el “poder del mito” –adoración a los héroes, culto a la personalidad y cosas irracionales por el estilo. El propio Kaczynski escribe también acerca del mito en las páginas 361-364 de Technological Slavery. Podríamos preguntarnos si el mito de Ted Kaczynski sería un mito revolucionario adecuado.
U.R.: La irracionalidad (o mejor dicho, la no-racionalidad) es una parte importante de la mente y del comportamiento humanos. De hecho, es la parte más importante; la racionalidad real es sólo una delgada capa que cubre el grueso de la mente, el cual no es racional. Y esta delgada capa ni siquiera aparece en todas las ocasiones; más bien al contrario, es algo bastante raro. Y, precisamente, para ser realmente racionales, la no-racionalidad debería ser tenida en cuenta siempre. No obstante, los fundadores de un movimiento serio contra el sistema tecnoindustrial (los primeros miembros, la gente lo que empiece) y sus líderes deberían tratar de ser tan racionales como les sea posible y dejar la no-racionalidad pura para los peones y las masas. La no-racionalidad emergerá por sí misma siempre, de un modo u otro y antes o después. No es tan necesario promoverla activamente como estar alerta respecto a ella para evitar errores. Antes de tratar de engañar y manipular a la gente usando la no-racionalidad (mitos, idolatría, estética, apelación a las emociones, etc.), debería haber al menos un núcleo de unos pocos individuos comprometidos y racionales que liderasen el movimiento. Y, hasta donde yo sé, no los hay.
Ciertamente, Kaczynski comenta el “mito” en dichas páginas, pero no estoy seguro de haber entendido, ni de que siquiera él supiese, exactamente de qué estaba hablando cuando usó el término “mito” en ese escrito. Creo que, en este caso, tal y como yo entiendo ese texto, “ideal”, “ideología”, “conjunto de valores”, “teoría” o incluso “imaginario” habrían sido algunos términos mucho mejores que “mito”. Para mí los mitos son una cosa completamente diferente, mucho más relacionada con asumir o defender teorías sin pruebas empíricas.
P: Siempre que pienso acerca de la racionalidad en referencia a Kaczynski pienso en un modo claro y pragmático de pensar que suele poder observarse en las organizaciones militares occidentales cuando se enfrentan a situaciones bélicas caóticas.  El gobierno, el estado y el ejército generalmente funcionan de un modo mucho más eficiente (aunque no sean completamente eficientes) que las organizaciones radicales que se basan más en seguir impulsos, en la irracionalidad y en el idealismo … En realidad, están expuestas a múltiples condiciones, a grupos de interés (grupos autopropagantes) y a consecuencias imprevistas. Se requiere una mentalidad adecuada, como la que se observa en los ejércitos, para improvisar, adaptarse y vencer.  Sin embargo, para esto hay que ser racional y creo que la disciplina es esencial para hacer que la mente racional domine los impulsos no-racionales.  
Los líderes y fundadores (digamos “el núcleo” del movimiento) deberían de hecho ser racionales pero, ¿cómo puede siquiera hacerse que esa gente adecuada se vea atraída por las ideas planteadas por Kaczynski (y que realmente se conviertan en acérrimos seguidores de las mismas)? En la situación actual hay múltiples facciones/grupos autopropagantes intentando imponer sus intereses y tratando de reclutar gente adecuada para sus proyectos. Existen diferentes facciones, desde extremistas hasta moderados, desde prosistema a antisistema, y todas desean reclutar y expandirse, ¿cómo puede la gente adecuada siquiera darse cuenta de las ideas de Kaczynski y sentirse atraída por ellas? La publicación del Manifiesto de Unabomber en los medios de masas por sí misma no tuvo mucho efecto aparte de que la gente lo leyese. Muy pocos lo estudiaron o aplicaron las ideas por sí mismos.
U.R.: Estoy de acuerdo. El pragmatismo y la disciplina son una parte importante de la racionalidad y son necesarios para tener alguna opción de éxito. Para mí, el pragmatismo está muy relacionado con una forma de ver el mundo materialista y científica (empirista), y ésta última es bastante escasa entre la gente que pretende estar cuestionando el sistema hoy en día. De todos modos, el pragmatismo siempre depende de la idea que se tenga acerca de qué es considerado “pragmático” (es decir, eficaz, útil, práctico). Y esta idea depende de las metas que uno desee alcanzar, las cuales a su vez dependen de los valores y principios que uno tenga o asuma. Y estos valores no tienen causas últimas racionales. El pragmatismo siempre asume algunas metas como deseables o indeseables y así, tácita o explícitamente, asume algunos valores como correctos o incorrectos y define la eficacia en base a ellos. Sin embargo, ¿por qué esos valores y metas y no otros? Esto no puede contestarse basándose sólo en la razón. Es decir, la no-racionalidad está siempre en la base, incluso de la racionalidad. Sin embargo, una cosa es reconocer este hecho (la inevitabilidad de cierta no-racionalidad inherente al comportamiento humano) y evitar caer en ideas racionalistas ingenuas acerca del supuesto poder ilimitado de la razón para lograr algunas metas mediante la alteración y el control de la realidad (desde el comportamiento humano hasta los sistemas tecnológicos o sociales complejos, pasando por los ecosistemas) y otra es defender la irracionalidad como una forma de actuar deseable (al menos en “política”[3]; o en la lucha contra el sistema tecnoindustrial). En mi opinión (y en la de la mayoría de los seres humanos, en la mayoría de las ocasiones), ser tonto y actuar como tal no es bueno ni deseable prácticamente nunca. El irracionalismo es tan malo como el racionalismo.
En cuanto a su segundo párrafo, buenas preguntas con difíciles respuestas. No puedo responderlas. Sin embargo, creo que el asunto consiste más en llegar a la gente adecuada que ya tenga los valores, las intuiciones y la actitud correctos que en convertir o convencer a nadie que no esté ya “convencido” en gran medida (es decir, que no tenga ya ciertos valores, ideas e intuiciones de forma natural). ¿Dónde está esa gente naturalmente “convencida”? ¿Cómo llegar a ella? ¿Hay algo más que se pueda hacer aparte de lo que ya ha sido hecho o se está haciendo? No lo sé.

B) INTERCAMBIO ENTRE M.V. Y U.R.:[4]
M.V.: Creo, al igual que tú, que una revolución es inviable, aunque no he tenido el tiempo suficiente como para reflexionar al respecto o encontrar nuevos caminos … Viendo el “estado de las cosas”,  ¿crees que exista alguna vía? Me parece que quizá es desde la tecnología misma que algo pueda hacerse. También me parece que desde la vía legal (sin llegar a una suerte de purismo y obediencia total a ésta) puede hacerse … Pero quizás es necesaria una vía más contundente.
U.R.: Me dices, “creo, al igual que tú, que una revolución es inviable” y me preguntas si creo que existe alguna vía. Bueno, lo primero es aclarar que yo nunca he dicho que una “revolución” sea inviable. Sólo he dicho que me parece muy poco probable y muy difícil que llegue a juntarse la suficiente gente, con la suficiente capacidad intelectual y material y la suficiente dedicación y compromiso para poder llevar a cabo con éxito la “revolución” (aunque yo prefiero no usar este término) que se necesita para destruir el sistema tecnoindustrial. Pero no he dicho que sea inviable o imposible, ni que yo haya tirado la toalla.
Por otro lado, si existe una posibilidad de cambiar realmente las cosas, es decir, de deshacernos de la tecnología moderna y del sistema social que ésta implica, ha de ser o bien por casualidad, es decir, de forma no intencionada (por ejemplo, una gran catástrofe natural o artificial que haga que el sistema colapse) o bien porque un movimiento organizado y capaz, aprovechando una gran crisis, ayude a echarlos abajo (lo que algunos, como Ted Kaczynski, llaman “revolución contra el sistema tecnoindustrial”).
Desde la tecnología no van a venir más que problemas cada vez peores. Las “tecnosoluciones” a los problemas de la sociedad o del mundo siempre han acarreado, a corto o largo plazo, nuevos y mayores problemas, aun en los casos en que parezca que han sido eficaces para resolver los problemas a los que se han aplicado (que muy a menudo no han servido ni para eso en realidad).
No es ya cuestión de optimismo frente a pesimismo (es decir, una mera cuestión de juicios de valor o de preferencias morales), es mero realismo, son meros hechos. Hay un problema (o algo que se considera un problema, lo sea o no). Se inventa un avance tecnológico para resolver ese problema. En principio, si funciona, el problema parece resolverse. Pero, siempre sucede además que:
1.      El nuevo avance tecnológico tiene un precio, es decir, unas consecuencias inevitables. O sea, un impacto en la sociedad y en la Naturaleza. Aunque sólo sea porque de la nada no sale nada ni nada desaparece en la nada. Se necesitan espacio, materia y energía para crear ese avance y hacerlo funcionar, y eso procede inevitablemente de la Naturaleza y causa un impacto físico en ella.
2.      El proceso de creación y aplicación del nuevo avance tecnológico es impredecible en muchos aspectos y siempre, en mayor o menor medida, aparecen efectos secundarios imprevistos, factores no tenidos en cuenta en un principio, nuevas condiciones y factores creados por el propio proceso y tampoco conocidos previamente, etc. El resultado es que el proceso siempre se desvía de lo previsto y ya eso, por sí solo, hace que las cosas no salgan exactamente como se esperaba y que el avance tecnológico final ni sea tan eficaz ni esté exento de consecuencias no deseadas.
3.      A la larga, los avances que en lo inmediato y el corto plazo parecían ser eficaces y resolver los problemas para los que se habían desarrollado, acaban generando bucles de retroalimentación (círculos viciosos) que empeoran dichos problemas aún más.
4.      Al surgir nuevos problemas imprevistos y complicaciones, surge la necesidad y la tentación de tratar de desarrollar nuevos avances tecnológicos para resolverlos a su vez, repitiéndose y amplificándose el proceso.
Por ejemplo, hay millones de personas que mueren de hambre en el mundo (presunto problema). Se crean semillas seleccionadas para producir más alimentos en suelos pobres y climas duros y/o para resistir a las plagas. Esto genera un incremento en la producción de alimento. La gente que antes moría de hambre ahora sigue viviendo. Todo parece estupendo, ¿a que sí? Pues no. Esa gente que sigue viva, vive para reproducirse y la población aumenta aún más, haciendo que en unos pocos años, el suministro de alimento vuelva a ser insuficiente y sea necesario intensificar los cultivos y crear nuevas “tecnosoluciones” para aumentar la producción de alimentos. Y así se entra en un círculo vicioso. Y mientras tanto, surgen complicaciones. Por ejemplo, nuevas plagas a las que no son resistentes las nuevas variedades de plantas sustituyen a las antiguas ocupando su nicho ecológico, por lo que se necesita usar pesticidas. O esa gente superviviente y sus hijos agravan aún más los problemas ecológicos y sociales. Esto es lo que pasó por ejemplo, con la Revolución Verde de la segunda mitad del siglo XX. Y mucho antes con la invención de la agricultura. La historia de la humanidad en general y el sistema tecnoindustrial actual en particular están llenos de ejemplos de procesos de este tipo.
Y esto nos puede preocupar y parecer malo o no (es cuestión de valores, o sea, es una cuestión moral). Si nos preocupa, entraremos en el saco de los pesimistas. Si no, seremos considerados optimistas. Pero, independientemente de que nos preocupe o no, los hechos son los que son y el proceso que acabo de describir es un hecho palmario. Y aun así, pocos son conscientes de su existencia.
Así que no, la tecnología no será la solución.
¿La ley? Tampoco. Las leyes son en el fondo similares a las “tecnosoluciones”, con todo lo que ello implica (gran parte del proceso descrito más arriba se cumple también, a su manera, para la creación y aplicación de nuevas leyes). Y, aun si no tenemos esto en cuenta y suponiendo que las leyes fuesen totalmente eficaces y estuviesen perfectamente diseñadas y ajustadas a los casos reales para resolverlos de forma satisfactoria, justa y correcta para todas las partes afectadas por un problema (que nunca suele ser el caso), son excesivamente efímeras y susceptibles de modificación en un futuro (dependen demasiado de la coyuntura política, entre otros factores) como para ofrecer soluciones realmente duraderas o definitivas a los problemas (especialmente a los grandes problemas).
Ciertamente es necesaria una vía más contundente, mucho más contundente: la destrucción del sistema tecnoindustrial. Lo que haría falta para destruir físicamente el sistema tecnoindustrial sería mucho más contundente que las revoluciones del pasado, que el terrorismo o el sabotaje a la escala conocida hasta la fecha (demasiado pequeña) y que las guerras mundiales incluso. Las consecuencias serían terribles en lo referente a la escala de la destrucción y del número de muertes, ya que debería implicar una destrucción masiva, llegado el momento. No es un juego, ni una broma, ni algo que hacer irreflexivamente.
M.V.: La verdad no creo que la tecnología sea la manera de salvarnos como suele sugerir la  propaganda, pero podría ser una herramienta útil para combatir, quizás, la misma tecnología … Creo que no lo articulé bien.
U.R.: Cuando leí tu anterior carta no sabía bien si con lo de la tecnología te referías a las “tecnosoluciones” o a usar la tecnología moderna en contra de la propia tecnología moderna, para destruirla. Al final contesté sólo a lo primero.
En cuanto a lo segundo, no creo que quienes odian la tecnología moderna deban dejar de usarla, ni en su vida personal ni en su lucha “política” contra la tecnología. En la vida personal, negarse a usar tecnología moderna lo único que acarrea es dificultades y complicaciones a quienes deciden seguir esa vía y, en realidad, no les aporta ninguna ventaja (siguen rodeados por un mundo en el que todos los demás la usan; y esto, de un modo u otro, les sigue afectando también negativamente a ellos). Y en lo “político”, sería muy difícil siquiera difundir eficientemente ideas en contra de la tecnología moderna sin usar un mínimo de tecnología moderna. No digamos ya combatirla materialmente. El sistema tecnoindustrial no se va a poder echar abajo (si es que alguna vez se intenta seriamente y hay una oportunidad de lograrlo) a flechazos o a pedradas.

C) INTERCAMBIO ENTRE A.Q. Y U.R.:[5]
A.Q.: Yo creo que el entusiasmo actual de buena parte de la población (lo cual se refleja también en las instituciones) con la ecología o lo que llaman “el medio ambiente” está también relacionado con el malestar que mucha gente siente por el daño que el desarrollo tecnológico está haciendo a la Naturaleza salvaje. Pero que ese genuino sentimiento de repulsión hacia lo que daña la Naturaleza ha sido canalizado por la sociedad tecnoindustrial en su propio beneficio haciendo que la gente se preocupe por “arreglar” los problemas medioambientales que puedan perjudicar al sistema tecnoindustrial, a la vez que creen estar ayudando a la Naturaleza. Un buen ejemplo de esto puede ser todo lo que se dice y hace actualmente sobre el cambio climático. Los científicos están trabajando para frenar o mitigar los efectos del cambio climático, los cuales ponen en riesgo el desarrollo del sistema tecnoindustrial, y esa lucha es vista por toda o buena parte de la población (y del ecologismo) como algo que se hace para proteger la Naturaleza, cuando en realidad es al revés. Es otro“truco” del sistema, como suele decir Ted Kaczynski…
U.R.: Bueno, eso de que mucha gente siente malestar por el daño causado a la Naturaleza, no sé hasta qué punto es cierto. A la inmensa mayoría de la gente le trae sin cuidado todo lo que no sean ellos y sus allegados o lo que les gusta, que no suele ser precisamente la Naturaleza. Y de entre los ecologistas, a la mayoría también les da igual la Naturaleza (y más aun la salvaje); e incluso muchos de aquellos a los que les importa (los conservacionistas) no suelen ver en el desarrollo tecnológico como un problema en sí ni como la causa última de la destrucción y sometimiento de la Naturaleza. Y algunos lo ven incluso como la solución. Quizá algunos haya que sí que sientan ese malestar, pero yo creo que son muy pocos y, por tanto, no creo que eso explique realmente el auge del medioambientalismo.
El medioambientalismo en realidad persigue sólo o principalmente mejorar el entorno artificial de los seres humanos (que es lo que en la práctica constituye normalmente el medio ambiente). Y esto favorece a la sociedad tecnoindustrial. El medioambientalismo sirve al sistema como mecanismo de reparación y optimización para mantener unas condiciones de vida mínimamente saludables para que la población humana pueda seguir funcionando en esta sociedad (que aún depende en gran medida de la gente). Y éste es simplemente el principal motivo de su auge. Y, por lo general, los medioambientalistas reconocen todo esto abiertamente, no es necesario usar engaños o trucos para que lo acepten, porque es lo único (o lo principal) que la mayoría de ellos desean: mejorar las condiciones del entorno artificializado de la humanidad para hacerlo más habitable y soportable y progresar.
Es cierto que el ecologismo normalmente es medioambientalismo y que mezcla los conceptos de Naturaleza y medio ambiente como si fueran lo mismo. Y, también es cierto que en muchos de los pocos casos en que a algunos ecologistas les importa realmente la Naturaleza, la confusión entre Naturaleza y medio ambiente desvía la atención hacia la mejora del medio ambiente artificial confundiéndola con la defensa de la Naturaleza, ayudando así a mejorar la sociedad tecnoindustrial, favoreciendo la aceptación del desarrollo tecnológico (el cual, muchas veces, parece incluso mejorar el medio ambiente al reducir las emisiones directas, aumentar la eficiencia energética, etc.) y evitando que dichos ecologistas lleguen a cuestionarlo. Vamos que acaban defendiendo lo que destruye la Naturaleza creyendo que ayudan a ésta. De modo que el medioambientalismo funciona como “truco del sistema” sólo entre esos pocos a quienes les importa realmente la Naturaleza salvaje. Al resto no hace falta engañarles, porque les da igual la Naturaleza e incluso están a favor del desarrollo de la tecnología y la sociedad modernas.
A.Q.: Los valores que profesan los conservacionistas seguidores de la ética de la tierra de Aldo Leopold son los correctos: la devoción hacia la Naturaleza salvaje y el rechazo del progreso tecnológico. Pero lo que proponen, no es más que mero idealismo. Creen ilusamente que la educación y la propaganda en general pueden hacer cambiar la forma de pensar de la gente y que esto a su vez repercutirá en un menor impacto de las actividades humanas sobre la Naturaleza salvaje. En la actualidad la propaganda a favor del respeto a la Naturaleza está muy extendida dentro de las instituciones de la sociedad tecnoindustrial (por ejemplo, se da mucha importancia a la “educación ambiental”) pero sobra decir que eso no ha supuesto una mejora real en el estado de la Naturaleza salvaje. Si acaso, de forma parcial y reducida, se ha producido una leve mejora en algunas zonas rurales en los países desarrollados, pero está claro que esa mejora a corto plazo se debe a factores materiales como el éxodo rural y la globalización económica (hay menos gente en las zonas rurales y se extraen menos recursos de los montes porque la mayoría de lo que se consume actualmente en países como España viene de otras zonas del mundo donde, allí sí, los ecosistemas se están degradando a pasos agigantados para abastecer el consumo de los países desarrollados más el aumento de nivel de vida de las poblaciones locales). Es decir, que la recuperación parcial de ciertos espacios o especies (incluida su protección legal) en los países desarrollados se debe a factores materiales y no a una ética de la tierra ni nada por el estilo. De hecho, la ideología ecologista o medioambientalista se ha extendido entre la población de los países desarrollados precisamente por esos factores materiales que lo han propiciado. No es casualidad que ese cambio de mentalidad se haya producido ahora y no hace 100 años (aunque hace 100 años ya había voces que hablaran sobre el valor de la Naturaleza salvaje, como precisamente Aldo Leopold)
U.R.: ¿Cuándo rechazó Leopold (y sus seguidores) el desarrollo tecnológico? Creo que tienes una idea demasiado benevolente de Leopold. Una cosa es decir que el industrialismo ha dañado la Naturaleza (es un hecho histórico que cualquiera reconoce) y otra que sea malo en sí, que vaya a dañar siempre la Naturaleza porque está en su esencia (necesita hacerlo para existir) y que haya que acabar con él. Esto último la mayoría de los conservacionistas no lo ven ni lo aceptan. Leopold creía, como casi todos los conservacionistas, que el desarrollo industrial puede compatibilizarse con la conservación de la Naturaleza. Era un reformista que creía que la industrialización podría hacerse “bien”, sin dañar la Naturaleza. Lo que Leopold tiene de valioso es que valoraba la Naturaleza por sí misma y que promovía su conservación y recuperación (que no es poco). Pero lo demás: su ética de la tierra, su idealismo y su creencia en la coexistencia del progreso tecnológico y la Naturaleza, es en realidad un error.
Creo que la ética de la tierra de Leopold está equivocada. Yo siempre he visto un gran defecto de base en ella: es una mera extrapolación de los patrones éticos comúnmente aplicados a las relaciones entre seres humanos (compasión o empatía, intereses, solidaridad, igualdad, etc.). Él defendía que había que ampliar los círculos a los que aplicar esos mismos patrones incluyendo más objetos de consideración moral que meramente los seres humanos (ir ampliando los círculos de consideración moral de los allegados a los desconocidos, de los desconocidos a toda la humanidad, de toda la humanidad a otras especies y de otras especies a toda la biosfera). Y además creía que en dicha ampliación había un progreso moral, ya que efectivamente los círculos se han ido expandiendo a medida que las sociedades se desarrollaban. Yo simplemente veo que esos patrones éticos humanos no son aplicables a una ética referente a nuestras relaciones con lo salvaje. En el caso de dicha ética, hacen falta otros patrones o esquemas, algo completamente distinto. Es una ética o moral porque plantea que hay cosas malas y cosas valiosas y de ahí se infieren unos deberes, pero es completamente diferente a las éticas aplicadas comúnmente a las relaciones entre seres humanos, no sólo por la amplitud y naturaleza de su objeto, sino por su propia estructura y esencia, por sí misma. Por desgracia, muchos de los críticos del antropocentrismo y de los defensores del ecocentrismo que toman a Leopold como referencia, toman también este defecto y lo repiten acríticamente, intentando aplicar a la ética ecocéntrica conceptos como ‘interés’, ‘derecho’, ‘igualdad’, ‘empatía’ o incluso ‘justicia’ (aparte de valores como ‘vida’ o ‘bienestar’). O sea, que la ética de la tierra es lo que se llama un extensionismo ético (extender la ética intraespecífica convencional, y hasta cierto punto natural, humana a las relaciones entre los seres humanos y los seres no humanos y entre los seres humanos y la biosfera), y yo no creo que esa sea una buena solución. La mayoría de los conservacionistas parecen aceptar y tratar de aplicar este extensionismo, aunque algunos hay que lo critican.
En cuanto al medioambientalismo, como ya he dicho más arriba, no hay que confundir la educación ambiental en particular y la propaganda medioambientalista, ecologista o “verde” en general con las ideas a favor de la Naturaleza. Y creo que la mayoría de la gente no las diferencia suficientemente. Como ya he dicho, el medio ambiente no es necesariamente lo mismo que la Naturaleza. El medio ambiente es el entorno, todo lo que rodea al ser humano. Y hoy en día eso, en muchos casos y en lo más inmediato, es principalmente un entorno artificial o, como mínimo, artificializado. La Naturaleza en cambio es sólo la parte no artificial del entorno, el medio natural. Por desgracia, la inmensa mayoría de la gente (incluidos muchos de los propios “verdes” o ecologistas) confunde ambas cosas: el medio ambiente y la Naturaleza. Y no se debería caer dicha confusión. Ya lo dice Dave Foreman (uno de los pocos ecologistas que ven la diferencia): el medioambientalismo no es lo mismo que el conservacionismo y los conservacionistas no deberían ni siquiera hablar de defender el medio ambiente, sólo de defender lo salvaje. Yo añadiría que no sólo los conservacionistas deberían tener en cuenta esto, sino todos aquellos que amamos la Naturaleza salvaje.
Por supuesto, tienes razón en que la propaganda, el pregonar ideas, el tratar de cambiar mentalidades, etc. no sirve a no ser que se cambien principalmente los factores materiales que hacen que la sociedad siga el rumbo que sigue. Por muy bien planteada que estuviese la propaganda (por ejemplo, defendiendo lo salvaje en lugar del medio ambiente), seguiría sin funcionar si los factores materiales que determinan el rumbo del desarrollo social no cambian, es decir, si sigue necesitándose crear, usar y desarrollar tecnología moderna, si la población mundial sigue siendo miles o decenas de miles de veces superior a lo que debería y si sigue consumiendo cada vez más.
Además, la propaganda sólo funciona a la hora de cambiar mentalidades y comportamientos si es aplicada por un aparato propagandístico enormemente poderoso, cosa que sólo podrían hacer los estados u organizaciones muy grandes. Y aún así sólo funciona hasta cierto punto y en ciertas condiciones: cuando beneficia al sistema tecnoindustrial porque fomenta comportamientos necesarios para su subsistencia, como el reciclaje, y lo que viene a ser lo mismo, cuando empuja a favor de las tendencias materiales e ideológicas ya existentes en el propio sistema. Si no, no funciona en la práctica. Aunque llegue a tener cierta influencia en las ideas, no modifica los comportamientos y menos aún el funcionamiento de la sociedad. Puede llegar a hacer que a la gente le suenen ciertas ideas o conceptos e incluso que hablen de ellos, pero nada más. Por ejemplo, si por un lado se dice que no hay que contaminar, pero por el otro se necesita e incluso se promueve el uso de procesos y tecnologías industriales que inevitablemente generan residuos, lo de no contaminar, por mucho que se repita y suene a todo el mundo, no es más que palabrería. Es algo parecido a promover el cristianismo y, a la vez, defender y hacer la guerra, algo que ha pasado habitualmente a lo largo de muchos siglos en los países europeos y sus colonias. Por mucho que el cristianismo hablase, entre otras cosas, de amor al prójimo e incluso a los enemigos y de bobadas por el estilo y que entonces prácticamente todos fuesen cristianos convencidos, siguieron matándose unos a otros igual o con más saña aún que cuando eran paganos, porque las sociedades de esas épocas necesitaban la guerra para expandirse, obtener materia y energía, regular la población, etc. y porque nuestra naturaleza no es precisamente cristiana (tendemos a vengarnos, a defendernos si nos agreden, a atacar si nos vemos en la necesidad física, a odiar a los enemigos, a competir con los rivales por el estatus o los recursos, etc.). O sea, porque los factores materiales o físicos (incluidos los biológicos) siempre son lo principal a la hora de determinar los comportamientos individuales y la forma y dirección del desarrollo de la sociedad. Y con el medioambientalismo pasa lo mismo. Igual que con el izquierdismo (que, por cierto, deriva del cristianismo en el fondo). Sólo funcionan si (y hasta donde) los factores materiales hacen que la sociedad vaya en la misma dirección que ellos promueven. Si no, no funcionan en realidad.
Así que sí, los conservacionistas son prácticamente todos unos idealistas (los que hablan de cambiar mentalidades, que son casi todos) que creen que van a lograr cambiar la forma de pensar de la gente y, sólo o principalmente con ello, frenar o incluso revertir el impacto de la sociedad tecnoindustrial en la Naturaleza salvaje. Y los que no, hablan sólo de proteger áreas mediante leyes, cosa que, aunque suponga una actitud más pragmática, a la larga tampoco funcionará por otros motivos (básicamente debido a la expansión física del sistema tecnoindustrial).







Último Reducto










[1] © Copyright 2019, Último Reducto, para los fragmentos originalmente escritos por U.R.
[2] Adaptación del intercambio de correspondencia entre P. y U.R. ocurrido entre los días 11 y 13 de mayo del 2018. Las cartas originales estaban escritas en inglés.
[3] A lo largo de todo este post, cuando U.R. usa el término “política” entrecomillado, se refiere simplemente a aquello que está orientado a conseguir realizar cambios en una sociedad. Nota añadida por U.R. para este post.
[4] Adaptación del intercambio entre M.V. y U.R. ocurrido los días 24 y 25de junio del 2018. Las cartas originales estaban escritas en español.
[5] Adaptación del intercambio ocurrido el 13 de enero del 2019. Las cartas originales estaban escritas en español.

martes, 5 de febrero de 2019

Crítica a "La estirpe de los libres" de Benigno Varillas




La siguiente crítica se refiere a la edición del 14 de marzo del 2018 de La Estirpe de los Libres. Es una adaptación de la crítica remitida directamente al autor de dicho libro, Benigno Varillas. Aunque seguramente muchos lectores no hayan leído La Estirpe de los Libres, tampoco es imprescindible haber leído este libro para leer, entender y sacar provecho de esta crítica.

La estirpe de los tecnoilusos: crítica a La estirpe de los libres
Por Último Reducto
En esta crítica me centraré en los puntos clave o premisas básicas y generales en que basas tu obra, dejando de lado normalmente los múltiples fallos concretos y puntuales que aparecen en el texto, desde defectos de estilo, errores tipográficos, ortográficos y gramaticales, hasta numerosas imprecisiones técnicas que, ya por sí solas, deslucen la obra y hacen dudar sobre tu grado de conocimiento acerca de las materias tratadas y de tu rigor científico e intelectual a la hora de documentarte. No es mi intención ayudar a mejorar tu libro con mis críticas, sino más bien desmontarlo completamente y mostrarte que, en gran medida (básicamente, como mínimo, casi todo lo que va más allá de la mera biografía de Félix Rodríguez de la Fuente), es un auténtico despropósito basado en falsedades, datos sesgados e/o incompletos y fenómenos mal interpretados.
Antes de empezar y para evitarte la fácil escapatoria de tacharme de “neolítico”, “patriarcal”, “violento”, etc. te recuerdo que:
·  Yo tomo como valor fundamental lo salvaje, entendido como todo aquello que no es artificial y que es autónomo, es decir, todo lo que existe por sí mismo y a la vez funciona por sí mismo. La Naturaleza salvaje es, para mí, lo más importante y todo lo demás debería subordinarse a su preservación.
· Considero que el mejor (o, más bien, el menos malo) modo de vida para los seres humanos es el modo de vida cazador-recolector nómada a pie, ya que (1) es el modo de vida al que estamos física y psicológicamente adaptados por naturaleza, tras cientos de miles de años de selección natural por parte del entorno y (2) es el modo de vida menos dañino para los ecosistemas. Creo que al menos desde que comenzamos a practicar otros modos de vida (caza-recolección sedentaria, caza-recolección nómada a caballo, agricultura, urbanización, industria, etc.) sólo hemos empeorado, tanto en lo que respecta a (1) como en lo que respecta a (2).
Tenlo siempre bien en cuenta cuando leas mi crítica.
Buena parte de lo que te diré a continuación no es más que el desarrollo lógico y la explicación más en detalle de lo que ya te dijimos los miembros de Naturaleza Indómita en nuestra carta del 30 de abril del 2018.
Vamos al grano.
Los defectos principales que le veo a tu libro son:
1.      Valores progres.
2.      Idealización de los cazadores-recolectores.
3.     Concepto incompleto y simplista de lo salvaje y de su conservación y recuperación.
4.      Noción incompleta y sesgada de la historia de la conservación.
5.      Concepto finalista y progresista de la evolución humana y del desarrollo social.
6.  Concepción idealizada y sesgada de la informatización social en particular y del futuro desarrollo tecnológico y social en general.

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Último Reducto
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sábado, 20 de octubre de 2018

CRÍTICA A ANTI-TECH REVOLUTION

CRÍTICA A ANTI-TECH REVOLUTION DE TED KACZYNSKI.
Por Último Reducto.
En general:
1.      Es un libro muy pesado de leer, y no sólo por lo que tú dices en el prefacio (que, debido a su contenido y su propósito, el libro es para estudiarlo más que para leerlo) sino porque está escrito de una forma que, en mi opinión, no facilita precisamente la lectura (o el estudio, si lo prefieres) y, con ello, dificulta también su comprensión y el mantener la atención centrada en el hilo argumental del texto. Creo que podría haber sido escrito de un modo más conciso, breve y fácil de leer, sin por ello perder rigor intelectual ni seriedad. En este aspecto, tus textos anteriores eran mucho más fáciles de leer (y no por ello menos serios).
Por citar más en concreto uno de los detalles que creo que entorpecen la lectura y comprensión del texto: al leerlo uno tiene la impresión de que muchas partes son superfluas. Entre otras cosas, por ejemplo, yo habría quitado del texto principal todos los casos históricos y citas que mencionas como apoyo de tus afirmaciones y, tras eliminar un buen número de ellos, habría metido el resto como notas al final de cada capítulo.
2.      En relación con 1, el libro tiene demasiadas citas y referencias inútiles y superfluas. Puede haber dos tipos de referencias en los textos: las que son simples recursos a la autoridad (o celebridad) de otros autores (falacia de la autoridad, o sea, “esto es así porque lo dijo X, que es alguien muy famoso y/o con mucha autoridad”) y las que se refieren a fuentes de datos e información (aunque a menudo ambas clases se mezclan en una misma referencia). Las primeras sobran siempre en un texto que pretenda ser racional, las segundas pueden ser necesarias, útiles y valiosas (o no, según el caso; incluso éstas pueden acabar siendo pesadas y molestas, dificultando la lectura y comprensión del texto). En tu libro, creo yo, hay demasiadas referencias del primer tipo (o de un tipo mixto).
Más aún, ¿cuál es el motivo para tanta cita del primer tipo? No lo sé en tu caso, pero, en general, aparte de recurrir deshonestamente a la falacia de la autoridad, suele ser tratar de lograr reconocimiento intelectual. Parece que, para ser un autor intelectualmente respetable, uno ha de citar o referirse a otros autores o individuos famosos y/o prestigiosos continuamente. Sin embargo, esto es un vicio pedante que no engaña más que a los que lo comparten.
3.      En relación con 2, en el libro hay demasiadas referencias a, y citas de, Mao, Lenin, Trotsky, Castro, Carrillo, Alinsky, etc. A menudo, los nombres de los autores citados en un texto influyen en cómo la gente juzga dicho texto y a su autor (o incluso en si juzgan si merece la pena leerlo o no). Y aunque esta tendencia no sea racional o esté sujeta a error, no es del todo descabellada, ya que se suele cumplir que muchos o la mayoría de los autores citados en los textos (especialmente en las humanidades y “ciencias” sociales) son afines ideológicamente al autor que los cita.
Tu libro sería una excepción a esta regla, como tú bien señalas en la página 239 (166, 204), pero, como también tú mismo me has dicho más de una vez, la mayoría de la gente, a la hora de juzgar o sacar conclusiones, no suele tener en cuenta las excepciones, puntualizaciones, casos que se salen de lo convencional o normal, etc. ¡Hasta yo, que sé de sobra que no eres marxista, no puedo evitar sentir cierto repelús al ver tanta cita de autores marxistas!
Hay que tener en cuenta las tendencias no racionales de la gente a la hora de actuar y expresarse si realmente uno quiere ser eficiente, práctico y evitar en la medida de lo posible la confusión, las malinterpretaciones y los errores estratégicos.
En otras palabras, a pesar de tus matizaciones de la página 239 (166, 204), me temo que tantas referencias de autores izquierdistas repelerán a los lectores antiizquiedistas o no izquierdistas y atraerán a los izquierdistas. ¡Justo lo contrario de lo que la causa necesita!

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Último Reducto